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El Umbral De Las Almas

El Umbral De Las Almas

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencuentro / Mundo de fantasía
Popularitas:532
Nilai: 5
nombre de autor: Alicegxoxo

Hay una razón por la que el Emperador Celestial jamás tomó una emperatriz.
No fue porque no pudiera amar.
Fue porque la perdió.
Treinta mil años después...
ella despierta sin recordar quién es.
Y él está dispuesto a poner de rodillas a los siete reinos para conseguir que vuelva a mirarlo como antes.
El problema es que ella ya eligió al hombre equivocado.

NovelToon tiene autorización de Alicegxoxo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 24 : Ha comenzado

Despierto con la extraña sensación de que algo está a punto de romperse.

No hay recuerdos. No hay sueños. Y, aun así, el silencio del Purgatorio se siente diferente. Más pesado. Más denso. Como si el aire mismo contuviera la respiración, esperando que algo suceda. Intento convencerme de que solo es una impresión provocada por el cansancio, pero cuanto más lo intento, más evidente se vuelve aquella inquietud que se instala bajo mi piel.

Después del desayuno aprovecho el primer descuido de Gabriel para escabullirme. No necesito pensar hacia dónde voy; mis pies conocen el camino mucho antes que mi cabeza. Casi sin darme cuenta llego al Jardín Sagrado, donde la luz plateada cae sobre las flores blancas como un manto eterno. Todo parece exactamente igual que siempre... excepto por esa sensación que no deja de perseguirme.

Y él está allí.

Azrael permanece de espaldas, inclinado sobre uno de los canteros. Sus manos recorren con una delicadeza casi imposible los tallos y los pétalos, como si cada flor fuera un pequeño milagro que mereciera ser protegido. Durante un momento me quedo observándolo en silencio, preguntándome si realmente no ha escuchado mis pasos o si, simplemente, siempre sabe cuándo estoy cerca.

—Empiezo a creer que este jardín es tu verdadero reino.

Una leve sonrisa curva sus labios antes de que se gire para mirarme.

—Y yo empiezo a creer que siempre encuentras el camino hasta aquí.

No puedo evitar sonreír también.

—Todavía no decido si eso es un cumplido.

—Eso depende de ti.

Me acerco despacio hasta quedar a su lado. Ninguno dice nada durante varios segundos y, para mi sorpresa, el silencio ya no resulta incómodo. Nos limitamos a contemplar el vaivén de las flores mientras el viento acaricia las hojas y todo parece permanecer inmóvil, como si el tiempo hubiera decidido detenerse únicamente para nosotros.

Entonces ocurre.

Una de las flores blancas se marchita frente a nuestros ojos.

El cambio es tan rápido que apenas alcanzo a reaccionar. Sus pétalos pierden el brillo, el blanco se convierte en un gris apagado y, uno tras otro, comienzan a desprenderse hasta caer sobre la tierra.

Frunzo el ceño.

—¿Eso... es normal?

Azrael ya está arrodillado junto a la planta. Sus dedos rozan la tierra con cuidado, como si buscara una respuesta escondida bajo ella. Cuando levanta la vista, algo ha cambiado en su expresión.

Toda la serenidad desaparece.

—No.

Apenas pronuncia esa palabra cuando otra flor comienza a marchitarse. Después otra. Y otra más. En cuestión de segundos, la enfermedad parece extenderse bajo el jardín como una sombra invisible que consume todo a su paso.

El aire se vuelve helado.

Un crujido profundo resuena bajo nuestros pies.

La tierra tiembla.

Retrocedo por puro instinto.

—Azrael...

Él levanta lentamente la cabeza y, por primera vez desde que lo conozco, descubro una mirada que no refleja preocupación.

Refleja certeza.

Como si hubiera esperado este momento durante demasiado tiempo.

Antes de que pueda preguntarle qué está ocurriendo, una voz rompe el silencio.

—¡Majestad!

Gabriel aparece corriendo entre los árboles. Apenas puede recuperar el aliento y verlo así basta para comprender que la situación es mucho peor de lo que imagino.

Se detiene frente a Azrael e intenta hablar entre respiraciones agitadas.

—El Umbral...

No necesita decir nada más.

—¿Dónde? —pregunta Azrael con una calma que contrasta con el caos que comienza a rodearnos.

—Sector norte. Las grietas aparecieron hace apenas unos minutos. Varias almas perdieron el control y Seraphine ya comenzó la evacuación.

Azrael asiente una única vez.

Y, en ese instante, el hombre que hace apenas unos segundos cuidaba flores desaparece.

Frente a mí ya no está el jardinero silencioso.

Está el Primer Emperador Celestial.

—Gabriel.

—Sí, Majestad.

—Protege a Nirvana.

—Entendido.

—Que ninguna alma permanezca cerca del Umbral. Envía todos los refuerzos disponibles.

—Ya están en camino.

Todo sucede con una rapidez sobrecogedora.

Desde distintos puntos del jardín comienzan a aparecer generales vestidos con armaduras plateadas que reflejan la escasa luz del cielo. Llegan en silencio, formando filas perfectas. Nadie hace preguntas. Nadie duda. Todos esperan una única orden.

Azrael levanta la mirada.

Por primera vez desde que desperté en este lugar, la luz plateada del Purgatorio comienza a apagarse.

Una inmensa grieta negra atraviesa el cielo.

Se abre lentamente sobre las nubes, como una herida imposible de cerrar, y continúa creciendo mientras una oscuridad desconocida intenta abrirse paso hacia este mundo.

Un escalofrío recorre toda mi espalda.

—¿Qué está pasando?

Gabriel responde sin apartar la vista del cielo.

—Lo que llevamos treinta mil años intentando evitar.

No entiendo el significado de sus palabras.

Pero tampoco tengo tiempo para pedir una explicación.

Azrael desenvaina lentamente una espada de hoja completamente blanca. Nunca antes lo había visto empuñar un arma y, sin embargo, al verla en sus manos, tengo la absurda sensación de que aquella espada ha esperado siglos por este instante.

Él gira apenas el rostro hacia mí.

Nuestras miradas se encuentran durante un breve segundo.

—Nirvana...

Asiento incluso antes de que termine de hablar. No sé por qué lo hago. Solo sé que, de algún modo, comprendo lo que espera de mí.

Azrael guarda silencio un instante.

Luego dirige nuevamente la vista hacia aquella enorme grieta que continúa desgarrando el cielo y, con una voz firme que parece estremecer hasta las raíces del Jardín Sagrado, pronuncia las palabras que cambian el destino de todos.

—Ha comenzado.

Y, en algún lugar más allá del Umbral de las Almas... algo respondió.

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Cristian Bermudez
Buen inicio de historia, está interesante. 🥰
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