Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
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Información.
Alessandro❤️🔥
El olor de Arabella todavía está en mi memoria.
No es un perfume caro de esos que compran las mujeres para impresionar. No. Lo de ella es distinto… más suave, más dulce. Algo que no empalaga pero que se queda pegado en la piel como si quisiera marcar territorio. Y se está volviendo mi puta adicción.
Estoy sentado en mi despacho del club, con el vaso de whisky girando lentamente entre mis dedos, y aun así lo único que veo es a ella sobre esa tarima.
Sus movimientos. Su mirada llena de rabia. Esos ojos verdes que parecen prometer asesinato cada vez que me miran.
Sonrío para mí mismo.
—Dios… —murmuro para mí—. Esa mujer me va a volver loco.
Nunca me había pasado algo así.
He tenido muchas mujeres. Demasiadas, si soy honesto. Modelos, empresarias, artistas, mujeres peligrosas, incluso esposas de hombres que no supieron cuidarlas. Todas hermosas, todas disponibles, todas demasiado fáciles.
Pero ninguna… Ninguna me ha hecho sentir esta maldita obsesión que se está despertando en mi ser.
Arabella Rossetti es otra cosa.
Me inclino hacia atrás en la silla, cerrando los ojos por un segundo mientras recuerdo cómo se movía hace apenas unas horas.
Su cuerpo deslizándose con la música. La manera en que su cabello rubio se movía alrededor de su rostro.
La forma en que sus labios se fruncían cada vez que me miraba como si yo fuera lo peor que le ha pasado en la vida.
Y esos labios… Maldita sea esos labios. Apuesto a que son suaves. Apuesto a que saben dulce.
Mi mandíbula se tensa cuando me descubro imaginando mi boca sobre la suya, mordiendo despacio ese labio inferior que siempre parece tentarme.
Exhalo lentamente.
—Contrólate, Alessandro —gruño para mí mismo cuando siento la dureza entre mis piernas.
Pero ni yo me creo.
Un golpe suave en la puerta me saca de mis pensamientos, respiro profundo para calmar mi cuerpo.
—Adelante.
La puerta se abre y entra Marco, uno de mis hombres más confiables.
Trae una carpeta en la mano.
—La información que pidió sobre la señorita Rossetti.
Mis ojos se iluminan con interés.
—Déjala.
Marco coloca la carpeta sobre el escritorio.
—No es mucha —dice con cautela—. Alguien limpió bastante su rastro.
Eso me hace levantar una ceja.
—¿Ah sí?
Abro la carpeta y empiezo a leer.
Arabella Rossetti.
Edad: veintiséis años.
Lugar de nacimiento: Venezuela.
Interesante aunque ya no había leído en la información anterior.
Sigo leyendo.
Criada en Caracas. Estudió Arquitectura paisajista durante tres años.
Frunzo el ceño.
—¿Arquitectura paisajista?
Marco asiente.
—Según esto era muy buena estudiante.
Paso la página. La siguiente información me detiene.
Madre: Elena Rossetti.
Fallecida.
Causa de muerte: suicidio.
Arabella tenía quince años.
Mis dedos se quedan quietos sobre el papel.
—Mierda… —murmuro.
Eso puede explicar algunas cosas.
La rabia. La dureza. La forma en que se protege del mundo como si siempre esperara un golpe.
Sigo leyendo.
Me aparece el nombre de Dency, su mejor amiga.
Sonrío ligeramente.
—La venezolana temperamental.
Marco suelta una risa baja.
—La misma.
Continúo revisando.
Trabajos. Estudios. Direcciones.
Luego aparece otro nombre.
Lorenzo quien fue su novio durante cuatro años.
Mi mirada se endurece.
—¿Quién demonios es Lorenzo?
Marco se encoge de hombros.
—Murió.
Levanto la mirada.
—¿Cómo?
—Apuñalado durante un atraco.
El silencio llena la habitación. Vuelvo a mirar el informe.
Cuatro años.
Cuatro.
Algo incómodo se instala en mi pecho.
No me gusta imaginarla con otro hombre. No me gusta nada.
Cierro la carpeta con fuerza.
—No son celos —murmuro para mí mismo.
Marco me observa con diversión.
—Claro que no.
Le lanzo una mirada peligrosa.
—¿Quieres decir algo?
Él levanta las manos.
—Nada, jefe.
Respiro hondo y vuelvo a abrir la carpeta. Pero algo no encaja.
—Esto está incompleto.
Marco asiente.
—Lo sé.
Paso las páginas nuevamente. No hay información de su padre. Ni de hermanos. Ni de familiares cercanos.
Como si parte de su vida hubiera sido borrada. Y me llama la atención que su apellido es italiano.
Mis ojos se entrecierran.
—Alguien está ocultando algo.
Marco asiente.
—Eso parece.
Me quedo mirando la foto de Arabella que aparece en el expediente.
Incluso en esa imagen se ve desafiante e indomable.
—Sigue investigando —ordeno—. Quiero saber más.
—Sí, jefe.
❤️🔥...❤️🔥
Los días siguientes pasan rápido. Pero cada noche es exactamente igual.
Arabella.
Siempre Arabella.
Cuatro noches a la semana ella baila solo para mí y cada maldita vez es peor.
La primera noche pensé que sería simple entretenimiento. La segunda noche ya era una obsesión.
Para la cuarta… Mi cuerpo reacciona apenas ella entra en la sala.
Y tengo que fingir que todo está bajo control porque si ella supiera lo que provoca en mí… Probablemente me escupiría en la cara.
Sonrío al recordarlo.
La veo entrar una de esas noches con un vestido rojo ridículamente brillante.
Claramente intenta fastidiarme.
—¿Te gusta? —dice con sarcasmo mientras se sube a la tarima.
Me recuesto en la silla.
—Te ves jodidamente espectacular.
Ella me fulmina con la mirada.
—Mentiroso.
—Nunca.
La música empieza y ella baila. Su cuerpo se mueve con una mezcla de rabia y sensualidad que me tiene completamente hipnotizado.
Cada giro.
Cada movimiento de caderas.
Cada vez que su cabello roza su espalda.
Mi mandíbula se tensa cuando siento mi pantalón volverse demasiado ajustado.
Maldición.
Tengo que cruzar una pierna sobre la otra para disimular el bulto que se forma.
Arabella me mira con odio mientras baila.
—Te odio —dice entre movimientos.
Sonrío.
—Lo sé.
—Eres un manipulador.
—Probablemente.
—Un imbécil arrogante.
—Definitivamente.
Ella resopla con frustración.
—¿Por qué todo te parece divertido?
La observo sin apartar la mirada.
—Porque tú lo haces divertido.
Ella rueda los ojos.
Y Dios… Eso me parece adorable.
...
Pero mi vida no es solo Arabella. También está el otro problema.
El sello de mi familia.
La investigación continúa toda la semana sin resultados.
Una noche estamos reunidos en una de nuestras oficinas clandestinas.
Gabriele revisa unos papeles mientras fuma.
—Nada nuevo —dice frustrado—. Es como si ese bastardo fuera un fantasma.
Golpeo la mesa con los nudillos.
—Pero sigue matando gente.
—Sí.
Efraín habla desde el otro lado de la pantalla.
—Y sigue usando nuestro maldito sello.
El ambiente se vuelve tenso.
—Mi familia no trafica órganos —gruño—. Nunca lo hemos hecho.
—Lo sabemos —dice Gabriele.
—Pero alguien quiere que el mundo piense lo contrario.
Eso es lo peligroso. Si otras familias mafiosas creen que estamos entrando en ese negocio…
Habrá guerra.
Para completar el caos, también tengo que manejar la empresa de arquitectura.
Mi oficina en Manhattan es completamente diferente al mundo del club.
Vidrio.
Acero.
Lujo silencioso.
Estoy revisando planos con mi primo cuando él señala el diseño de un rascacielos.
—Si logramos este proyecto, cambia todo.
Asiento.
—Lo lograremos.
La remodelación de ese edificio en Manhattan vale millones. Y la empresa ha ganado otro par de contratos esa semana.
Todo va perfecto.
Negocios legales. Negocios ilegales. Todo bajo control.
Todo… Excepto Arabella.
Porque cada noche que la veo bailar para mí… La deseo más y algo dentro de mí empieza a decir que esto no puede terminar bien para ninguno de los dos.
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.