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MI ESTUPIDO NIÑERO

MI ESTUPIDO NIÑERO

Status: Terminada
Genre:Romance / Niñero / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Marilinaa




Mariana De Santis es la única heredera de una familia adinerada, acostumbrada a tener todo lo que desea al instante. Con diecisiete años, está convencida de que puede valerse por sí misma, pero sus padres la ven aún como una niña indefensa.

Cuando deben viajar a Estados Unidos por negocios, ella sueña con quedarse sola y disfrutar de libertad… hasta que le anuncian que quien la cuidará será Valentino Vivaldi, hijo de sus mejores amigos y socios. Mariana se enfurece y decide hacerle la vida imposible desde el primer día: se escapa, cambia horarios, inventa excusas y lo desafía en todo.

Sin embargo, entre discusiones y encuentros inesperados, la hostilidad se transforma lentamente en un amor profundo y recíproco.

NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 15

A la tarde siguiente, Mariana bajó las escaleras con su bolso al hombro, intentando caminar con naturalidad. Se detuvo frente a Valentino, que estaba en la sala leyendo, y sonrió con la mayor tranquilidad que pudo fingir.

—Ya me voy, Valentino. Solo es una cena tranquila en casa de Lucía. Vamos a pedir comida y charlar un rato. Nada especial.

Él levantó la vista y la observó un momento.

—¿Y dicen a qué hora piensan terminar? —preguntó con cautela.

—Volveré temprano, te lo aseguro —respondió ella con firmeza—. No me quedaré hasta tarde. Todo está controlado, no tienes de qué preocuparte.

Valentino dudó. Algo en su interior le decía que no todo era tan sencillo como ella decía. Pero la miró a los ojos y vio tanta seguridad en su expresión que terminó por confiar.

—Está bien, Mariana. Ve y pásalo bien. Pero por favor… mantén el teléfono encendido. Y contesta si te llamo. Solo eso te pido.

—Lo prometo —dijo ella, asintiendo con energía—. No lo apagaré. Y si necesitas algo, llámame.

—Igual tú —le sonrió él suavemente—. Si necesitas algo, no importa la hora, llámame. Iré por ti enseguida.

—Gracias —murmuró ella, sintiendo ese nudo en el estómago otra vez—. Nos vemos luego.

Salió por la puerta rápido, sin mirar atrás. Valentino se quedó mirando la puerta cerrada unos segundos más de lo necesario, con una sensación de inquietud que no lograba explicar.

Mariana ya tenía la mano en el pomo cuando se detuvo y miró hacia atrás, con la conciencia pesándole:

—¿De verdad no te molesta que salga así? Pensé que insistirías en acompañarme.

Valentino sonrió con calma:

—Insistir solo haría que te sientas vigilada. Y no quiero eso. Confío en que sabes cuidarte. Solo… no me hagas esperar noticias tuyas, ¿de acuerdo?

Mariana sintió que el corazón se le encogía. Quería decirle la verdad, pero las palabras se quedaron atrapadas.

—No lo haré. Te avisaré en cuanto llegue.

—Gracias, Mariana. Que te vaya bien.

Ella asintió y salió, cerrando la puerta despacio, sintiendo que cada paso que se alejaba era también alejarse de él.

Justo antes de cruzar la puerta, Mariana respiró hondo y se giró de nuevo hacia él:

—Oye, Valentino… eres demasiado bueno conmigo. No sé si me lo merezco siempre.

Él sonrió con ternura:

—No se trata de merecerlo. Se trata de que eres importante para mí. Y confío en ti.

Esas palabras le dolieron en el pecho.

—No deberías confiar tanto —murmuró ella casi sin voz.

—¿Por qué dices eso? —preguntó él, frunciendo el ceño suavemente.

—Porque… porque puedo equivocarme —se apresuró a decir, apartando la mirada—. Solo eso. Nos vemos luego.

Salió rápido, como si quisiera huir de su propia conciencia.

Valentino dio unos pasos hacia la puerta y dijo en voz suave antes de que ella se alejara:

—Mariana, recuerda: si algo pasa, si necesitas que vaya por ti, no importa la hora ni dónde estés. Solo llámame.

Ella se detuvo un instante, con la mano temblando sobre el pomo.

—No te preocupes por mí. Estaré bien.

—Sé que estarás bien —respondió él con sinceridad—. Pero yo estaré esperando. Por si acaso.

Mariana tragó saliva, con el corazón apesadumbrado.

—Adiós, Valentino.

—Adiós, Mariana. Pásalo bien.

Cerró la puerta tras de sí, y por primera vez en mucho tiempo, salir de casa se sintió como dejar algo valioso atrás.

 

 

 

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Tere Jimenez
empieza muy interesante gracias
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