Xie Lin desde pequeña fue educada para ser una dama, una buena esposa y madre. Pero ella tenía otros intereses y en secreto entrenaba su cuerpo para el combate y el uso de la espada. Su vida cambia cuando es elegida para ser la consorte del príncipe heredero y al saber que este, ama a otra mujer, le propone un trato: si ella logra entrar a las fuerzas militares y volverse general, él la dejará libre de ese matrimonio.
Pero, obligada a tener un hijo, ella cumple, con la promesa de que, unirse a las tropas del emperador y cuando la guerra inicia, ella logra su objetivo con grandes méritos, pero, el príncipe heredero, ahora emperador, no la quiere dejar ir.
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Capitulo 17
Lin avanzaba por el bosque como una sombra herida. Se había despojado de las piezas pesadas de su armadura, dejándolas en el lecho del río para que el peso no la arrastrara al fondo del infierno. Solo conservaba su daga y una túnica de lino empapada que se adhería a su piel como una segunda capa de hielo.
Finalmente, divisó el humo de una pequeña aldea oculta entre los valles. Al llegar, sus fuerzas cedieron y cayó frente a una cabaña de madera vieja.
—¡Una mujer! —gritó una voz áspera.
Fue recibida por la Matriarca, una anciana de manos callosas y mirada de acero llamada Han. En lugar de hacer preguntas, la mujer la envolvió en pieles y la acercó al fuego. Se encargo de curar sus heridas mientras ella permanecía inconsciente y con una fiebre muy alta, así que la anciana con ayuda de otras mujeres de la aldea, se encargaron de cuidarla.
Dos días después, Lin finalmente abrió los ojos, confundida, pero, la anciana, le explicó que la encontró en su puerta, que curo sus heridas y que llevaba dos días inconsciente por la fiebre.
—eres fuerte, una mujer no sobreviviría con facilidad en el estado en el que te encontré.— comento la anciana.
—Gracias, sin su ayuda no lo habría logrado.— se llevo la mano al costado, donde la herida aun no sanaba por completo.
Los siguientes días, Lin se recuperaba, y con ayuda de otra mujer joven, salía a caminar para estirar sus músculos, fue entonces que lo notó, en esa aldea, solo habían mujeres, no había ni un solo hombre, o niño.
—El Khan de Hielo no solo trae guerra, trae soledad —le explicó la Matriarca mientras le aplicaba ungüentos en la herida del costado— Se ha llevado a todos nuestros hombres, desde los jóvenes que apenas saben sostener un arado hasta los ancianos. Nos han dejado aquí para morir de hambre o de frío, creyendo que sin hombres no somos nada. Pero las mujeres de esta montaña somos de piedra, General.
Lin, recuperando poco a poco observó a las mujeres de la aldea afilando herramientas de labranza como si fueran armas. El dolor de su cuerpo no era nada comparado con la furia que sentía al confirmar que el Khan estaba debilitando al Imperio desde dentro, rompiendo sus familias.
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Mientras tanto, en lo alto del Paso de la Serpiente, el campamento de los cien guerreros de élite estaba sumido en un silencio fúnebre. Cuando el grupo de once jinetes apareció entre la bruma, los soldados desenvainaron sus espadas, pero retrocedieron de inmediato al reconocer la figura imponente que lideraba el grupo.
—¿Majestad? —el teniente a cargo cayó de rodillas, con el rostro desencajado— No deberíais estar aquí... la seguridad del trono...
Xen desmontó de un salto, sus ojos recorriendo el lugar con una intensidad desesperada. No había rastro de Lin.
—¿Dónde está ella? —preguntó Xen, su voz era un susurro peligroso que cortaba más que el frío.
—Majestad... la General cayó al Colmillo de Plata. El río estaba furioso. La buscamos durante días río abajo, pero...
—Háblame de la batalla —interrumpió Xen, negándose a escuchar la palabra "muerte".
El teniente tragó saliva y relató lo sucedido, confirmando las sospechas que Xen no quería admitir.
—No eran las tropas del Khan, señor. Eran mercenarios y bandidos. No intentaron tomar el paso, ni saquear nuestros suministros. Su objetivo era exclusivamente la General Lin. En cuanto ella cayó al vacío, lanzaron una señal de humo y desaparecieron entre las rocas como si su contrato hubiera sido cumplido. No buscaban una victoria militar, buscaban un asesinato.
Xen apretó los dientes con tal fuerza que su mandíbula dolió. Si no era el Khan, entonces el enemigo no era el único enemigo con quien tendrían que lidiar.
—Si ellos creen que han cumplido su contrato, es porque no conocen a Lin tanto como yo —dijo Xen, mirando hacia el horizonte donde el río se perdía entre las nubes— Busquen en cada orilla, en cada cueva. Si ella está viva, debe de estar luchando para sobrevivir y volver. Y si está muerta... —Xen hizo una pausa, y sus ojos brillaron con una promesa de fuego— el responsable deseará nunca haber nacido.
Xen sabía que no podía volver a la capital sin ella. Si regresaba solo, su madre ganaría. Debía encontrarla antes de que los mercenarios regresaran para confirmar su muerte.
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Qué Lin obtenga esa información del anciano y sepa a quién se enfrenta /Left Bah!/
Ojalá Lin no lo de por muerto o le dará más adelante una sorpresa /Grievance/
ya estoy intrigada