Noah tenía todo: 24 años, Milán, su regreso a la pasarela. Hasta que su hermana Lila murió mientras él se probaba un abrigo. Dejó todo botado, recayó y lo echaron de Europa.
Sin nada, vuelve al sur, a la casa chueca de su abuela cerca de Traiguén. Al lado vive Tomás, 32, agricultor, callado, conservador. Lo odia a primera vista.
Tres meses es el trato. Tomás le enseña a trabajar la tierra. Noah le enseña a no tenerle miedo a sentir.
Entre gallinas metidas, un tractor chocado, un invernadero saboteado y un desfile en un granero, se enamoran lento. Con barro en las manos y miedo de volver a caer.
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Capítulo 21: La primera piedra
Al día siguiente quisimos construir casa. No casa entera. Primera piedra nomás. Porque casa grande no se hace en un día, se hace de a poco, como tomates.
Tomás llegó temprano con cuaderno negro y con huincha de medir que estaba oxidada y con lápiz de carpintero que es plano y no rueda.
¿Vamos a construir de verdad? Pregunté todavía en pijama que era polera grande de mi abuela.
Vamos a marcar, dijo. Marcar donde iría casa para ti. Para que no te vayas.
Salimos a patio de atrás donde había barro y había pasto largo y había un limonero chico que no daba limones porque era nuevo.
Tomás abrió cuaderno en Casa para Noah. Miró dibujo, miró patio, miró dibujo de nuevo.
Acá, dijo apuntando a un pedazo donde no había nada más que barro. Acá iría ventana grande mirando invernadero.
¿Acá en barro? Dije.
Sí, dijo. En barro. Porque casa de barro florece en barro. Como título de tu historia.
Me reí. Tenía sentido. Donde Florece el Barro era acá.
Tomás puso cuatro palos en suelo haciendo rectángulo. No rectángulo perfecto, rectángulo chueco porque suelo no es parejo y porque palo se dobla.
Este es living, dijo. Con estufa al medio. ¿ves?
Yo veía barro nomás. Pero dije que sí. Sí veía living.
¿Y acá dos sillones? Pregunté.
Acá, dijo poniendo dos piedras grandes como si fueran sillones. Uno para ti y uno para mí. Para tomar té.
Me senté en piedra que era mi sillón. Piedra estaba fría y mojada y me mojó poto pero no dije nada porque era mi sillón en mi casa futura.
¿Está cómodo? Preguntó Tomás.
Muy cómodo, dije con poto mojado. Mejor que sillón de Milán.
Tomás se sentó en su piedra. Quedamos los dos sentados en piedras en barro, en medio de nada, mirando invernadero que todavía tenía plástico quemado en una parte.
¿Te imaginas? Dijo. Acá ventana grande. De piso a techo. Para que veas tomates cuando despiertes y pienses tengo que regar tomates y no me puedo ir.
¿Y si llueve y se moja todo? Pregunté.
No se moja porque techo curvo, dijo mostrando dibujo. Techo curvo hace que agua caiga para lado, no adentro. Como paraguas.
¿Tú inventaste techo curvo?
No, dijo. Vi en libro de arquitectura que me prestó Rosa una vez. Libro viejo de 1970 con casas de adobe. Lo copié pero más bonito.
Nos quedamos sentados en piedras un rato largo. Con frío en poto pero con calor en cabeza por imaginar casa.
Después llegó 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 con camioneta verde y con dos sacos de algo.
¿Qué hacen sentados en barro? Gritó desde camioneta. ¿meditan?
¡Estamos construyendo casa! Grité yo.
¿Casa? Dijo bajando con sacos. ¿qué casa?
Casa para Noah para que no se vaya, dijo Tomás mostrándole dibujo.
【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 miró dibujo, miró piedras, miró nuestro poto mojado.
Está buena, dijo. Pero les falta barro. Traje barro. Bueno, traje paja y traje cal. Para hacer mezcla.
¿Sabes hacer casas de barro? Pregunté.
No, dijo 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】. Pero vi video en YouTube una vez. Se mezcla barro con paja y cal y se hace bloque que no se cae aunque llueva. Se llama quincha.
¿Y si se cae?
Se vuelve a levantar, dijo 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 como si fuera obvio. Como todo en campo.
Pusimos sacos en suelo. 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 abrió uno, salió paja seca que olía a verano.
¿Y ahora qué? Dije.
Ahora pisamos barro, dijo 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 sacándose zapatos. Como en películas.
¿Pisar barro?
Sí. Con pies. Para mezclar.
Nos sacamos botas. Yo me saqué botas rosadas con flores, Tomás se sacó botas negras con barro seco, 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 se sacó botas verdes. Quedamos a pata pelá en barro frío de mayo.
Pisamos. Barro estaba helado. Frío que subía por pies hasta rodilla. Pero después de pisar harto se puso tibio por movimiento.
¡Está helado! Grité.
¡Pisa más fuerte! Dijo 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 pisando como si bailara cueca.
Tomás pisaba serio, concentrado, como si pisar barro fuera arquitectura también.
Pisamos como media hora. Con risa, con frío, con paja pegada en pies.
Después 【entity-Sofía¦canonical_name\=Sofía】 dijo ya está, ahora hacemos bloque.
Hicimos bloque con manos. Bloque chico, feo, chueco, que parecía pan quemado de los míos.
Este es primera piedra, dijo Tomás levantando bloque con las dos manos como si fuera bebé.
Primera piedra de casa para que no me vaya, dije yo tomando bloque también.
Entre los dos pusimos bloque en medio de rectángulo de palos. En medio donde iría estufa.
Ahí queda, dijo Tomás. Primera piedra.
Sofía aplaudió con manos con barro.
¡Inauguración! Dijo. ¡Se inaugura casa de Noah!
Nos abrazamos los tres con manos con barro y pies con barro y poto mojado.
Después nos lavamos pies en estero que pasa por mi tierra. Agua helada pero limpia.
¿Y ahora qué? Pregunté secándome pies con polera de abuela.
Ahora esperamos que se seque bloque, dijo Tomás. Si no se deshace con lluvia, hacemos otro mañana. Y otro pasado. Y en un mes tenemos pared chica. Y en un año tenemos casa chica.
¿Un año? Dije. ¿No se hace en un día como en tele?
No, dijo. Casa de barro no se hace en un día. Se hace lento. Como amor.
Me quedé con eso. Como amor. Lento, pisando barro helado, con poto mojado, con primera piedra fea que parecía pan quemado.
Esa noche dormí y soñé con casa terminada. Con ventana grande mirando invernadero, con dos sillones que ya no eran piedras sino sillones de verdad con cojines, con estufa al medio prendida y con Tomás sentado en su sillón tomando té sin panqueques quemados porque yo ya había aprendido a hacer panqueques bien.
Desperté y fui a ver primera piedra. Seguía ahí. No se había deshecho. Un poco chueca, un poco fea, pero ahí. En barro.
La toqué. Estaba dura ya por frío de noche.
Tomás llegó con café.
¿Sigue? Preguntó.
Sigue, dije.
¿Viste? Dijo. No se cayó. Aguanta.
Como nosotros, dije.
¿Como nosotros qué?
Aguantamos aunque estemos chuecos y feos como bloque, dije.
Tomás se rió y me pasó café y nos sentamos de nuevo en piedras que eran sillones futuros y miramos primera piedra que era estufa futura y ventana futura y casa futura.
Y por primera vez en mucho tiempo no pensé en irme de vuelta .