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Fingimos Ser Nosotros Mismos

Fingimos Ser Nosotros Mismos

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Malentendidos / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:778
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.

Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 18

Llegué a San Francisco al amanecer. El cielo estaba pintado de tonos rosas y naranjas, y el aire llevaba el fresco aroma del océano. Me recogieron en el aeropuerto y me llevaron a la oficina de la empresa – un espacio moderno y luminoso en el centro de la ciudad, con vistas al puente Golden Gate. Los compañeros me recibieron con una sonrisa y me mostraron mi despacho, decorado con plantas y un cartel que decía: “Bienvenida, Luna – aquí hacemos magia con tecnología”.

Los primeros días fueron una locura – conocí a los equipos, revisé los diseños iniciales de la app y empecé a planificar las estrategias de contenido y formación. Pero a pesar del trabajo y la emoción de estar en un nuevo país, extrañaba muchísimo a Gael. Hablábamos todos los días por videollamada – él me contaba sobre las preparativos de la boda y las nuevas jornadas de “Tecnología con Causa”, yo le contaba sobre mi trabajo y las cosas que descubría en la ciudad.

“Te echo mucho de menos”, me dijo una noche, mientras veía su rostro en la pantalla de mi móvil. “El apartamento se siente vacío sin ti.”

“Yo también te echo de menos”, respondí, con la voz un poco rota. “Solo faltan dos meses más – ya volveré a casa.”

“Lo sé”, dijo Gael, sonriendo tristemente. “Pero estos meses se hacen eternos. He estado trabajando en el proyecto de la plataforma para creadores – ya tenemos los primeros diseños, y creo que te encantarán.”

“¡Muéstramelo!” dije, emocionada. Gael encendió su ordenador y me mostró los diseños – eran modernos, funcionales y llenos de color, justo como me gustaba a mí. “Están increíbles, mi amor. Estoy muy orgullosa de ti.”

Después de colgar la llamada, me senté en la terraza de mi apartamento temporal, mirando las luces de la ciudad y pensando en todo lo que había pasado. Había conseguido lo que siempre había soñado, pero también había descubierto que el éxito no era solo trabajo y reconocimiento – era tener a la persona que amas a tu lado, compartiendo tus sueños y tus alegrías.

Un mes después de mi llegada a San Francisco, estaba en la oficina preparando la presentación final de la app cuando mi jefe me llamó a su despacho con una expresión seria en la cara.

“Luna”, dijo, cerrando la puerta detrás de mí. “Tenemos un problema. Alguien ha filtrado algunos de los diseños iniciales de la app en internet – y están diciendo que los hemos copiado de una empresa española.”

Me quedé sin aliento, sintiendo cómo se me helaba la sangre en las venas. Los diseños eran originales – habíamos trabajado meses en ellos, basándonos en las necesidades de las mujeres jóvenes de todo el mundo.

“¿Quién podría haber hecho esto?” pregunté con voz temblorosa.

“No lo sabemos”, respondió mi jefe. “Pero las noticias ya se han extendido – algunos medios están hablando de plagio, y algunas empresas que querían colaborar con nosotros ya nos han llamado para retirar sus propuestas.”

Me senté en la silla, abrumada. Todo lo que había trabajado tanto para conseguir se venía abajo en cuestión de minutos.

“¿Qué hacemos?” pregunté.

“Tenemos que demostrar que los diseños son originales”, respondió mi jefe. “Necesitamos pruebas – documentos, bocetos iniciales, cualquier cosa que nos ayude a demostrar que los creamos nosotros.”

Asentí, sabiendo que tenía que actuar rápido. Llamé a Roberto en VerdeFuturo para que me enviara todos los documentos y bocetos que teníamos guardados, y empecé a revisar todas las conversaciones y correos electrónicos relacionados con el proyecto.

Mientras trabajaba, recibí una llamada de Valen – su voz sonaba preocupada.

“Luna, mija – ¿has visto las noticias?” preguntó. “Hay un artículo en una revista española diciendo que has copiado los diseños de la app americana de una empresa local. Ya se está extendiendo por todas partes.”

“Lo sé”, respondí, con la voz llena de frustración. “Estoy tratando de demostrar que son originales, pero necesito tiempo.”

“También hay algo más”, dijo Valen, con voz más baja. “Alguien ha vuelto a abrir la cuenta falsa que hicieron antes – está diciendo que siempre has sido una mentirosa, que copiaste los proyectos de VerdeFuturo y ahora estás haciendo lo mismo en Estados Unidos.”

Me sentí como si me hubieran dado un golpe en el estómago. Sabía que esto no era una coincidencia – alguien estaba tratando de destruir mi reputación, de acabar con mi carrera.

“¿Sabes quién podría ser?” pregunté.

“No lo sé”, respondió Valen. “Pero Gael ya está investigando – ha reunido a su equipo y están rastreando la cuenta falsa y la fuente de la filtración de los diseños.”

Gracias a Dios por Gael – siempre estaba ahí cuando más lo necesitaba.

Ese mismo día por la noche, llamé a Gael para contarle lo que había pasado. Cuando vio mi rostro en la pantalla, su expresión se volvió seria.

“Ya sé todo, mi amor”, dijo. “No te preocupes – mi equipo y yo estamos trabajando en ello. Ya hemos conseguido rastrear la cuenta falsa – pertenece a alguien que trabajó en BioInnova y que fue amigo de Marta. Estamos intentando encontrar una conexión con la filtración en Estados Unidos.”

“Gracias, Gael”, dije con voz emocionada. “No sé qué haría sin ti.”

“Esto es lo que somos – un equipo”, respondió Gael. “Juntos lo conseguiremos. Solo tienes que mantenerte fuerte y seguir demostrando que tus diseños son originales.”

Los días siguientes estuvieron llenos de trabajo – reuniones con abogados, presentaciones con clientes, entrevistas con medios para explicar nuestra versión de los hechos. Pero a pesar de todo nuestro esfuerzo, la situación no mejoraba – las noticias seguían extendiéndose, y más empresas se retiraban de las colaboraciones.

Un martes por la tarde, estaba en mi despacho revisando los últimos documentos cuando mi jefe entró con una expresión de alivio en la cara.

“Luna”, dijo, mostrándome su ordenador. “Tenemos pruebas. Gael y su equipo han conseguido encontrar quién fue el que filtró los diseños – era un antiguo empleado de la empresa que ahora dice que los copiamos. Había trabajado aquí temporalmente hace unos meses, y se llevó los diseños con él para venderlos a la empresa española.”

Me quedé sin aliento, sintiendo cómo se me quitaba un peso enorme de encima.

“¿Y cómo lo demostraron?” pregunté.

“Han encontrado correos electrónicos donde él habla de la filtración, y también han rastreado los archivos hasta su ordenador”, respondió mi jefe. “La policía ya está investigando el caso, y la empresa española ya ha pedido perdón y retirado todas las acusaciones.”

Me senté en la silla, con las lágrimas corriendo por mis rostros de alegría. Todo había acabado bien – nuestra reputación estaba a salvo, y los diseños serían lanzados como estaba previsto.

“También hay algo más”, dijo mi jefe, sonriendo. “Gael ha organizado una conferencia en Madrid para que puedas explicar tu trabajo y demostrar tu inocencia. Quieren que vuelvas para dar la charla – sería la mejor forma de cerrar este tema de una vez por todas.”

Asentí, emocionada. Estaba deseando volver a casa, a ver a Gael, a mi familia y a mis amigos.

Ese mismo día por la noche, llamé a Gael para contarle la noticia. Cuando le dije que volvía en unos días, su rostro se iluminó con una sonrisa enorme.

“¡Qué maravilla!” dijo. “Ya no aguantaba más la espera. La conferencia será la semana que viene – hemos invitado a medios de todo el país, a los participantes de las jornadas y a todas las personas que han apoyado nuestro trabajo.”

“También quiero que formes parte de la charla”, dije. “Sin ti y tu equipo, esto no habría sido posible.”

“Claro que sí, mi amor”, respondió Gael. “Juntos siempre somos más fuertes.”

Volví a Madrid cinco días después. Gael me esperaba en el aeropuerto con un ramo de flores amarillas y una sonrisa que iluminaba su rostro. Cuando me vio, corrió hacia mí y me cogió en sus brazos, dándome un beso largo y apasionado que olvidó a todos los demás que estaban alrededor.

“¡Por fin estás aquí!” dijo con voz emocionada. “Te he echado tanto de menos que no puedo creer que estés de vuelta.”

“Yo también te he echado de menos”, respondí, abrazándolo fuerte. “No puedo creer que haya estado fuera tres meses – se han hecho eternos.”

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