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Sirena Encantada

Sirena Encantada

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con un humilde pescador y una joven que llega a la ciudad de Cartagena en busca de trabajo y de su madrina, con quien espera vivir después de perder a su madre. Un día, mientras recorre la playa buscando a su tía, una vendedora ambulante, se acerca al mar porque le encanta el agua. Deja su maleta por un momento en la orilla, pero una fuerte ola se la lleva. Sin pensarlo dos veces, entra al mar para recuperarla y sale con una elegancia que parece la de una verdadera sirena. Al verla, el pescador queda fascinado y desde ese día comienza a llamarla "Sirena Encantada

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: ¿Será que voy a ser mamá?

Narrado por Mileidis

Habían pasado dos meses desde que Cristian y yo nos casamos. Nuestra vida era sencilla, pero muy feliz.

Todas las madrugadas, antes de que saliera el sol, mi esposo se levantaba para ir a pescar con mi suegro, Jeico Morales.

Siempre se despedía de mí con un beso.

—Descansá otro ratico, mi sirenita.

Yo sonreía medio dormida.

—Que Dios te cuide, pescador.

Él me daba un beso en la frente y salía de la casa con las redes para buscar bocachicos, mojarras, róbalos, pargos, corvinas, sierras, bagres y jureles. Después recorría Cartagena vendiendo el pescado para seguir ahorrando y cumplir la promesa de darme algún día una gran luna de miel.

Aquella mañana eran las siete en punto.

Yo estaba ayudando a mi suegra... bueno, a mi abuela Rosa, porque desde el primer día me dijo que la llamara así.

Ella preparaba el desayuno mientras Yurani amasaba arepas.

—Cuñada, ¿me pasás esa harina? —me pidió Yurani.

—Claro.

Me levanté para alcanzársela.

Pero apenas di dos pasos, sentí un fuerte mareo.

Tuve que apoyarme en la pared.

—¿Mileidis? —preguntó la abuela Rosa preocupada—. ¿Qué te pasó, hija?

—No sé... de un momento a otro me dio un mareo.

Respiré profundo, pero enseguida una fuerte náusea me hizo correr hasta el lavaplatos.

—Ay, Dios mío...

Yurani dejó las arepas y fue detrás de mí.

—¿Estás bien, cuñada?

Asentí lentamente.

—Sí... creo que sí.

Intenté seguir ayudando, pero el olor del café recién hecho me revolvió el estómago.

Volví a sentir ganas de vomitar.

La abuela Rosa apagó la estufa de inmediato.

—No hagás más nada, mi hija. Sentate.

Me senté despacio.

Me sentía cansada y sin fuerzas.

Yurani me observaba con una sonrisa muy extraña.

Se cruzó de brazos.

Yo la miré confundida.

—¿Y ahora qué?

Ella soltó una risita.

—Uy, cuñada...

—¿Qué pasó?

Movió la cabeza sonriendo.

—Eso ya es embarazo.

Abrí los ojos.

—¡Ay, no, Yurani! No empecés.

Ella siguió sonriendo.

—Te lo digo en serio.

La abuela Rosa también me observó con atención.

—¿Hace cuánto no te viene el período, hija?

Me quedé pensándolo unos segundos.

De pronto hice cuentas en mi cabeza.

Sentí que el corazón empezó a latirme muy rápido.

—Pues...

Miré a las dos.

—Creo que ya tiene un retraso.

Yurani abrió los ojos.

—¡Ajá! ¿Viste?

Yo todavía no quería ilusionarme.

—De pronto es por el estrés.

Ella negó con la cabeza.

—Mareos, náuseas y atraso...

Cuñada, eso huele a bebé.

La abuela Rosa sonrió con ternura.

—Lo mejor es que vayás al médico para salir de dudas.

Asentí.

—Sí... creo que tienen razón.

Me llevé una mano al vientre sin darme cuenta.

¿Y si de verdad estaba embarazada?

Sentí una mezcla de nervios, emoción y miedo.

Nunca había imaginado que esa posibilidad llegaría tan pronto.

Yurani se sentó a mi lado.

—¿Te imaginás la cara de Cristian si le decís que va a ser papá?

No pude evitar sonreír.

Conocía a mi esposo.

Sabía que la felicidad le iba a salir por los ojos.

La abuela Rosa acarició mi hombro.

—Sea lo que sea, aquí no estás sola. Esta familia te quiere mucho.

Las lágrimas comenzaron a llenar mis ojos.

—Gracias, abuela.

Ella me abrazó con cariño.

En ese momento escuchamos la voz de Cristian desde afuera de la casa.

—¡Llegué! ¡Hoy vendimos todos los bocachicos!

Yurani me miró con una sonrisa traviesa.

—No le vayás a decir todavía.

—Primero confirmemos si de verdad hay un bebé en camino.

Respiré profundamente mientras volvía a posar la mano sobre mi vientre.

En el fondo de mi corazón había una ilusión que no podía explicar.

Tal vez...

Solo tal vez...

La familia Morales estaba a punto de recibir la noticia más hermosa de todas.

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