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La Vida De Un Escritor Otaku

La Vida De Un Escritor Otaku

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo
Popularitas:311
Nilai: 5
nombre de autor: Nickto

La vida de un escritor otaku

Saito Takahara tiene 28 años y lleva una vida tranquila y solitaria en Tokio.

Es un escritor de novelas ligeras que ha conseguido ganarse la vida con sus historias, pero fuera de su trabajo pasa la mayor parte del tiempo encerrado en su casa, escribiendo, jugando videojuegos y disfrutando de su mundo otaku.

Todo cambia una noche en Akihabara.

Al salir de una tienda, Saito encuentra a dos jóvenes sentadas en la calle, agotadas y sin un lugar donde pasar la noche. Son Izumi, de 21 años, y Akane, de 18.

Sin saber qué les ha ocurrido y sin esperar nada a cambio, Saito decide ayudarlas y les ofrece quedarse en su casa.

Lo que comienza como una simple ayuda termina convirtiéndose en algo mucho más grande.

La casa que durante años había estado en silencio comienza a llenarse de conversaciones, risas, videojuegos y momentos que Saito jamás imaginó vivir. Mientras Akane empieza a sentirse cada vez más cómoda a su lado, Izumi mantiene cierta distancia.

NovelToon tiene autorización de Nickto para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Paseó por Shibuya

A la mañana siguiente, desperté pensando en lo ocurrido la noche anterior.

El beso de Hana.

Sus palabras.

“Siempre te he querido.”

No sabía qué hacer con todo aquello.

Me levanté, me vestí y bajé las escaleras.

Cuando llegué al comedor, Akane e Izumi ya estaban allí desayunando.

—Buenos días.

—Buenos días —respondió Izumi.

Akane simplemente me miró.

Me senté con ellas.

Izumi no tardó demasiado en empezar a molestarme.

—Entonces, Saito... ¿cómo estuvo la cita?

—No fue una cita.

—¿Seguro?

—Sí. Hana es solo una amiga.

Izumi sonrió.

—Pues parece que fue una cita. Volviste bastante tarde.

—Estuvimos hablando.

—Claro...

Akane permaneció en silencio.

Recordé entonces la conversación que había tenido con Hana.

—Por cierto, Hana nos invitó a ir a Shibuya hoy.

Izumi levantó la mirada.

—¿A los tres?

—Sí. Quiere pasar el día con nosotros y de paso conocerlas mejor.

—Me parece una buena idea.

Miré a Akane.

Ella no parecía muy contenta.

—¿Qué opinas?

—Me da igual.

Su respuesta fue bastante fría.

Antes de que pudiera decir algo más, escuchamos el timbre de la puerta.

—Debe ser Hana.

Me levanté y fui a abrir.

Hana estaba frente a la casa.

—Buenos días, Saito.

—Buenos días. Pasa.

Hana entró.

Cuando llegó al comedor, saludó a las chicas.

—Buenos días, Izumi. Buenos días, Akane.

—Buenos días —respondió Izumi.

Akane la miró.

—Buenos días.

Su tono fue bastante cortante.

Después se levantó.

—Voy a mi habitación.

Akane subió las escaleras.

Izumi la observó durante unos segundos y luego decidió seguirla.

—Yo también voy.

Mientras tanto, llevé a Hana a la sala de estar.

—Perdona por eso.

—No pasa nada.

Nos sentamos en el sillón y comenzamos a hablar.

Mientras tanto, en la habitación de Akane...

—¿Qué te pasa? —preguntó Izumi.

Akane permaneció callada.

—Desde ayer estás así.

—No me pasa nada.

—Akane.

—Estoy bien.

Izumi suspiró.

—Si no quieres ir, no estás obligada.

Akane siguió sin responder.

Izumi se acercó a la puerta.

Antes de salir, se detuvo.

—Pero no pienses dejar que Hana te gane así como así.

Akane levantó la mirada.

Izumi sonrió y salió.

Cuando regresó a la sala, encontró a Saito y Hana hablando tranquilamente.

—Voy a cambiarme y podemos salir.

—Está bien.

Saito miro hacia las escaleras.

—¿Akane va a venir?

—Sí. Solo se está preparando.

Izumi subió nuevamente.

Yo miré a Hana.

—Espera un momento. Yo también voy a cambiarme.

Subí a mi habitación.

Me cambié rápidamente y regresé a la sala.

Izumi ya estaba allí.

—¿Y Akane?

—Está terminado de preparase.

En ese momento escuchamos pasos.

Akane apareció en las escaleras.

—Ya estoy lista.

—Entonces podemos irnos.

Los cuatro salimos de casa.

Durante el camino, Izumi y Akane caminaron delante de nosotros.

Hana y yo íbamos unos pasos detrás.

De repente, Hana tomó mi mano.

Me sorprendí.

Miré hacia adelante.

Akane se dio cuenta.

Volvió la mirada hacia nosotros.

Nuestros ojos se encontraron.

Solté inmediatamente la mano de Hana.

Ella también lo notó, pero no dijo nada.

Continuamos caminando.

Finalmente llegamos a Shibuya.

Había mucha gente por las calles.

Entramos en varias tiendas.

Las chicas se probaron sombreros, vestidos y diferentes prendas.

En algunos momentos me sentía bastante feliz.

Estaba pasando el día con las tres.

Hana, mi amiga de la secundaria.

Izumi, que se había convertido en una persona muy importante para mí.

Y Akane...

Sin embargo, cada vez que miraba a Akane, podía notar que algo no estaba bien.

No parecía estar disfrutando del día como las otras dos.

Después de recorrer varias tiendas, entramos en un café.

Akane se sentó a mi lado.

Hana e Izumi se sentaron frente a nosotros.

Comenzamos a hablar.

Hana parecía realmente interesada en conocerlas.

—¿Qué tipo de música les gusta?

Izumi respondió primero.

—Escucho un poco de todo. Depende del momento.

—¿Y tú, Akane?

—Lo mismo.

—¿Qué les gusta comer?

Izumi comenzó a hablar con normalidad.

Akane apenas respondía.

Después de un rato, Hana preguntó:

—¿Estudian o trabajan?

Izumi sonrió.

—Yo trabajo.

—¿En serio?

—Sí. Conseguí trabajo gracias a Saito.

Hana miró hacia mí.

—¿Dónde?

—En la editorial donde trabajo.

—Eso es genial.

Hana sonrió.

—Saito siempre ha sido así.

—¿Así cómo? —preguntó Izumi.

—Siempre ayudando a las personas que quiere.

Izumi sonrió.

—Sí. Eso es verdad.

Mientras ellas hablaban, sentí algo en mi mano.

Era Akane.

Había tomado mi mano debajo de la mesa.

La miré.

Ella estaba mirando por la ventana.

No dijo nada.

Yo tampoco.

Simplemente dejé mi mano allí.

Después de terminar nuestras bebidas, continuamos recorriendo Shibuya.

Finalmente llegamos a un GameCenter.

Entramos.

Jugamos varios juegos de realidad virtual de disparos, arcades y simuladores de autos.

Por primera vez durante el día, pude ver a Akane sonriendo un poco más.

Los cuatro terminamos divirtiéndonos.

Antes de irnos, Akane se detuvo frente a una máquina de premios.

—Saito.

—¿Sí?

—¿Puedes conseguirme ese?

Señaló un peluche.

Era una pequeña gatita con un vestido.

—Lo intentaré.

Después de varios intentos, finalmente conseguí atraparlo.

—¡Lo lograste!

Akane tomó el peluche y sonrió.

—Gracias.

—De nada.

Hana señaló otra máquina.

—Yo también quiero uno.

—¿Tú también?

—Por los viejos tiempos.

Me acerqué a la máquina.

Después de varios intentos conseguí un peluche de un chico y una chica vestidos como estudiantes, tomados de la mano.

Hana lo recibió y sonrió.

—¡Perfecto!, gracias Saito.

Hana me dio un beso en la mejilla.

Akane salió del GameCenter.

Izumi se acercó.

—Yo también quiero uno.

—¿Qué quieres?

Señaló una máquina.

—Ese.

Era un peluche de un personaje de anime.

Después de intentarlo varias veces, conseguí sacarlo.

Solo logré sacar uno en forma de corazón.

Se lo entregué.

Izumi lo miró y comenzó a reírse.

—¿No podías conseguirme algo mejor?

—Hice lo que pude.

—¿Eso es lo que dices?

—Era eso o no sacar nada.

Izumi sonrió.

—Está bien.

Salimos del GameCenter y fuimos a cenar.

Esta vez Izumi se sentó a mi lado.

Akane y Hana se sentaron frente a nosotros.

Mientras esperábamos la comida, Hana miró a Akane.

—¿La pasaste bien hoy?

—Sí.

La respuesta fue corta.

Izumi me dio un pequeño golpe con el hombro.

—Saito.

—¿Qué?

—Para ser un adulto solitario y otaku, tienes bastante suerte.

La miré.

—¿Suerte?

—Pasar todo el día con tres chicas lindas no está nada mal.

Miré por la ventana.

—Tienes razón.

Hana comenzó a reírse.

Izumi se quedó mirándome.

—Pero...

Las tres me miraron.

—Estoy muy agradecido de poder estar con ustedes.

Me puse un poco nervioso.

—Aunque solo sea por un día.

Bajé la mirada.

—Después de todo lo que pasó en mi vida, siempre pensé que terminaría solo.

Hice una pequeña pausa.

—Pero estos últimos meses han sido geniales.

Las tres se quedaron en silencio.

Yo me puse rojo.

—Gracias por estar conmigo.

Akane bajó ligeramente la mirada.

Izumi sonrió.

Hana también.

Después continuamos cenando.

Hablamos, nos reímos y bebimos un poco.

Por unas horas pude olvidarme de todas las cosas que habían ocurrido durante las últimas semanas.

Cuando terminamos, acompañamos a Hana hasta su edificio.

Nos detuvimos frente a la entrada.

Hana miró a los tres.

—¿No quieren subir?

Me sorprendí.

—No creo que sea buena idea.

—¿Por qué?

—Bueno...

Recordé inmediatamente la noche anterior.

Hana sonrió.

—Si ya estuviste ayer, ¿qué problema habría en que subiéramos ahora?

Akane cambió inmediatamente de expresión.

—Yo me voy.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar.

Izumi la siguió.

—Akane, espera.

Miré a Hana.

—Lo siento.

—Está bien.

—Nos vemos mañana.

—Nos vemos.

Me despedí de ella y fui detrás de las chicas.

Hana se quedó observándonos desde la entrada.

En el tren de regreso, Izumi no tardó en comenzar a molestarme.

—Así que estuviste ayer en el departamento de Hana.

—Sí.

—Y hoy quería que subiéras otra vez.

—Ella me invitó a tomar algo ayer.

—¿Solo a tomar algo?

—Sí.

Suspiré.

—Además, me mostró en qué estaba trabajando.

—¿Qué estaba haciendo?

—Hana es arquitecta.

—Vaya.

Izumi sonrió.

—Así que ahora también tienes una amiga "arquitecta".

—Izumi...

Ella comenzó a reír.

Akane seguía mirando por la ventana.

No decía nada.

Cuando llegamos a casa, dejé las cosas y miré a las chicas.

—¿Quieren tomar un café?

—Podemos tomar unas cervezas —propuso Izumi.

—Mejor dejamos la cerveza para otro día.

—¿Por qué?

—Mañana teienes que trabajar.

—Una o dos nada más.

—No.

—¿Por qué?

—Porque después terminamos tomando cuatro packs.

Izumi hizo una mueca.

—Eres un aburrido.

—Prefiero que mañana puedas levantarte para ir al trabajo.

Miré a Akane.

—¿Quieres tomar café?

Ella no respondió.

Simplemente subió a su habitación.

La observé alejarse.

Algo no estaba bien.

Izumi y yo terminamos tomando café en la cocina.

Después cada uno se fue a su habitación.

No pude dejar de pensar en Akane.

A la mañana siguiente me levanté temprano.

Acompañé a Izumi hasta la editorial.

Después regresé a casa.

Cuando entré, no encontré a Akane en el comedor.

Tampoco estaba en la sala.

—¿Akane?

No obtuve respuesta.

Pensé que quizá seguía molesta conmigo.

Subí las escaleras y me dirigí a su habitación.

Golpeé la puerta.

—Akane.

Nada.

Abrí lentamente.

La habitación estaba vacía.

Me quedé inmóvil.

Miré alrededor.

Su cama estaba hecha.

Su teléfono no estaba.

Entonces comprendí algo.

Akane se había marchado.

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