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El Umbral De Las Almas

El Umbral De Las Almas

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro / Mundo de fantasía
Popularitas:427
Nilai: 5
nombre de autor: Alicegxoxo

Hay una razón por la que el Emperador Celestial jamás tomó una emperatriz.
No fue porque no pudiera amar.
Fue porque la perdió.
Treinta mil años después...
ella despierta sin recordar quién es.
Y él está dispuesto a poner de rodillas a los siete reinos para conseguir que vuelva a mirarlo como antes.
El problema es que ella ya eligió al hombre equivocado.

NovelToon tiene autorización de Alicegxoxo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 : Lo cotidiano también enamora

Han pasado casi dos semanas y contra todo pronóstico, empiezo a acostumbrarme a este lugar.

Descubro que el Purgatorio tiene horarios, costumbres y personas que sonríen más de lo que imaginé el primer día. Descubro que Gabriel sigue creyendo que soy un desastre y probablemente tenga razón.

También descubro algo mucho más peligroso.

Empiezo a buscar a Azrael sin darme cuenta. No porque quiera respuestas.

Solo...

porque los días en que no lo veo parecen un poco más largos.

Nos encontramos pocas veces. A veces en los jardines. Otras en la biblioteca. En ocasiones coincidimos durante la cena junto a Gabriel y Lyra.

Nunca ocurre nada extraordinario.

Y, sin embargo...

cada encuentro deja la extraña sensación de que algo cambió.

Muy poco.

Lo suficiente.

Lyra termina convirtiéndose en mi cómplice sin pedir permiso.

—No hagas eso.

La niña me mira con absoluta inocencia.

—¿Qué cosa?

—Esa cara.

—¿Cuál?

—La de que estás planeando algo.

Ella sonríe.

—Aprendí de ti.

No sé si sentirme orgullosa o preocupada.

Probablemente las dos cosas.

Gabriel levanta la vista de su libro.

—Definitivamente las dos.

—¿Acabas de leer mi mente?

—No.

Solo llevas cinco minutos hablando sola.

Lyra se echa a reír.

Yo le saco la lengua.

Gabriel suspira con resignación.

—Un día voy a perder completamente la autoridad en esta casa.

—Ese día fue hace semanas.

No puedo contener la carcajada.

Gabriel nos mira a las dos. Después niega con una sonrisa.

Y, durante un instante, el Purgatorio deja de parecer el lugar donde llegan las almas perdidas.

Parece un hogar.

Azrael aparece justo cuando la risa empieza a apagarse.

Nadie anuncia su llegada.

Simplemente...

está allí.

Lyra corre hacia él como siempre.

—¡Aza!

Él la recibe con la misma calma de siempre.

Pero esta vez, cuando levanta la vista, me encuentra observándolo.

Nuestros ojos se cruzan.

No aparto la mirada.

Él tampoco.

Por primera vez desde que llegué aquí... ninguno de los dos intenta esconder lo que siente.

No hace falta. Una pequeña sonrisa aparece en sus labios. Muy discreta. Casi imperceptible.

Y descubro que ya no necesito grandes declaraciones.

Esa sonrisa basta para cambiarme el día.

Las semanas siguen avanzando.

Empiezo a aprender los nombres de las flores. Azrael deja de corregirme cada vez que me equivoco, aunque, de vez en cuando, todavía sonríe cuando invento alguno.

—Esta se llama "flor aburrida".

—No.

—¿Seguro?

—Completamente.

—Pues debería llamarse así.

Lyra levanta la mano con entusiasmo.

—¡Yo voto por flor aburrida!

Azrael nos observa a las dos. Después mira la flor.

Finalmente dice:

—Creo que acabo de perder una discusión contra dos personas muy poco objetivas.

Lyra levanta los brazos celebrando la victoria.

Yo sonrío.

Y él...

ríe.

No mucho.

Solo lo suficiente para que Gabriel deje escapar un suspiro teatral.

—Cada vez son peores.

—¿Quiénes?

—Ustedes.

Los tres respondemos al mismo tiempo.

—Gracias.

Gabriel cierra el libro con resignación.

—Era un insulto.

—Llegó un poco tarde.

Esa noche regreso a mi habitación con una tranquilidad desconocida. Hace semanas que no tengo aquellos sueños y, por primera vez...

no siento miedo de dormir.

Antes de apagar la lámpara me acerco a la ventana.

El jardín permanece inmóvil bajo la luz plateada.

Azrael camina entre las flores.

Solo.

Como siempre.

Durante un instante pienso en llamarlo.

No lo hago.

Ya no hace falta.

Porque empiezo a comprender algo que antes se me escapaba.

El amor no siempre nace de los grandes momentos. A veces empieza en los pequeños en una conversación sin importancia.

En una risa compartida.

En un silencio que deja de resultar incómodo.

Y quizá... solo quizá...

eso era exactamente lo que estaba ocurriendo entre nosotros. Sin embargo, muy lejos de allí, en el límite más antiguo del Umbral de las Almas, una figura observaba el cielo oscuro desde lo alto de una torre olvidada.

Una sonrisa lenta apareció en su rostro.

—Al fin empezaste a recordarlo...

Sus dedos acariciaron un antiguo anillo negro.

—Eso facilitará mucho las cosas.

La voz se perdió entre el viento y por primera vez desde el inicio de esta historia...

el verdadero enemigo dio el primer paso.

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Cristian Bermudez
Buen inicio de historia, está interesante. 🥰
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