Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.
Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.
Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.
Pero Valentina es diferente.
Ella no se deja intimidar.
No intenta conquistarlo.
No acepta sus órdenes sin discutir.
Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.
Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.
Damián juró que jamás se enamoraría.
Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.
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la noche de mi nacimiento
El silencio que dejó aquella llamada parecía pesar sobre toda la habitación.
Valentina miraba a Damián.
Damián miraba el teléfono.
Ninguno sabía qué decir.
—¿Qué quiso decir tu madre? —preguntó finalmente Valentina.
Damián negó lentamente.
—No lo sé.
—¿Seguro?
—Sí.
Rafael intervino.
—Hay que preguntarle a su padre.
Damián levantó la mirada.
—Mi padre está muerto.
—Entonces habrá documentos.
Valentina tomó la mano de Damián.
—Quiero saber la verdad.
Él asintió.
—La descubriremos.
El padre de Damián había dejado una enorme cantidad de documentos.
Durante horas, revisaron cajas antiguas.
Contratos.
Fotografías.
Cartas.
Documentos bancarios.
Hasta que Valentina encontró un sobre.
Tenía una fecha.
17 de agosto, hace veinticuatro años.
—Damián.
Él tomó el sobre.
—Esta fecha...
—Es el día que nací.
Damián lo abrió.
Dentro había una fotografía de dos personas.
El padre de Damián.
Y Lucía.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Por qué estaban juntos esa noche?
Rafael se acercó.
—Hay algo escrito detrás.
Damián volteó la fotografía.
Leyó:
“Si algo sale mal, protege a la niña. Ella es más importante de lo que imaginas.”
Valentina sintió que el corazón le golpeaba el pecho.
—¿Mi madre sabía que tu padre estaba involucrado?
—Parece que sí.
Damián continuó buscando.
Encontró otra carta.
Esta vez estaba firmada por su padre.
“Lucía, no puedo permitir que Alejandro descubra que la niña sobrevivió.”
Valentina quedó paralizada.
—¿La niña?
Damián la miró.
—Tú.
De repente, una pregunta surgió.
—¿Por qué mi padre dijo que yo había sobrevivido?
Rafael respondió:
—Quizás porque hubo otro bebé.
Todos guardaron silencio.
—¿Otro bebé? —preguntó Valentina.
Rafael asintió.
—La noche que naciste hubo dos nacimientos relacionados con esta historia.
Damián frunció el ceño.
—¿Qué estás diciendo?
Rafael sacó un documento.
—Aquí aparece un segundo nacimiento.
Valentina lo tomó.
Leyó el nombre.
“Niña sin identificar.”
—No tiene nombre.
—Porque desapareció.
Damián negó con la cabeza.
—Esto no tiene sentido.
Valentina sintió miedo.
—¿Y si esa niña...?
Rafael la interrumpió.
—No sabemos quién era.
Esa noche, Valentina salió al jardín.
Damián la encontró sentada junto a una fuente.
—¿Estás bien?
—No.
Se sentó a su lado.
—Todo lo que creía sobre mi vida está desapareciendo.
—Lo sé.
—Mi madre está viva.
—Sí.
—Mi padre también.
—Sí.
—Y ahora resulta que quizá hubo otra niña.
Damián la tomó de la mano.
—Pero hay algo que no ha cambiado.
—¿Qué?
—Lo que siento por ti.
Valentina lo miró.
—¿Incluso después de todo esto?
—Especialmente después de todo esto.
Ella sonrió.
—Te amo.
Damián quedó completamente inmóvil.
Era la primera vez que Valentina lo decía.
—¿Qué dijiste?
Ella sonrió entre lágrimas.
—Que te amo.
Damián la abrazó.
—Yo también te amo.
Valentina cerró los ojos.
Por unos segundos, todo pareció estar bien.
Pero su teléfono vibró.
Un mensaje.
“Tu madre no tuvo una hija. Tuvo dos.”
Valentina se separó de Damián.
—¿Qué pasa?
Ella le mostró el teléfono.
Damián leyó.
—¿Quién te está escribiendo?
Llegó otro mensaje.
“La segunda niña está más cerca de ti de lo que imaginas.”
Al día siguiente, Mateo llegó a la mansión.
—Tenemos un problema.
Valentina lo miró.
—¿Qué pasó?
Mateo colocó una fotografía sobre la mesa.
—Encontré esto en mis cosas.
Era una foto antigua de su madre sosteniendo a dos bebés.
Valentina quedó paralizada.
—Son dos.
Mateo asintió.
—Sí.
Damián tomó la fotografía.
En la parte posterior había una fecha.
El mismo día en que Valentina nació.
Y debajo, dos nombres.
Valentina Morales.
Isabela Morales.
Valentina abrió los ojos.
—¿Isabela?
Mateo negó.
—No conozco a ninguna Isabela Morales.
Rafael tomó la fotografía.
—Yo sí.
Todos lo miraron.
—¿Quién es? —preguntó Valentina.
Rafael respiró profundamente.
—Isabela Morales murió cuando era bebé.
Valentina sintió un escalofrío.
—Entonces, ¿quién me está enviando estos mensajes?
Nadie respondió.
Horas más tarde, Damián recibió información de sus hombres.
—Señor, encontramos a la mujer que envió los mensajes.
—¿Quién es?
El hombre dejó una fotografía sobre el escritorio.
Damián la miró.
Su rostro cambió.
—No puede ser.
Valentina se acercó.
Miró la fotografía.
Era una mujer joven.
Tenía los mismos ojos que ella.
Los mismos rasgos de su madre.
Y una pequeña cicatriz junto a la ceja.
Valentina sintió que las piernas le temblaban.
—¿Quién es?
Damián respondió lentamente:
—Isabela.
Valentina negó.
—Eso es imposible.
El teléfono volvió a sonar.
Esta vez era una videollamada.
Damián contestó.
La pantalla se encendió.
Apareció una mujer.
Valentina dejó de respirar.
La mujer sonrió.
—Hola, hermana.
Valentina sintió que el mundo desaparecía bajo sus pies.
—¿Isabela?
La mujer asintió.
—Sí.
Y antes de que pudiera decir algo más, Isabela pronunció:
—Tenemos que hablar de nuestra madre.
La llamada terminó.
Valentina miró a Damián.
Por primera vez, no sabía si aquella mujer era una hermana perdida...
o el nuevo enemigo que acababa de entrar en sus vidas.