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¿Te Amo O Te Odio?

¿Te Amo O Te Odio?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Matrimonio arreglado / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lisi A. A

Mauricio y Celine no tuvieron el mejor comienzo, así que les tocará a ellos vencer los obstáculos que el destino les ha puesto para determinar que final quieren para su matrimonio. intrigas, secretos, envidias y más

NovelToon tiene autorización de Lisi A. A para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 19: La mujer que no debía volver

El aire en la habitación cambió en el instante en que Valentina Ríos entró.

No fue un sonido.

No fue un gesto.

Fue una presencia.

Como si el pasado hubiera decidido sentarse entre ellos sin pedir permiso.

Celina no podía moverse.

Sus ojos estaban clavados en la mujer que tenía frente a ella.

La fotografía antigua de Mauricio con aquella misma rubia ya no era una imagen del pasado.

Era una advertencia del presente.

—No… —susurró Celina—. Tú estás muerta.

Valentina inclinó ligeramente la cabeza.

Una sonrisa mínima, sin calor.

—Eso es lo que te contaron.

Celina dio un paso atrás sin darse cuenta.

El hombre que la había llevado allí no intervino.

Solo observaba.

Como si ahora ya no fuera necesario proteger nada.

Valentina avanzó despacio.

Sin prisa.

Sin miedo.

—Te pareces demasiado a ella —dijo.

Celina frunció el ceño, respirando con dificultad.

—¿A quién?

Valentina la miró directamente.

—A Lucía.

El nombre volvió a caer como un golpe seco.

Celina sintió rabia inmediata.

—No la mencione como si la conociera.

Valentina la observó unos segundos.

—La conocí mejor de lo que tú puedes imaginar.

El silencio se tensó.

Celina apretó los puños.

—¿Qué quieren de mí?

Valentina no respondió de inmediato.

Se giró hacia el hombre que estaba junto a la puerta.

—Déjanos.

El hombre dudó.

—No es recomendable.

Valentina lo miró.

—Ya no necesitas protegerla de mí.

La frase fue suficiente.

El hombre salió.

La puerta se cerró.

Y el silencio quedó solo entre ellas.

En la carretera, Mauricio y Inés avanzaban hacia la propiedad aislada.

El cielo estaba oscuro.

Sin luna.

Sin estrellas claras.

Solo una sensación de presión en el aire.

Mauricio conducía en silencio.

Inés miraba el camino.

—Cuando entremos ahí —dijo ella—, puede que no todo lo que veas tenga sentido inmediato.

Mauricio no apartó la vista del frente.

—Nada de esto tiene sentido desde hace días.

Inés lo observó.

—Entonces estás preparado.

Mauricio soltó una risa breve, sin humor.

—No lo estoy. Pero ya no me queda otra opción.

El coche siguió avanzando.

Más cerca.

Más cerca de algo que ninguno de los dos quería nombrar en voz alta.

Valentina caminó lentamente alrededor de Celina.

La observaba como si estuviera revisando una pieza de un rompecabezas antiguo.

—Lucía no solo era inteligente —dijo finalmente—. Era peligrosa para ciertas personas.

Celina tragó saliva.

—Ella era mi madre.

Valentina asintió.

—Sí.

Pausa.

—Y también fue la única que entendió lo que realmente era el proyecto Montenegro.

Celina sintió un escalofrío.

—Otra vez ese nombre…

Valentina se detuvo frente a ella.

—No es un nombre. Es una estructura.

Celina negó.

—Yo no soy parte de nada de eso.

Valentina la miró con calma.

—Lo eres aunque no lo recuerdes.

Celina sintió una punzada en el pecho.

—¿Qué significa eso?

Valentina se acercó un poco más.

—Significa que hay cosas en tu pasado que fueron cuidadosamente… selladas.

Celina sintió que el aire le faltaba.

—Yo recuerdo mi infancia.

Valentina la observó en silencio.

—¿Estás segura?

Esa pregunta fue suficiente.

Celina vaciló.

Solo un segundo.

Pero suficiente.

—Sí —respondió, aunque su voz no sonó firme.

Valentina asintió.

—Eso es lo interesante.

Silencio.

Valentina se giró hacia una mesa y tomó una carpeta.

La abrió frente a Celina.

—Esto es lo que tu madre encontró antes de desaparecer.

Celina se quedó paralizada.

—No desapareció… murió.

Valentina la miró.

—Eso es lo que también te contaron.

Celina sintió que su mente se rompía en capas.

—¿Qué estás diciendo?

Valentina pasó una hoja.

—Que Lucía estaba a punto de revelar algo que habría destruido más de una familia.

Celina sintió náuseas.

—¿Qué exactamente?

Valentina la miró fijamente.

—Que algunas personas no nacen… se asignan.

El mundo se detuvo.

Celina abrió la boca, pero no salió ningún sonido.

—Eso es imposible… —logró decir al fin.

Valentina negó suavemente.

—Y sin embargo, aquí estás.

El coche se detuvo frente a la propiedad.

La casa estaba en ruinas.

Ventanas rotas.

Paredes cubiertas de humedad.

El lugar parecía abandonado desde hacía décadas.

Inés bajó primero.

Mauricio la siguió.

El viento golpeaba con fuerza.

—Esto es aquí —dijo él.

Inés asintió.

—Aquí empezó todo lo que estás intentando entender.

Mauricio avanzó hacia la puerta.

—¿Qué debería encontrar?

Inés no respondió.

—Inés.

Ella lo miró.

—La última pieza que falta.

Mauricio empujó la puerta.

Se abrió con un chirrido largo.

Oscuridad.

Dentro olía a madera vieja y polvo.

Y a algo más.

Historia enterrada.

Entraron.

El silencio era absoluto.

Hasta que Mauricio vio algo en la pared.

Fotografías.

Muchas.

Conectadas con hilos rojos.

Nombres.

Fechas.

Y un patrón.

Celina aparecía allí.

Otra vez.

Inés se quedó detrás de él.

—Te dije que esto era más grande que una familia —susurró.

Mauricio no podía apartar la vista del muro.

—Esto… es una red.

Inés asintió.

—Y Celina está en el centro.

Celina retrocedió lentamente.

—No te creo —dijo, aunque su voz temblaba.

Valentina la observó.

—No necesitas creerlo ahora.

Pausa.

—Solo necesitas escuchar.

Celina apretó los dientes.

—¿Escuchar qué?

Valentina bajó la voz.

—Que tu madre no murió por accidente.

El aire desapareció.

—Murió porque iba a revelar quién eres realmente.

Celina sintió que el mundo giraba.

—Yo soy Celina Ríos.

Valentina la miró con una tristeza extraña.

—Ese es el nombre que te dejaron.

Silencio.

Celina sintió lágrimas contenidas.

—¿Qué soy entonces?

Valentina se acercó lo suficiente como para que su voz fuera un susurro.

—La última prueba de un secreto que no debió sobrevivir veinte años.

Celina sintió que el suelo se abría bajo ella.

Y entonces lo escuchó.

Un sonido lejano.

Un golpe.

Desde el exterior.

Valentina giró la cabeza.

Sonrió apenas.

—Y parece que ya llegaron.

Celina sintió un escalofrío inmediato.

Porque en algún lugar afuera…

Mauricio estaba entrando en la misma verdad que la estaba destruyendo a ella.

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