Los Maxwell; los hermanos más codiciados de todo New York, millonarios, acostumbrados a hacer lo que se les da la gana sin medir las consecuencias.
Una simple noche de diversión podría ser el encadenado destino de cinco mujeres.
Ellos las quieren para él, tomandolas a la fuerza para así mantenerlas cautivas.
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Eres la única culpable.
...HANNAH...
—¡Hola!
Hoy me levanté con buen ánimo, tal vez sea porque me divierte dejar a Kenneth todo cachondo, lo único que extrañaré es burlarme de él, aunque creo que hay otra cosa.
—¿Qué paso?— El desayuno en la mesa solo ocupa un puesto, el mío— ¿Donde está el imbécil?
—El señor salió hace un par de horas.
—Vaya, has aprendido mi vocabulario— Le doy unos cinco a la sirvienta— ¿Y donde salió el señor?
—A casa de la zorrita— Ahora Sam también me acompaña— Mariangel lo invitó y ya sabes cómo son las cosas con el idiota, no pudo rechazarla.
¿Ok...?
Un repentino calor recorre mi cuerpo y lleno mi boca de comida para no soltar estupideces. Así que salió a encontrarse con otra en vez de desayunar conmigo, soy su novia, de mentira pero igual lo soy, que ni crea que me quedaré de brazos cruzados. Kenneth Maxwell te metiste en graves problemas.
...KENNETH...
...▫️▫️▫️...
—¿Necesitabas verme?— Tiro la puerta detrás de mí fijándome en la rubia que no aparta su mirada de la ventana.
—¿Donde estabas y con quién?
—¿Me estás interrogando?
—No, pero creo que deberías llevarte un poco más en serio el papel de mi novio, osea, que hombre sale sin su chica; no Kenneth, muy mal.
—Tienes razón, arréglate, saldremos en una hora— Sus ojos se abren de la emoción— Mariangel nos invitó a su fiesta de cumpleaños— gruñe— Sé que no te agrada pero sería de mala educación rechazarla.
—No me animan las fiestas. Apenas celebro mi cumpleaños, Navidad, o sea es aburrido estar rodeada de varias personas.
—No tienes de qué preocuparte, tan solo irán 20 de sus amigos.
...▫️▫️▫️...
—Como siempre tienes la razón imbécil, claro que vinieron 20 pero multiplicado por cinco— Grita Hannah en mi oído ya que por la gran música no puedo escucharla.
—Pensé que rechazarían mi invitación. ¿Están divirtiéndose?
—¿Soy sincera?
—Claro que sí nos estamos divirtiendo.
—¿Quieren algo de tomar?
—Agua...
—Dos vodka— nos extiende las bebidas alcohólicas.
—¿Quieres bailar Riley?
—No soy de ese tipo de cosas.
—Si se les apetece algo solo llámenme, con permiso— Sus altos tacones los siento alejarse.
—¿Cuándo te caerá bien Mariangel?
—Cuando dejes de ser cachondo; nunca— Se bebé su copa— Mmmm, me encanta, si me tomo otro no me caerá mal.
—¿Sabes controlarte?
—Estás hablando con Hannah Hardy, una dama que no bebe más de tres copas, tranqui.
2 Horas después...
Por andar detrás de Hannah olvidé por completo que soy el dueño de una empresa que tengo abandonada. Termino de cortar la llamada, regresando al aire libre veo que todos aplauden, todas las miradas están puestas en solo una persona.
—¡Riley! ¡Riley!
Hacen barras y la ya borracha rubia se manda sin dudarlo una copa de vodka y tequila. Sus manos se pasean con sensualidad y lentitud por sus pechos, mordiendo sus labios baja a su vientre. El borde de su vestido aprieta moviendo sus caderas de un lado a otro, todos babean y yo solo aprieto mis manos molesto.
—¡Riley!— Agarrando ambas manos la bajo tratando de que sus muslos no se vean por la rapidez— ¡¿Qué mierda crees que haces?!
—Divertirme, eso no fué lo que me dijiste mi amorcito?— Está más allá que acá.
—Vámonos ahora.
—¡Pero la fiesta aún no termina!
—¡Ahora!— Miro a Mariangel que está sonriente y grabando todo— Pensé que eras mi amiga— quito el celular de sus manos y elimino el vídeo y las fotos.
—Kenneth...
—No olvidaré esta noche Mariangel. Vámonos loca, tu y yo tenemos muchas cosas de qué hablar.
A rastras la entro al auto.
—Tus gritos me partirán la cabeza.
—Si no lo hacen ellos lo haré yo.
En todo el camino tuve que soportar sus quejidos y bromas de mal gusto. Con su cuerpo en mi espalda y su rostro recostado en mi hombro subo a su habitación. Se quedó dormida apenas tocamos la mansión.
—Supongo que ya habrá tiempo mañana de hablar.
—Kenneth— Balbucea abrazando mi brazo con la poca fuerza que le queda— quédate conmigo, por favor quédate.
...HANNAH...
—Mi cabeza quiero explotar— Murmuro en un quejido.
—Primero pregúntate porqué.
Doy un salto en la cama al ver a Kenneth a mi lado.
—¿Y tú qué haces aquí?
—Al parecer tenemos un caso de pérdida de memoria, anoche me dijiste que me quedara contigo.
—Y...¿hicimos cositas de adultos?
—¿Qué? Tu y yo somos adultos, y no, no tuvimos sexo, odio aprovecharme de una borracha. ¿Ahora sí recibiré una justa explicación para que la Srta. Hardy se emborrachara ayer?
—No creí que te importara eso, estabas tan pegado y agusto con Mariangel que quería divertirme por mi propia cuenta. ¿Hice mal?
—Bailar como una loca encima de una mesa y levantando tu vestido, si está muy mal. ¿Cuál es tu propósito Hannah? ¿Molestarme?
—Averigüar si en todo este tiempo me he ganado tu importancia— con sus ojos penetrados en los míos deja la cama— ¿Puedes salir? Quiero darme un baño.
Al percatarme ya tengo sus dedos levantando mi mentón.
—¿Celosa?
Bufo.
—¿Y según tú cuál sería el motivo?
—Mariangel; es una chica hermosa, de lejos se nota que le gusto, es inteligente, es mi amiga.
—Si te parece la mujer perfecta reemplaza mi lugar de novia falsa con el de ella.
—¿Y quién te dijo a ti que yo quería a la mujer perfecta en mi vida? Soy feliz teniendo a una hermosa mujer, algo inteligente, mal cocinera, chillona y fastidiosa a mi lado, he sabido enamorarme de sus defectos. He aprendido enamorarme de ti.
—¡Ya suéltame Kenneth!— Hasta que por fin lo hace dejándome respirar lejos de él.
—Ya te fuí sincero, ahora tienes que serlo tú conmigo. ¿Te gusto Hannah?
—¡Sí! ¡¿Contento?! ¡Y si quieres saber más, odio verte cerca de esa putibruja que no deja pasar tiempo para coquetearte, y tú muy imbécil que no la alejas de tí!— Suspiro tan fuerte como la vergüenza que se está apoderando de mí.
Creo que abrí mi boca de más.
Me decido a mirarlo pero ya no lo veo. Sus grandes manos las siento abrazarme por detrás.
—Te dije que serías mía algún día, Hannah.
—¿Tuya? Te equivocas, ni tuya ni de nadie.
—Desde que dijiste que te gustaba te convertiste en mi mujer— me hace voltear— ¿Tienes algo qué decir antes de empezar con la acción?
—¿Acción?
Nuestras lenguas juegan a la par como sus manos dentro de mí traje apretando mis duros senos.
—Kenneth...
—Si dependiera de mí te hiciera gritar una y otra vez— Chupa el lóbulo de mi oreja.
—Entonces hazlo.
—Me debes una, empieza tu primero.
Caigo de rodillas quitando deseosa el cinturón que estorba. Su mirada vuelve a penetrar la mía, sus ojos son hermosos, y verme reflejada en ellos también lo es. A centímetros de llevarme a la boca al grandulón, empiezan la puerta a tocar.
—Señor, sus padres lo están esperando abajo.
—¿Qué?
La diversión se terminó.
Lo detengo antes de que suba su pantalón.
—Si me dejas así excitada juro que te mato Kenneth.
—Lo siento pero mis padres están abajo.
—No te irás.
—Hannah cállate— detengo el cierre de su pantalón antes de que se lo subo.
La primera lágrima cae de sus ojos y me encuentro en una encrucijada, no sé si reír o llorar. Nuestras miradas quedan justas en su poll* que acaba de atorarse en el cierre de su pantalón.
—Oh... Dios...
Tapa su boca para no pegar un grito, trato de acariciarlo pero el idiota me evita.
—Tu tienes la culpa— gime del dolor.
—¿Yo?
—¡Si, eres la única culpable de que mi amigo esté herido!
—Está saliendo sangre.
—Lo sé, lo sé. Peor castigo que este no puedo recibir.