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El Honor De La Villana

El Honor De La Villana

Status: En proceso
Genre:Villana / Poli amor / Brujas
Popularitas:3.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Callenta001

En el poderoso reino de Valdoria, la belleza es poder… y el amor, una condena.

Lady Anya Naville, segunda hija de un influyente archiduque, ha sido admirada toda su vida como el diamante del reino. Prometida desde la infancia al príncipe heredero, Maxime Iker Lindberg, Anya creció creyendo que su destino era convertirse en reina… y esposa del único hombre que había amado.

Pero todo se derrumba cuando una noble extranjera cautiva el corazón del príncipe.

Consumida por los celos y la humillación, Anya comete un acto imperdonable usando la magia prohibida que corre por su sangre. Su crimen la convierte en la villana del reino y la lleva a enfrentar la ejecución pública.

Sin aliados. Sin amor. Sin esperanza.

Hasta que, en su última hora de vida, lanza un hechizo imposible.

Anya despierta años en el pasado, atrapada nuevamente en su cuerpo de cinco años, pero conservando todos los recuerdos de su trágico futuro.

Esta vez no cometerá los mismos errores.

NovelToon tiene autorización de Callenta001 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8 | Tres meses de silencio

Tres meses pueden parecer poco tiempo.

Pero cuando uno ha vivido dos vidas, incluso el paso de unas pocas semanas puede sentirse como un cambio enorme.

El verano había avanzado lentamente sobre Valdoria. Los días se habían vuelto más largos y cálidos, y el aire del mediodía estaba siempre impregnado con el aroma dulce de las flores que cubrían los jardines de la mansión Naville.

Aquella tarde me encontraba sentada en el patio interior de la residencia.

El lugar estaba rodeado por altos muros de piedra cubiertos de enredaderas verdes. La luz del sol se filtraba entre las hojas, dibujando manchas doradas sobre las baldosas claras del suelo. Una pequeña fuente en el centro del patio dejaba caer agua en un flujo constante, produciendo un sonido suave y relajante.

Frente a mí, sobre la mesa de hierro forjado, descansaba una taza de té humeante.

El aroma delicado de las hojas infusionadas se mezclaba con el perfume de las rosas que crecían cerca del muro sur. Era un olor agradable, casi calmante.

Tomé la taza entre mis manos.

La porcelana estaba tibia contra mis dedos.

Habían pasado tres meses desde mi encuentro con Alexei en el jardín abandonado.

Tres meses desde que confirmé que mi magia había cambiado.

Y también…

Tres meses desde la última vez que había puesto un pie en el palacio real.

No había sido difícil evitarlo. Simplemente dejé de ir. Mi padre trabajaba en el palacio, tenía un puesto en el Consejo Real por lo que yo podía ir siempre que él estuviera ahí, lo que era la mayor parte del día.

En mi vida pasada, había pasado incontables tardes corriendo por los pasillos del palacio, persiguiendo al príncipe heredero con la determinación ingenua de una niña enamorada.

Ahora, en cambio… no tenía ninguna intención de repetir ese comportamiento.

Le di un pequeño sorbo al té. El sabor era suave, ligeramente dulce.

La tranquilidad del patio solo era interrumpida por el sonido del agua de la fuente y el canto lejano de algunos pájaros.

Hasta que unos pasos apresurados rompieron la calma.

Levanté la mirada.

Una de las sirvientas de la mansión atravesó el arco que conectaba el patio con el interior de la casa. Su vestido oscuro se movía con rapidez mientras caminaba hacia mí.

Se detuvo a unos pasos de la mesa e hizo una pequeña reverencia.

—Lady Anya.

Asentí ligeramente.

—¿Sí?

La joven parecía ligeramente nerviosa.

—Han llegado visitas.

Bajé lentamente la taza hacia el plato de porcelana.

—¿Quiénes?

La sirvienta respiró hondo antes de responder.

—Su alteza el príncipe heredero… y los jóvenes lord Baskerville y lord Smirnov.

Durante un instante el patio quedó en silencio.

El príncipe heredero, Maxime. Junto a él… Ian y nuevamente, Alexei.

Parpadeé una vez.

No los había invitado.

De hecho, considerando que había evitado el palacio durante meses, su visita era… inesperada.

—¿Dónde están? —pregunté con calma.

—En el salón principal, mi lady.

Me quedé en silencio unos segundos.

Luego asentí.

—Tráelos aquí.

La sirvienta pareció sorprendida por un instante, pero rápidamente volvió a inclinar la cabeza.

—Como ordene.

Cuando se marchó, volví a tomar la taza de té.

El vapor seguía elevándose lentamente hacia el aire tibio de la tarde.

No habían pasado ni cinco minutos cuando escuché pasos acercándose por el pasillo.

Tres pares de pasos.

Levanté la mirada justo cuando las figuras aparecieron bajo el arco de piedra.

El primero en entrar fue Maxime.

Su cabello castaño claro brillaba bajo la luz del sol, y sus ojos grises recorrían el patio con curiosidad antes de detenerse en mí.

Detrás de él apareció Ian.

Su cabello negro contrastaba con sus ojos de diferente color, uno oscuro y el otro más claro, que observaban todo con una mezcla de diversión y descaro.

El último en entrar fue Alexei.

Su expresión era tranquila, casi pensativa, mientras sus ojos color miel analizaban silenciosamente la escena.

Los tres se detuvieron frente a la mesa. Durante unos segundos ninguno habló.

Entonces Maxime cruzó los brazos. Y frunció ligeramente el ceño.

—Hace tres meses que no vienes al palacio.

Su tono no era exactamente molesto, pero definitivamente sonaba… reclamante.

Apoyé la taza sobre el plato de porcelana con un pequeño sonido.

—¿Ah, sí?

Maxime me miró con incredulidad.

—Sí.

Ian soltó una pequeña risa.

—El príncipe lleva semanas diciendo que es extraño.

Sus ojos de diferente color brillaron con diversión mientras añadía:

—Pensé que exageraba… pero parece que realmente desapareciste.

Alexei no dijo nada. Solo me observó, como si estuviera esperando mi respuesta.

Incliné ligeramente la cabeza.

—No sabía que mi presencia en el palacio era obligatoria.

Por un momento… nadie dijo nada.

Y la sorpresa en los rostros de los tres chicos fue imposible de ocultar.

El aire tibio de la tarde se movía lentamente por el patio, arrastrando el perfume dulce de las rosas que trepaban por los muros de piedra. El agua de la fuente seguía cayendo con su murmullo constante, llenando el silencio que se había formado entre nosotros.

Maxime seguía mirándome, mientras fruncía ligeramente el ceño, como si intentara entender algo que no encajaba en su cabeza.

En mi vida pasada, una escena así habría sido imposible.

Yo habría estado corriendo hacia él con entusiasmo, hablando sin parar, intentando llamar su atención de cualquier forma posible.

Ahora, en cambio, simplemente estaba sentada tomando té.

Ian fue el primero en romper el silencio, cruzó los brazos con una sonrisa divertida.

—Esto es raro.

Su mirada se movió entre Maxime y yo.

—Pensé que el príncipe estaba exagerando cuando dijo que ya no ibas al palacio… pero parece que realmente te escondiste.

Le di otro sorbo al té antes de responder.

El líquido estaba tibio y tenía un ligero sabor floral que se quedaba en la lengua.

—No me he escondido.

Ian arqueó una ceja.

—Entonces simplemente decidiste dejar de perseguir al príncipe.

Maxime giró la cabeza hacia él.

—Ian —regañó con tono severo.

Pero el chico solo se encogió de hombros con descaro.

—¿Qué? Es verdad.

Sus ojos volvieron a fijarse en mí.

—Antes estabas allí todo el tiempo.

Dejé la taza sobre el plato con cuidado. La porcelana produjo un pequeño sonido seco.

—Las personas cambian.

Ian soltó una pequeña risa.

—¿En tres meses?

Incliné ligeramente la cabeza.

—A veces no hace falta más tiempo.

La respuesta pareció desconcertarlo por un momento.

Alexei, en cambio, permanecía en silencio. Estaba de pie junto al borde de la fuente, observando el agua caer con un sonido suave contra la piedra. Pero podía sentir su mirada de vez en cuando sobre mí.

Analizando… como siempre.

Maxime finalmente suspiró.

—Pensé que estabas enferma o algo así.

Sus ojos grises se clavaron en mí con cierta seriedad.

—Tres meses es mucho tiempo.

El viento movió suavemente mi cabello rojo oscuro sobre mis hombros.

—He estado ocupada.

Ian soltó otra risa.

—¿Ocupada? —su tono estaba lleno de incredulidad— ¿En qué puede estar ocupada una niña de cinco años?

Le sostuve la mirada con tranquilidad.

—En muchas cosas.

Ian parecía a punto de responder algo más cuando Alexei habló por primera vez.

—Pronto no podrás venir tan seguido de todas formas.

Su voz era calmada. Ian lo miró.

—¿Eh?

Alexei apoyó una mano en la piedra húmeda de la fuente.

—Empiezas en la academia en unos meses, después de cumplir los diez años.

Ian hizo una mueca.

—No me lo recuerdes.

La conversación cambió ligeramente de tono.

La academia es ese lugar que formaría gran parte de nuestro futuro.

Ian se dejó caer en una de las sillas de hierro del patio.

—Los estudiantes viven allí como pupilos —dijo con un suspiro exagerado—. Solo podremos salir los fines de semana.

Se estiró hacia atrás mirando el cielo.

—Y ni siquiera está cerca. Son como cuatro horas en carruaje.

La brisa volvió a moverse por el patio. Las hojas de las enredaderas rozaron suavemente el muro.

—No parece tan terrible —dije.

Ian giró la cabeza hacia mí.

—Claro que no te lo parece.

Se inclinó hacia adelante con una sonrisa burlona.

—Porque tú todavía no tienes que ir —su voz no perdía ese tinte burlón que tanto lo caracterizaba—. Aún eres muy pequeña.

Eso era cierto. Aún faltaban varios años para que yo ingresara. Pero en mi vida pasada… recordaba perfectamente aquel lugar.

Sus largos pasillos de piedra. Las enormes bibliotecas. Las salas de entrenamiento mágico.

Un lugar lleno de poder… y de peligros.

Maxime parecía pensativo.

—Será extraño sin Ian en el palacio.

Ian se encogió de hombros.

—Sobrevivirás.

Luego volvió a mirarme.

—Aunque tal vez el príncipe no se aburra demasiado si tú vuelves a aparecer por allí.

Su sonrisa tenía un brillo provocador.

—Después de todo, solías seguirlo como una sombra.

El comentario quedó flotando en el aire.

Maxime frunció el ceño. Alexei simplemente observó.

Y yo tomé nuevamente la taza de té. El líquido ya se había enfriado un poco.

—Eso era antes.

Ian entrecerró los ojos.

—¿Antes?

Di un pequeño sorbo. El sabor era más suave ahora.

—Sí.

Apoyé la taza nuevamente.

Luego levanté la mirada hacia ellos con calma.

—Ahora tengo cosas más interesantes que hacer.

Durante un momento… los tres se quedaron completamente en silencio.

Ian parecía confundido. Maxime estaba claramente sorprendido. Y Alexei… Alexei simplemente me observaba, como si intentara descubrir qué había cambiado realmente en mí.

El viento volvió a recorrer el patio.

Y por alguna razón… sentí que aquella visita inesperada no sería la última.

1
Quica Romero
Èso dicen todas y a la mera hora, ¡zaz! ahí van de nuevo.😒🫩🤷‍♀️🙎‍♀️
KATHERINE GUILARTE
ame
anais angie paola molina chacon
Me tienes intrigada con tus capítulos!
La que la llama es ella del futuro o quien puede ser!?
anais angie paola molina chacon
Disculpa tenía que volver a repetirse el capítulo pero este es de forma distinta al anterior,tienen similitudes pero también cosas que cambiaron
Dannita
¿Quien es esa persona que la observa? y por que sabe tanto
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