Seis meses. Sin sexo. Sin preguntas. Sin sentimientos.
Camila firmó el contrato sin dudarlo. Necesitaba el dinero para salvar a su madre. No le importaba casarse con un hombre frío, poderoso y peligroso.
Pero hay dos cosas que él sabe y ella no.
Primera: él ya sabe que ella es la hermana gemela de su ex prometida, la mujer que él cree haber matado.
Segunda: él también sabe que ella tiene un hijo de tres años. Un hijo que él nunca ha visto.
Él busca la verdad. Ella busca venganza. Ambos ocultan secretos mortales.
Pero cuando el contrato se rompa y la verdad explote, descubrirán que el amor puede ser el arma más peligrosa de todas.
💣 ¿Podrá el odio convertirse en amor? ¿O la venganza lo destruirá todo?
NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 15: La Entrevista.
Capítulo 15: La segunda entrevista
El periodista llegó a la mansión un martes por la mañana. Se llama Diego Rojas y trabaja para la revista *Éxito Empresarial*. Vino a hacer un perfil de Sebastián Montes, el CEO que lo perdió todo y lo reconstruyó desde las cenizas. Lo que él no sabía es que las cenizas todavía estaban calientes.
—Señor Montes —dijo Diego, estrechando su mano—. Gracias por recibirme.
—El gusto es mío.
Sebastián lo invitó a pasar a la biblioteca. Yo estaba allí con Nico en brazos.
—Ella es mi esposa Camila, y este es mi hijo Nicolás.
—Encantado —dijo estrechando mi mano.
Diego nos miró con curiosidad. Y al ver su reacción estaba convencida de que había leído los rumores, sobre el matrimonio por contrato y el bebé del CEO. Sobre la hermana gemela y la suegra villana, pero no dijo nada.
—¿Puedo grabar la entrevista? —preguntó.
—Por supuesto. Haga todo lo que necesite para que salga bien su trabajo.
—¡Muchas gracias!
Se sentaron. Yo me quedé en un sillón cercano, con Nico dormido en mi regazo. No los iba a interrumpir, pero no estaba dispuesta a irme, sin saber cómo se desarrollaría la entrevista. Quería escuchar.
—Señor Montes —empezó Diego—, hablemos de su empresa. Hace un año Montes Corporación estuvo al borde de la quiebra. ¿Qué pasó?
—Fue una tormenta perfecta. Mi madre desvió fondos. Mi ex prometida fingió su muerte. Mi esposa... bueno, mi esposa llegó para salvarme.
—¿Salvarlo?
—Cuando conocí a Camila, yo era un hombre vacío. Creía que el dinero lo podía todo. Que podía comprar personas. Que podía controlar el mundo.
—¿Y ella cambió eso?
—Ella me enseñó que el amor no se compra. Se construye día a día. Con pequeños gestos. Con paciencia. Con mucha confianza.
—Habla de su esposa con mucha admiración.
—Porque la admiro. No solo como mujer, sino como persona. Ella tuvo el valor de luchar contra todo: contra mi familia; contra mí. Tuvo que enfrentarse a su propia hermana, y a pesar de eso salió adelante.
—¿Y su hermana? ¿Qué pasó con ella?
El ambiente se tensó.
—Mi hermana está viva —intervine yo—. Pero ella decidió alejarse, y nosotros respetamos su decisión.
Diego me miró.
—Señora Montes, ¿Cómo logró perdonar todo lo que le hizo?
—No fue fácil. Hubo momentos en que quise odiarla y pensé en vengarme. Momentos en los que tuve intenciones de que pagara por todo el daño que causó.
—¿Y qué cambió?
—Me di cuenta de que el odio no me iba a hacer feliz. Que la venganza no iba a devolverme el tiempo perdido. Que lo único que realmente importa es el presente. Y en mi presente están mi hijo y mi esposo.
—Eso es muy maduro de su parte.
—No es madurez. Es supervivencia.
Diego anotó algo en su libreta.
—Señor Montes, ¿Qué planes tiene para el futuro?
—Seguir al frente de la empresa, pero con una nueva filosofía. Más humana. Más solidaria. También voy a donar el treinta por ciento de mis ganancias a la fundación de mi esposa.
—¿El treinta por ciento?
—Es una cifra importante, pero necesaria. Hay que devolver a la sociedad parte de lo que nos ha dado.
—¿Y no teme que los accionistas se opongan?
—Ya no tengo accionistas. Usé mis ahorros y pedí un préstamo para comprar todas las acciones. La empresa es mía, y puedo hacer con ella lo que quiera.
Diego silbó bajito.
—Eso es mucho poder.
—El poder no es malo. Lo que es repudiable es el mal uso del poder. Y yo aprendí esa lección de la peor manera.
—¿Cómo fue eso?
—Mi madre... bueno, esa es una historia que no voy a contar hoy, y tal vez nunca.
—¿Y su madre? —preguntó Diego, con tono cauteloso—. ¿Dónde está ahora?
Sebastián tensó la mandíbula.
—Esa es una historia que no voy a contar hoy. Tal vez nunca.
Diego entendió y por eso no insistió.
—Señora Montes —dijo, girándose hacia mí—, ¿Qué opina de todo esto?
—Opino que mi esposo es un buen hombre. Que cometió errores como todos, pero que aprendió de ellos. Y que está dispuesto a ser mejor cada día. La prueba es la donación que piensa hacer a la fundación.
—¿Y usted? ¿También está dispuesta a ser mejor?
—Todos los días. Por mi hijo, por mi familia. Por las personas que ayudamos desde la fundación.
—¿Algo más que quiera añadir?
—Solo quisiera decir que el amor verdadero no es el que te hace sentir completo. Es el que te hace querer ser mejor para ti; para el otro y para los que vienen después.
Diego apagó la grabadora.
—Gracias. Ha sido una entrevista muy reveladora.
—Gracias a usted.
Lo acompañamos a la salida. Cuando su auto desapareció por el camino, Sebastián me abrazó.
—Hoy estuviste perfecta.
—Tú también.
—¿Crees que saldrá bien la entrevista?
—Saldrá como tenga que salir, pero al menos dijimos la verdad.
—¿Tú crees que hayamos dicho toda la verdad? —dije en tono jocoso.
—Solo dijimos la que importa.
Nico despertó en mis brazos.
—Mami, ¿Ya se fue el señor?
—Sí, mi amor, ya se fue.
—¿Y ahora qué hacemos?
—Ahora vamos a jugar juntos. Y después nos damos un abrazo, para que esta familia feliz permanezca unida para toda la vida.
-Like si te encantó ver a Camila y Sebastián felices en la entrevista.
-Corazón para esta pareja que lo superó todo.
-Dime tu opinión sobre el amor de Camila y Sebastián.