Amar puede ser tan grande para atravesar fronteras, incluso mundos. Pero el amor será tan fuerte para vencer profesias y guerra
NovelToon tiene autorización de Maritza Martinez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo IX El latido del destino
La casa del Alfa se alzaba en el corazón del territorio como un símbolo de fuerza y pertenencia. Construida en madera oscura y piedra, estaba rodeada por árboles antiguos que parecían inclinarse en señal de respeto.
El sol comenzaba a salir por el horizonte, cuando Ariana y Kael cruzaron el umbral.
No había manada observando.
No había consejo.
No había guerra ni desafíos.
Solo ellos.
El silencio dentro de la casa era distinto al del bosque. Más íntimo. Más cálido.
Ariana recorrió el lugar con la mirada. La chimenea estaba encendida, proyectando sombras suaves sobre las paredes. Era la primera vez que entraba allí como algo más que una invitada.
Ahora pertenecía a ese espacio.
Kael cerró la puerta tras ellos. El sonido fue firme. Definitivo.
Ella sintió cómo el aire cambiaba.No era tensión.Era anticipación.
Kael se acercó despacio, como si cada paso fuera una decisión consciente.
—Esta casa siempre fue del Alfa —dijo él en voz baja—. Pero nunca fue un hogar.
Ariana lo miró.
—¿Y ahora?
Él alzó la mano y apartó suavemente un mechón de cabello de su rostro.
—Ahora lo es.
Sus respiraciones comenzaron a sincronizarse.
El vínculo entre ellos, que ya ardía como un lazo invisible, parecía intensificarse bajo ese techo.
Ariana apoyó su mano en el pecho de Kael, sintiendo el latido firme bajo su palma.
—No quiero que esto sea solo por tradición o interes —susurró ella—. O por destino.
Kael tomó su mano y la llevó a sus labios, depositando un beso lento en sus dedos.
—Es porque te elijo. Cada vez.
La confesión no fue grandiosa.
Fue sincera.
Y eso la hizo más poderosa.
Ariana dio un paso hacia él.
Luego otro.
Hasta que no hubo espacio entre sus cuerpos.
El calor que emanaba de Kael la envolvió por completo.
Sus manos recorrieron su espalda con firmeza, pero con cuidado, como si aún estuviera aprendiendo la forma de sostener algo sagrado.
Ella elevó el rostro.
Sus labios se encontraron primero en un roce suave, exploratorio, luego más profundo, más seguro.
No había prisa.
No había urgencia.
Solo la necesidad de afirmarse el uno al otro.
El beso se volvió más intenso, cargado de todo lo que habían enfrentado y todo lo que aún los esperaba.
Kael la levantó con facilidad, sin romper el contacto, y la llevó hacia la habitación principal.
Los rayos del sol entraba por la ventana, bañando la estancia con una luz dorada.
Ariana deslizó los dedos por el cuello de Kael, sintiendo el calor de su piel, la fuerza contenida en cada músculo.
Pero más allá del deseo, había algo más profundo. Confianza. Entrega.
Cuando finalmente se recostaron juntos, no fue un acto impulsivo.
Fue una promesa silenciosa.
Sus manos se buscaron.
Sus cuerpos se acercaron.
Sus respiraciones se mezclaron.
Kael apoyó la frente contra la de ella.
—Eres mi Luna —murmuró.
Ariana sonrió suavemente.
—Y tú eres mi hogar.
Kael suavemente le despojo de su blusa, y como impulso primitivo mordió su labio inferior, colocó su mano en la cremallera del pantalón de ella. Y poco a poco lo fue desabrochando, retirandolo con suavidad y disfrutando con la mirada al ver la piel suave y desnuda de su amada.
Con agilidad se retira su camisa. Dejando completamente su torso desnudo.
Los ojos de Ariana se quedan fijos al ver ese abdomen tan marcado, perfecto y tan deseable, pero se abren más cuando su amado con forma provocativa se baja la cremallera y con movimientos coordinados se retira el pantalón y el bóxer, dejando libre a su gran miembro.
—Te gusta lo que ves— sonríe pícara mente.
— Es... Es tan grande.
— No tengas miedo, mi luna, esto te va encantar.
— ¿Y si no me gusta?
— ja, mi amor, después de probarlo. créeme que jamás querrás soltarlo.
Ariana sin pensarlo lo tomo entre sus manos y lo comenzó a frotar. Kael gimió de placer.
— Por lo visto mi Luna no quiere perder el tiempo.
La tumbo nuevamente sobre la cama y con pocos movimientos le despojo de las últimas prendas que aún la cubrían.
Comenzó a recorrer su cuerpo con caricias y besos, hasta llegar a su parte más íntima y profunda, y con suavidad comenzó acariciarla, haciendo que Ariana comenzará a gemir y removerse, poco o poco aumentaba la intensidad, hasta que ella ardía. Lentamente, se introdujo en ella.
Al sentir que él se apropiaba de su virginidad, una gran sonrisa se dibujó en su rostro.
— Ahora eres mía, solo mía, ningún otro lobo puede arrebatar lo que es mío.
— Sí, soy tuya, solo tuya.
Las embestidas eran cada vez más rápidas y fuertes, él creía que ella no soportaría la fuerza de un lobo alfa, pero estaba en un error.
Ella era fuerte, muy fuerte y voraz. Llena de fuego, pasión y deseo.
Tanto que le pedía más y más, y él era complaciente con su amada, porque al igual que ella, él necesitaba más.
Eran insasiables.
Se amaron con la intensidad de quienes han sobrevivido a la oscuridad y aún así eligen la luz.
Sin violencia.
Sin posesión.
Solo conexión.
El vínculo que ya los unía se selló bajo esa luz del amanecer , no con sangre ni con rituales antiguos, sino con decisión mutua.
Cuando el silencio regresó a la habitación, Ariana descansaba sobre el pecho de Kael.
El fuego en la chimenea crepitaba suavemente.
La casa del Alfa ya no era solo un símbolo de poder.
Era un refugio.
Un comienzo.