Tras un accidente todos creen que Clara ha perdido la memoria. Ella permite que así sea luego de darse cuenta de que su reciente esposo y la supuesta amiga de él parecen haber estado engañandola desde antes del matrimonio.
Pero lo peor no es eso, lo peor viene cuando se da cuenta de que han tramado una red de mentiras entre las cuales existe un "esposo" del que ella no tiene idea.
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Un móvil desaparecido
El jueves por la tarde, el aire en la mansión Salvatierra era aún más denso. El zumbido de los camiones de banquetes y los floristas que entraban y salían creaba un ruido de fondo constante. La boda de Julián y Lucía estaba programada para la siguiente semana y la propiedad se había convertido en un hormiguero de preparativos y exigencias superficiales.
En el piso de arriba, lejos del bullicio nupcial, Marcos cerró la puerta de la suite sin pasar el pestillo esta vez, consciente de la vigilancia silenciosa pero implacable de Matías. Se acercó a la cama donde Clara lo esperaba con la misma rigidez defensiva que ya se había convertido en su código compartido.
—El ambiente abajo es un circo —comentó Marcos en voz baja, arremangándose la camisa antes de tomar el tobillo de Clara—. Queda una semana para el gran evento y Lucía parece estar al borde de una crisis nerviosa por el color de las mantelerías. Es el momento perfecto; todos están demasiado distraídos con sus propias mentiras.
—¿Averiguaste algo? —preguntó Clara de inmediato, ignorando el chisme mundano. Sus ojos buscaban respuestas con la urgencia de quien se sabe rodeada de enemigos.
Marcos comenzó a flexionar la rodilla de Clara, aplicando una presión constante mientras inclinaba el rostro hacia ella para hablar en un susurro apenas audible.
—Revisé el registro de ingresos de la clínica central a través de mi contacto —dijo Marcos, con el semblante serio—. El inventario médico de la noche de tu accidente es impecable, Clara. Registraron tu ropa, un reloj de pulsera, unos pendientes de plata... pero no había ningún móvil. Cuando la ambulancia te ingresó, tus bolsillos y bolso estaban vacíos.
Clara apretó los dientes, no por el dolor del estiramiento, sino por la fría confirmación de sus sospechas.
—Alguien lo tomó —afirmó Clara, con una fijeza gélida en la mirada—. Alguien se aseguró de limpiar la escena antes de que la policía o los paramédicos documentaran todo. Si el coche que me arrolló era robado y las cámaras sufrieron un apagón, borrar mi teléfono era el último cabo suelto para borrar mi identidad. Julián o Lucía lo tienen... o lo destruyeron.
—Es lo más probable —asintió Marcos, cambiando el ángulo de la flexión—. En esa clínica no se pierde nada por error. Por cierto, me quedé pensando en lo que me dijiste el otro día. En la farsa de tu "matrimonio".
Clara dejó escapar una risa amarga, recordando los primeros minutos tras abrir los ojos en el hospital.
—Cuando desperté de la anestesia, estaba completamente desorientada. Lo primero que vi fue a Julián y a Lucía mirándome como si fuera un fantasma. En mi confusión, pregunté donde estaba y que había pasado, fue solo para enfocarme. Pero ellos intercambiaron una mirada y, al ver que mi mente estaba nublada pensaron que no recordaba y aprovecharon la oportunidad. Construyeron la mentira en un segundo, aprovechando mi supuesta vulnerabilidad para encerrarme en este papel.
Marcos arqueó una ceja, maravillado por la frialdad maquiavélica de la familia.
—Y te dijeron que Matías era ti esposo mientras ellos blanqueaban su relación que había estado oculta —comentó el médico.
—Y para poder anunciar el embarazo. —agregó Clara.
—Son unos malditos artistas del engaño.
—Por eso necesito un favor más de ti, Marcos —dijo Clara, inclinándose ligeramente hacia él, desafiando el dolor de la pierna—. Necesito que consigas el acta de matrimonio oficial entre Julián y yo. Si realmente nos casamos antes del accidente, debe haber un registro civil. Necesito ese documento antes de la boda de la próxima semana. Si Julián se casa con Lucía estando legalmente unido a mí, cometerá bigamia. Ese papel es mi seguro de vida y mi mejor arma.
Marcos la estudió durante unos segundos interminables, sopesando el riesgo de infiltrarse en el registro civil. Sin embargo, el desprecio que sentía por la arrogancia de los Salvatierra y la fascinación que le provocaba la inteligencia de Clara vencieron cualquier duda.
—Haré lo posible, Clara —respondió él con una sonrisa ladina—. Tengo un contacto en el archivo del distrito central. Si ese papel existe, lo tendré en mis manos antes de que Lucía camine hacia el altar. Ahora, mantén la posición; la rigidez muscular está cediendo, pero necesito que sigues actuando como si te costara.
Apenas terminó de pronunciar la frase, el sonido de la puerta abriéndose interrumpió el murmullo.
Matías entró en la suite. Esta vez no traía el aspecto desordenado del martes; vestía un traje impecable y oscuro, pero su lenguaje corporal emanaba una tensión contenida que llenó la habitación al instante. No dijo una sola palabra. Tampoco exigió saber por qué la puerta estaba entornada. Simplemente caminó hacia la pesada butaca de cuero cerca de la chimenea, se sentó y cruzó las piernas, observando la sesión en absoluto silencio.
Marcos continuó con el masaje sin inmutarse, manteniendo su ritmo profesional y distante. Para él, Matías era invisible en términos de atracción, pero perfectamente legible en términos psicológicos.
Matías, por su parte, sentía que un calor denso y molesto le subía por el cuello. Sus ojos no podían apartarse de las manos de Marcos, que presionaban con firmeza la piel de la pantorrilla de Clara, guiando sus movimientos con una confianza que a Matías le parecía intolerable. En su fuero interno, los celos comenzaron a trabajar de manera sutil pero devastadora, como un ácido silencioso. Se maldijo a sí mismo por estar allí, observando a la esposa de su hermano como un guardián posesivo, incapaz de apartar la vista de la delicadeza de sus hombros y de la forma en que ella toleraba el contacto del médico. La farsa que habían construido se estaba convirtiendo en su propia celda de tortura.
Clara, manteniendo la vista al frente, notó la rigidez en la mandíbula de Matías y el brillo sombrío de sus ojos. No flaqueó. Forzó un pequeño quejido de debilidad, dejando caer la cabeza hacia atrás sobre las almohadas, sabiendo que cada muestra de vulnerabilidad ante el fisioterapeuta era una estocada directa al orgullo y al autocontrol de Matías.
El anzuelo seguía profundizándose, y la cuenta regresiva para la boda ya había comenzado.
Marcos que noticias traerá y si encontró el vehículo que la atropello.
Como harán porque Clara algún día tiene que dejar de fingir la amnesia allí que dirá o que hará Julian y la Lucia 🤔🤔🤔❓❓❓
Veremos que noticias trae Marcos 🤔🤔🤔❓❓❓
Regresa Marcos después de una semana veremos si encontró el vehículo y que paso con el.