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El Mercader De Los Recuerdos

El Mercader De Los Recuerdos

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Mundo mágico / Aventura
Popularitas:387
Nilai: 5
nombre de autor: Susiluu_

En un mundo donde los recuerdos pueden venderse, Kael Arden trabaja comprando aquellos que otros están dispuestos a olvidar para siempre. Pero cada vez que revive un recuerdo, también siente el amor, la alegría, el miedo o el dolor de quien lo vivió.

Todo cambia cuando adquiere un recuerdo imposible: el asesinato de un hombre... diez días antes de que ocurra.

Mientras intenta impedir ese futuro, Kael conocerá a Lyra, una joven incapaz de olvidar un solo instante de su vida. Juntos descubrirán que algunos recuerdos no pertenecen al pasado, sino al futuro, y que hay quienes están dispuestos a cambiar el destino a cualquier precio.

Porque hay recuerdos que pueden salvar una vida... y otros que pueden condenar al mundo.

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Capítulo 21: La sombra en el trono

«El primer recuerdo no fue una palabra ni una imagen; fue el miedo a ser olvidado.»

— Anales del Origen

El silencio de la gran sala era absoluto.

No era el silencio común de un lugar abandonado, sino uno antiguo, pesado, como si durante siglos nadie hubiera pronunciado una sola palabra entre aquellos muros. El aire permanecía inmóvil, suspendido en el tiempo. Ni el viento conseguía atravesar la inmensa cúpula de cristal que cubría el santuario.

Kael dio un paso hacia el altar de cristal oscuro.

El sonido de su bota resonó con un eco prolongado que tardó varios segundos en desaparecer. Parecía que la sala devolvía cada movimiento, cada respiración, como si estuviera despierta.

Lyra caminaba a su lado, manteniendo la vista fija en la figura inmóvil del trono. Su mano descansaba cerca de la empuñadura de su daga corta, aunque sabía que un arma probablemente serviría de poco allí dentro.

Cada pisada provocaba ondas de luz azul que se expandían lentamente por el suelo cristalino.

Las ondas recorrían el enorme salón como si bajo el cristal existiera un océano luminoso. Al encontrarse unas con otras no desaparecían; formaban figuras geométricas, símbolos desconocidos y fragmentos de antiguas escrituras que permanecían visibles apenas un instante antes de desvanecerse.

Kael observó una de aquellas formas.

Durante una fracción de segundo creyó reconocer un rostro.

El de una mujer.

Parpadeó.

La imagen desapareció.

—¿Lo has visto? —susurró.

Lyra negó con la cabeza.

—Aquí la ciudad intenta hablar con quien la escucha.

Continuaron avanzando.

La silueta situada en la parte más alta del altar permanecía inmóvil.

Sentada sobre un trono tallado directamente en la roca negra.

Los reposabrazos estaban cubiertos por grabados en espiral que parecían moverse cuando se observaban de reojo.

La cabeza descansaba inclinada hacia el pecho.

Los brazos permanecían inmóviles.

Parecía una estatua esculpida con ceniza y plata.

Una figura olvidada por el tiempo.

—¿Está muerto? —preguntó Kael en voz baja.

Lyra cerró los ojos durante un instante.

Escuchó.

Sintió.

Después respondió.

—No.

Abrió los ojos lentamente.

—Su pulso no mueve el aire... pero la luz que lo rodea respira.

Kael levantó la vista hacia el trono.

No entendía aquellas palabras.

Sin embargo, una parte de él sí las comprendía.

Una parte que no recordaba haber tenido jamás.

Respiró hondo.

Comenzó a subir los escalones de cristal.

Cada peldaño emitía un destello diferente.

Azul.

Blanco.

Ámbar.

Púrpura.

Como si cada escalón conservara la memoria de quienes lo habían recorrido antes.

A medida que ascendía, el calor de la pequeña esfera azul guardada en su bolsillo aumentaba.

Al principio era una simple tibieza.

Luego se convirtió en un calor incómodo.

Después, en una quemadura que atravesó la tela del abrigo.

Kael hizo una mueca.

Pero no dejó de avanzar.

Entonces apareció el zumbido.

Grave.

Constante.

Parecido al sonido que produce una enorme máquina funcionando bajo tierra.

No provenía del templo.

Venía de dentro de su cabeza.

Cada paso hacía que el ruido aumentara.

Su visión comenzó a desenfocarse.

Durante un instante creyó encontrarse en otro lugar.

Un laboratorio.

Luces blancas.

Cristales.

Una voz femenina.

"No tengas miedo."

La imagen desapareció antes de que pudiera comprenderla.

Cuando levantó la vista, la figura del trono había levantado lentamente la cabeza.

El movimiento fue tan pausado que parecía desafiar el tiempo.

El sonido de sus articulaciones recordó al crujido de hojas secas arrastradas por el otoño.

Miles de pequeñas esferas suspendidas bajo la cúpula aumentaron su intensidad.

La luz descendió como una lluvia silenciosa.

Iluminó el rostro del anciano.

No tenía ojos.

En su lugar, dos placas de plata perfectamente lisas cubrían las cuencas vacías.

Las superficies metálicas reflejaban toda la sala.

Miles de luces.

Miles de Kael.

Miles de Lyra.

Su piel era blanca, casi translúcida.

Tan inmóvil que parecía mármol antiguo.

Las finas grietas que recorrían su rostro brillaban con una tenue luz azul, como si bajo aquella piel aún circulara energía.

Cuando habló, sus labios apenas se movieron.

Sin embargo, la voz llenó el lugar.

No atravesó el aire.

Nació directamente dentro de la mente de Kael.

Y también dentro de la de Lyra.

—Han pasado veintidós años.

Cada palabra pesaba como una piedra.

—Veintidós años desde que el silencio cayó sobre esta ciudad.

El anciano giró lentamente la cabeza hacia Kael.

Las placas de plata parecían observarlo.

—El niño que no puede recordar.

Después miró a Lyra.

—Y la niña que no puede olvidar.

Un escalofrío recorrió la espalda de ambos.

—¿Quién eres? —preguntó Kael.

Su voz sonó pequeña en comparación con aquella presencia.

—Soy lo que queda de Mael.

Hizo una breve pausa.

—El Primer Custodio.

El último hombre que creyó que el futuro podía protegerse encerrándolo.

El anciano apoyó ambas manos sobre los brazos del trono.

Las piedras comenzaron a emitir un tenue resplandor.

—Cometí el error de creer que el conocimiento debía pertenecer a unos pocos.

Su voz se volvió más apagada.

—Los hombres siempre convierten la protección en control.

Lyra dio un paso al frente.

—Tú creaste el Proyecto Aurora.

Mael negó lentamente.

—No.

Una sombra de tristeza atravesó su expresión.

—Yo solo encendí la primera chispa.

La Orden convirtió el fuego en un incendio.

El anciano levantó una mano temblorosa.

Los dedos parecían hechos de cristal.

Señaló directamente a Kael.

—Elena te protegió, K-07.

El nombre golpeó a Kael con una fuerza inesperada.

Sintió que el pecho se le cerraba.

—Ella sabía que la Orden acabaría encontrándote.

Su única opción fue arrancarte aquello que todos buscaban.

Kael dio un paso adelante.

—¿Mi memoria?

—Más que eso.

Mael inclinó ligeramente la cabeza.

—Te arrebató el mapa.

—¿Qué mapa? —preguntó Kael.

El anciano extendió lentamente la palma de la mano.

En el centro del altar apareció un pequeño punto dorado.

El punto comenzó a crecer.

Se convirtió en una esfera de luz.

Después en un gigantesco holograma que ocupó toda la sala.

Frente a ellos apareció la ciudad.

Pero no era la ciudad que conocían.

Había cientos de versiones diferentes.

Edificios que nunca existieron.

Puentes suspendidos en el aire.

Bosques creciendo entre las torres.

Barrios completamente distintos.

Cada imagen aparecía durante unos segundos antes de desaparecer y ser sustituida por otra.

Miles.

Decenas de miles.

Como si contemplaran todos los futuros posibles al mismo tiempo.

—El Primer Recuerdo no es una memoria.

La voz de Mael resonó alrededor del inmenso mapa.

—Es una llave.

La llave capaz de abrir todas las líneas temporales que esta ciudad pudo haber recorrido.

Kael contempló fascinado aquel océano de posibilidades.

Cada ciudad parecía real.

Cada una mostraba vidas distintas.

Personas diferentes.

Historias diferentes.

—Cada decisión crea un camino.

Cada camino deja una huella.

Y todas las huellas permanecen aquí.

El anciano llevó lentamente la mano hacia el centro del mapa.

Las ciudades comenzaron a apagarse una por una.

Hasta quedar solo una.

Oscura.

Vacía.

Silenciosa.

—La Orden quiere elegir una única línea.

La que le conceda poder absoluto.

Si lo consigue...

El holograma comenzó a deshacerse.

Los edificios desaparecieron.

Las personas también.

Solo quedó oscuridad.

—No solo borrará el pasado de los hombres.

Reescribirá el presente.

Y cuando el presente cambie...

Nadie recordará que alguna vez existió otro mundo.

Kael sintió una punzada insoportable en la nuca.

Se llevó la mano a la cabeza.

La esfera azul dentro de su bolsillo ardía.

No como una piedra.

Como un corazón.

Un latido.

Después otro.

Después otro.

El dolor aumentó.

Imágenes fragmentadas comenzaron a cruzar su mente.

Una habitación blanca.

Elena sonriendo.

Un niño corriendo por un pasillo.

Alarmas.

Cristales rompiéndose.

Sangre.

Una puerta cerrándose.

Un grito.

Todo desapareció.

Kael cayó de rodillas.

Respiraba con dificultad.

Lyra dio un paso para ayudarlo.

Él levantó una mano.

Todavía podía continuar.

—¿Cómo... los detenemos? —preguntó entre respiraciones.

Mael soltó una risa suave.

Triste.

Tan antigua como el propio templo.

El sonido hizo vibrar las columnas de cristal.

—No puedes enfrentarte a quienes manipulan los recuerdos...

...con una mente vacía.

El Primer Custodio se inclinó lentamente hacia delante.

Las placas plateadas donde deberían estar sus ojos reflejaron el rostro de Kael.

—Para salvar a tu madre...

Para proteger el futuro...

Y para romper el ciclo que comenzó mucho antes de tu nacimiento...

Debes reclamar todo aquello que te fue robado.

El silencio volvió a extenderse por la sala.

Solo permanecía el latido de la esfera azul.

—Debes recordar quién eras...

...antes del silencio.

Kael levantó lentamente la cabeza.

Miró a Lyra.

Por primera vez desde que la conocía, ella no parecía tener respuestas.

Sus ojos, siempre firmes, mostraban una duda auténtica.

Incluso miedo.

—Si rompes el sello de tu memoria —dijo con voz baja, aunque firme—, no recuperarás los recuerdos poco a poco.

Todo volverá al mismo tiempo.

Veintidós años.

Cada dolor.

Cada pérdida.

Cada miedo.

Cada verdad.

Todo en un solo instante.

Se acercó un paso más.

—Ese peso puede destruir la mente de cualquiera.

Kael permaneció inmóvil.

Respiró profundamente.

Cerró la mano alrededor de la esfera azul hasta sentir que el calor atravesaba su piel.

Después abrió los ojos.

Había determinación en ellos.

Una determinación que ni siquiera él sabía que poseía.

Miró directamente al anciano del trono.

—Entonces...

Su voz ya no temblaba.

—Enséñame a soportarlo.

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Cliente anónimo
No esperaba un primer capítulo que fuese de novela ni un comienzo que rompiese tanto como la venta del recuerdo de su hijo volviendo a caminar. Tiene muchísimo calibre
Mimiko
Sin duda es de las obras más intrigantes y elaboradas que se puedan encontrar
Cliente anónimo
dejo mi comentario aqui para volver. me ha interesado mucho el prologo jeje
Neery!
esta me la apunto para leerla detenidamente, pinta para largo 🤯
Seku: Cómo de larga? Sería un desperdicio que se quedase corta. Podría ser hasta de trilogía! Me encanta el título, es súper original.
total 2 replies
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