Un amor secreto
Esta historia habla de un amor secreto entre Ariel, hijo de Santiago, y Kiara Emelyn, hija de Nicole y Gabriel. Desde pequeños crecieron juntos porque sus padres son mejores amigos y siempre les hicieron creer que eran como primos. Al cumplir 15 años, ambos comienzan a descubrir que lo que sienten va mucho más allá de una amistad. Sin embargo, ninguno se atreve a confesarlo por miedo a la reacción de sus familias. Entre miradas escondidas, mensajes secretos y momentos compartidos, Ariel y Emelyn intentarán entender sus sentimientos mientras mantienen su amor en secreto. ¿Podrán algún día contar la verdad?
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Capítulo 24: Estoy arrepentido
Capítulo 24
Narra Ariel
Desde aquella conversación en la cocina, Lucía no dejaba de insistir con lo mismo.
Tener hijos.
Cada vez que llegaba del trabajo encontraba una conversación nueva sobre el futuro, sobre cómo sería nuestra vida si tuviéramos un bebé y sobre que ya llevábamos casi dos años juntos.
Yo ya no sabía qué hacer.
La quería, sí, pero no quería tener otro hijo. Ya tenía a Eimy, una niña que apenas podía ver crecer desde lejos, y solamente pensar en tener otro bebé me hacía sentir todavía más confundido.
Esa tarde llegué al apartamento y Lucía volvió a sacar el tema.
—Ariel, tenemos que hablar.
—¿Otra vez?
—Sí, otra vez. No podemos seguir evitando esto.
Dejé las llaves sobre la mesa.
—Luci, ya te dije que no quiero tener más hijos.
—Pero yo sí quiero ser madre.
—Ya lo sé.
—Entonces, ¿qué hacemos?
—No sé.
—Siempre dices que no sabes.
Me pasé las manos por la cara.
—Porque no sé, pues. ¿Qué querés que haga?
—Quiero que pienses en mí también.
—Yo pienso en vos.
—Pues no lo parece.
Sentí que la conversación iba a terminar igual que las anteriores.
—Necesito salir.
—¿A dónde vas?
—No sé. A dar una vuelta.
Salí del apartamento sin ganas de seguir discutiendo.
Terminé entrando a un bar. No quería pensar en nada. Me senté apartado y pedí algo para beber.
Durante un rato me quedé en silencio.
Pero cuanto más intentaba despejar la cabeza, más pensamientos aparecían.
Emely.
Eimy.
Lucía.
España.
Manizales.
Todo se me mezclaba.
Pasaron las horas y terminé bastante mareado. Finalmente decidí regresar al apartamento.
Cuando llegué, Lucía estaba despierta esperándome.
Apenas entré, me miró con preocupación y molestia.
—¿Se puede saber dónde estabas?
—Por ahí.
—¿Por ahí? Llevas horas fuera.
—Necesitaba salir.
—Podrías haberme avisado.
—No tenía ganas de hablar.
Lucía se acercó.
—Has estado bebiendo.
—Sí.
—¿Otra vez?
—Lucía, por favor.
—No, Ariel. Esto no puede seguir así.
Me quité la chaqueta y la dejé sobre una silla.
—Estoy cansado.
—Yo también estoy cansada de tener que perseguirte para que hables conmigo.
—No estoy para discutir.
—Pues tendremos que discutir porque no me escuchas.
—Ya te escuché.
—No, no me escuchas. Te vas, desapareces y vuelves como si nada.
—¡Porque necesitaba despejarme, ombe!
Lucía levantó la voz.
—¡Pues podrías haberme dicho que necesitabas estar solo!
—¿Y para qué? ¿Para que me preguntaras cada cinco minutos dónde estaba?
—¡Porque eres mi pareja!
—¡Pues a veces necesito respirar!
Ella se quedó mirándome.
—¿Sabes qué? Ya no sé qué hacer contigo.
Aquellas palabras terminaron de sacarme de quicio.
La miré fijamente.
—¿Querés saber qué me pasa?
—Sí.
—Usted ya me tiene harto.
Lucía se quedó completamente quieta.
—¿Perdona?
—Estoy cansado de las peleas, de las discusiones y de que todos los días sea el mismo cuento.
—Yo solamente intento hablar contigo.
—Pues yo ya no quiero hablar.
—Ariel...
—Estoy arrepentido de haberte traído conmigo.
Lucía abrió los ojos.
—¿De verdad piensas eso?
Me quedé callado.
Por un momento, la rabia desapareció y comprendí lo fuerte que habían sonado mis palabras.
Pero ya las había dicho.
Lucía bajó la mirada.
—Entonces todo este tiempo has estado arrepentido de estar conmigo.
—No dije eso.
—Acabas de decirlo.
—Dije que estoy arrepentido de haberte traído conmigo.
—Es prácticamente lo mismo.
Me senté en el sofá y me cubrí la cara con las manos.
—No sé qué me pasa.
Lucía tenía los ojos llenos de lágrimas.
—Ariel, yo te quiero.
No respondí.
—Pero no puedo seguir viviendo en una relación donde siento que tienes un pie fuera de ella.
Levanté la mirada.
—Luci...
—No. Esta vez déjame hablar.
Me quedé en silencio.
—Yo quiero una vida contigo. Quiero saber si tú también la quieres conmigo. No puedo seguir intentando construir algo mientras tú sigues pensando en todo lo que dejaste atrás.
Aquella frase me golpeó más que cualquier discusión.
Porque sabía que tenía razón.
Me quedé mirando el suelo.
Por primera vez aquella noche, no tuve ninguna respuesta.
Y Lucía tampoco volvió a insistir.
Simplemente se marchó a la habitación, dejándome solo en la sala con mis pensamientos.