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Me Iré Con Mi Hijo: El Omega Que Rechazo Al Protagonista

Me Iré Con Mi Hijo: El Omega Que Rechazo Al Protagonista

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / BL / Omegaverse
Popularitas:12.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Reencarné en el omega destinado a morir por amor.
Abandonado por el protagonista, incluso estando embarazado.
Esta vez no rogaré.
Me iré con mi hijo… y escribiré mi propio final feliz.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10 — Donde no pido permiso para liderar

La mañana amaneció con un cielo bajo, de nubes que parecían haberse detenido justo encima de los tejados del barrio del río. El aire olía a madera húmeda y a pan recién salido del horno. Lysien salió de la posada con el abrigo bien cerrado, los dedos enguantados, la respiración medida. Cada paso que daba sobre el empedrado era un pequeño anclaje al presente. No había dormido mucho. No por miedo, sino por una lucidez incómoda: sabía que ese día iba a marcar un antes y un después.

No iba a ir al consejo a pedir permiso para existir.

En la esquina, la posadera barría la entrada de su local. Al verlo, detuvo el movimiento de la escoba.

—¿Vas para allá? —preguntó, sin nombrar el lugar.

Lysien asintió.

—No vayas solo —dijo ella—. No porque seas débil. Porque a veces el mundo escucha distinto cuando ve más de un cuerpo en la misma dirección.

Lysien sostuvo su mirada. En ese gesto simple hubo un reconocimiento que lo sostuvo más que cualquier discurso.

—No voy a pedir que me defiendan —respondió—. Voy a pedir que nos escuchen.

Caminaron juntos hasta la plaza. En el trayecto, algunos comerciantes se sumaron sin hacer ruido. No hubo consignas. No hubo llamados. Solo pasos que coincidían. El sonido era extraño: un murmullo de telas rozándose, suelas contra piedra húmeda, respiraciones que se acompasaban sin ponerse de acuerdo.

La sala del consejo era un espacio estrecho para tanta presencia. El techo bajo parecía comprimir el aire. Las velas encendidas proyectaban sombras largas sobre las paredes. Los consejeros levantaron la vista al ver entrar a Lysien con gente detrás. El hombre del bigote fino se acomodó la chaqueta con un gesto nervioso. La mujer de cabello recogido entrelazó los dedos sobre la mesa.

—Esta sesión no es pública —repitió el bigote fino, como si la frase pudiera devolver el orden.

Lysien no alzó la voz.

—No venimos a ocupar su mesa —dijo—. Venimos a ocupar el espacio que ya habitamos fuera de ella.

Se detuvo a una distancia respetuosa. No invadió. No se achicó. Su postura era recta, los hombros relajados, las manos visibles. Un liderazgo sin puños cerrados.

—Has recibido advertencias —dijo la mujer—. ¿Vienes a desafiarlas?

Lysien negó con la cabeza, lento, casi pedagógico.

—Vengo a desarmar una confusión —respondió—. Confunden cuidado con control. Confunden política con comodidad para quien decide. Y esa confusión nos deja fuera.

El murmullo del público fue un oleaje bajo. Un aprendiz se aclaró la garganta. La posadera apoyó la escoba contra la pared.

—No pertenezco a este mundo por nacimiento —continuó Lysien—. Pertenezco por elección. Y elijo quedarme sin reducirme para encajar en un reglamento que no me mira a los ojos.

El bigote fino hizo un gesto de impaciencia.

—Las normas existen para proteger.

—Las normas existen para servir —corrigió Lysien—. Cuando dejan de servir, se revisan. Eso no es debilidad institucional. Es responsabilidad.

Se adelantó medio paso. No para presionar, sino para acercar la conversación al terreno humano.

—Trabajo. Pago alojamiento. Cumplo controles médicos. ¿Qué más debo hacer para que dejen de tratar mi cuerpo como un problema administrativo?

El silencio fue incómodo. La mujer del consejo miró a sus colegas. En su rostro pasó algo parecido a una fisura.

—¿Qué propones? —preguntó, al fin.

Lysien respiró hondo. No improvisaba; había pensado cada punto.

—Protocolo acordado: pausas obligatorias, evaluación médica con criterio individual, adaptación de tareas cuando el médico lo indique. No exclusión automática del trabajo. No registros humillantes. Y un canal de apelación para omegas, sin amenaza de perder residencia por discrepar.

Un comerciante murmuró: “Eso es justo”. El bigote fino frunció el ceño.

—Eso nos obliga a revisar procedimientos.

—Eso los obliga a mirar personas —respondió Lysien—. Los procedimientos no sangran. Las personas sí.

La frase no fue un golpe bajo. Fue un recordatorio. La mujer del consejo cerró los ojos un segundo. Luego habló:

—Abriremos una mesa de revisión con representantes del barrio. Se presentará un borrador en dos semanas.

Lysien asintió, sin celebrar. No buscaba victoria simbólica.

—La revisión no es un favor —dijo—. Es un paso mínimo para que la ciudad sea habitable para todos.

Al salir, el aire pareció moverse distinto. No más liviano: más honesto. En la plaza, alguien le tocó el hombro con un gesto breve de gratitud. Otro inclinó la cabeza. No había aplausos. Había una corriente de reconocimiento que no pedía líderes perfectos, solo voces que no se escondieran.

Lysien se quedó un momento en el centro de la plaza, sintiendo el pulso del barrio. No había euforia. Había responsabilidad. Liderar no era hablar bien. Era sostener lo dicho cuando llegaran las fricciones.

Esa tarde volvió a la imprenta. El impresor lo miró sin preguntar.

—Mañana vendrán a ver si “cumplimos el nuevo espíritu” —gruñó.

—Cumpliremos lo que acordemos —respondió Lysien—. No lo que nos impongan sin diálogo.

El impresor bufó, pero asintió.

Al anochecer, Lysien escribió a Kaelen. No adornó la carta.

No pedí que me defendieran. Puse límites. La ciudad escuchó un poco. No sé cuánto durará. Yo sí: me quedaré.

Cerró el sobre. Apoyó la mano en su vientre.

—No vine a salvar a nadie —susurró—. Vine a quedarme entero.

El viento del río entró por la ventana con olor a agua fría. Lysien respiró hondo. No había ganado un mundo. Había ganado un lugar desde donde hablar. Y eso, para alguien que no pertenecía por nacimiento, era el inicio de una pertenencia elegida.

1
ALICE
esta muy bonita la historia, muy reflexiva para esas mujeres que fueron dejadas en pleno embarazo está historia les daría fuerza para seguir,tener un bebé no es un momento de debilidad sino de fortaleza para seguir por ellas mismas y por sus hijos
karina ochoa
Interesante inicio 👏👏👏👏
Erika Peña
por fin 👏
se dieron el picó tan anhelado 🤭
Erika Peña
mucho de lo mismo autora no avanza
Karen Schechtel
🥰🥰🥰
bakudeku 😳 😁
me encantoo 🤭👏
Erika Peña
por favor no demorar en actualizar
me encanta 💖 y ojalá en el próximo caputulo almenas le de un beso al pobre kaelen.
Karen Schechtel
🥰🥰🥰
Erika Peña
me gusta la trama
la evolución q a tenido es .uy buena a comparación con otras novelas de omegas q lloran y se sienten morir este me gusta y mucho
sigue así autora
jaime pinto ramirez
🤭 no había leído una historia que tuviera aromas tan poco comunes 👏👏👏👏 me encantó el de pan tostado 🥰
Quica Romero
¡Vaya!.°\🙄/° El primer protagonista que no hace "show" y cumple a la primera lo que piensa.🤨 Sólo espero que lo siga haciendo y no claudique a las primeros "ruegos" y sombrerazos " del idiota del "mesenas de esperma".🤷‍♀️🙆‍♀️🙎‍♀️
Leonidas Caballero
muy interesante buena distinta me gusta
Sauce
llevo desde el primer párrafo sospechando que es IA y este me lo confirma
Annyely
gracias 🥰 por tus comentarios, seguire creando contenido interesante para que no dejes se seguirme
mar01
Me encantan tus novelas tienen algo que hace que no me vaya, es como adictivo /Smile/
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