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En Las Garras Del Pasado

En Las Garras Del Pasado

Status: En proceso
Genre:Enfermizo / Posesivo / Viaje En El Tiempo
Popularitas:979
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

PARA ELLA LA VIDA LA HA CONDENADO A UN HOMBRE QUE LA DESTRUYE. PERO ESA MISMA VIDA LE DA UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA CAMBIAR SU DESTINO...

LO QUE ELLA NO SABE ES QUE EL DESTINO YA ESTABA ESCRITO...

¿Crees que si regreso al pasado cambio mi destino?

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

3

...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...

Nuestros ojos chocaron de inmediato en el aire. Esperaba encontrar el destello de furia posesiva, el fuego oscuro de la obsesión o el reproche frío de siempre... pero no había nada de eso. Diego me observaba con una neutralidad absoluta, impasible, mientras que yo contenía el aliento, aterrorizada de que reaccionara mal al ver a Max tan cerca de mí.

Sin embargo, él no hizo absolutamente nada. Ni un solo gesto de celos, ni un músculo de su rostro se contrajo. Solo se limitó a mirarme con una fijeza extraña y vacía.

—Si todavía te sientes mal, puedes volver a descansar arriba. Mañana a primera hora nos iremos a casa, no te preocupes —dijo Sofía, acercándose a mí con pasos rápidos y alargando una mano para comprobar mi temperatura en la frente.

—Estoy bien —dije con voz gélida, apartándome de su toque con una rigidez que la dejó desconcertada.

*En el pasado me utilizaste como un peón para conseguir que Max se fijara en ti*, recordé con veneno en las entrañas, observando la falsa dulzura en los ojos de mi hermana.

Me sacudí de encima la presencia de Max y Sofía, decidida a no ceder un ápice de control. Caminé con paso decidido hacia el sofá individual situado justo enfrente de donde Diego estaba sentado, y me dejé caer en él. Me negué rotundamente a mirarlo a los ojos otra vez; traté de erigir un muro invisible a mi alrededor y lo ignoré con todas mis fuerzas.

Aun así, sentí su movimiento. Diego estiró el brazo y dejó un vaso de agua recién servido sobre la mesita de centro frente a mí. Al hacerlo, la luz de la lámpara parpadeó sobre su mano izquierda: ahí estaba.

El pesado anillo de plata que le había pertenecido a su madre, el mismo que yo había arrancado de su dedo y arrojado con furia al fondo del mar en otra vida. Con el corazón martillándome las costillas, alcancé a levantar la vista para buscar sus pupilas.

Esos ojos grises, tan temidos, me estaban examinando. Pero esta vez no había tormenta en ellos. No había ira contenida, ni rastro de rencor, ni odio sordo. Solo una pasividad y una tranquilidad pasmosa que me erizaron la piel y me helaron los huesos.

Cuatro malditos años pudriéndome en vida por su culpa. Cuatro años enteros tragándome las lágrimas frente a esos mismos ojos grises, maldiciendo cada segundo de mi existencia solo porque él había decidido encerrarme en su mundo.

El odio, antiguo y denso, volvió a inflarse en mi pecho como una bestia herida. Creí que si lo volvía a ver en esta época sentiría lástima, o miedo, o cualquier otra cosa... pero me equivoqué. Lo seguía odiando con cada célula de mi cuerpo. Lo aborrecía con una intensidad salvaje.

—¿Por qué lloras? —preguntó de repente, con un hilo de voz genuinamente confundido, rompiendo el silencio de la sala.

Antes de que pudiera formular una respuesta, Sofía y Max se precipitaron hacia mí, alarmados por su pregunta. Al verlos abalanzarse de nuevo con sus falsas caras de preocupación, me puse de pie de un salto, sintiendo que las paredes se cerraban sobre mí.

Ya no confiaba en ninguno de ellos.

Los tres eran piezas del mismo engranaje dispuesto a destruirme. No iba a permitir que me volvieran a manipular.

—Necesito... necesito tomar un poco de aire fresco —mascullé con la respiración entrecortada.

Dando media vuelta, escapé de la sala a zancadas y empujé la puerta principal hasta salir al porche, perdiéndome en la quietud del jardín nocturno.

Caminé por los senderos oscuros hasta que las piernas me temblaron de cansancio. Las lágrimas, traicioneras, volvieron a desbordarse por mis mejillas, bajando calientes.

Si de verdad el universo me había concedido el milagro absurdo de regresar al pasado, no iba a consentir que me pisotearan otra vez. No permitiría que me arrastraran a ese pozo de mierda.

Secándome la cara con la manga, decidí volver a entrar a la casa. Al llegar al umbral de la puerta principal, vi una silueta solitaria recortada contra la penumbra: Diego estaba de pie en la entrada, dando una calada lenta y profunda a un cigarrillo encendido.

El humo blanco se desvaneció en el aire nocturno cuando sus ojos se giraron y volvieron a conectar con los míos de inmediato.

—Sofía ya está organizando todo para irse dentro de un rato. Deberías entrar y preparar tus cosas con ella —dijo en ese tono neutro, cortante y distante, exactamente igual al trato indiferente que me dispensaba en los primeros tiempos, antes de que su locura me devorara.

Me quedé plantada frente a él, mirándolo con fijeza, intentando descifrar el caparazón de hielo que siempre mostraba al mundo.

—Parece que de verdad te caigo muy mal —añadió de pronto, sin apartar los ojos de mí, mientras con total calma aplastaba la colilla humeante directamente contra la palma de su propia mano, apagando el fuego sin inmutarse lo más mínimo.

Abrí los ojos con furia contenida y genuina sorpresa ante la escena.

—Siempre me he esmerado en dar una buena impresión a la gente, pero no sé por qué tengo la extraña sensación de que esta vez le caigo pésimo a alguien en específico —continuó, observando con indiferencia cómo la pequeña brasa se extinguía por completo en su piel.

Quise responderle, destilarle todo el veneno acumulado, pero las palabras se quedaron secuestradas en mi garganta, secas y ásperas.

—¿Es acaso porque no soy tan efusivo ni tan alegre como Max? —preguntó entonces, dando un paso al frente y clavando sus ojos grises, fijos y pesados, directamente en los míos.

Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza y, de forma involuntaria, di un paso atrás para apartar la vista de su rostro.

—Es simplemente porque no me agradan las personas que tienen los ojos grises —escupí con desprecio, pasando a su lado a toda prisa con la intención de cruzar la puerta.

Él extendió la mano y me agarró con firmeza del antebrazo para detenerme. El simple contacto me hizo dar un brinco de puro espanto, un reflejo condicionado por los años de encierro.

Al notar mi reacción tan violenta, Diego abrió los ojos sorprendido y me soltó el brazo de inmediato, como si mi piel le quemara.

—Lamento haberte asustado... de verdad no fue mi intención —murmuró, con un dejo de genuina incomodidad, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta—. Solo quería decirte que el color de los ojos de alguien jamás debería ser un motivo válido para que te caiga mal.

Dicho eso, pasó a mi lado con paso calmado, cruzando la puerta y dejándome allí plantada, con el corazón en la boca, las palmas sudorosas y los nervios a flor de piel.

Me quedé respirando con dificultad, con el pecho subiendo y bajando de manera caótica. Tras un par de minutos interminables intentando recuperar la compostura, obligué a mis pies a avanzar de regreso hacia la sala.

Mi hermana ya estaba allí, moviéndose de un lado a otro con eficiencia, terminando de cerrar las cremalleras de nuestros bolsos de viaje.

—¿Te sientes un poco mejor ahora? —preguntó Sofía sin levantar la vista, con esa vocecita dulce que ahora me resultaba nauseabunda.

Asentí con la mandíbula apretada, incapaz de articular palabra.

—Sí, ya estoy mejor. ¿Podemos irnos de una vez? Ya quiero estar en casa —dije con un tono cortante, arrebatándole el bolso de las manos con brusquedad antes de que pudiera tocarlo otra vez.

Sin mirar atrás, caminé a zancadas hasta la salida. El coche de nuestros padres ya estaba estacionado a la orilla del camino, con el motor encendido roncando suavemente en la oscuridad. Subí a la parte trasera sin dudarlo ni un segundo y me acururqué contra la ventanilla. A través del cristal empañado, alcancé a verlos a los tres de pie en el porche: Diego, Max y Sofía. Se estaban despidiendo entre risas cómplices, bajo la luz amarillenta del portal.

Quién iba a pensar, con lo inocente que se veía todo desde fuera, que esas mismas personas iban a convertirse en los verdugos que destruirían mi vida pedazo a pedazo.

Cerré los ojos con fuerza, dejando que las imágenes del futuro que yo ya conocía me golpearan las entrañas: cada palabra hiriente, cada humillación, cada insulto sussurrado en la oscuridad, cada lágrima amarga derramada sobre el frío suelo de aquella habitación. Lo recordaba todo con una claridad dolorosa.

Abrí los ojos de golpe y mi mirada, como un imán maldito, atravesó la distancia hasta posarse en una sola persona.

Diego estaba allí, quieto. Era como si, de algún modo imposible, él supiera exactamente que lo estaba observando desde la oscuridad del coche. En el segundo en que nuestras miradas volvieron a conectar a través de los cristales, su rostro se despojó de esa frialdad metálica y me regaló una sonrisa genuina, ligera, un destello luminoso que no tenía absolutamente nada que ver con las muecas vacías o desquiciadas del Diego que me había destruido en la otra línea del tiempo.

Aparté la vista de inmediato, sintiendo un vuelco doloroso y traicionero en las costillas.

*No voy a caer. Esta vez no.*

Murmuré para mis adentros con una resolución de hierro, mientras el coche comenzaba a avanzar lentamente dejando atrás la casa.

Si de verdad la vida me había dado una segunda oportunidad al devolverme al pasado, me aseguraría de que las reglas del juego cambiaran. No iba a permitir que me volvieran a lastimar. Jamás dejaría que me hicieran daño otra vez.

1
Betty Saavedra Alvarado
Eli serás Caperucita para conquistar a tu lobo
Betty Saavedra Alvarado
Elizabeth estás enamorada deseas que Diego se cure para formar una familia se hara realidad tu deseo después de todo lo que has vivido con el
Betty Saavedra Alvarado
Diego no recuerda Elizabeth está con el en este momento muy difícil para ellos
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
A no dejarse derrotar por nadie a luchar
Betty Saavedra Alvarado
Te preocupas por Diego por qué será
Betty Saavedra Alvarado
Tu estás cambiando a Diego poco a poco
Betty Saavedra Alvarado
Diego está enamorado de ti nunca te hará daño
Betty Saavedra Alvarado
Kiary no comenté estuve en el medico recién estoy leyendo los capítulos me gustó mucho
Kiary Valverde: Espero que te mejores pronto 🫰🏻❤️
total 1 replies
Betty Saavedra Alvarado
Diego poco a poco quiere conquistar a Eli aunque ella lucha por no caer su cuerpo dice otra cosa ahora están juntos
Betty Saavedra Alvarado
Me gusta la historia
Lectora con visión 🥰
es comprensible que estés a la defensiva, pero... viendo cómo dices que no se parecen en nada estos dos, entonces dale la oportunidad, se ve que este Diego si quiere ir legal y no a la fuerza
Lectora con visión 🥰
Yo no sé, pero a mí ya me convenció, pido que se le dé otra oportunidad
Lectora con visión 🥰
si claro, la tienes traumada bb
Lectora con visión 🥰
me encanta esta historia 🥰
Betty Saavedra Alvarado
Kiary un capítulo súper intenso me gustó mucho
Lectora con visión 🥰
Me ha encantado, seguiré leyendo 😸😊
Lectora con visión 🥰
empezamos mal con ese comienzo 🥺
Lectora con visión 🥰
😭😭😭😭
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
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