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Donde El Amor No Era Suficiente: El Arte De Empezar De Nuevo

Donde El Amor No Era Suficiente: El Arte De Empezar De Nuevo

Status: En proceso
Genre:CEO / Traiciones y engaños / ABO / Viaje En El Tiempo / Autosuperación
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Hanabi Montano

Adrián siempre fue el omega bonito, el prometido adorno del CEO Alejandro Torres. Su vida era poesía, diseño de interiores y un amor no correspondido por un alfa que solo valoraba el poder. Hasta que su primo Sergio lo empujó desde una azotea.

Pero el destino le regala una segunda oportunidad. Vuelve atrás en el tiempo con el recuerdo de su muerte grabado a fuego y un descubrimiento que lo hiela: Sergio, el primo brillante y esforzado que siempre vivió a su sombra, lleva años enamorado de Alejandro. Y su plan para ser visto por el alfa es sencillo: eliminar al heredero legítimo y ocupar su lugar, con el patrimonio y la posición que siempre le faltaron.

Ahora Adrián tiene un año para reescribir su historia. No para conquistar a Alejandro, sino para salvarse a sí mismo. Para demostrar que vale más que el apellido que heredó. Y quizá, solo quizá, para tenderle un puente a un primo que, como él, solo quería ser amado.

NovelToon tiene autorización de Hanabi Montano para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El hermano que se elige

El bar se llamaba "El rincón de los olvidados", un nombre absurdo que a ellos les había parecido el más adecuado del mundo cuando tenían veinte años y creían que la vida era una broma privada. Estaba en una calle estrecha del centro, lejos de los lugares elegantes que frecuentaba la familia Guerrero, y tenía las mismas mesas de madera rayada, las mismas sillas desparejadas y el mismo olor a cerveza y a patatas fritas de siempre.

Adrián llegó diez minutos antes. Lo hizo a propósito, porque necesitaba ese tiempo para asimilar que esto estaba pasando de verdad. Apenas había pasado un día desde que envió aquel mensaje, desde que Diego respondió con su "Mariposita!" inmediato. Veinticuatro horas, eso era todo lo que había tardado su amigo en decir "dónde y cuándo". Para mí han sido casi dos años, pensó mientras se sentaba en la mesa del fondo, la de siempre. Dos años sintiendo que te había perdido, dos años sabiendo que te fallé. Pero para ti... para ti han sido solo unos meses, ¿verdad?

Esa era la parte más extraña de su nueva realidad. Él recordaba cada llamada ignorada, cada mensaje sin respuesta, cada cumpleaños que dejó de felicitar. Recordaba la culpa acumulándose como polvo en una habitación vacía, pero Diego no sabía nada de eso, para Diego, el distanciamiento había sido más corto, menos brutal. Un enfriamiento progresivo, de esos que duelen pero no matan. Ocho meses, calculó. Ocho meses sin verte, sin saber de ti, para él es eso, para mí es una eternidad. Y aún así, había respondido en diez minutos.

Adrián apoyó los codos en la mesa y respiró hondo. No iba a llorar, no aquí, no ahora, pero la sensación de tener un nudo en la garganta no se iba. Podría haberme mandado a la mierda, pensó, podría haberme hecho esperar, podría haberme ignorado, podría haberme hecho pagar por los meses que desaparecí, pero no. Dijo "dónde y cuándo", así, sin más.

Eso era Diego, el mismo Diego que un día en la cafetería de la facultad se sentó a su lado y le dijo "cuéntame", sin conocerlo de nada. El mismo Diego que lo había sostenido cuando la vida universitaria se volvía cuesta arriba. El mismo Diego al que él había dejado de lado, poco a poco, sin una explicación, sin un "lo siento", sin nada y aún así, estaba ahí.

La puerta del bar se abrió.

Diego estaba con el pelo revuelto, la camisa de cuadros medio desabrochada, esa sonrisa enorme que parecía decir "el mundo es mío y me importa tres pepinos". Caminó hacia la mesa con su paso despreocupado, sin prisas, como si el tiempo no existiera.

—Mariposita —dijo, y solo eso bastó.

Adrián se levantó y el abrazo llegó antes de que pudiera pensar. Diego lo apretó con esa fuerza suya, la de los abrazos que no piden permiso, que simplemente están y Adrián sintió que algo que llevaba casi dos años roto (para él) empezaba a soldarse. No con palabras, no con explicaciones, con un abrazo.

—Has tardado —dijo Adrián cuando por fin se separaron, con la voz rara.

—Tú has tardado meses, no me vengas con prisas. —Diego se sentó, cogió la cerveza que ya estaba sobre la mesa y bebió un trago largo—. Sabe igual de asquerosa. Me encanta.

Adrián rió. Era una risa fácil, de esas que no necesita motivo.

—Diego, yo...

—Espera. —Diego levantó una mano—. Antes de que empieces, déjame decirte algo.

Adrián calló.

—Te iba a soltar un speech. Llevaba todo el día preparándolo, de hecho. Iba a decirte lo mucho que me dolió que te fueras distanciando, lo mucho que te esperé, lo mucho que te necesité y no estabas. —Hizo una pausa, bebió otro trago—. Pero luego pensé: ¿para qué? Tú ya sabes todo eso y además, estás aquí. Eso es lo único que importa.

Adrián sintió que el nudo en la garganta se apretaba. Diego hablaba de meses, él sentía años pero el resultado era el mismo: estaba aquí.

—¿Así de fácil?

—¿Fácil? —Diego arqueó una ceja—. No ha sido fácil, mariposita. Han sido casi ocho meses sin ti. Ocho meses preguntándome si te había pasado algo, si te habías ido del país, si simplemente te habías olvidado de que existía. —Se encogió de hombros—. Pero luego recibí tu mensaje y supe que no te habías olvidado. Solo estabas... perdido.

Ocho meses, pensó Adrián, para ti han sido ocho meses, para mí, una vida entera. O dos.

—Lo estaba —dijo en voz alta—. Muy perdido.

—Ya. —Diego asintió—. Pero has vuelto y ahora me tienes aquí, con mi cerveza asquerosa, esperando que me cuentes todo. Así que deja de pensar en lo que debiste hacer y empieza a contarme lo que vas a hacer.

Adrián lo miró. Diego era el mismo de siempre: directo, sin filtros, con esa forma de decir las cosas que hacía que todo pareciera más sencillo y por un momento, Adrián se preguntó si alguna vez podría contarle la verdad. Lo del viaje en el tiempo, lo de la muerte, lo de Sergio. Pero no. Algunas cosas no se pueden compartir, ni siquiera con el hermano que uno elige.

—Vale —dijo—. Te cuento.

Y le contó. No todo, claro. No podía contarle lo de la muerte, lo del renacer. Pero le contó lo del estudio, lo de la clínica, lo de las ganas de crecer. Le contó que había decidido vivir para sí mismo, que ya no quería ser el adorno de nadie.

Diego escuchó sin interrumpir, bebiendo su cerveza y asintiendo de vez en cuando. Cuando Adrián terminó, se quedó en silencio un momento.

—¿Sabes qué? —dijo al fin—. Te miro y no te reconozco. En el buen sentido.

—¿Cómo era antes?

—Antes hablabas como si pidieras perdón por ocupar espacio. Como si tus sueños fueran una molestia, algo de lo que avergonzarse. —Diego señaló su propia cabeza—. Aquí dentro tenías una voz que te decía que no valías, que todo lo que hacías estaba mal. ¿Te acuerdas?

Adrián sí se acordaba, esa voz había estado con él durante años. En su primera vida, lo había consumido, en esta, todavía la escuchaba a veces, pero ahora era más débil, más fácil de ignorar.

—Ya no la escucho tanto —dijo.

—Se nota. —Diego sonrió—. Se te ve en la mirada. Estás más firme. Más... aquí. Me gusta.

Adrián sintió una calidez en el pecho. Diego no era de los que hacían cumplidos fáciles, cuando los hacía, eran de verdad.

—Bueno —dijo Diego, frotándose las manos—, hablemos de lo que importa. Esa clínica. Esos números. ¿Cuánto necesitas que te ayude?

—No lo sé. Mucho, probablemente.

—Pues cuenta conmigo. Tengo las tardes libres y esto de las consultorías me tiene un poco aburrido. Necesito un proyecto con algo de... no sé, vida.

—Diego, no puedo pagarte lo que vale tu trabajo. No todavía.

—¿Y quién ha hablado de pagar? —Diego agitó la mano—. Esto va por amigos. Luego ya veremos.

—No, Diego, en serio, no puedo aceptar que trabajes gratis.

—Vale, vale. —Diego levantó las manos en señal de rendición—. Entonces hacemos esto: tú me pagas lo que puedas, cuando puedas y cuando el estudio sea enorme y factures millones, me contratas de verdad y me pones un sueldo escandaloso. ¿Trato?

Adrián no pudo evitar sonreír.

—Trato.

—Perfecto. —Diego bebió otro trago—. Ahora, dime: ¿qué necesitas primero?

Hablaron durante una hora. Diego tomó notas en servilletas, hizo preguntas que a Adrián nunca se le habrían ocurrido, dibujó esquemas de gastos e ingresos con una claridad que daba vértigo. Al final, tenía un plan: contratar al diseñador junior, renegociar los plazos de la clínica, empezar a buscar un administrativo a media jornada.

—Con esto sales adelante —dijo Diego, señalando sus garabatos—. Pero ojo, no te duermas. El éxito también cansa.

—Lo sé.

—Y otra cosa. —Diego lo miró con seriedad—. Si en algún momento las cosas se complican, si alguien te pone problemas, si necesitas algo más que números... llámame. Para eso estoy.

Adrián asintió. No hacían falta palabras.

—Diego —dijo al rato—, ¿tú crees que algún día podríamos trabajar juntos? En serio, quiero decir. Tú aquí, en el estudio, conmigo.

Diego lo miró. Por un instante, su expresión se suavizó.

—Me encantaría, mariposita, de verdad, pero ahora no puedo. Tengo hipoteca, tengo facturas, tengo un trabajo estable que no puedo dejar así como así. —Hizo una pausa—. Pero más adelante, cuando todo esto se ordene, cuando el estudio esté más asentado... entonces sí. Te lo prometo.

Adrián sintió que aquello era más de lo que había esperado.

—¿Lo dices en serio?

—Claro que sí. ¿Crees que me voy a perder esto? —Diego señaló el bar, las servilletas llenas de números, las cervezas a medio beber—. Verte así, con esta energía... quiero ser parte de esto. Pero a su debido tiempo.

—Entonces esperaré. —Adrián sonrió—. Con ansias, pero esperaré.

—Bien. Porque cuando llegue ese momento, vas a tener que aguantarme todo el día, y no soy fácil.

—Lo sé. He aguantado años.

—Tócate.

Se rieron. Y en esa risa, Adrián sintió que todo volvía a su sitio.

Cuando salieron del bar ya era de madrugada. Diego le dio una palmada en la espalda.

—Nos vemos la semana que viene, mariposita. Con los números frescos.

—Allí estaré.

—Y Adrián. —Diego se giró antes de irse—. Me alegro de que hayas vuelto.

Adrián se quedó quieto un momento, viéndolo alejarse. Luego respiró hondo y empezó a caminar hacia su coche.

El hermano que se elige, pensó. No era de sangre. No hacía falta.

Y mientras conducía de vuelta a casa, con la ciudad iluminada desfilando tras la ventanilla, pensó en lo extraño que era todo. Para Diego, habían sido ocho meses de distancia, para él, casi dos años de culpa y sin embargo, estaban aquí, como si nada hubiera pasado. Porque la amistad de verdad es así, pensó., la que no necesita explicaciones, la que está ahí, esperando, aunque tú hayas dejado de mirar. Aunque hayas vivido una vida entera en el medio.

Sonrió. Una sonrisa pequeña, pero real.

Todavía quedaba mucho por hacer. La clínica, los proyectos, las entrevistas, y en algún lugar de esa ciudad, Sergio seguía tramando, Alejandro seguía sin entender, y él seguía en medio de todo. Pero ahora, al menos, no estaba solo.

Y eso, pensó, ya era suficiente.

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Maru19 Sevilla
Buenísimas tus 2 novelas, te digo en tus publicaciones me tienes enganchada👏👏👏👏
Lorena Vásquez
espero que te des cuenta que quien te mueve el piso es Carlis ya deja de lado tu obsesión y. esta reunión te puede ayudar a tu éxito profesional 🥰🥰🥰🥰🥰
Lorena Vásquez
cuando todo acabe y estés solo te sentirás peor por haber perdido a Adrian y a Carlos tu oportunidad de amar y ser amado
Lorena Vásquez
Sergio Sergio 😱😱😱😱😱 todos nos equivocamos pero es de sabios corregir y tu puedes corregir lo que as hecho no es tarde😱😱😱😱
Maru19 Sevilla
Que menso, va a pagar una fuerte factura 🤭
Lorena Vásquez
Alejandro Alejandro no lo pienses tanto Adrian se merece algo mejor que tú 🤔🤔🤔🤔🤔🤔
Maru19 Sevilla
Tus 2 novelas son encantadoras
Lorena Vásquez
Adrian espero de verdad no te vuelva a interesar Alejandro y caigas en el cliché del perdón y enamoramiento mira hacia otro lado y se lo que quieres ser
por favor autora regalamos una historia diferente si♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Lorena Vásquez
Adrian demuéstrale de que eres capas y que no estas solo .....Alejandro no te merece 😈
Lorena Vásquez
Ignacio si no tuviste el valor para ser igual a ru hermano como puedes imponer lo que te impusieron tus padres 🤔🤔🤔
Lorena Vásquez
si trabajan juntos podrían heredar también juntos 🤔🤔🤔
Lorena Vásquez
espero que después de esta conversación puedas darte una oportunidad de ser tu mismo y poder amar y ser amado Sergio te lo debes a ti mismo 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Maru19 Sevilla
Ojalá vea a Carlos, se merece que lo amen bien 👏👏👏
Lorena Vásquez
gracias por tu actualización 🥰
espero que Carlos y Sergio puedan tener algo muy bueno y reparador para sus vidas 💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕💕
Maru19 Sevilla
Gracias por actualizar, autora 🥰🥰🥰🥰
Lorena Vásquez
que bueno capítulo Sergio está reaccionando y Carlos es el punto que le faltaba espero que tenga una oportunidad de olvidar a Alejandro y ser solo el mismo 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰💕💕💕💕💕💕
Maru19 Sevilla
Me gustó mucho tu novela, Hanabi espero que pronto publiques más capítulos 🥰🥰🥰🥰🥰👏👏👏👏👏
Hanabi Montano: Gracias por leer 🥰🥰
total 1 replies
Maru19 Sevilla
El menso de Adrián está perdiendo el tiempo, ya debería de cortar el compromiso con el estéril emocional de Alejandro y no ponerse en riesgo!
Maru19 Sevilla
Yo ya lo hubiera dejado y que el primo haga su lucha con el Alejandro
Maru19 Sevilla
Yo hubiera cancelado el compromiso luego luego 👌
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