En un universo donde los mundos caen uno tras otro bajo la destrucción de un monstruo colosal conocido como el Destructor de Mundos, un joven llamado John despierta sin recuerdos y con un destino extraordinario. Cada mundo que visita le enseña nuevas habilidades, lo fortalece y lo prepara para enfrentar una amenaza que trasciende dimensiones.
A su lado está Azul, una niña que salvará y adoptará, y juntos se convertirán en un faro de esperanza en mundos sumidos en la devastación. Con la guía de un sistema misterioso creado por su difunto padre, John aprende a subir de nivel, desbloquear poderes inimaginables y construir armas capaces de enfrentarse a la catástrofe misma.
Cuando finalmente se enfrenta al Destructor de Mundos, descubre secretos aún más profundos: hay otras variables, otras entidades colosales, y una profecía que marcará el futuro de un mundo futurista donde los habitantes pueden despertar poderes increíbles.
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El primer mundo que se termina.
El viento soplaba con fuerza sobre una vasta llanura cubierta de hierba alta. El cielo estaba teñido de tonos anaranjados y rojos, como si el sol estuviera pintando el horizonte antes de desaparecer. Era un atardecer tranquilo, silencioso, casi perfecto.
Pero en medio de ese paisaje había algo extraño.
Un joven estaba acostado sobre la hierba.
Sus ojos estaban cerrados, y su respiración era lenta. Su ropa estaba cubierta de polvo, como si hubiera caído desde muy alto o hubiera estado inconsciente durante mucho tiempo.
Durante varios segundos, el mundo permaneció completamente en silencio.
Entonces el joven abrió los ojos.
Parpadeó varias veces, confundido.
El cielo fue lo primero que vio.
Un cielo inmenso, lleno de nubes largas que se movían lentamente con el viento.
—¿Dónde… estoy? —murmuró.
Su voz era débil, como si no la hubiera usado en mucho tiempo.
Se sentó lentamente, mirando alrededor.
Solo había campo.
Hierba.
Colinas lejanas.
Y silencio.
Se llevó una mano a la cabeza.
Un dolor leve recorrió su mente.
—¿Qué…?
Intentó recordar algo.
Cualquier cosa.
Su nombre.
Su hogar.
Su familia.
Pero su mente estaba completamente vacía.
Era como si alguien hubiera borrado todos sus recuerdos.
—No… recuerdo nada…
Miró sus manos.
Eran manos normales, las manos de un joven de unos diecisiete o dieciocho años.
Pero incluso eso lo sabía sin saber por qué.
Era extraño.
Sabía cosas simples, como caminar o hablar, pero no sabía quién era.
El joven se puso de pie con cuidado.
Sus piernas temblaron un poco al principio, pero luego logró mantener el equilibrio.
Miró el paisaje.
En la distancia podía ver lo que parecía ser un pequeño pueblo.
Techos de madera.
Chimeneas con humo.
Tal vez allí encontraría respuestas.
—Supongo… que debería ir hacia allí.
Comenzó a caminar.
El viento movía la hierba como olas en un mar verde.
Mientras caminaba, sentía algo extraño en su pecho.
Una sensación difícil de explicar.
Como si algo estuviera mal.
Como si algo terrible estuviera por suceder.
Pero no sabía qué.
Sacudió la cabeza.
—Estoy imaginando cosas…
Después de caminar durante casi una hora, finalmente llegó al pueblo.
Era un lugar sencillo.
Casas de madera.
Calles de tierra.
Algunas personas caminaban de un lado a otro llevando canastas o herramientas.
Parecía un lugar tranquilo.
Varias personas miraron al joven cuando entró al pueblo.
Su ropa estaba sucia y su expresión era confusa.
Una mujer mayor se acercó.
—¿Estás bien, muchacho?
El joven dudó antes de responder.
—Yo… no lo sé.
—¿Qué quieres decir?
—No recuerdo quién soy.
La mujer frunció el ceño.
—¿No recuerdas tu nombre?
El joven negó con la cabeza.
Varias personas comenzaron a reunirse alrededor.
Un hombre grande con barba cruzó los brazos.
—Tal vez se golpeó la cabeza.
Otro hombre dijo:
—Podría quedarse en la posada hasta que se recupere.
La mujer mayor sonrió con amabilidad.
—Ven, muchacho. Debes estar cansado.
El joven asintió.
—Gracias…
Mientras caminaban hacia la posada, el joven volvió a sentir esa sensación extraña.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Miró el cielo.
Algo no estaba bien.
Pero no sabía qué.
Entraron a la posada.
Era un lugar cálido, con mesas de madera y una chimenea encendida.
La mujer le dio un poco de comida.
Pan.
Sopa caliente.
El joven comenzó a comer con hambre.
—Debes haber pasado mucho tiempo sin comer —dijo la mujer.
—Sí…
Mientras comía, escuchaba a las personas del pueblo hablando.
Conversaciones simples.
Sobre cosechas.
Sobre el clima.
Sobre la vida cotidiana.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
Entonces ocurrió.
Un sonido.
Un sonido profundo.
Como un trueno.
Pero mucho más fuerte.
BOOOOOOOOM.
Las paredes de la posada vibraron.
Las personas se miraron entre sí.
—¿Qué fue eso?
BOOOOOOM.
Esta vez fue más fuerte.
Las ventanas temblaron.
El joven sintió que su corazón comenzaba a latir más rápido.
Esa sensación en su pecho volvió.
Más intensa.
Más peligrosa.
Salió corriendo de la posada.
Varias personas lo siguieron.
Cuando salió a la calle…
El cielo había cambiado.
Las nubes se estaban reuniendo en una enorme espiral oscura.
El sol había desaparecido.
Todo estaba cubierto por una sombra gigantesca.
La gente del pueblo miraba hacia arriba con miedo.
—¿Qué está pasando…?
El joven también miró.
Y entonces lo vio.
Algo enorme estaba descendiendo desde el cielo.
Al principio parecía una montaña.
Pero se estaba moviendo.
Lentamente.
Pesadamente.
Cuando finalmente emergió entre las nubes…
La gente comenzó a gritar.
Era un monstruo.
Pero no un monstruo normal.
Era colosal.
Su tamaño era imposible de comprender.
Su cuerpo era oscuro, como si estuviera hecho de piedra y sombra.
Sus ojos brillaban con una luz roja aterradora.
Cada paso que daba hacía temblar la tierra.
BOOOOOOM.
BOOOOOOM.
BOOOOOOM.
Las casas comenzaron a derrumbarse.
La gente corría en todas direcciones.
—¡¡CORRAN!!
—¡¡AL BOSQUE!!
—¡¡NOS VA A MATAR!!
El joven se quedó paralizado.
No podía moverse.
Era demasiado grande.
Demasiado horrible.
El monstruo levantó un brazo gigantesco.
Y lo dejó caer sobre el pueblo.
CRAAAAAAAAASH.
La mitad del pueblo desapareció en un instante.
La tierra explotó.
El aire se llenó de polvo y escombros.
El joven cayó al suelo.
—¿Qué… es eso…?
No entendía nada.
¿Por qué estaba pasando esto?
¿Por qué ese monstruo estaba destruyendo todo?
Las personas gritaban.
Algunas estaban atrapadas bajo los escombros.
Otras corrían desesperadamente.
El monstruo dio otro paso.
BOOOOOOM.
El suelo se partió.
Las casas colapsaron.
El joven intentó levantarse.
—Tengo que… correr…
Pero su cuerpo no respondía.
El miedo lo había paralizado.
El monstruo giró lentamente su enorme cabeza.
Sus ojos rojos miraron directamente hacia el joven.
Por un momento…
Pareció que lo estaba observando.
Como si supiera que él estaba allí.
El joven sintió un terror absoluto.
—No…
El monstruo levantó su brazo otra vez.
El joven cerró los ojos.
Pensó que iba a morir.
Pero entonces…
Algo extraño ocurrió.
Una luz apareció alrededor de su cuerpo.
Una luz blanca.
Brillante.
El joven abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué…?
La luz comenzó a envolverlo.
El suelo debajo de él desapareció.
El aire se distorsionó.
Era como si el espacio mismo estuviera rompiéndose.
El monstruo bajó su brazo.
CRAAAAAAAAASH.
Pero el joven ya no estaba allí.
El mundo se desvaneció.
La luz lo cubrió por completo.
Y todo se volvió oscuro.
Silencio.
Vacío.
Durante unos segundos no existió nada.
Ni sonido.
Ni luz.
Ni mundo.
Entonces…
El joven abrió los ojos otra vez.
Estaba acostado en el suelo.
Pero el lugar era diferente.
El cielo era azul brillante.
Había árboles altos alrededor.
Y el sonido de un río cercano.
El joven se sentó lentamente.
Miró alrededor confundido.
—¿Qué…?
Su respiración se volvió rápida.
—No…
Se levantó de golpe.
—No… no… no…
El pueblo.
Las personas.
El monstruo.
Todo había sido destruido.
Pero ahora él estaba en otro lugar.
Completamente diferente.
—¿Qué pasó…?
Se miró las manos.
Estaban temblando.
—Yo… estaba ahí…
Su mente estaba llena de preguntas.
¿Había muerto?
¿Era un sueño?
¿Había escapado?
No tenía respuestas.
Solo una cosa era segura.
Ese monstruo…
Había destruido un mundo entero.
Y él…
Había sobrevivido.
El joven miró el cielo.
Las nubes se movían lentamente.
Todo parecía tranquilo.
Pero en el fondo de su corazón…
Sentía algo.
Una certeza terrible.
—Va a volver…
No sabía cómo.
No sabía cuándo.
Pero sabía que ese monstruo aparecería otra vez.
Y cuando eso ocurriera…
Este mundo también desaparecería.
El joven apretó los puños.
—Tengo que entender qué está pasando…
No sabía quién era.
No sabía por qué podía viajar entre mundos.
Pero sabía una cosa.
Ese monstruo…
Era el fin de todo.
Y de alguna manera…
Su destino estaba conectado con él.
El joven dio un paso hacia el bosque.
—Si ese monstruo vuelve…
Esta vez…
Intentaré detenerlo.
El viento sopló entre los árboles.
Y muy lejos, en algún lugar del universo…
Algo se movía.
Algo gigantesco.
Algo que destruía mundos.
Y que pronto…
Volvería a aparecer.