Arabella murió quemando el manicomio donde la tenían encerrada y despertó en el cuerpo de una damisela que intentó envenenarse para no casarse con el temible Duque de Eisen.
Ahora, entre un matrimonio explosivo, una guerra en puerta y su obsesión con el fuego, Arabella demostrará que con ella nadie juega... o terminará ardiendo.
NovelToon tiene autorización de Gena Jim para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo:19
ARABELLA:
Me paso casi la noche en vela cuidando a mi dragón y cuando está casi amaneciendo caigo rendida por el traicionero sueño.
—Duquesa... Duquesa...
Escucho una voz lejana y siento como alguien toca mi hombro suavemente.
—Mmm.
Logro decir acomodándome mejor sobre algo bien caliente.
—Duquesa Arabella.
Vuelvo a escuchar y con el ceño fruncido abro los ojos dirigiendo mi mirada a esa molesta voz.
—¿Qué pasa?
Pregunto volviendo a cerrar los ojos.
—Duquesa... Sé que debe de estar agotada y lamento molestarla... Pero está encima del duque y... Puede lastimar su herida.
Cuando la escucho hablar abro los ojos de golpe y literalmente estoy encima de Kaelan... Oh no, pero qué tonta soy.
Me bajo inmediatamente de su cuerpo y observo como él se remueve aún rendido por las hierbas medicinales que le apliqué hace unas horas.
—Por favor, verifica que no lo haya lastimado... No fue mi intención.
Digo sintiendo algo de culpa.
—Lo sé duquesa, el sueño es traicionero... Usted no debe de preocuparse.
Dice ella con amabilidad poniéndose manos a la obra.
Lyra retira suavemente el vendaje con una destreza admirable.
Observo sus manos firmes mientras examina la piel del pecho de Kaelan y para mi absoluto alivio, la enorme brecha que ayer amenazaba con arrebatarle la vida luce infinitamente mejor, la enorme herida ha comenzado a cerrar dejando una cicatriz rojiza que aún emana ese calor volcánico y me alegra que la infección y el veneno han desaparecido por completo.
—Su excelencia tiene una capacidad de recuperación sencillamente asombrosa.
Murmura Lyra con una sonrisa amable, aplicando una nueva capa de ungüento fresco que huele a menta y raíces silvestres.
— Ningún golpe que le haya dado sin querer mientras dormía podría abrir esto de nuevo... El tejido está regenerándose con firmeza, pero hay que tener cuidado.
Suelto un respiro de alivio que no sabía que estaba reteniendo y me paso una mano por la cara para despejar la neblina del sueño.
Me acomodo el corsé de cuero y la ropa táctica que ni siquiera me molesté en quitarme anoche, intentando recuperar mi compostura de reina del caos... Pero antes de todo, debo darme darle un pequeño aseo a este cuerpo.
—Eso es porque es un terco que se niega a morir para no dejarme el camino libre.
Digo con tono burlón, aunque mis ojos no se apartan del rostro relajado de mi esposo.
—Bien hecho sanadora Lyra... Realmente haces milagros con esas hierbas.
—Hago lo que puedo, Duquesa.
Responde ella con modestia colocando vendas limpias con una precisión impecable.
En este justo momento la tela de la tienda se desplaza y la imponente figura de Valerius Vance entra a la carpa.
Trae la armadura reluciente, el rostro fresco y el cabello negro perfectamente cortado, luciendo como si hubiera dormido diez horas seguidas en lugar de haber montado guardia toda la noche.
—Buenos días mi Señora. Veo que ya despertó.
Saluda Valerius con su habitual rigidez militar.
Pero antes de que pueda responderle, observo la escena que se despliega frente a mí como si estuviera viendo una comedia romántica en primera fila: en cuanto la voz de Valerius retumba en la tienda, a Lyra se le cae el frasco de ungüento de las manos, dando un vuelco torpe que la hace agacharse a toda prisa para recogerlo.
—¡L-lo siento!
Balbucea la chica con las mejillas ardiendo en un escarlata tan vivo que rivaliza con el cabello de Kaelan.
Valerius con la agilidad de un guerrero entrenado, se inclina al mismo tiempo para sujetar el frasco antes de que se derrame en el suelo.
Sus dedos rozan los de Lyra por un breve segundo y puedo jurar que vi al frío e inmutable Capitán de la vanguardia dar un respingo imperceptible, como si lo hubiera atravesado una corriente eléctrica.
—Cuidado, sanadora.
Dice Valerius con una voz un tono más baja de lo normal, entregándole el recipiente sin mirarla directamente a los ojos.
—G-gracias, Capitán Vance.
Susurra ella ajustándose la capucha sobre el rostro a toda prisa para ocultar su vergonzoso sonrojo.
Me cruzo de brazos y dibujo una sonrisa amplia, maliciosa y llena de absoluta diversión.
La tensión romántica entre estos dos es tan densa que se podría cortar con una de mis dagas de combate.
—Vaya, vaya... Qué eficiencia la del mando militar.
Intervengo con un tono de voz dulzón y malintencionado.
—No han pasado ni diez minutos desde que amaneció y el Capitán Vance ya está en mi tienda asegurándose de que la sanadora no sufra ningún... Accidente con los frascos.
Valerius se pone recto de inmediato aclarándose la garganta con fuerza mientras una ligera sombra rosada amenaza con traicionar sus orejas.
—He venido a reportar el estado del campamento, Duquesa.
Responde con impecable disciplina, aunque no engaña a nadie.
— Las tropas del príncipe han comenzado a levantar su campamento para marchar hacia la capital para darle los informes personalmente al emperador... Su Alteza exige una audiencia con el Duque antes de partir, pero le informé que el señor Eisen no está en condiciones de recibir a nadie.
—Excelente decisión Valerius... Que ese rubio inútil se regrese por donde vino a llorarle al Emperador.
Digo acercándome a la mesa donde descansa mi daga.
—Y dime... ¿La sanadora Lyra necesita escolta para regresar a su tienda con sus suministros? No quisiéramos que tropiece de nuevo en el camino.
Lyra casi se ahoga con su propia saliva al escuchar mi sugerencia.
—¡N-no es necesario, Duquesa! Puedo caminar sola...
Se apresura a decir la joven recogiendo sus cosas a la velocidad de la luz.
— El Duque solo necesita descansar. Volveré por la tarde para revisar las vendas, con su permiso.
Hace una reverencia apresurada, dedicándole una última mirada fugaz y temblorosa a Valerius antes de salir corriendo de la tienda como si la persiguiera un ejército entero.
Miro a Valerius con una ceja levantada y una sonrisa descarada.
—¿Ni siquiera vas a acompañarla, Vance? Qué mal caballero me resultaste.
Valerius deja escapar un suspiro cansado, pasándose una mano por la nuca mientras rompe momentáneamente su postura de piedra.
—Mi Señora... Le ruego que no atormente a la muchacha... Bastante presión tiene ya curando a los soldados.
—No la estoy atormentando, querido Capitán.
Le guiño un ojo apoyando las manos en mi cadera.
— Solo estoy observando la estrategia y si, mi instinto me dice que en ese frente estás perdiendo la batalla por cobarde.
Antes de que Valerius pueda formular una respuesta formal para defender su honor militar, un gemido profundo y ronco proviene de la cama.
Kaelan abre lentamente los ojos y el brillo carmesí de su mirada de dragón parpadea con fuerza renovada mientras pasa la mirada de Valerius hacia mí, deteniéndose en mi rostro despeinado.
—¿A quién... estás llamando cobarde tan temprano, Arabella?
Murmura Kaelan con la voz rasposa, intentando incorporarse sobre los codos con un esfuerzo evidente.
los dos son igual de locos y calientes posesivos me encanta
🤣😍😍😍😍
Con eso confirma la lealtad de su esposa 😅