Rosalind Lancaster lleva diez años atormentada por una pesadilla que se repite una y otra vez.
Una boda.
Un hombre de ojos color malva.
Una noche de terror.
Y una muerte tan cruel que aún puede sentir el dolor al despertar.
Convencida de que aquellos sueños son recuerdos de una vida pasada, Rosalind ha jurado no volver a casarse jamás. Sin embargo, la presión de su familia aumenta cada día, y un matrimonio arreglado con un hombre mucho mayor parece inevitable.
Cuando su mejor amiga le propone un trato inesperado, Rosalind cree haber encontrado la solución perfecta: contraer un matrimonio temporal con Damien Blackwood, el frío y poderoso heredero de una de las familias más influyentes del país. Él necesita una esposa para reclamar un importante fideicomiso; ella necesita escapar de un destino que detesta.
Es un acuerdo simple.
Un año de matrimonio.
Sin amor.
Sin sentimientos.
Sin interferir en la vida del otro.
Pero convivir con Damien resulta mucho m
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Capitulo 13
Damien
No quería salir de casa.
Por primera vez en muchos años me molestaba tener compromisos sociales.
Sin embargo, aquella reunión llevaba meses programada y no podía cancelarla.
Los últimos inversionistas del hotel se reunirían aquella mañana en el Club de Caballeros Blackstone, el lugar donde la élite empresarial del país cerraba los negocios más importantes.
Después del desayuno tomé mi abrigo.
Rosalind permanecía leyendo un libro en el salón principal.
Levantó apenas la vista cuando pasé frente a ella.
—¿Vas a trabajar?
—Lamentablemente.
—Qué vida tan emocionante.
—Alguien tiene que mantener esta casa embrujada.
Ella sonrió de lado.
—Espero que los fantasmas te cobren impuestos.
—Solo si dejan factura.
Negué con la cabeza y salí antes de que encontrara otra forma de burlarse de mí.
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El Club Blackstone estaba más concurrido de lo habitual.
Apenas crucé la entrada varias personas se acercaron a felicitarme.
—¡Blackwood!
—Felicidades por la boda.
—Terminaste casándote con la mujer más difícil de conquistar.
—Dicen que lograste coronar al cuervo de la alta sociedad.
No pude evitar sonreír.
Rosalind seguramente habría respondido algo mucho más mordaz que yo.
—Gracias.
—¿Y la señora Blackwood?
—En casa.
—Qué lástima, todos querían conocerla.
Me limité a asentir.
La reunión comenzó pocos minutos después.
Los inversionistas aprobaron los últimos planos del hotel.
El proyecto sería el más grande construido en la costa durante aquella década.
—Señor Blackwood, su visión es extraordinaria.
—Solo intento llegar antes que la competencia.
Las conversaciones sobre presupuestos, materiales y plazos se extendieron más de dos horas.
Todo marchaba perfectamente.
Hasta que una voz desagradablemente conocida comenzó a elevarse desde el otro extremo del salón.
Viktor Wordwood.
Al principio intenté ignorarlo.
Pero conforme bebía más licor, también hablaba más fuerte.
—La famosa Rosalind Lancaster...
Varias personas comenzaron a escucharlo.
—Siempre fue una mujer arrogante.
Algunos hombres rieron.
Él continuó.
—Jamás entendí por qué la consideraban hermosa. Está tan pálida que parece un cadáver.
Volví lentamente la cabeza.
No era suficiente.
—Y además tiene el carácter de una bruja. Pobre Blackwood... seguramente en unos meses estará buscando otra esposa.
Las carcajadas aumentaron.
Sentí cómo mi paciencia desaparecía.
El inversionista que estaba frente a mí dejó la copa sobre la mesa.
—Vaya.
Me puse de pie.
—Disculpe un momento.
El hombre sonrió.
—Si hablaran así de mi esposa, yo también perdería la paciencia.
Caminé lentamente hasta donde estaba Wordwood.
No levanté la voz.
No era necesario.
Me detuve frente a él.
Lo tomé del hombro.
Él sonrió con arrogancia.
—¿Qué sucede, Blackwood?
Lo giré de golpe.
Y le propiné un puñetazo tan fuerte que cayó sobre una mesa.
El salón quedó completamente en silencio.
Wordwood escupió un poco de sangre mientras intentaba incorporarse.
—Te advertí una vez.
Mi voz sonó mucho más fría de lo habitual.
—La próxima vez que vuelvas a referirte de esa manera a mi esposa...
Me incliné apenas unos centímetros.
—...el problema no será un golpe.
Nadie intervino.
El presidente del club apareció casi inmediatamente.
—Señor Wordwood...
Yo ni siquiera lo miré.
—Si este hombre permanece aquí, me retiraré del club.
El anciano comprendió perfectamente lo que aquello significaba.
Mis inversiones mantenían vivo más de un proyecto del lugar.
No tardó ni cinco segundos en decidir.
—Retiren al señor Wordwood.
Dos empleados lo sujetaron.
Mientras lo sacaban, Viktor comenzó a reír.
Una risa desagradable.
—¡Ja! ¡Crees que soy tu mayor problema!
Lo observé sin responder.
Él sonrió con malicia.
—Pregúntale a tu hermano.
Fruncí ligeramente el ceño.
—Stefan está obsesionado con tu mujer.
El silencio volvió a inundar el salón.
Wordwood siguió riéndose mientras era expulsado.
Regresé lentamente a mi asiento.
Intenté continuar la reunión.
Pero aquellas palabras no abandonaban mi cabeza.
No me preocupaba una posible infidelidad.
Rosalind apenas soportaba verme.
Sería absurdo pensar que estaba enamorada de Stefan.
Lo que sí me inquietaba era otra cosa.
¿Y si Stefan realmente estaba obsesionado con ella?
Conocía demasiado bien a mi hermano.
Cuando deseaba algo...
Jamás renunciaba.
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La reunión terminó una hora antes de lo previsto.
Al salir llamé a Marcelo, mi hombre de mayor confianza.
—Necesito que investigues algo.
—Lo que ordene, señor.
—Quiero saber todo lo relacionado con Stefan.
—¿En qué sentido?
—Sus movimientos.
Las personas con las que se reúne.
Y, sobre todo...
Hice una breve pausa.
—Quiero saber cuándo comenzó a interesarse por Rosalind Lancaster.
Marcelo no hizo preguntas.
—Lo tendré esta misma semana.
—Lo antes posible.
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Cuando llegué a la villa vi a Stefan caminando junto a Rosalind por el jardín.
Ella sonreía apenas por educación.
Pero incluso desde la distancia pude notar que estaba incómoda.
No dejaba de mirar hacia la casa.
Como buscando una excusa para regresar.
No espere dentro del auto, sentia la necesidad de cuidarla de que se sintiera segura.
Apenas descendí.
Rosalind pareció relajarse de inmediato.
Aquello confirmó mis sospechas.
---
Esa noche me dormí casi inmediatamente.
El cansancio del día terminó venciendo.
No sé cuánto tiempo pasó.
Pero unos débiles quejidos comenzaron a sacarme del sueño.
Al principio pensé que provenían del viento.
Después escuché mi nombre.
No.
Era Rosalind.
Se movía inquieta entre las sábanas.
Su respiración era agitada.
Negaba una y otra vez.
—No...
Su voz era apenas un susurro.
—No... por favor...
Me incorporé de inmediato.
Cuando acepté casarme con ella bromeé diciendo que esperaba que no hablara dormida.
Jamás imaginé que realmente lo haría.
Me acerqué.
—Rosalind.
Ella seguía atrapada en aquella pesadilla.
Su rostro estaba cubierto de lágrimas.
Las manos temblaban.
—Rosalind.
La sujeté suavemente por los hombros.
—Despierta.
Abrió los ojos de golpe.
Durante unos segundos no pareció reconocer dónde estaba.
Respiraba con dificultad.
Como si acabara de escapar de algo horrible.
Entonces ocurrió algo que no esperaba.
Se incorporó bruscamente.
Y me abrazó por el cuello.
Con fuerza.
Permaneció completamente inmóvil.
Como una niña aterrada.
No dije nada.
Solo apoyé una mano sobre su espalda.
Le di pequeñas palmadas, intentando tranquilizarla.
—Ya pasó.
Su respiración comenzó a estabilizarse.
Permanecimos así varios minutos.
Cuando finalmente se apartó, evitó mirarme.
—Perdón...
Su voz apenas era audible.
—No tienes por qué disculparte.
Uní nuevamente las camas y acomode las cobijas.
Después llamé discretamente a una empleada.
—Traigan un té de amapola con manzanilla.
Rosalind me observó con curiosidad.
Cuando la empleada dejó la bandeja sobre la mesa y salió de la habitación, le acerqué la taza.
—Bébelo.
Ella obedeció.
Después levantó la vista.
—Sabes cómo actuar en estas situaciones.
Me encogí ligeramente de hombros.
—Tenía una hermana.
Guardó silencio.
—¿Tenías?
Asentí.
—Era la menor.
Ella bajó la taza lentamente.
—No lo sabía.
—Casi nadie lo sabe.
Pasaron varios segundos antes de que volviera a hablar.
—¿Qué le ocurrió?
Miré hacia la ventana.
Durante un instante volví a recordar aquellos gritos.
Las noches sin dormir.
Los médicos entrando y saliendo de la casa.
Y el silencio que quedó después.
Apreté ligeramente la mandíbula.
—Falleció.
Rosalind bajó la mirada.
—Lo siento mucho.
Asentí sin responder.
No podía decirle la verdad.
No podía contarle que mi hermana también sufría pesadillas.
Que durante años aseguró ver cosas que nadie más veía.
Y que, al final...
Esos sueños terminaron consumiéndola.
Miré nuevamente a Rosalind.
Su rostro seguía pálido.
Los ojos aún estaban húmedos.
Comprendí que su problema para dormir, provenía de sus pesadillas, que quizá no eran simples sueños.
Tal vez escondían algo mucho más peligroso.
Me levanté para regresar a mi cama.
Entonces escuché su voz.
—Damien...
La miré.
Ella jugueteaba nerviosamente con la taza.
—¿Puedes... dejar las camas juntas solo por esta noche?
No respondí enseguida.
Simplemente acomodé nuevamente las cobijas entre ambas camas.
—Está bien.
Una leve sonrisa apareció en su rostro.
Apagamos la lámpara.
Pero esa noche ninguno de los dos volvió a dormir profundamente.
Ella por miedo a volver a soñar.
Y yo...
Porque, por primera vez, me preocupaba más la seguridad de Rosalind que cualquiera de mis negocios.
en su propia casa, con su familia...
aquí hay un gatote bien encerrado... 😰😱😭
esto está de Lokos 😰😱
hay no que 💩😰😱