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PACTO DE PIEL Y SANGRE

PACTO DE PIEL Y SANGRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Venganza
Popularitas:715
Nilai: 5
nombre de autor: Paula_noches de tintas

Empezó como una partida silenciosa de ajedrez, un juego peligroso de miradas calculadas, provocaciones sutiles y movimientos estudiados para ver quién caía primero. Cada palabra era un peón avanzado con premeditación; cada roce, una jugada de distracción en un tablero invisible donde ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder el primer jaque mate.

Pero se descuidaron. En el juego de adivinar las intenciones del otro, el orgullo se fracturó y el tablero terminó por romperse. Ya no quedaban estrategias ni tácticas de defensa, solo la certeza desesperada de que, de tanto jugar a lastimarse, habían terminado enredados en un amor tan intenso y ciego que quemaba, incapaces de rendirse aunque perder significara entregarlo todo.

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Las vueltas que da la vida... y los negocios

—Engreído, fanfarrón, despreciable, soberbio, arrogante y narcisista... —murmuré para mis adentros—. Esas y miles de negativas más podría usar para describir a ese viejo decrépito.

Eran las once de la mañana y me encontraba tratando las heridas de Laila. Ahora, a plena luz del día, podía ver con claridad la magnitud de los golpes.

—Estamos listas, bonita —dije, terminando de limpiar con cuidado la comisura de su labio inferior—. Deberías intentar descansar un rato; más tarde paso a ver si te apetece ver una película —añadí, poniéndome de pie para salir de la habitación.

—¿Crees que me parezco a mi madre? —preguntó de pronto, haciéndome detener en seco y dar media vuelta.

—Por supuesto, eres igual de hermosa que ella —respondí con total sinceridad, pues mirar a Laila era como contemplar un reflejo casi exacto de Isadora.

—Mi padre odia que me parezca a ella. Dice que le recuerdo a aquella mujer desagradable que, según su versión, lo abandonó para irse con otro tipo.

—Tu padre es un maldito cínico —dije, acercándome para tomar su rostro con suavidad entre mis manos—. Tu madre era una gran mujer. Que Joel esté enfermo de la cabeza y sea incapaz de ver la hermosa familia que destruyó es su problema, no el tuyo. No dejes que te arrastre a su infierno. Eres una persona excepcional y él jamás supo valorar lo que tenía. Estos moretones que llevas en la piel van a desaparecer. Hoy duelen, mañana dolerán un poco menos, y así cada día hasta que sanen por completo. Cuando te des cuenta, ya no habrá marcas físicas que te recuerden lo que viviste tras esas paredes, solo lo que guardas aquí —le toqué la frente con delicadeza—. Y lo que queda en tu mente dolerá o no según decidas afrontarlo. Por eso te sugiero que te quedes con lo bueno: te has convertido en una mujer fuerte y muy valiente. Aunque a tu padre le reviente admitirlo, heredaste la fortaleza de tu madre y la valentía gracias a él.

Su mirada se llenó de total confusión.

—Sí, valiente gracias a él —continué—, porque te enseñó a conocer el miedo y, aun así, supiste enfrentarlo. Y sé muy bien que vas a superar esto.

Laila apartó el rostro lentamente mientras las lágrimas comenzaban a brotar de nuevo.

—Eso es exactamente lo contrario a lo que él intenta hacerme creer... No supera a mi madre, y últimamente está peor, de verdad. Está completamente fuera de control —sorbió la nariz, temblando—. Anoche, antes de que empezara la pesadilla, lo escuché al teléfono discutiendo sobre un negocio que se le había caído. Ya estaba muy bebido y, por lo que alcancé a notar, drogado. Quiso descargar toda su frustración conmigo. Me dijo que era una escurridiza igual a la zorra de mi madre. De pronto sus ojos se oscurecieron de una manera aterradora y comenzó a insultarme de las peores formas hasta que pasó a los golpes. Le suplicaba que parara, que me estaba lastimando, pero él solo me golpeaba en la rostro mientras me llamaba por el nombre de mamá. Intenté correr hacia mi habitación, pero fue más rápido; me agarró del cuello y me estrelló contra la pared intentando asfixiarme. Luego... metió sus asquerosas manos por dentro de mi blusa y mis bragas, apretándome con una fuerza brutal. Le gritaba que me soltara, que me dolía... Y no se detuvo por voluntad propia. De no ser porque uno de sus escoltas irrumpió en la habitación, habría abusado de mí hasta matarme —terminó con la voz rota, mientras sus ojos y los míos se anegaban en lágrimas de pura impotencia.

—Es un maldito infeliz. Te juro que me las va a pagar —le prometí con el alma encendida en rabia, decidida a cumplir esa promesa cueste lo que cueste.

En ese preciso instante, Noah entró a la habitación como un torbellino, con la mandíbula tensa y una furia asesina ardiéndole en la mirada. Al ver el rostro destrozado de Laila, el aire pareció escapársele de los pulmones y su expresión se transformó de golpe: la ira dio paso a un dolor sordo, profundo y desencajado. Se acercó a la cama a grandes zancadas pero con una extraña vacilación, como si temiera que su sola presencia pudiera terminar de quebrarla. Cayó de rodillas frente a ella y, con una delicadeza que jamás le había visto, extendió una mano temblorosa que se detuvo a milímetros de su mejilla, incapaz de atreverse a tocarla.

—Dime que ese maldito hijo de puta no fue más lejos... —susurró con la voz destrozada por la impotencia, buscando desesperadamente sus ojos—. Laila, por favor, dime que no te tocó.

Al escuchar la respuesta negativa de mi amiga entre sollozos, Noah cerró los ojos con fuerza y dejó caer la frente contra el borde del colchón, liberando un suspiro amargo y desgarrador. No pronunció una sola palabra más. Se puso de pie de un salto, se pasó las manos por el cabello tirando de los mechones con frustración pura y salió de la habitación a zancadas, dejándonos con el eco de sus pasos apresurados hasta escuchar el rugido violento de su moto partiendo a toda velocidad.

Pasé un par de horas más acompañando a Laila hasta que logró calmarse un poco. Por su tranquilidad y para intentar despejar la mente, evitamos tocar el tema, no sin antes prometerle que aquel secreto jamás saldría a la luz.

Había pasado exactamente una semana desde aquella madrugada de pesadilla. Una semana en la que no había visto a Noah en persona, limitándome a saber de él a través de breves mensajes de texto que respondía a medias por WhatsApp, esquivando mis llamadas y cargando a cuestas con el peso de los malos recuerdos.

Y precisamente hoy, miércoles, tendría que verlo en la empresa para conocer oficialmente a Damián Fernández, el ingeniero que cubriría temporalmente el puesto de Fabián.

Iba conduciendo hacia las oficinas cuando recibí una llamada de Fabián para confirmar si ya iba en camino, pues tenía el mal hábito de ser impuntual, algo que me hizo gracia recordando las incontables veces que mis hermanos intentaron corregirme ese defecto desde que éramos niños.

Al llegar, Delia me recibió con su habitual sonrisa y me ofreció un café que llegó a la sala de juntas apenas unos minutos después: humeante y dulce, justo como me gustaba. Se lo agradecí con una sonrisa, adoraba a esa mujer.

—Llegué antes que Noah y que tu socio —presumí con una risa divertida al ver la expresión de Fabián.

—Así es —respondió él con su seriedad característica—. Sin embargo, no tiene mérito, ya que te cité media hora antes precisamente para asegurarme de que estuvieras a tiempo. Punto para mí —añadió con una sonrisa casi imperceptible.

Veinte minutos más tarde apareció Noah. Nos saludamos como siempre, coronando el momento con su clásico beso en la frente; seguía empeñado en tratarme como a una niña pequeña.

Poco después, Delia se asomó para anunciar que el señor Fernández había llegado y lo hizo pasar.

Las puertas de la sala de juntas se abrieron y los tres nos pusimos de pie para recibirlo. En el momento en que alcé la vista y sus ojos se conectaron con los míos, juro que estuve a punto de irme de espaldas contra la silla.

¡Maldición!

Jamás, ni en mis peores escenarios, habría imaginado que el nuevo socio y encargado de los negocios familiares iba a ser aquel mismo imbécil de la cafetería y del club...

—¡Es un placer volver a verla, señorita Prescott! —saludó aquel adonis con una sonrisa de suficiencia, revelando por fin su nombre completo.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Paula Nuñez: ¡Muchísimas gracias por tu apoyo! Me alegra un montón que te esté gustando la historia. Si te atrapó, te invito a pasar por mi perfil para que le eches un vistazo a mis otras novelas. ¡Seguro que también te van a encantar! ❤️✨
total 1 replies
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