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NICOTINA Y NIEVE

NICOTINA Y NIEVE

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / ABO / CEO
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Adrien Laurent, 19 años, pensó que ser Beta era una bendición.

En una familia de Alfas, ser Beta significaba ser invisible. Y ser invisible era la única forma de sobrevivir a su madrastra y a su hermanastra después de la muerte de su padre. Cansado de ser tratado como empleado en su propia casa, huye a Montreal con una maleta y renta un estudio helado.

Para pagar la universidad y el depa, toma el turno de noche en el Dépanneur Lumière, una tienda de conveniencia 24/7.

A las 23:47 siempre entra él: Julien Moreau, 42 años, Alfa entero, alto, guapo, de abrigo negro, que solo compra whisky barato y cigarros. Hasta que Adrien empieza a sentirse mal. Fiebre, dolor, un aroma dulce que no debería tener un Beta.

No es un Beta. Es un Omega de presentación tardía, y su primer celo está a punto de llegar. Y el Alfa de la tienda ya lo olió primero.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20: Casa

Hoy hace un año que me fui de mi ciudad en bus.

Me acordé porque vi la fecha en el celular y porque Margot me mandó un mensaje que decía ça fait un an, petit frère. Hace un año, hermanito.

Hace un año yo tenía 600 dólares en una bolsa de supermercado y un reloj malo que no funciona y una parka con olor a humedad y pensaba que era Beta y que nadie me iba a querer nunca.

Ahora tengo 20. Cumplí 20 hace dos semanas y Julien me hizo un queque que se le quemó un poco pero que decía ADRIEN 20 con chocolate encima. Margot me regaló un libro de dibujo y Ginette me regaló una bufanda nueva azul que dice que es para cuando lave la gris.

Ya no trabajo en el Lumière. Renuncié el mes pasado. No porque Ginette fuera mala, porque es buena, sino porque entré a un curso de francés en el centro comunitario del Plateau que es gratis para Omega migrantes y me ocupa las tardes.

Julien me dijo, tu as le droit d'étudier, petit. Tienes derecho a estudiar, chico.

El curso es de tres a siete y hay otros Omega que llegaron de otras ciudades y que también pensaban que eran Beta. Uno se llama Samir y tiene 22 y huele a canela y me hice amigo de él.

Julien me lleva en la mañana al curso en su camioneta cuando puede y me espera afuera a veces con café. Dice que le gusta verme salir con mis cuadernos.

Vivimos los tres todavía en el depa del Plateau. Margot en la pieza chica y nosotros en la grande. Pero ahora pagamos los tres. Yo pago 500 porque ahora tengo beca del curso y Margot paga 400 y Julien paga lo demás. No es que necesite que paguemos, pero dice que así es más justo y que así es chez nous de verdad, nuestra casa de verdad.

Anoche hicimos cena los tres. Hice arroz con pollo como me enseñó Julien y no se me quemó. Margot hizo ensalada y Julien compró vino barato que no tomamos porque a mí no me gusta el vino y a Margot tampoco.

Después de comer nos sentamos en el balcón chico del depa que da al árbol que ahora tiene hojas verdes, no nieve. En invierno ese árbol estaba blanco y seco y ahora está verde y con pájaros.

Julien me abrazó por detrás y me dijo, tu as froid? Tienes frío? Como me decía al principio.

Le dije que no, que ahora hace 25 grados y que no tengo frío nunca más.

Me dijo, tant mieux, parce que je n'ai plus de chauffage qui tousse à réparer. Mejor, porque ya no tengo calefacción que tose que arreglar.

Margot se rió y dijo que se quería quedar en Montreal para siempre, que no quiere volver nunca a la casa vieja.

Le dije que yo tampoco.

Hoy en la mañana saqué el reloj malo de mi papá de la caja donde lo guardo. Todavía está parado a las 3:15. No funciona y nunca va a funcionar.

Lo miré harto rato y lo puse de nuevo en la caja. Ya no me da pena que no funcione. Mi papá me dejó el reloj malo pero también me dejó las manos para arreglar cosas y me dejó venir a Montreal aunque tuvo miedo.

Le escribí a Colette un mensaje corto la semana pasada. Le dije que no le deseaba mal, que solo quería que me dejara tranquilo. No me contestó. Mejor.

Saqué mi cuaderno de dibujo y dibujé nuestra casa. Dibujé el depa del Plateau con la ventana que sí cierra y con el sillón gris grande y con la mesa grande donde comemos los tres y con la cama grande donde duermo con Julien sin parka.

Abajo le puse, CHEZ NOUS, 2025, con lápiz.

Julien lo vio y me dijo que lo iba a poner en el refri con un imán. Lo puso al lado de la lista de compras que dice sopa, pan, manzanas, leche.

Esta noche es mi tercer celo desde que llegué. Ya no me da miedo. Sé que viene, sé que dura dos días, sé que después me da hambre y sueño.

Se lo dije a Julien bajito, comme d'habitude, ça commence. Como siempre, empieza.

Me preguntó, tu veux le nid? Quieres el nido?

Le dije que sí.

Hicimos el nido en la cama grande con la frazada gris y la bufanda gris y la azul nueva y su polera negra. Margot nos dejó solos y se fue al parque con su amiga de los libros.

Nos metimos al nido los dos, abrazados, con calor rico y con olor a madera mojada y a dulce mezclado.

Me marcó otra vez en el mismo lugar, despacito, por elección, no porque lo necesitara, sino porque le gusta marcarme y a mí me gusta que me marque.

Le dije, je reste. Me quedo.

Me dijo, je sais, petit, tu es chez toi. Lo sé, chico, estás en tu casa.

Y afuera hace 25 grados y no hay nieve, hay hojas verdes y pájaros y el refri está lleno y la calefacción no tose y mi marca blanca calienta cuando me besa y ya no debo nada y ya no tengo frío.

Fin del primer invierno.

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