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Reclamada por el enemigo del Alfa Oscuro

Reclamada por el enemigo del Alfa Oscuro

Status: Terminada
Genre:Venganza / Hombre lobo / Completas
Popularitas:20.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Lía fue criada para obedecer.
En Sierra Oscura, nadie desafiaba a Damián Velasco, el Alfa que convertía lobos jóvenes en armas y llamaba ley a sus cadenas. Lía era su ejecutora más perfecta: fría, letal, incapaz de temblar... hasta que le entregaron a Mateo Rojas, un prisionero con el lobo sellado y una sangre de Alfa que nadie debía reconocer.
El primer roce de su aroma lo cambió todo.
Mateo no era solo otro cautivo. Era su pareja destinada. Y Velasco lo supo antes que ellos.
Atados por un juramento de sangre y castigados con acónito cada vez que intentan desobedecer, Lía y Mateo deberán sobrevivir a la manada que los quiere rotos, a una atracción que duele como una herida abierta y a una verdad capaz de incendiar todos los territorios: ella no nació para servir al rey oscuro, y él no nació para arrodillarse.
Cuando la luna reclame lo que es suyo, Lía tendrá que elegir entre seguir siendo el arma de un Alfa cruel... o marcar al enemigo que su loba ya reconoció como hogar.

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Capítulo 22

Capítulo 22: Silver Crest

Costa Esmeralda olía a sal limpia, bugambilias y madera encerada.

Kaia despertó odiándolo.

No porque fuera desagradable. Precisamente por lo contrario. El aire era demasiado suave, demasiado amplio, demasiado libre de acónito. Su cuerpo, entrenado para desconfiar de todo alivio, reaccionó antes que su mente: hombros tensos, dedos buscando cuchillo, wolf levantando la cabeza dentro de ella con un gruñido bajo.

Dolor.

El hombro ardía donde la plata la había atravesado. Las costillas protestaron cuando intentó moverse. La garganta sabía a río.

Una mano se cerró alrededor de la suya.

—No estás encadenada —dijo Mateo.

Kaia abrió los ojos.

La habitación era blanca.

No el blanco de las salas de castigo en Sierra Oscura, donde la limpieza solo servía para ver mejor la sangre. Blanco de cortinas movidas por viento marino, de paredes encaladas, de sábanas secas y luz de mañana. Había flores frescas en una jarra azul. Sobre una cómoda, una cruz pequeña descansaba junto a un símbolo lunar de plata.

Dos fes conviviendo sin matarse.

Kaia no supo qué hacer con eso.

Mateo estaba sentado junto a la cama. Tenía ropa limpia, barba de varios días y ojeras profundas. Su scent era mar oscuro, cedro, cansancio y una nota agria de miedo que no se había ido aunque ella respirara.

—¿Dónde? —preguntó.

La voz le salió rota.

—Silver Crest. Costa Esmeralda.

El nombre le atravesó el cuerpo.

Intentó incorporarse.

El dolor la dobló.

Mateo se movió para sostenerla, pero se detuvo a mitad de camino, esperando permiso incluso en el pánico.

Ese detalle fue más peligroso que cualquier contacto.

Kaia apretó los dientes.

—Soy enemiga aquí.

—Eres paciente.

—Soy Enforcer de Sierra Oscura.

La mandíbula de Mateo se endureció.

—Eres Kaia.

El nombre cayó entre ellos.

Ya no alcanzaba.

No después del archivo. No después de Lía Valeria Montes escrito en papel robado. No después de que él la hubiera llamado de vuelta desde un río como si tuviera derecho a encontrarla en cualquier muerte.

Kaia apartó la mirada.

—No digas eso como si resolviera algo.

—No resuelve nada —dijo él—. Solo me recuerda por dónde empezar.

Antes de que ella pudiera responder, la puerta se abrió.

Una mujer mayor entró sin pedir permiso. Cabello gris recogido, ojos del mismo mar que Mateo, espalda recta como sentencia. Traía una bandeja con caldo y una autoridad doméstica tan feroz que incluso el wolf de Kaia parpadeó.

Mateo se puso de pie.

—Tía Amalia.

La mujer lo miró.

Durante tres segundos no fue Beta, ni matriarca, ni nada que oliera a política. Fue una mujer viendo a un muchacho perdido regresar con cicatrices que no había podido impedir.

Lo abrazó.

Mateo se quedó rígido al principio. Después cerró los ojos.

Kaia miró hacia la ventana.

No por respeto.

Por hambre.

La familia era un scent que no sabía inhalar sin que doliera.

Amalia soltó a Mateo y se volvió hacia ella.

La temperatura cambió.

—La loba de Velasco.

Mateo dio un paso.

—La mujer que me sacó de allí.

—Y la que sirvió a ese monstruo.

Kaia sostuvo la mirada.

—Sí.

La respuesta directa incomodó a la habitación. Era más fácil odiar a alguien que se defendía mal.

Amalia dejó la bandeja sobre una mesa.

—Entonces sane. Después hablaremos de cuánta guerra trajo a mi puerta.

—Tía —dijo Mateo.

—No la ataqué. Le traje caldo.

Kaia miró el plato.

—¿Tiene acónito?

Amalia parpadeó.

El scent de Mateo se llenó de dolor súbito.

La mujer mayor entendió algo que no quería entender.

—No —dijo, más suave—. En esta casa no se envenena a los enfermos.

Kaia quiso responder con una frase cruel.

No encontró ninguna que no sonara infantil.

Bebió el caldo.

Odiaba que estuviera bueno.

El primer sorbo le calentó la garganta y le hizo cerrar los dedos sobre la manta. No era solo comida. Era el hecho brutal de que nadie esperaba que pagara por ella con obediencia inmediata. En Sierra Oscura, cada plato tenía deuda; cada cura, dueño. Aquí Amalia la observaba como si esperara una reacción, sí, pero no sumisión.

Kaia no sabía si eso era bondad o estrategia.

Probablemente ambas.

Mateo sí la miraba como si cualquier cucharada fuera una victoria personal.

—Deja de hacer esa cara —murmuró ella.

—No estoy haciendo cara.

Amalia miró a su sobrino.

—Estás haciendo cara desde que eras niño.

Mateo pareció ofendido.

Kaia bebió otra cucharada para no sonreír.

Los días siguientes llegaron en pedazos: healer, fiebre, vendas, sueños de río. Mateo estuvo allí más de lo razonable. A veces dormía en una silla. A veces Amalia lo echaba y él volvía por la terraza como si un heredero de Alpha no tuviera puertas suficientes.

—Tu tía va a matarte —murmuró Kaia la tercera noche.

—Hace años que lo intenta.

—Se le nota talento.

Mateo sonrió.

El vínculo, aún sin nombre aceptado, se calentó entre ambos. No como urgencia de mate recién descubierto. Más profundo. Más triste. Como una herida que había aprendido a reconocer la mano que la cubría.

Al cuarto día, Kaia pudo levantarse.

Mateo la acompañó por un corredor abierto hacia el patio central del estate.

Silver Crest no se parecía a Sierra Oscura en nada.

Había niños corriendo con uniformes de entrenamiento manchados de tierra, Omegas entrando por la puerta principal sin bajar la cabeza, Warriors con radios modernos y cuchillos de plata sellados, abuelas discutiendo horarios de comida con la seriedad de una guerra menor. El pack era una familia extendida y una estructura militar al mismo tiempo.

Todos dejaron de hablar cuando la vieron.

El silence olía a sal, sospecha y memoria de guerra.

Kaia enderezó la espalda.

Había entrado en salas peores.

Pero no en muchas donde le importara tanto no manchar el suelo.

Un hombre de traje claro bajó por las escaleras del patio. Cincuenta y tantos, sonrisa elegante, scent de vino seco y ambición vieja.

Mateo se tensó.

—Tío Aurelio.

—Sobrino —dijo el hombre—. Vuelves de entre los muertos y traes a una ejecutora de Sierra Oscura bajo nuestro techo. Siempre tan dramático.

Kaia olió a la manada escuchar.

Aurelio continuó:

—Nos alegra verte vivo, por supuesto. Pero aparecer después de años, con el wolf inestable y una enemiga herida en una cama de la familia, no restaura automáticamente la línea de sucesión.

Mateo no levantó la voz.

Su aura sí.

No golpeó como Velasco. No aplastó. Se extendió como marea firme sobre piedra. Los wolves de bajo rango bajaron la mirada, no por terror, sino porque sus cuerpos reconocían sangre Alpha.

—No vine a pedir permiso para existir —dijo.

Aurelio sostuvo la sonrisa, pero el olor se le agrió.

—Entonces quizá debas probar que todavía puedes liderar.

Kaia sintió el vínculo tensarse.

Ella no debía intervenir. No era su pack. No era su derecho. Era enemiga, paciente, problema político.

Mateo, sin mirar atrás, extendió apenas los dedos hacia ella.

No para pedir apoyo.

Para decirle que sabía que estaba allí.

Kaia no lo tomó.

Pero tampoco se apartó.

Aurelio miró ese gesto y entendió lo suficiente para atacar.

—Y ella, por supuesto, no tendrá voz. Una Enforcer de Velasco no decide el futuro de Silver Crest.

Mateo sonrió.

Frío.

—La Enforcer de Velasco me mantuvo vivo cuando hombres mejores que tú me dieron por muerto.

Un murmullo cruzó el patio.

Amalia apareció en la galería superior, con los brazos cruzados.

—Aurelio, si vas a provocar un desafío antes del desayuno, al menos espera a que los healers terminen de coser a los invitados.

Algunos wolves soltaron risas nerviosas.

Aurelio inclinó la cabeza.

—Por supuesto.

Pero su mirada prometió que aquello no terminaba.

Kaia lo vio alejarse y supo dos cosas.

Silver Crest era más luminoso que Sierra Oscura.

No por eso tenía menos colmillos.

1
Celia
excelente novela felicitaciones 😊
Neidis Carey
como pude resistir al ver a su mate asi en esas condiciones
Caren Sanchez
Q corno es " Su scent?
yelit
tienen que acabar con Velásquez y todo su combo de asesinos y secuestradores de niños.
Porque lo que ellos no ven es que una niña de 6 años no tiene poder para decidir si quiere no convertirse en una asesina....
Anya Forger
Exactoooo 👏🏼
Anya Forger
Que lo laven rapidito 👌🏼
Anya Forger
Porqué casi? Ríete fuerteeee, que sea el sonido de la victoria de los "débiles" sobre este tirano hdp
Anya Forger
Pues desde que ya se vieron las marcas ya nada es legal, ahora resulta que lo están viendo y no lo castigan..
Ah pero buenos para exigir A los demás
Anya Forger
Y ahí explicas que es lo que te sucedió, pero ya
Anya Forger
Esooo así actúa una luna 🌗 viendo por la paz momentánea del niño
Anya Forger
Tampoco... respiraba en las celdas y no estabas ahí
Anya Forger
Ay ps... Envenenado, golpeado, mal dormido, poder de recuperación nulo.... ay Kaia hasta pena ajena de enfrentar así a un oponente
Anya Forger
Ahí estaba nena, por si no te acuerdas...
Maria Diosdado Velázquez
Me gustó el final, al principio no le entendía nada por las palabras en inglés poco a poco fuí poniendo atención, la leía dos, tres veces hasta que todo incluía y podía juntar dónde me quedé para entender lo que quiere decir y al final me gustó más porque, todo salió mejor, gracias por la novela, me hizo reír, llorar y sobre todo entender lo que significa a dónde iba la trama😉 felicidades es una gran escritora, pero no ponga letras inglesas en trama española☺️☺️❤️❤️
Maria Diosdado Velázquez
Pues que bajo juega el tío, el pagó para que lo golpearan y trozaran sus tendones y no lo dejaran vivo y no fuera alfa por derecho😭😭😭 pero triste realidad porque el ganará y los demás se irán al caño👏👏👏👏👏
Maria Diosdado Velázquez
Pues que bajo juega el tío, el pagó para que lo golpearan y trozaran sus tendones y no lo dejaran vivo y no fuera alfa por derecho😭😭😭 pero triste realidad porque el ganará y los demás se irán al caño👏👏👏👏👏
Maria Diosdado Velázquez
Sabe escritora, ay palabras que son en inglés y no nos dejan saber a qué se refiere el texto que leemos, adivinamos lo que quiere decir, porque a veces no definimos en qué va la novela por favor en otra novela no ponga palabras inglesas porque la está transcribiendo en español y sale sobrando el inglés, disculpe mi opinión
Neidis Carey: hay palabras que no entiendo y me hace perderle el hilo novela e leído muchas historias de lobo y solo en esta me e sentido enredada sin poder entender todo
total 1 replies
Maria Diosdado Velázquez
Guuuuaauuu, realmente es su mate y ella lo sabe 🤭🤭🤭😭😭😭
Patricia Romero
los primeros capítulos muy dolidos,pero la historia es muy fuerte.te felicito autora
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