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Sombras De Carmesí: El Pecado De La Dinastía Li..

Sombras De Carmesí: El Pecado De La Dinastía Li..

Status: Terminada
Genre:CEO / Vampiro / Romance oscuro / Completas
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En la vibrante metrópolis de Shanghái, la sangre no solo corre por las venas; es la moneda de cambio de un imperio que ha gobernado desde las sombras durante milenios.

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Capítulo 13

El despertar de Yan fue lento y confuso. Lo primero que registró fue el olor: sándalo, incienso caro y el aroma sutil de la lluvia sobre la piedra antigua. No estaba en su pequeño apartamento de paredes finas ni en el ático tecnológico de la torre corporativa. Se encontraba en una cama inmensa, rodeada de sábanas de seda de un azul tan profundo que parecía agua estancada.

Se incorporó de golpe, sintiendo un leve mareo. La habitación era una obra maestra de la arquitectura clásica china mezclada con un lujo moderno asfixiante. Vigas de madera oscura talladas con dragones y fénix cruzaban el techo, y las paredes estaban cubiertas de tapices que representaban paisajes de montañas envueltas en bruma. Pero no había ventanas al exterior, solo paneles de papel de arroz iluminados suavemente por luces LED ocultas.

Intentó levantarse, pero sus piernas flaquearon. Al mirarse, vio que ya no llevaba la ropa manchada de sangre del puerto. Alguien la había vestido con un qipao de seda negra, exquisitamente bordado, que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel.

—¿Zixuan? —llamó, su voz sonando pequeña en la inmensidad del cuarto.

Nadie respondió. Se acercó a la puerta, una pesada estructura de madera con herrajes de bronce. Al intentar girar el pomo, descubrió lo que ya temía: estaba cerrada por fuera.

—¡Ábreme! ¡Zixuan, sé que estás ahí! —gritó, golpeando la madera con los puños.

El sonido de un cerrojo deslizándose la hizo retroceder. La puerta se abrió lentamente y apareció una mujer joven, vestida con un uniforme sencillo pero elegante. Tenía los ojos bajos y una expresión de total sumisión.

—La señorita Shu ha despertado —dijo la mujer en un susurro—. Mi nombre es Mei Ling. Estoy aquí para atender sus necesidades. El señor Li la espera para el desayuno.

—¿Dónde estoy? —preguntó Yan, tratando de mantener la calma.

—En la residencia ancestral de la familia Li, en las afueras de Suzhou. El señor Li considera que es el lugar más seguro para usted después de los eventos en el puerto.

—¿Seguro? Esto es una cárcel —espetó Yan, apartando a la criada para intentar salir al pasillo.

No llegó lejos. Dos guardias corpulentos, con la mirada vacía que delataba su condición de humanos vinculados, bloquearon el paso. Yan suspiró, apretando los dientes. No tenía sentido pelear contra muros de carne.

Siguió a Mei Ling por pasillos que parecían no tener fin, decorados con jarrones de la dinastía Ming y estatuas de jade que parecían observarla. Finalmente, llegaron a un patio interior cubierto por una cúpula de cristal. La lluvia de Suzhou golpeaba rítmicamente el vidrio, creando una música melancólica.

Zixuan estaba sentado a una mesa de mármol, leyendo unos documentos digitales. Llevaba una túnica de seda gris y parecía haber recuperado toda su arrogancia inmortal. Las heridas de la noche anterior habían desaparecido por completo, dejando su piel perfecta y fría.

—Te sienta bien el negro, Yan —dijo sin levantar la vista—. Aunque tus ojos dicen que preferirías estar clavándome un cuchillo en la garganta.

—¿Por qué estoy aquí, Zixuan? —Yan se sentó frente a él, ignorando el té humeante que Mei Ling le servía—. Dijiste que éramos socios. Los socios no se encierran en mansiones fortificadas.

—Las circunstancias han cambiado —él dejó la tableta y la miró fijamente—. Si Long no se detendrá. Los Si han puesto precio a tu cabeza porque saben que eres mi punto ciego. Aquí, en Suzhou, las defensas son infranqueables. Ni siquiera un ejército de vampiros podría entrar sin mi permiso.

—¿Tu punto ciego? —Yan soltó una carcajada amarga—. Soy una herramienta para ti. No finjas que esto es por mi bienestar. Me tienes aquí porque quieres controlarme. Porque después del ritual, tienes miedo de lo que yo pueda sentir o hacer.

Zixuan se inclinó hacia delante, su presencia llenando el espacio entre ellos, volviendo el aire pesado.

—Tienes razón —admitió, y la honestidad en su voz fue más aterradora que cualquier amenaza—. Tengo miedo. No de los Si, ni de los Wang. Tengo miedo de la influencia que tienes sobre mí. En el puerto, mi instinto fue protegerte antes que protegerme a mí mismo. Eso es una sentencia de muerte en mi mundo.

—Entonces déjame ir —pidió Yan, aunque en el fondo sabía la respuesta—. Si soy una debilidad, deshazte de mí. Devuélveme a mi vida.

Zixuan extendió la mano y le acarició el cabello, su tacto era como seda helada. Yan quiso apartarse, pero su cuerpo traicionó su voluntad, inclinándose levemente hacia el contacto. El vínculo de la luna negra vibraba, enviándole oleadas de la posesividad oscura de Zixuan.

—No puedo —susurró él—. Eres parte de mí ahora, Yan. Estas paredes no son para castigarte, son para asegurar que nadie te toque. Te daré todo lo que desees: libros, tecnología, joyas, cualquier lujo que esta ciudad pueda ofrecer. Pero no saldrás de aquí sin mi escolta.

—Esto es una jaula de oro, Zixuan. Y las cadenas, por muy de seda que sean, siguen siendo cadenas.

—Aprenderás a amarlas —respondió él con una frialdad que le heló la sangre—. Con el tiempo, te darás cuenta de que la libertad es un concepto humano insignificante comparado con la eternidad que podemos compartir.

Los días siguientes fueron una tortura de lujo y soledad. Yan intentó hackear el sistema de seguridad de la mansión, pero se encontró con una arquitectura de red que no se parecía a nada que hubiera visto. Era un sistema híbrido, donde el código informático se entrelazaba con lo que ella solo podía describir como "geometría oculta". Cada vez que intentaba forzar un firewall, sentía un dolor punzante en la cabeza, como si la mansión misma estuviera viva y rechazara su intrusión.

Zixuan la visitaba cada noche. Cenaban juntos en un silencio tenso, roto solo por las noticias que él traía sobre los movimientos de los clanes. La guerra fría entre los Li y los Si se estaba calentando, y el nombre de Shu Yan empezaba a aparecer en las interceptaciones de comunicaciones de la mafia Wang.

—Están buscando a tu hermano, Yan —le dijo una noche, mientras el vino tinto brillaba como sangre en su copa de cristal.

Yan dejó caer los palillos.

—¿Shu Qi? Pero él murió... el informe policial decía que su coche cayó al río.

—En nuestro mundo, "muerto" es un término relativo —dijo Zixuan, observando su reacción—. Hay rumores de un cazador independiente que está diezmando las células de suministro de los Si en Macao. Alguien que usa tácticas de la vieja escuela y que parece tener un odio personal hacia nuestra especie.

—Si está vivo... —Yan sintió una oleada de esperanza que casi la hace llorar—. Tengo que encontrarlo. Él es mi única familia.

Zixuan se levantó y caminó hacia ella, rodeando su silla. Sus manos se posaron en sus hombros, apretando con una fuerza que rozaba el dolor.

—Él es un peligro para ti, Yan. Si es un cazador, no verá en ti a su hermana. Verá a alguien que ha sido marcada por un Li. Verá a una traidora que lleva el aroma de un vampiro en su piel.

—Él me entendería si pudiera explicárselo —insistió ella, girándose para mirarlo—. Zixuan, por favor. Si realmente te importo, ayúdame a encontrarlo.

Él se agachó hasta que sus rostros quedaron a centímetros de distancia. Yan podía ver los matices ámbar de sus ojos, la forma en que sus pupilas se dilataban ante su cercanía.

—No lo haré —sentenció—. No voy a dejar que un humano con una ballesta y un complejo de héroe arruine lo que hemos construido. Te quedarás aquí, a salvo, conmigo.

La rabia de Yan estalló. Se levantó bruscamente, empujándolo.

—¡No hemos construido nada! —gritó—. ¡Tú me robaste mi vida! ¡Tú me obligaste a este ritual! ¡Tú mataste a mi padre de forma indirecta con tus juegos de poder!

Zixuan no se inmutó. La miró con una calma que la enfureció aún más.

—Tu padre eligió su destino el día que aceptó el primer pago de Li Zhou —dijo él—. Yo solo soy el resultado de sus decisiones. Y tú eres el premio que no esperaba ganar.

Yan le cruzó la cara con una bofetada que resonó en el patio como un disparo. El rostro de Zixuan se giró hacia un lado. El silencio que siguió fue absoluto, solo roto por el sonido de la lluvia.

Ella esperó que él la golpeara, que la matara, que mostrara la bestia que llevaba dentro. Pero Zixuan simplemente se volvió hacia ella, con una gota de sangre brotando de su labio. La lamió con una lentitud pecaminosa, sus ojos brillando con un deseo oscuro.

—Golpéame todo lo que quieras, Yan —murmuró, su voz cargada de una sensualidad peligrosa—. Pero recuerda esto: cada vez que me tocas, incluso con odio, el vínculo se fortalece. No puedes escapar de mí porque ya no quieres hacerlo.

La tomó por la cintura y la atrajo hacia él con un movimiento fluido. Yan luchó, golpeando su pecho, pero él era como una montaña de granito. Sus labios se acercaron a su oído, su aliento frío provocándole escalofríos que odiaba sentir.

—Eres mi posesión más preciada, Shu Yan. Y las cadenas de seda son mucho más difíciles de romper que las de hierro. Porque estas se enrollan alrededor del corazón.

La soltó y salió de la estancia sin mirar atrás, dejando a Yan temblando en medio del lujo vacío de su prisión. Se dejó caer al suelo, llorando de rabia y de una confusión devastadora. Lo odiaba con cada fibra de su ser, pero cuando él la tocaba, cuando el vínculo de la luna negra vibraba entre ellos, sentía una pertenencia que la aterraba. Estaba atrapada en una red de intrigas de mafia, secretos ancestrales y un amor que se parecía demasiado a la guerra. Y en el horizonte, las sombras de los clanes se cerraban sobre Suzhou, prometiendo que la paz de su jaula de oro no duraría mucho más.

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