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Bésame en el infierno

Bésame en el infierno

Status: Terminada
Genre:CEO / Policial / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Mía Ríos

Dante Lam era un fantasma.

Tres explosiones, veintisiete fragmentos de cristal extraídos de su cuerpo y una cirugía de reconstrucción facial después, el agente de élite de Interpol aceptó la misión más peligrosa de su carrera: asumir la identidad de Dean Yang, heredero de la Joyería Yang, e infiltrarse en el corazón del imperio criminal más poderoso del mundo.

El problema fue que Anderson Lorenzo ya lo estaba esperando.

Heredero de la dinastía militar-industrial Lorenzo, magnate de armas con contactos en cada gobierno del planeta, Anderson es un hombre que consigue todo lo que desea. Y desde el momento en que estrechó la mano de "Dean Yang", supo exactamente quién se escondía detrás de esa cara nueva. No dijo nada. No lo delató. En cambio, compró el edificio donde Dante vivía. Instaló cámaras en su departamento. Aprendió su sabor favorito de helado. Y cada noche, mientras Dante dormía inconsciente en un sótano del que no sabía que era prisionero, Anderson besaba su nuca sin que él lo supiera.

Obsesivo. Peligroso. Irresistible.

Pero Dante no es una presa fácil. Francotirador de élite, políglota, entrenado para resistir cualquier forma de tortura, tiene una regla inquebrantable: nunca mezclar la misión con los sentimientos. Y hay alguien más esperando su corazón——Leslie Avis, su compañero de armas en Interpol, el hombre que lo protege en silencio y jamás pide nada a cambio.

Entre un agente de la ley y un señor de las armas no debería existir nada. Pero cuando Dante descubre que Anderson recibió tres balazos por salvarlo y cruzó un puente en llamas cargándolo en su espalda, la línea entre el deber y el deseo se quiebra.

Y luego está Marlin——el joven vulnerable que Dante rescató de un casino, el amigo inocente que siempre sonríe con dulzura. Nadie sospecha lo que Marlin esconde. Ni siquiera Dante. Hasta que es demasiado tarde.

NovelToon tiene autorización de Mía Ríos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Capítulo 22: La noche que no debimos compartir

I

Dante esperaba que Anderson lo llevara de vuelta al departamento de la calle Fremont, donde el equipo de Interpol había montado su base temporal. En cambio, la camioneta blindada giró hacia el Strip y se detuvo frente a la entrada privada de un hotel que parecía tallado en oro líquido.

—No vas a volver a ese agujero —dijo Anderson sin mirarlo, bajando primero.

—Tengo que reportarme con...

—No. —Anderson le abrió la puerta con una cortesía que contradecía la violencia que aún le manchaba los nudillos—. Esta noche eres mío.

El vestíbulo los recibió con un silencio obsceno, el tipo de silencio que solo el dinero puede comprar. Anderson cruzó sin registrarse; el personal lo reconoció al instante. El ascensor privado los llevó al piso cuarenta y dos, donde una suite ocupaba toda la planta.

Dante observó el panorama nocturno de Las Vegas a través del ventanal: un mar de luces artificiales que palpitaban como órganos expuestos. Le dolían las costillas. Le dolía respirar. El sabor a sangre seca le recubría la lengua.

—Siéntate —ordenó Anderson, cerrando la puerta con llave.

—No soy tu mascota.

Anderson cruzó la distancia entre ellos en tres zancadas. Lo tomó de la mandíbula con una mano, obligándolo a mirarlo. Los ojos de Anderson eran pozos negros donde la furia y algo más peligroso se disputaban el fondo.

—En el Palacio te vi pelear —dijo, con voz baja y densa—. Desarmaste a dos hombres con técnica militar. ¿De dónde sacó un joyero esas habilidades?

El corazón de Dante se detuvo medio segundo.

—Mi padre era veterano. Me enseñó defensa personal desde niño. —La mentira salió con la fluidez de un músculo entrenado.

Anderson lo estudió. Sus dedos apretaron la mandíbula de Dante hasta que el dolor se volvió eléctrico, y luego, sin transición, lo besó.

No fue un beso. Fue una demolición.

Anderson le mordió el labio inferior hasta que la sangre brotó, caliente y metálica, mezclándose entre sus bocas. Dante intentó retroceder, pero Anderson lo sujetó por la nuca, profundizando el beso con una brutalidad que no admitía negociación. Los dientes chocaron. La lengua de Anderson invadió con la precisión de alguien que sabe exactamente qué territorio reclama.

Dante le clavó las uñas en el antebrazo. No para detenerlo.

Cuando se separaron, ambos jadeaban. Un hilo de sangre conectaba sus labios como un pacto escrito en tinta roja.

—Elijo creerte —murmuró Anderson, pasando el pulgar por el labio roto de Dante—. Pero si algún día descubro que me mentiste, Dean... no habrá lugar en este mundo donde puedas esconderte de mí.

II

Anderson sacó un botiquín del baño con la naturalidad de quien ha curado heridas demasiadas veces. Le indicó a Dante que se quitara la camisa. La tela se despegó de la piel con un sonido húmedo; debajo, el costado izquierdo exhibía una constelación de moretones que iban del púrpura al negro.

—Dos costillas fisuradas, mínimo —diagnosticó Anderson, palpando con dedos sorprendentemente cuidadosos.

Dante apretó los dientes cuando la presión encontró el punto exacto de la fractura.

—Respira —le dijo Anderson, y su voz había perdido todo filo, reducida a algo que Dante no quería nombrar.

Le vendó el torso con movimientos precisos, ni demasiado apretados ni demasiado flojos. Luego le limpió la abrasión de la mejilla con gasa empapada en antiséptico, inclinándose tan cerca que Dante podía contar las pestañas oscuras que enmarcaban esos ojos imposibles.

—¿Por qué haces esto? —preguntó Dante.

Anderson no respondió de inmediato. Siguió limpiando la herida con trazos meticulosos, como si estuviera restaurando una pieza de arte dañada. Cuando terminó, dejó la gasa sobre la mesa y se quedó inmóvil, las manos apoyadas a ambos lados del cuerpo de Dante.

—Porque ya te vi morir una vez.

La frase cayó entre ellos como un disparo.

—Anderson...

—¡No voy a dejar que te mueras otra vez! —La voz de Anderson se quebró en la última sílaba, y esa fractura fue más violenta que cualquier explosión—. ¿Me oyes? Cuando recibí la noticia en Macao... cuando me dijeron que Dean Yang había muerto en ese incendio... —Se pasó la mano por la cara, un gesto tan humano que resultaba obsceno en alguien como él—. Destruí una habitación entera. Rompí todo lo que pude romper. Y cuando se me acabaron las cosas, me rompí yo.

Dante sintió que algo dentro de su pecho se agrietaba, y no eran las costillas.

"No soy Dean Yang. Nunca lo fui. Y cada vez que me miras así, me destrozas un poco más."

—Estoy aquí —fue lo único que pudo decir—. Estoy vivo.

Anderson lo miró como si no le creyera del todo. Luego apoyó la frente contra la de Dante y se quedó así, respirando el mismo aire viciado de sangre y antiséptico.

III

Las tres de la mañana en Las Vegas es una hora sin dueño. La suite flotaba cuarenta y dos pisos por encima de la ciudad, y el silencio era tan completo que Dante podía escuchar los latidos de Anderson en la cama contigua.

—¿Alguna vez has amado a alguien? —preguntó Anderson en la oscuridad.

Dante miró el techo. "Emily." El nombre emergió en su memoria como una bala alojada que nunca extrajeron. Emily Park, su compañera de operaciones durante tres años, la mujer que murió cubriéndole la espalda en una azotea de Beirut mientras él se desangraba en el piso de abajo. Nunca fueron amantes. Fueron algo peor: fueron necesarios el uno para el otro.

—Mi primera novia —mintió Dante—. En la universidad. Duró dos años.

—¿Y qué pasó?

—La vida. —"Una bala calibre 7.62."

Anderson guardó silencio un momento.

—Yo nunca amé a nadie antes de... —Se detuvo—. El amor es el verdadero lujo, Dean. Más que este hotel. Más que todo el dinero que he acumulado. Es lo único que no puedes comprar ni robar ni fabricar.

"Y lo único que yo no puedo permitirme", pensó Dante, cerrando los ojos.

IV

El vuelo privado de regreso a Ciudad de México despegó a las siete de la mañana. Anderson se sentó frente a Dante, impecable como si la noche anterior no hubiera existido: traje gris oscuro, gemelos de platino, una máscara de control absoluto.

Cuando la sobrecargo se acercó con las bebidas, Anderson le dedicó una sonrisa lenta y deliberada.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó, rozándole los dedos al tomar la copa.

—Valentina —respondió ella, sonrojándose.

—Valentina. Precioso nombre. ¿Siempre vuelas esta ruta?

Dante miró por la ventanilla. El desierto de Nevada se extendía abajo como una herida abierta en la tierra. No tenía motivos para sentir nada. Ninguno. Pero sus dedos se cerraron sobre el reposabrazos hasta que los nudillos se pusieron blancos.

Anderson lo observó de reojo y sonrió. Esa sonrisa calculada de depredador satisfecho.

"No me importa", se dijo Dante. "No puede importarme."

Pero le importaba. Y eso era lo más peligroso que le había pasado desde que comenzó esta misión.

V

Ciudad de México los recibió con su caos habitual: smog, bocinas, el pulso frenético de veinte millones de personas viviendo demasiado cerca unas de otras.

En la joyería de la Colonia Roma, Marlin lo esperaba con una caja de herramientas de orfebrería y una sonrisa tímida que parecía recién estrenada.

—Anderson me dijo que serías mi asistente de diseño —dijo Dante, evaluándolo.

—Si tú me aceptas. —Marlin bajó la mirada—. No sé mucho, pero aprendo rápido. Y... necesito esto. Necesito sentir que puedo hacer algo que no sea sobrevivir.

Dante reconoció esa necesidad. La había visto en demasiados ojos, incluidos los suyos.

—Empezamos mañana a las ocho. No llegues tarde.

La sonrisa de Marlin fue la primera cosa genuina que Dante vio en semanas.

Esa noche, Leslie lo contactó por la línea segura.

—Te debo una disculpa —dijo, y la palabra sonó como si le costara físicamente pronunciarla—. No debí exponer la conexión de Marlin con Escorpión Rojo frente a Anderson. Fue un error táctico.

Dante casi dejó caer el teléfono. Leslie Avis no se disculpaba. Jamás.

—¿Quién eres y qué hiciste con Leslie?

—No te acostumbres. —Una pausa—. Pero hay algo que necesitas considerar. Marlin sobrevivió dos meses con Escorpión Rojo. ¿Tienes idea de lo que eso significa?

—Que es más fuerte de lo que parece.

—O que es más útil de lo que aparenta. —La voz de Leslie se endureció como acero enfriándose—. Nadie sobrevive dos meses con esos animales solo por ser bonito, Dante. Nadie. Mantén los ojos abiertos.

La línea se cortó.

Dante miró hacia la trastienda, donde Marlin organizaba pinceles con una dedicación casi infantil.

"¿Qué escondes, Marlin?"

La pregunta se instaló en su mente como una espina. Otra más. A este ritmo, pronto sería un hombre hecho enteramente de espinas y mentiras.

Se tocó el labio partido. Todavía sabía a Anderson.

Cerró los ojos.

"Estoy perdido."

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