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La Doncella Y El Alfa

La Doncella Y El Alfa

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna Azul

En desarrollo
Sinopsis:
Alondra, la hermosa hija de un humilde leñador, es abandonada en un altar de piedra en el corazón del bosque prohibido como un sacrificio humano para apaciguar a las bestias salvajes. Sin embargo, su destino cambia drásticamente cuando emerge de la niebla Caleb, el imponente y tatuado Alfa de la Manada Roja. Al olfatear su piel, el lazo místico de las almas compañeras (mates) se despierta de golpe, transformando a la supuesta víctima en la legítima reina de los lobos. Protegida por las garras de un líder implacable y devoto, Alondra deberá dejar atrás sus miedos mortales para asumir su lugar como la Luna de la fortaleza, mientras el pueblo que la desechó planea una traición que pondrá a prueba la fuerza de su ardiente vínculo.

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CAPÍTULO 18

​El descenso a las profundidades de la fortaleza de la Manada Roja era como adentrarse en las entrañas de una montaña congelada. Los pasillos de piedra negra estaban iluminados únicamente por antorchas de resina empotradas en los muros, cuyas llamas proyectaban sombras alargadas y danzarinas que daban al lugar un aire lúgubre y opresivo. El aire aquí abajo era denso, impregnado del olor a humedad, hierro y el sutil pero penetrante aroma del acónito que se utilizaba en los niveles más bajos para contener a los prisioneros más peligrosos.

​Alondra caminaba al lado de Caleb, sintiendo cómo el majestuoso terciopelo de su vestido azul medianoche, ahora limpio de la nieve del bosque, rozaba las toscas paredes de roca. A pesar de la oscuridad del lugar, la joven no experimentaba miedo. La presencia colosal del Alfa a su costado era un escudo absoluto. Caleb avanzaba con pasos silenciosos y felinos, con el torso descubierto y sus intrincados tatuajes tribales reluciendo bajo la luz anaranjada del fuego. Su mandíbula estaba firmemente apretada y sus ojos dorados brillaban con una fijeza peligrosa; a través del vínculo místico de la marca en su cuello, Alondra podía sentir la corriente de ira fría e implacable que corría por las venas de su compañero.

​Llegaron frente a una pesada reja de hierro forjado. Dentro de la celda de castigo, encadenado de pies y manos a la pared de roca, se encontraba el cazador de la cicatriz en el ojo. El hombre había recuperado el conocimiento, pero su rostro denotaba el dolor de los golpes sufridos durante la emboscada en el claro. Al escuchar el eco de las botas de Caleb, el mercenario alzó la cabeza, mostrando una sonrisa grotesca y desafiante a pesar de su evidente debilidad.

​—El Alfa y su preciosa Luna bajan a las sombras —escupió el cazador, con una voz rasposa que resonó en la celda—. ¿Vinieron a ejecutarme o a escuchar cómo su pequeño reino de pulgas se va a desmoronar?

​Caleb no respondió de inmediato. Hizo una seña a los dos guardias que custodiaban la entrada para que se retiraran, quedando a solas con el prisionero y Alondra. El Alfa dio un paso al frente, rompiendo el espacio personal del mercenario con una soberbia y una superioridad físicas aterradoras. La sola magnitud de su musculoso cuerpo hizo que el prisionero tragara saliva instintivamente, perdiendo un ápice de su arrogancia.

​—Estás en una posición muy desfavorable para hacer bromas, mortífero —la voz de Caleb era un gruñido espeso, un trueno bajo que hizo vibrar las cadenas del hombre—. Tus dos compañeros alimentarán a los cuervos de la montaña antes del amanecer. Tú sigues respirando solo porque mi Luna intercedió por tu miserable vida. Habla ahora. ¿Qué planea el alcalde? ¿Cuántos cazadores más han cruzado los límites de mi territorio?

​El mercenario soltó una risa seca, que se transformó en una tos dolorosa debido a las costillas rotas que Caleb le había provocado en el bosque.

​—El alcalde es un cobarde, tú lo sabes bien, Alfa —articuló el hombre de la cicatriz, clavando su único ojo sano en Alondra—. Él solo quiere asegurar su pellejo. Pero los hombres que vienen en camino no le temen a tus garras. El ataque en la frontera y las trampas de plata en los senderos eran solo el inicio. Hay un ejército de mercenarios financiado por los comerciantes de las tres ciudades del este avanzando hacia el valle. Llevan carros cargados de armas de plata reforzada, ballestas pesadas y suficiente acónito para secar el bosque entero. El alcalde les abrió las puertas de Oakhaven a cambio de protección. Van a sitiar la montaña.

​Alondra sintió que un frío helado le recorría la espina dorsal al escuchar las palabras del cazador. Conocía la codicia de las ciudades del este; durante años habían deseado los recursos madereros y minerales de las tierras altas, pero el miedo a la Manada Roja los había mantenido a raya. Ahora, utilizando el miedo del alcalde como excusa, tenían el pretexto perfecto para iniciar una guerra de exterminio.

​—Es una locura —intervino Alondra, dando un paso al frente, con los ojos azules encendidos por una indignación soberana—. El alcalde está entregando su propio pueblo a hombres que no dudarán en esclavizarlos una vez que terminen con los lobos. ¿Crees que les importan las vidas de los aldeanos?

​—A los mercenarios solo nos importa el oro, hermosa —respondió el cazador con una mueca grotesca—. Y el oro de las ciudades del este es muy pesado. Tu Alfa puede ser un dios en estas cumbres, pero no puede luchar contra trescientos hombres armados con plata pura. Tu cabecita dorada se verá muy bien adornando la pica principal del ayuntamiento del valle.

​Caleb no permitió que el hombre terminara la frase. Con un movimiento rápido y devastador, el Alfa extendió su mano grande y callosa, atrapando al cazador por el cuello con un agarre de hierro, levantándolo unos centímetros de la pared a pesar de las pesadas cadenas. El rostro del prisionero comenzó a tornarse de un color purpúreo mientras el aire le faltaba.

​—Escúchame bien, escoria —gruñió Caleb directamente en su rostro, y sus pupilas se dilataron por completo, tornándose del color del fuego líquido—. He gobernado estas tierras altas durante un siglo aplastando a hombres más inteligentes y fuertes que tú. Tu plata puede quemar mi piel, pero no puede apagar el fuego de mi manada. Dile a tus dioses que se preparen, porque cuando descienda a ese valle, no dejaré una sola piedra en pie sobre Oakhaven.

​Caleb soltó el agarre con brusquedad, dejando que el hombre cayera pesadamente contra la roca, jadeando y buscando aire desesperadamente. El Alfa se giró hacia Alondra, y la expresión de fijeza salvaje y destructiva de sus facciones se transformó instantáneamente en una de profunda preocupación y devoción posesiva. Tomó su mano pequeña entre las suyas, infundiéndole su calor febril a través del contacto de su piel ardiente.

​—Vámonos de aquí, mi pequeña luna. Este lugar no es digno de ti —susurró con esa voz ronca que siempre la calmaba.

​Salieron de las mazmorras en silencio, ascendiendo de regreso hacia los aposentos privados del gran salón. En cuanto la pesada puerta de roble de su habitación se cerró tras ellos, aislando el bullicio de la fortaleza y la oscuridad del subsuelo, la tensión acumulada estalló. Alondra se giró hacia Caleb con el corazón latiéndole a un ritmo desbocado en su pecho. El lazo místico en su cuello vibraba con la oleada de adrenalina y el deseo reprimido que el Alfa había contenido durante todo el interrogatorio.

​Caleb no esperó un segundo más. Acortó la distancia entre ambos con esa gracia de depredador que la hechizaba y la atrapó entre sus brazos monumentales, acorralándola contra la madera de la puerta. Sus manos grandes y tatuadas viajaron de inmediato a las mejillas de Alondra, sosteniendo su rostro con una mezcla de urgencia posesiva y una adoración infinita.

​—Caleb... —el susurro de la joven fue apagado de inmediato cuando el Alfa estampó sus labios contra los de ella en un beso que hizo que el mundo entero desapareciera.

​Fue un beso fuerte, hambriento, profundamente demandante y cargado de un romance apasionado. No había espacio para la timidez; la boca de Caleb estrujó la de Alondra con una urgencia salvaje nacida del pánico de haber estado a punto de perderla en el bosque y del odio hacia los hombres que pretendían amenazar su felicidad. Su lengua reclamó el interior de su boca con una posesividad implacable, desatando un gemido de puro placer en la garganta de la joven, quien enredó sus dedos firmemente en la densa cabellera castaña del guerrero.

​Caleb subió sus manos por la cintura de Alondra, deshaciendo con destreza los cordones de su corpiño azul medianoche, permitiendo que el pesado terciopelo cayera por sus hombros, dejando al descubierto la pálida redondez de su piel bajo la tenue luz de la chimenea. El Alfa interrumpió el beso solo para descender por su mandíbula, dejando un rastro de besos húmedos, calientes y mordiscos suaves que hicieron que Alondra arqueara la espalda, enterrando las uñas en sus hombros esculpidos y tatuados.

​—Eres mi vida, Alondra —gruñió Caleb contra la marca de su cuello, con la voz rota por la pasión, mientras su cuerpo musculoso se presionaba firmemente contra el de ella, permitiéndole sentir toda la magnitud de su anatomía de guerrero—. Que vengan las ciudades del este, que venga el valle entero con su plata y su veneno. Te defenderé hasta mi último aliento. Mi lobo solo responde ante ti, y nadie va a arrebatarme a mi reina.

​—Soy tuya, Caleb... siempre tuya —logró articular Alondra entre jadeos, entregándose por completo al calor de sus caricias, sintiendo cómo el vínculo que los unía se consolidaba como una roca inquebrantable en mitad de la tormenta que se avecinaba.

​Mientras la pasión consumía el interior de la habitación en un idilio perfecto y ardiente, en las fronteras de la montaña, la silueta de los primeros carromatos de las ciudades del este comenzaba a recortarse contra la nieve de la tarde, anunciando que la calma del invierno se había terminado para siempre para la Manada Roja.

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Maribeth Minotta
ya me atrapo🥰🥰
Manu
Me ha gustado mucho los 20 capítulos qué he leído. Es algo diferente a lo que escribes pero sinceramente me ha gustado.
Jessica
almenos la va a cuidar
Jessica
hola muy interesante tu historia
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