Valeria Salcedo murió traicionada por su esposo y por la mujer que llamaba hermana. Le quitaron su empresa, su familia, su dignidad y, al final, la vida.
Pero despertó de nuevo.
Esta vez volvió al día en que todo empezó: la mañana después de su boda, justo cuando estaban por acusarla de haber engañado a su marido. Solo que ahora Valeria ya sabe quiénes son sus enemigos, qué quieren quitarle y cuánto están dispuestos a destruirla.
Para sobrevivir, necesita poder. Y el poder tiene nombre: Santiago Alcázar, el hombre más temido del mundo empresarial mexicano.
Él no confía en ella. Ella tampoco piensa enamorarse de él.
Su matrimonio empieza como un trato: ella usará su apellido para vengarse, él usará sus secretos para encontrar la verdad de una mujer que nunca pudo olvidar.
Pero entre besos, amenazas, celos y enemigos que no dejan de aparecer, Valeria descubrirá que renacer no solo significa ajustar cuentas.
También puede significar aprender a elegir, por primera vez, a quién dejar entrar en su vida.
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Capítulo 22
Capítulo 22
Era la primera vez que Santiago le daba a alguien la oportunidad de preguntar por su pasado.
Si Valeria preguntaba, quizá él respondería.
Pero ella negó con calma.
—No hace falta. Solo sé que vivir pegado a los recuerdos duele mucho. Yo no tengo pasado, solo futuro. Tú eres mi prometido y lo único que me importa es nuestro futuro. Tu pasado no me interesa.
Santiago le tomó la barbilla y se la levantó con suavidad.
—¿De verdad no te importa nada mi pasado?
—¿Quieres que me importe? ¿Quieres que lo conozca?
Valeria preguntó en voz baja.
De pronto, Santiago la soltó y retrocedió unos pasos.
—No por nada eres la mujer que elegí. Tienes razón. Debemos recordar en todo momento que esto es un matrimonio por contrato. Nada de sentimientos.
—Tranquilo. Lo recuerdo.
Valeria estaba un poco molesta.
Ese hombre sí recordaba muy bien lo de no meter sentimientos.
Pero cuando se trataba de coquetear con el cuerpo, se le olvidaba por completo.
Santiago cambió de tema.
—Recuerdo que conoces a Gabriel Montes.
—Sí. ¿Qué pasa con él?
—Voy a matarlo.
Dejó esa frase y salió con pasos largos.
—Yo...
Valeria ni siquiera alcanzó a preguntar.
La espalda de Santiago ya había desaparecido.
¿Matarlo?
¿Qué deuda había entre ellos?
Y, cierto.
¿Dónde había estado Gabriel la noche anterior?
Valeria se arregló rápido y salió también.
En el auto, Mateo negó con la cabeza.
—Señor, revisé una y otra vez todas las cámaras cercanas. No encontré a nadie sospechoso.
—Imposible. Ella tuvo que aparecer. Esa frase...
—Tal vez fue una coincidencia.
Por primera vez, Mateo interrumpió a Santiago.
—Si de verdad era ella, ¿por qué iba a huir?
—Si no era ella, ¿por qué escapó?
Mateo respiró hondo.
—Si alguien elige una transacción clandestina, obviamente no quiere que lo vean. No significa que haya huido porque fuera Valentina. Señor, usted y Valentina se amaban. Si fuera ella, habría hecho todo por quedarse con usted, por verlo, no por escapar. Y esa frase no puede salir solo de su boca. Quien te ama no se va.
Recalcó las últimas palabras.
Santiago sonrió de pronto.
—Valeria también dijo eso.
Mateo lo miró.
—Deje ir a Valentina e intente amar a Valeria.
Lo dijo palabra por palabra.
—Ya dije que nadie puede reemplazar a Valentina en mi corazón.
Santiago lo rechazó sin dudar.
—Nadie le está pidiendo que la reemplace. Le estoy diciendo que suelte, que abra la puerta y deje entrar a Valeria. Señor, la ha buscado por años y no hay ninguna pista. Aunque no quiera admitirlo, sabe muy bien que las posibilidades de que siga viva son demasiado bajas. En vez de aferrarse así, podría poner ese cariño en alguien que sí está vivo. Además, sus caras se parecen tanto.
Mateo lo estaba obligando a mirar lo que no quería mirar.
Santiago miró por la ventana.
Guardó silencio un largo rato.
Al final, dijo con frialdad:
—Más le vale a Valeria no tener nada que ver con la desaparición de Valentina. Si no...
No terminó.
Mateo entendió las consecuencias.
No se puede despertar a quien finge dormir.
El auto siguió hacia el norte.
Valeria pensaba ir a la empresa, pero a medio camino recibió una llamada de Gabriel.
Fue de inmediato al hospital.
—¿Estás bien?
Lo vio acostado en la cama, pálido.
—Anoche recibí una llamada urgente y salí. Después me secuestraron. Por suerte la policía me rescató. Estoy bien. ¿Y tú?
Gabriel la miró con preocupación.
Valeria negó con la cabeza.
—También estoy bien. ¿Quién te secuestró?
—Santiago Alcázar.
Gabriel lo dijo con absoluta seguridad.
Valeria frunció el ceño.
—¿Supo que anoche éramos nosotros? ¿Por qué iba a secuestrarte?
—Le debo una vida.
—¿Qué vida?
Gabriel clavó la mirada en ella.
La observó sin parpadear.
—¿Sabes por qué Santiago Alcázar quiere casarse contigo?
—¿Qué quieres decir?
Gabriel no respondió de inmediato.
Le puso la mano en la mejilla y le apartó un mechón de cabello junto a la oreja.
Ese gesto hizo que Valeria frunciera el ceño.
Retrocedió por instinto.
—Gabriel, ¿por qué entre Santiago y tú hay una deuda de vida? ¿Cuánto sabes sobre la verdadera razón por la que quiere casarse conmigo? No es solo por el compromiso, ¿verdad? Hay otra razón.
—Sí. Porque tú...
No terminó.
La puerta de la habitación se abrió.
Camila Duarte entró con dos policías.
—Ella es Valeria Salcedo. Ella mató a Damian Fuentes.
Las palabras se cortaron ahí.
Uno de los policías se acercó.
—Señorita Valeria Salcedo, está involucrada en un caso de homicidio intencional. Necesitamos que nos acompañe a la comandancia para colaborar con la investigación.
—¿Damian murió? Yo no maté a nadie.
Valeria explicó rápido.
Camila gritó:
—Fuiste tú. Tú misma me dijiste que ibas a matar a Damian. Las cámaras muestran que fuiste la última persona que entró a su habitación. Los médicos también probaron que alguien le dio medicamento. Tú eres la asesina.
—No fui yo. No fui yo.
Valeria forcejeó y explicó, pero no sirvió de nada.
Al final, la arrastraron fuera.
Camila habló con los policías:
—Oficiales, quiero hablar a solas con mi hermana. No se preocupen. Voy a convencerla de confesar.
Así creó la oportunidad para quedarse sola.
Valeria miró a Camila con frialdad.
—Tú mataste a Damian y me incriminaste.
Antes de que pudiera decir más, Camila le arrebató el celular del bolsillo y lo estrelló contra el piso.
—¿Otra vez querías grabarme? ¿Otra vez querías tenderme una trampa?
Valeria sintió que algo estaba mal.
Se levantó para salir.
Camila se lanzó hacia ella.
Una aguja se hundió en su cuello.
El cuerpo de Valeria perdió fuerza y volvió a caer en la silla.
—Esto no es la comandancia. Me secuestraste a propósito.
Maldita sea.
Fue descuidada.
Camila se sentó frente a ella, sonriendo.
—Sí. Te secuestré a propósito. Santiago Alcázar es tan poderoso que, si de verdad te llevo a la comandancia, en tres minutos sales libre y la muerta vuelvo a ser yo. Ya vi lo capaz que eres. Te tengo miedo. Solo puedo tratarte así. Y sí, yo maté a Damian.
Valeria soltó una risa fría.
—En realidad él no dijo nada.
—No importa. Yo nunca amé a Damian. Solo jugué con él porque tú lo amabas. Todo lo que hice fue para verte morir. Pero eres una perra con suerte. Te colgaste de Santiago Alcázar. ¿Quieres pelear conmigo? No sabes con quién te metiste.
—¿Quién está detrás? Mataste a Damian porque tenías miedo de que revelara al jefe. ¿Quién te obliga a protegerlo así?
Valeria de verdad quería saber.
Camila corrió hacia ella y le agarró el cabello.
—Perra, te lo advertí. Todo el dolor que me diste te lo voy a devolver. Si hubieras entregado la familia Salcedo y cancelado tu boda con Santiago, tal vez te habría dejado vivir. Pero no obedeciste. Llegó tu hora.
—Santiago te va a matar.
Valeria no tenía fuerza para escapar.
¿Iba a morir otra vez?
Después de renacer, ¿iba a fracasar tan rápido?
Camila levantó la voz hacia la puerta cerrada.
—¿Dónde está? ¡Que venga a quitarme la vida! ¡Ven, Santiago Alcázar! ¡Ven a salvar a Valeria! ¡Santiago, sal!
Afuera no hubo ningún sonido.
Camila puso una navaja afilada sobre la cara de Valeria.
Su voz se volvió sangrienta.
—El señor Alcázar claro que vendrá. Pero vendrá a recoger tu cadáver. Perra, arruinaste mi cara. Yo voy a cortarte en mil pedazos.
La navaja bajó con fuerza.
y ahí se dan cuenta que es una sustituta y arde Troya ella merece a alguien que la quiera a ella no a un recuerdo