(YAOI/BL)
Dark es un Vampiro pura sangre de la familia Nightingale. Es quién reina en el pueblo de Las Lunas Llenas. Es un muy buen gobernador y muchas personas se ofrecen para darle su sangre, pero él no acepta a cualquiera porque la sangre que debe beber debe ser única, especial y de la más alta calidad. Sin embargo, después de que la persona que tenía para beber sangre comienza a perder calidad en sus vasos sanguíneos, la preocupación lo asalta al creer que no podrá encontrar a alguien igual o incluso mejor que pueda darle vitalidad, fuerza y sobre todo poder. Sin embargo, cuando encuentra a Honey se da cuenta de que se había equivocado.
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¿MATARLO O NO MATARLO?
Honey abrió sus ojos sintiendo todo su cuerpo pesado. Soltó un quejido y un mareo le llegó de golpe al intentar ponerse de pie. Casi podía sentir que seguía teniendo los colmillos de Dark clavados en su cuello mientras succionaba todo de él.
Notó de inmediato que estaba en su habitación y no recordaba como se había ido a ella, pero miró a todos lados hasta ponerse de pie e irse al baño.
Se quedó mirando un poco en el espejo y se acercó para observar su cuello y verificar el estado en el cual se encontraba. Imaginó que lo iba a tener morado, rojo y lleno de sangre, pero estaba todo bien. No había nada fuera de lo normal. Su collar seguía estando ahí mismo y, por unos segundos, no se pudo imaginar sin ese collar demostrando que le pertenecía a alguien. Tragó saliva y bajó la mirada por unos segundos observando sus manos. No recordaba la última vez que había tenido sus uñas tan limpias y perfectamente cortas. Ni siquiera recordaba el haber tenido un perfume tan costoso en su cuello.
Ahora tenía todo lo que se le pudiera ocurrir solo por darle sangre a un vampiro y ya. Era demasiado sencillo, sin embargo, lo que se estaba formando en su pecho sintió que no era algo simple que se pudiera manejar con facilidad.
Escuchó a Jays que entraba para darle los buenos días con la misma amabilidad de siempre.
—¿Cómo está el pueblo? —preguntó Honey de inmediato.
—Bien dentro de todo. Hubo muchas casas que fueron quemadas, pero se están reparando con rapidez para que las personas estén tranquilas —contó ella mientras le dejaba todo listo para que se pudiera duchar.
Honey la quedó mirando unos segundos y tenía un poco de miedo por preguntar sobre algunas cosas, pero la duda que se le estaba formando era demasiada.
—Jays.
—Dígame —dijo ella con una sonrisa mientras tomaba una toalla limpia.
—¿Hubo muertos?
—Sí, muchos.
Esa respuesta le provocó un mal sabor de boca. No pudo evitar imaginarse a su padre estando tirado en el suelo herido y con su cuerpo vacío de su sangre porque un vampiro se había alimentado de él. Cerró sus ojos con fuerza y quiso ir corriendo a su casa donde solía vivir para buscar a aquel hombre que tan mal lo había tratado durante tanto tiempo.
La preocupación era tanta que se dio cuenta que, a pesar de todo el daño que le había causado, él seguía queriendo a su padre y que iba a ser capaz de perdonarle todo lo que le había hecho en algún momento.
—¿Sabes quienes son las personas? —preguntó.
Jays pudo ver su rostro lleno de preocupación y como sus ojos negros se llenaban de lágrimas.
—No, lo siento, joven Honey, no lo sé. ¿Le preocupa su padre?
Asintió.
—Por favor, no vaya a pensar en alguna locura como abandonar el castillo para ir a verificar si su padre está vivo. Eso causaría muchos problemas y, si sale de los límites del castillo, nuestro Rey podría matarlo. Él le ha tenido mucha paciencia, pero si va y rompe una de las reglas más inquebrantables, entonces no le puedo asegurar que él se lo perdone también.
Honey no dijo nada.
Ella le indicó que debía bañarse igual que siempre y lo hizo casi de manera mecánica. No podía quitarse de la cabeza que su padre estaba ahí solo. Que su padre sin él no comía ni absolutamente nada. Siempre estaba ebrio, pero Honey siempre se preocupaba de darle comida y, a pesar de que estaba en la ducha sintiendo el agua sobre su cabeza, al cerrar sus ojos, casi pudo recordar esos momentos:
—Papá, preparé esto, espero que te guste mucho.
El hombre, ebrio igual que siempre, tiro el plato al suelo con enojo como si se tratará de cualquier persona, a excepción de su hijo, el único recuerdo que le quedaba de su esposa difunta.
—No quiero tu mierda. ¡Alcohol! ¡Tráeme alcohol!
Honey vio su comida tirada en el suelo y se sintió triste. Su madre jamás le había rechazado la comida ni se la había tirado al suelo. Sus lágrimas recorrieron sus mejillas y se arrodilló en el suelo para poder limpiar lo que había ocurrido.
Cuando alzó la mirada, vio al hombre yéndose contra él y quiso retroceder y salir corriendo para evitar que lo golpeara, mas no tuvo oportunidad alguna y sintió como su cabello era tirado. El hombre lo hizo ponerse de pie como si fuera cualquier trapo sucio. Honey le rogó que lo soltara, pero él lo ignoró y abrió la puerta para tirarlo al suelo.
—¡No vuelvas hasta que me traigas alcohol! —exigió.
—No debemos robar, el Rey me puede asesinar —le recordó Honey llorando.
—¡Entonces, muérete luego y déjame en paz!
Vio como el hombre nada más cerraba la puerta de un solo golpe. No supo a donde ir porque ya había robado demasiado y le aterró el morir. Había sido inteligente cada vez que robaba, pero ya no le quedaban puestos a los cuales ir. Se quedó sentado afuera de la casa sintiendo como la lluvia comenzaba a caer.
Deseó que su madre estuviera viva porque ella jamás lo habría dejado bajo la lluvia pasando frío o sintiendo miedo, pero ella ya no estaba. Abrazó sus piernas y se quedó llorando en silencio rogando que todo pudiera mejorar. La noche estaba recién llegando cuando escuchó los aplausos que solo significaban una cosa: el Rey los estaba visitando. Honey quiso ir donde él y rogarle que le diera un poco de dinero para poder entrar a la casa, pero nada más se acercó para verlo caminar por el pueblo.
Se quedó a lo lejos viendo como hablaba con algunas personas y como nadie le temía por ser un vampiro. Soltó un suspiro y ya no sabía qué mas hacer, ya no sabía a quién más hacer tonto para poder obtener un poco de dinero o alcohol y poder tener una cama donde dormir.
Bajó la mirada por unos segundos pensando en demasiadas cosas. No sabía como hacerle entender a su padre que daba todo lo mejor de él, pero aquel hombre no era una persona razonable y siempre se enojaba porque Honey se olvidaba de algunas cosas o porque hablaba demasiado. A él le aterraba el estar en casa sabiendo que, si decía que no recordaba algo, entonces lo iban a golpear.
Al alzar la mirada, se quedó viendo al que era su Rey y, en aquel momento, fue la primera vez que se vieron. Honey daba por hecho que Dark estaba mirando a cualquier lado excepto a algo tan insignificante como él, pero lo hacía. Tal vez fue solo un segundo, pero, dos años después, Dark regresó al pueblo buscando un recipiente de sangre y lo encontró a él.
Con Dark tenía tranquilidad y nadie lo golpeaba y jamás pasaba hambre, entonces Honey no podía entender el por qué de estar por cruzar el límite del castillo.
Miró sobre su hombro porque se había escapado de todos. Era olvidadizo, pero cuando debía ser inteligente, entonces lo era sin problema alguno. Soltó un suspiro y dirigió su mirada al frente para ver el límite. Sabía que, si ponía un pie fuera, entonces le podía esperar una muerte segura. Pudo ver lo últimos rayos de sol que se ocultaban cuando sintió una brisa por detrás.
Tragó saliva porque no era necesario mirar sobre su hombro para saber quién era.
Dark lo quedó mirando unos segundos. Solo bastaba un movimiento e iba a romper una de las reglas más sagradas para él. Le había permitido demasiado libertinaje y que rompiera muchas reglas, pero, sin importar aquello, ambos sabían que si rompía esa regla, entonces todo iba a ser diferente.
Honey sintió sus lágrimas recorrer sus mejillas porque deseaba saber sobre aquel hombre horrible que lo había maltratado durante tanto tiempo, pero una parte de él no era capaz de abandonar al depredador que estaba detrás de él.
Formó puños y cerró sus ojos para preguntar:
—¿Usted... recuerda esa vez?
—¿Cuál vez? —preguntó Dark.
—La primera vez que nos vimos. Esa vez yo quise decirle todas las veces que había robado para que tuviera ganas de matarme y nunca más tuviera que sufrir por los golpes de mi padre —contó.
El vampiro no dijo nada aunque recordaba esa vez y miró en dirección al pueblo.
—Pero ahora yo quiero ir a ver si él está bien o no. Era un hombre horrible, entonces, ¿por qué me estoy preocupando por él?
—Porque eso es lo que hacen las personas buenas. Su bondad es tanta que siempre se preocupan por todos sin importar el pasado de aquellas personas.
—Quiero ir allí y verlo —sollozó —. Mamá se enojaría si supiera que lo dejé solo.
—O tal vez se pondría feliz de que eres libre de sus maltratos.
Dark lo vio temblar y como se sentaba en el suelo para seguir llorando. No era capaz de entender el por qué de llorar de aquella manera tan desgarradora. Pensaba en que era un tonto por llorar por una persona mala como su padre.
—¿Cuál es la diferencia? —preguntó mientras lloraba —. ¿Cuál es la diferencia entre él y usted? Papá me quería únicamente porque le llevaba dinero y alcohol y usted únicamente me quiere por la sangre. Siempre me quieren de esa manera, por conveniencia.
Se puso de pie tragando saliva y miró el límite. Era solo un cerco y se giró para observar al vampiro. Dark había escuchado y visto llorar a muchas personas, pero el llanto de Honey era algo que le provocaba algo. Se daba cuenta de que Honey, en su totalidad, le provocaba cosas sin parar. El escucharlo llorar no le daba gracia, ni diversión, ni excitación, le provocaba un dolor en aquel lugar vacío y oscuro que tenía en su pecho.
—¿Si cruzo el cerco, usted me va a matar?
—Sí.
—Entonces, hágalo.
Dark lo vio cruzando el cerco y se quedó atónito. Su pecho subió y bajo con fuerza y se quedó sin aliento porque nadie se había atrevido a tanto. Lo vio poner ambos pies al otro lado y como le daba una breve mirada esperando su muerte.
—¡Hágalo! ¡Máteme ahora!
No pudo quitarle la mirada de encima. La luz de la luna se volvía menos intensa después del límite, así que el cabello de Honey no brillaba tanto, pero podía ver muy bien como las lágrimas recorrían sus mejillas.
Y era simple.
Cortar su cuello era algo simple y sin la más mínima dificultad. Honey era débil y nadie iba a tener la fuerza de luchar contra un vampiro como él y mucho menos él. Se había vuelto un recipiente de sangre, por ende, toda su fuerza había disminuido de golpe porque toda se la llevaba Dark cuando bebía su sangre.
¿Matarlo o no matarlo? Ese era el dilema en el cual Dark, por primera vez de sus ciento cincuenta años o quizás más, se encontraba sin saber qué hacer.