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Una Alfa Rebelde

Una Alfa Rebelde

Status: En proceso
Genre:Yuri / Romance / Embarazo no planeado
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maite lucía

Una alfa rebelde
Alismeidy, una dominicana indomable en Italia, choca con una refinada omega. Entre secretos, caos familiar y deseo prohibido, el instinto salvaje de esta alfa pondrá su mundo de cabeza.

¿Podrá esta Alfa indomable domesticar su instinto y ser madre?

NovelToon tiene autorización de maite lucía para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5

El sol de Italia no perdona, pero el boche de un padre dominicano es lo que realmente te quita el sueño. Ya habían pasado dos semanas desde que mi vida se convirtió en un episodio de "Supervivencia en el Barrio". Dos semanas cargando cajas en el puerto, oliendo a gasoil y aguantando el relajo del Tiguere y los italianos que me llamaban "La Alfa de Porcelana". Pero algo dentro de mí estaba haciendo click.

Cada vez que llegaba a la casa y veía a Elizabeth —mi Elizabeth, aunque todavía no me atreviera a decirlo en voz alta— con su barriguita creciendo y tratando de entender por qué los dominicanos le echamos vinagre a todo, sentía que los pantalones me quedaban más apretados. No de gorda, sino de responsabilidad.

Esa mañana, el tío político de Elizabeth, Lord Harrison, se apareció en la casa como un fantasma de la aristocracia. Entró a nuestra sala humilde como si estuviera caminando sobre huevos. Doña Altagracia, mi mamá, casi se desmaya del susto, pero Elizabeth, con una dignidad que me dejó muda, lo paró en seco en el medio del patio, justo al lado de un racimo de plátanos que mi papá había colgado para que maduraran.

—Tío Harrison, puedes decirle a mi familia en Londres que estoy muerta si quieres —le dijo Elizabeth, con una frialdad que hasta a mí me dio escalofríos—. Aquí me tratan como una persona, no como un fondo de inversión. Aquí hay ruido, hay gritos y la gente se desayuna con plátano, pero hay amor. No vuelvas, porque esta "familia de locos" es ahora la mía.

El hombre se fue con el rabo entre las piernas, y yo, que estaba escondida detrás de la puerta del baño, me di cuenta de una cosa: esa mujer se merecía algo mejor que una Alfa cargadora de cajas. Ella era una reina, y yo tenía que buscarme un "trono" que pagara mejor.

****************

Esa noche, mientras cenábamos un sancocho que mi mamá hizo para "celebrar" que el inglés se había ido, vi el anuncio en mi celular. “Se busca chofer privado para familia de alto nivel. Excelente paga. Imprescindible presencia formal y discreción”.

—¡Ay, mi madre! —exclamé, dándole un golpe a la mesa—. Esto es lo mío. Yo sé manejar hasta un avión si me ponen, y la paga es lo que necesito para que Elizabeth no tenga que lavar más ropa a mano.

—¿Tú, chofer? —se rió Junior, que estaba estrenando un reloj de oro que Sonia le había regalado esa tarde—. Alis, tú lo que pareces es una mecánica de barrio. Para ese trabajo se necesita clase, algo que tú no tienes ni comprándola en el supermercado.

—¡Cállate, Junior! —le gritó Don Ramón—. Por lo menos ella quiere trabajar de verdad y no andar de "chulo" por ahí.

Pero Junior tenía razón en algo: yo no tenía ropa formal. Así que esperé a que se fuera a bañar para su cita nocturna con Sonia y entré a su cuarto como una ninja. Le robé un traje negro, una camisa blanca que todavía olía al perfume caro de la vieja, y una corbata que yo no sabía ni cómo se ponía.

—¡Alismeidy! ¡Suelta mi traje! —gritó Junior saliendo del baño con una toalla en la cabeza—. ¡Ese traje me lo compró Sonia para la ópera!

—¡Préstalo, avispado! —le grité yo mientras corría hacia mi cuarto—. ¡Que si consigo este trabajo, te dejo de pedir prestado para el bus!

................

Al día siguiente, a las cinco de la mañana, no hubo necesidad de que Papi me jalara la oreja. Me levanté sola, me puse el traje (que me quedaba un poco ancho de hombros, pero me hacía ver como una Alfa de película) y me miré al espejo. Elizabeth entró al cuarto, todavía soñolienta, y se quedó con la boca abierta.

—Wow... Alismeidy. Pareces... una Alfa de verdad —dijo ella, acercándose para arreglarme la corbata—. Ten cuidado. Esa gente rica a veces no tiene corazón.

—No te preocupes, mi gringa. Por ti y por el chamaquito, yo me vuelvo el chofer del mismo Papa si es necesario.

Cuando llegué a la dirección del anuncio, casi me doy la vuelta. No era una casa, era un palacio. La mansión era tan grande que mi barrio entero cabía en el jardín. Los arbustos estaban podados con una perfección que daba miedo y las fuentes de agua parecían de cristal.

Me recibió un mayordomo que me miró de arriba abajo como si yo fuera un bicho raro.

—¿Usted es la aspirante? —preguntó con una voz que parecía que le faltaba el aire.

—La misma. Alismeidy, a sus órdenes —dije, tratando de modular mi acento dominicano y hablando un italiano más "fino", aunque de vez en cuando se me salía un "¡concho!" o un "¡ay mi madre!".

Entonces apareció ella. La nueva jefa. Se llamaba Alessandra Valenti. Una Omega de 20 años, con un cabello rubio azabache y unos ojos que parecían dos cuchillos de hielo. Era de una de las familias más influyentes de Italia, y por su forma de caminar, se notaba que no sabía lo que era que se le fuera la luz o tener que buscar agua en un cubo.

—Así que tú eres la que enviaron —dijo Alessandra, rodeándome como si fuera a comprar un caballo—. Te ves... rústica. ¿Sabes manejar este auto? —señaló un Rolls-Royce plateado que brillaba más que los dientes de Junior.

—Señorita, yo manejo eso hasta con los ojos cerrados —le dije, intentando ser formal—. Buenos días, es un placer. Estoy aquí para servirle.

—Menos palabras y más acción —respondió ella con una arrogancia que me dieron ganas de darle un boche ahí mismo—. Mi anterior chofer era un inútil. Yo necesito discreción, velocidad y que no me hables a menos que yo te lo pida. ¿Entendido, "Alfa"?

—Como usted diga, jefa —dije apretando los dientes—. Por mi hijo, por mi hijo, me repetía mentalmente para no mandarla a freír espárragos.

El primer día fue una tortura psicológica. Alessandra no era como Elizabeth. Elizabeth era dulce, quería aprender; Alessandra era un témpano de hielo que me trataba como si yo fuera parte de los accesorios del carro.

—¿Por qué hueles a... plátano frito? —me preguntó desde el asiento de atrás mientras cruzábamos el centro de Italia.

—Es el perfume de mi casa, señorita —le dije, tratando de no reír—. Es cultura pura.

—Pues mañana, por favor, usa algo más... neutral —respondió ella, mirando por la ventana—. Y esa forma de hablar... ¿de dónde vienes?

—Soy dominicana, jefa. De Quisqueya la bella. Donde la gente tiene el corazón caliente aunque el mundo se esté cayendo.

Alessandra me miró por el espejo retrovisor. Por un segundo, vi una chispa de curiosidad en su mirada arrogante, pero la apagó rápido.

—En este mundo, el corazón caliente solo sirve para cometer errores. Solo maneja.

...****************...

Mientras yo estaba intentando no chocar el Rolls-Royce de la jefa arrogante, en mi casa el ambiente estaba que ardía. Doña Altagracia finalmente perdió los estribos con Junior.

—¡Ya me cansé! —gritó mi mamá, dándole con la chancleta en la mesa de la cocina—. ¡Tu hermana se puso un traje y se fue a buscar la vida de verdad, y tú aquí esperando que la vieja esa te mande un mensaje! ¡Desde mañana, te me vas al mercado con Ramón a cargar guineos!

—¡Pero Mami! ¡Se me van a arruinar las manos! —lloriqueaba Junior—. ¡Sonia dice que mis manos son de seda!

—¡Seda va a ser el boche que te voy a dar si no te levantas! —le gritó Don Ramón—. ¡Aquí no hay hijos preferidos! ¡O trabajas o te vas a vivir con la vieja esa de 40!

Yarielis, mientras tanto, ya tenía sus maletas listas en la puerta. Estaba emocionada, pero también triste. Miró a Elizabeth, que ya se sentaba en el mueble como si fuera la dueña de la casa, y le dio un abrazo.

—Elizabeth, cuida a Alismeidy —le dijo mi hermanita—. Ella es una loca, pero tiene el corazón de oro. Y dile que no se crea mucho con ese traje, que todavía debe un mes de internet.

Elizabeth se rió y le prometió que todo estaría bien. Pero por dentro, la gringa empezaba a sentir el peso de la cultura. Ya no era la chica de Londres; ahora era la Omega de una familia dominicana en Italia, aprendiendo a vivir con el escándalo, el amor y la incertidumbre de qué pasaría cuando naciera el bebé.

Al final del día, después de llevar a Alessandra a tres reuniones y a una gala donde la gente usaba relojes que costaban más que mi barrio, regresé a la mansión para dejarla.

—No lo hiciste tan mal, Alismeidy —dijo Alessandra antes de bajar del carro—. Mañana a las seis. Y por favor... trata de que la corbata no esté tan chueca. Pareces un Alfa de la calle tratando de disfrazarse de gente.

—Lo que usted diga, jefa —le contesté, haciendo una venia exagerada—. Mañana estaré aquí, más fina que un hilo de coser.

Cuando llegué a mi casa, me quité el traje de Junior, que ya me apretaba en el alma. Don Ramón me esperaba con un café y una mirada de orgullo que casi me hace llorar.

—¿Cómo te fue, muchacha? —preguntó el viejo.

—Bien, Papi. La jefa es más pesada que un matrimonio obligado, pero la paga va a valer la pena. Elizabeth va a tener su cuarto arreglado y el chamaquito va a nacer con todo lo que necesite.

Me acosté en mi colchón del piso, sintiendo que el cuerpo me pesaba, pero el corazón me flotaba. Miré a Elizabeth, que dormía plácidamente en mi cama, y le di un beso en la frente. Sabía que venían problemas. Sabía que Alessandra Valenti no era una mujer fácil y que mi mundo de barrio iba a chocar con su mundo de oro. Sabía que Junior iba a armar un lío en el mercado mañana.

Pero sobre todo, sabía que el nombre que todo el mundo me ponía —"La Loca", "La Rebelde", "La Vaga"— estaba empezando a cambiar. Ahora, en el fondo de mi alma, yo solo quería ser una cosa: El Alfa que su familia necesitaba.

En la noche entró una llamada al celular de Alismeidy. Un número desconocido. Una voz inglesa, muy parecida a la de Elizabeth pero más autoritaria, suena del otro lado:

—“Alismeidy... soy la madre de Elizabeth. Estoy en Italia. Y voy a buscar a mi hija ahora mismo”.

¡Ay, mi madre! ¡Se armó el verdadero juidero!

Continuará...🔥

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Pamela Duran Sandoval
rayos esto se esta poniendo color de hormiga 💓💓💓
Pamela Duran Sandoval
no quiero pensar como se va a poner elizabet cuando se entere del casamiento
Michica Omegavers: Más adelante lo vamos a ver 🤭
total 1 replies
yusmery gomez
muy cómica de la vida real me encanta 😍☺️👏👏👏👏
yusmery gomez
😍😍😍😍 buenísima está nueva novela 👏👏👏👏👏
yusmery gomez
me encantó quedé ☺️☺️☺️☺️☺️😍
yusmery gomez
buenas madrugadora autora excelente novela
Pamela Duran Sandoval
excelente novela muy buena gracias
yaneth fan del GL fuerte
me encanto el primer capitulo y no se si seguir leyendo por creo que se terminará esa trama tan perfecta 😭
Michica Omegavers: Puedes seguir si te gusta 🥰
total 1 replies
yaneth fan del GL fuerte
veamos lo de que estas echo 🤭
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