Cuatro años atrás, Lara Rivas lo perdió todo en una sola noche: su familia, su prometido, su nombre y casi la vida. Traicionada por su propia hermana, desapareció sin mirar atrás.
Ahora vuelve a Buenos Aires con otro rostro, otro nombre y dos hijos que son todo su mundo. Solo quiere recuperar lo que le arrebataron y hacer caer a quienes la destruyeron.
Pero Sebastián Ferrer aparece otra vez.
Frío, poderoso y acostumbrado a que nadie le diga que no, Sebastián no logra entender por qué esa mujer le resulta tan familiar. Tampoco por qué sus hijos se parecen tanto a él.
Entre secretos, heridas viejas y una atracción que ninguno de los dos pidió, Lara intenta mantenerse lejos.
El problema es que sus hijos ya eligieron bando.
Y esta vez, el pasado no piensa quedarse enterrado.
NovelToon tiene autorización de lulu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22
Picazón.
Primero en la garganta.
Después en los brazos.
Enseguida, en todo el cuerpo.
Candela se rascó el cuello dos veces. Cuanto más se tocaba, peor se ponía. Esa sensación la conocía demasiado bien.
Era una alergia.
Agarró el vaso de limonada y miró la etiqueta pegada al plástico.
Limonada de limón y durazno.
—Candela, ¿qué te pasa? —preguntó Vicky.
—Al hospital. Llevame al hospital ya.
La cara de Candela se puso roja a una velocidad alarmante. Vicky no se animó a perder ni un segundo. Tiró la vianda que tenía en la mano, la sostuvo del brazo y la subió al auto para que el chofer las llevara al hospital más cercano.
Media hora después, cuando llegaron a guardia, Candela tenía la cara y el cuerpo cubiertos de ronchas rojas. Además le costaba respirar.
Vicky estaba muerta de miedo. Le explicó todo al médico, y enseguida le indicaron medicación y suero. Recién cuando terminó la primera bolsa empezó a ceder esa picazón que parecía metida en los huesos.
Las ronchas, en cambio, seguían ahí.
—Candela... tu cara...
Candela se sobresaltó. Sin importarle el malestar, sacó el celular y abrió la cámara frontal.
Antes, por la desesperación, no había podido evitar rascarse. Ahora las ronchas de la cara estaban abiertas en varios puntos. Tenía la piel roja, hinchada, llena de marcas. Parecía otra persona.
—¡Ah!
—Candela, calmate. Nos están mirando.
Habían llegado con tanta prisa que ella todavía llevaba puesto el vestuario del set. En la sala de suero, la gente miraba de reojo. Candela temblaba entera. Se puso barbijo y lentes oscuros a la fuerza, tragándose el estallido.
—Conseguime una habitación.
—Ya voy.
Como Candela era una figura pública, Vicky consiguió una habitación individual. Apenas entraron, le alcanzó un vaso de agua tibia.
—Tomá un poco...
—¡Andate!
Sin testigos alrededor, Candela perdió el control. Agarró el vaso y lo estrelló contra el piso. Después se arrancó los lentes y el barbijo y los tiró también.
—¡Fue a propósito! ¡Mora, esa basura, lo hizo a propósito! ¿Con razón se hizo la buena comprándome una bebida? Me estaba esperando acá. No se lo voy a perdonar.
Vicky se quedó al costado, con miedo de respirar fuerte. Cuando Candela empezó a calmarse, se atrevió a hablar en voz baja.
—Candela... capaz fue un malentendido. Yo ni sabía que eras alérgica al durazno. ¿Cómo iba a saberlo Mora?
¿Malentendido?
Imposible.
Ella acababa de castigar a Mora en el set, y enseguida Mora le mandaba una bebida que la hacía terminar en urgencias. Ni muerta creía que fuera casualidad.
Pero justo cuando estaba por contestar, algo le encajó en la cabeza.
Era verdad.
Que ella era alérgica al durazno lo sabía muy poca gente. Solo su familia y personas muy cercanas. Había vivido cuatro años ligada a los Ferrer y Martina ni siquiera lo sabía.
Entonces, ¿cómo iba a saberlo Mora?
De pronto, la respiración de Candela se volvió agitada.
Había otra persona que sí lo sabía.
Lara.
Cuando Lara acababa de llegar a la casa Rivas, una vez fueron juntas al supermercado. Lara no sabía de la alergia y compró dos yogures sabor durazno. Una botella para cada una. Candela no miró el sabor y lo tomó. Acabó igual que ahora, llena de ronchas, y Lara se asustó tanto que la llevó corriendo al hospital.
En esa época Candela necesitaba usarla para mantener el compromiso con los Molina. Fingía una relación de hermanas amorosas. No solo no la culpó, también la consoló. Desde ese día, Lara nunca volvió a comprarle nada que tuviera durazno.
Candela recordó la familiaridad entre Lara y Mora en el set, y la cara se le puso blanca.
Agarró fuerte la muñeca de Vicky.
—Vicky.
—Sí...
—Andá a averiguar algo. Hoy, cuando Mora invitó bebidas para el equipo, ¿fue idea suya o idea de Lara?
—¿Lara?
—La novia de Joaquín.
—Voy ya.
Vicky tenía mejor relación con la gente del set que Candela. Volvió primero para pedirle permiso al director Vega, diciendo que Candela necesitaba faltar por la alergia. Después preguntó a todos los conocidos que encontró. Al final regresó al hospital sin aliento.
—Candela, averigüé. La idea de comprar bebidas para el equipo fue de Lara.
La cara de Candela cambió.
—¿Estás segura?
—Sí. Cuando Lara se lo propuso a Mora, una amiga mía estaba cerca y lo oyó. También dijo que esa limonada la pidió Lara especialmente para vos.
—Entiendo.
Candela sacó el celular con las manos temblando.
—Tengo que hacer una llamada.
Vicky entendió y salió de la habitación.
Candela marcó el número de Elena.
—Mamá...
—¿Qué pasó?
—Necesito que me ayudes con algo.
Le explicó lo que quería. Del otro lado, Elena guardó silencio un buen rato.
—Candela, no armes más problemas.
—Mamá, tenés que ayudarme. Necesito confirmar una cosa.
—Está bien.
Cuando cortó, Candela sintió el corazón golpearle contra las costillas. Se llevó la mano al pecho y tardó varios minutos en recuperar la calma.
Si era una casualidad o si alguien estaba jugando a hacerse pasar por fantasma, muy pronto iba a saberlo.
Pero antes de eso...
Su mirada se enfrió. Volvió a levantar el teléfono y marcó otro número.
—Hola, policía. Quiero hacer una denuncia.
En el set, Lara almorzaba con Mora y Joaquín. Comían las viandas de producción, sentados como podían, con el calor todavía pegado al cuerpo.
Mientras comía, Joaquín miraba para todos lados.
—¿Qué buscás? —preguntó Lara.
—¿Y mi hijo y mi hija? —Joaquín la miró—. ¿No los trajiste?
Lara vio a los técnicos y actores que iban y venían alrededor. Casi quiso pegarle con la bandeja.
—¿Podés cerrar la boca?
—No puedo.
Mora le dio una patada suave por debajo de la mesa.
—Estamos hablando entre amigas. ¿Un hombre adulto no puede ir a molestar a otra parte?
En sentido estricto, Joaquín había sido el senior de Mora cuando ella entró a la agencia en Corea. En ese entonces lo admiraba como ídolo. Después de conocerlo de cerca, el filtro se le hizo polvo. Con los años, igual, habían quedado como buenos amigos.
Joaquín ni se molestó por la patada. Dejó la vianda y la miró con fastidio.
—Sos una ingrata. Yo tendría que estar cobrándote. Estos dos años te pregunté mil veces por Lara y nunca me dijiste nada. Volvió al país, te buscó, y tampoco me avisaste. Si hoy no venía al set, ¿cuánto pensabas esconderla?
Mora levantó la barbilla, muy segura.
—Todo lo que pudiera.
—...
Joaquín apretó los dientes.
—Y yo defendiéndote cuando Candela te estaba maltratando. Qué desperdicio de cariño.
—Gracias, qué emoción.
—Cero sincera.
Mora puso los ojos en blanco.
Lara los miró discutir y terminó sonriendo. Por primera vez desde que había vuelto, sintió que no todo era pesado. Tres amigos juntos, una comida simple, una pelea tonta. También había cosas buenas en volver.
Justo entonces, dos policías entraron al set.
Un trabajador los llevó hasta la mesa. Uno mostró la credencial.
—Lara Rivas. Recibimos una denuncia por lesiones dolosas. Necesitamos que nos acompañe a la comisaría para declarar.
Joaquín frunció el ceño.
—¿Lesiones? ¿A quién habría lastimado ella?
—La denunciante es Candela Rivas. Por favor, acompáñenos.
Joaquín quiso hablar otra vez, pero Lara lo frenó.
Le dejó su bandeja en las manos y se levantó con calma.
—Está bien. Vamos.
—Voy con vos —dijo Joaquín.
Lara lo miró como si hubiera dicho una locura.
—Ni loca quiero acompañarte a tendencias. Vos quedate y filmá. Yo puedo sola.
—No.
—Te prometo que no pasa nada. Es solo dar declaración. Vuelvo rápido. Ustedes dos trabajen y a la noche comemos juntos. Listo.
No le dio tiempo a insistir. Se fue con los policías.
Joaquín dio un paso para seguirla, pero Mora lo agarró del brazo.
—No empeores las cosas. Si te ven entrar con ella a una comisaría, en diez minutos está todo en redes. Tus fans son capaces de desenterrar hasta el grupo sanguíneo de Lara. Sabés cómo es ella: su límite son Benja y Dulce. Si por esto los chicos quedan expuestos, te va a borrar de su vida.
Joaquín se frenó en seco.
Apretó la vianda con tanta fuerza que casi la dobló.
—¿Candela está mal de la cabeza? ¿Por qué denunciaría a Lara?
—A Lara no le va a pasar nada.
—¿Cómo sabés?
—Porque Lara ya había previsto que Candela podía denunciar. Tiene cómo responder. Va, declara y vuelve.
Joaquín no era tonto. Se sentó de nuevo al lado de Mora y la miró entrecerrando los ojos.
—¿Cómo sabía Lara que Candela iba a denunciar? ¿Qué hizo?
Mora miró alrededor. Todos estaban comiendo. Bajó la voz y le contó lo mínimo: las bebidas, la limonada, la alergia.
Joaquín quedó más sorprendido.
—¿Cómo sabía Lara que Candela era alérgica al durazno? Además, las bebidas se compraron a nombre tuyo. Si Candela quería denunciar, tendría que ir contra vos. ¿Por qué apuntó a Lara?
Mora no podía contestar eso.
—No te metas en eso. En cualquier caso, invitar bebidas en un set es normal. No compramos una sola limonada de durazno. Lara, vos y yo tomamos lo mismo. Nadie en el equipo sabía lo de la alergia. Lesiones dolosas es demasiado forzado. La policía no va a hacerle nada.
Era evidente que ocultaba algo.
Joaquín frunció el ceño y empezó a repasar el día. Su cabeza trabajaba rápido.
—Candela empezó a actuar mal recién después de que llegó Lara. Yo creía que te estaba apuntando a vos, pero ahora parece que iba contra ella. Tienen alguna pelea. Y una se llama Lara Rivas, la otra Candela Rivas. Tienen edades parecidas. Si uno mira bien, algo se parecen...
Se detuvo.
—¿Son parientes?
Mora bajó la vista y siguió comiendo para evitar su mirada.
—No me mires. Es privacidad de Lara. No voy a contarte.
Joaquín entendió.
En un comedor aparte, Sebastián almorzaba con Nicolás, el director Vega y el productor. Un trabajador entró transpirado, con cara de desastre.
—Director Vega, hubo un problema. La policía vino al set y se llevó a alguien.
Vega frunció el ceño.
—¿A quién?
—A la amiga de Mora. Lara Rivas.
—¿A quién? —Sebastián levantó la cabeza de golpe.
Cuando el trabajador confirmó el nombre, los ojos de Sebastián se enfriaron.
—¿Qué pasó?
El trabajador explicó con cuidado:
—Candela tomó una limonada que habían pedido Mora y Lara, tuvo una alergia y terminó internada. Denunció a Lara por lesiones dolosas, así que la policía la llevó a declarar.
Sebastián se puso de pie.
—Nicolás. A la comisaría.
—Vamos.
Los hermanos salieron rápido, dejando al director y al productor mirándose sin entender.
El productor preguntó en voz baja:
—¿No decían todos que el señor Ferrer y Candela eran pareja? Si Candela está internada, ¿no debería ir al hospital? ¿Por qué va a la comisaría?
Vega, que era más despierto, soltó un resoplido.
—¿Pareja? ¿No viste el comunicado de ayer? Hoy en el set tampoco le dejó ni un poco de cara a Candela. Y recién cambió de expresión al escuchar el nombre de Lara. Es obvio que va a sacarla a ella.
—¿Pero Lara no era novia de Joaquín?
—Y yo qué sé.
El productor suspiró.
—Esa Lara tiene bastante manejo.
Vega no estaba de humor para chismes. Lo que le molestaba era Candela.
—¿Esa chica tiene cerebro? ¿Sabe el impacto que tiene llamar a la policía en pleno rodaje? Si ella y Mora se llevan mal en privado, problema suyo. Pero usar una escena para hacer que todo el equipo participe en su ataque contra Mora ya me cayó pésimo. Mora se portó bien y no le devolvió nada. Y ahora, porque se enfermó con una bebida que le compraron, arma un escándalo.
Cuanto más hablaba, más se enojaba.
—Era una pavada. En privado le pedía a Mora que le llevara flores al hospital y listo. Por una bronca personal hace que todos se enteren. Cero visión de conjunto.
—Bueno, calmate...
—Actúa mal y encima no es profesional. Si no tuviéramos tantas escenas filmadas, la cambiaría hoy mismo.
Vega golpeó la mesa, con la cara oscura.
—Con Candela no vuelvo a trabajar.
Cuando Sebastián y Nicolás llegaron a la comisaría, Lara acababa de terminar la declaración.
Tal como ella había calculado, invitar bebidas a todo el equipo era una práctica normal. Además, la limonada de limón y durazno no había sido una sola. Ella, Mora y Joaquín también habían tomado la misma. Nadie en el set sabía que Candela era alérgica al durazno.
Visto así, todo parecía una coincidencia desafortunada.
La acusación por lesiones dolosas no se sostenía.
Después de tomarle declaración, el policía le recomendó ir al hospital a disculparse con Candela para cerrar el asunto.
Lara cooperó sin problema.
—Está bien. Ahora voy a disculparme.
—Puede irse.
Al salir de la comisaría, vio a Sebastián y Nicolás llegando con prisa.
—¿Ustedes qué hacen acá?
—¿Estás bien? —preguntó Sebastián.
—¿Qué me va a pasar?
Lara habló con naturalidad.
—La policía ya investigó. Candela y yo no somos cercanas. ¿Cómo iba a saber yo que era alérgica al durazno? Fue una casualidad.
—¿Casualidad?
Sebastián la miró fijo.
Su mirada parecía atravesarla. A Lara le dio la sensación incómoda de estar desnuda frente a él.
Desvió apenas los ojos.
—Ahora tengo que ir al hospital a pedirle disculpas a la señorita Candela. Me voy.
Levantó la mano, paró un taxi y se subió antes de que él dijera algo más.
Sebastián miró cómo el auto se alejaba.
Sus ojos se volvieron más oscuros.
entonces no es la madre de Sebastián
ahora o nunca !!!
pero un poquito más y sacan a la diabla que lleva por dentro /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
deja de meterme relleno a la historia y empieza a acomodar las cosas entre Sebastian y Lara, 60 capítulos y no avanzan
busquen ...rápido