Somos seres divinos, dicen.
Pero la divinidad no es luz eterna. Es resistencia.
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CAPITULO 22: "EL ÚLTIMO SUEÑO ANTES DE LA FRONTERA"
Kai se quedó completamente quieto cuando apoyé la cabeza contra su hombro.
Tan quieto que por un segundo pensé que iba a apartarse.
Pero no lo hizo.
El viento frío seguía atravesando la cubierta destrozada del Luk’s Stray mientras el barco avanzaba lentamente sobre el cielo gris bajo nosotros.
Arriba…
el océano invertido rugía suavemente sobre el mundo.
Gigantescas corrientes azules moviéndose sobre nuestras cabezas como tormentas suspendidas.
Kai no dijo nada al principio.
Y honestamente…
yo tampoco quería romper ese silencio.
Porque después de la Corriente Fantasma…
después del miedo y las criaturas y el océano intentando tragarnos…
aquello se sentía extrañamente tranquilo.
Seguro.
Kai terminó soltando aire lentamente.
—Bueno.
Su voz sonó más suave de lo normal.
—Esto definitivamente no me lo esperaba hoy.
Cerré apenas los ojos.
—Cállate.
Eso hizo que sintiera una pequeña risa vibrar en su pecho.
—Sí, ahí estás otra vez.
Mi pecho se tensó apenas.
Porque empezaba a reconocer ese tono.
La forma en que hablaba cuando intentaba hacerme sentir mejor sin decirlo directamente.
El Luk’s Stray crujió debajo de nosotros.
Una tabla se desprendió del costado y cayó hacia el cielo infinito.
Desapareció entre las nubes.
Kai la observó caer.
—Cinco minutos más.
—¿Qué?
—Cinco minutos más y este barco decide desintegrarse dramáticamente.
Eso me hizo sonreír apenas contra su hombro.
Y entonces…
la capitana habló.
Su voz atravesó toda la cubierta.
Extrañamente seria.
Extrañamente… emocionada.
—Levanten la vista.
La tripulación obedeció lentamente.
Yo también.
Y sentí la respiración detenerse.
Muy lejos delante del Luk’s Stray…
el mundo estaba cambiando.
El océano invertido de arriba comenzaba a partirse lentamente.
Las aguas suspendidas se abrían en enormes grietas de luz dorada.
Como si el cielo estuviera rompiéndose.
Debajo de nosotros…
el cielo gris también empezaba a transformarse.
Las nubes descendían lentamente.
No.
Nosotros estábamos descendiendo hacia ellas.
El horizonte entero parecía doblarse sobre sí mismo.
El mundo intentando volver a su lugar correcto.
Kai dejó de bromear inmediatamente.
Incluso él parecía impresionado.
—…No puede ser real.
La capitana caminó lentamente hacia el frente del barco destruido.
El viento movía su abrigo oscuro alrededor suyo mientras observaba aquella grieta inmensa en el mundo.
Y entonces habló.
Muy bajo.
Pero todos la escucharon.
—Estamos por llegar a la Frontera.
El silencio cayó sobre el Luk’s Stray.
Nadie habló.
Porque todos podían sentirlo.
Algo gigantesco estaba ocurriendo.
La marca debajo de mi clavícula comenzó a arder lentamente otra vez.
No dolorosa.
Diferente.
Como si reconociera el lugar antes que yo.
El océano de arriba rugió.
Las aguas suspendidas empezaron a descender lentamente hacia el horizonte.
Y el cielo de abajo comenzó a elevarse.
Kai frunció el ceño mirando alrededor.
—No me gusta cómo se mueve el mundo ahora mismo.
La capitana giró apenas hacia nosotros.
pareció nerviosa.
—Escuchen bien.
La tripulación quedó inmóvil.
—Cuando crucemos la Frontera… sus cuerpos no soportarán el cambio.
Kai levantó una ceja.
—Eso suena preocupante.
—Lo es.
El viento comenzó a aumentar violentamente.
La realidad misma parecía temblar alrededor del barco.
El océano de arriba descendía cada vez más rápido.
El cielo de abajo subía hacia nosotros.
Como dos mundos chocando.
La capitana habló otra vez.
—Nadie permanezca de pie.
Los marineros obedecieron inmediatamente.
Algunos se sujetaron de las cuerdas.
Otros simplemente se dejaron caer agotados sobre la cubierta.
Kai me miró de reojo.
—¿Tienes alguna idea de qué significa exactamente “sus cuerpos no soportarán el cambio”?
—No.
—Excelente. Amo nuestra comunicación.
Eso me arrancó una pequeña risa.
Pero la marca ardió más fuerte inmediatamente después.
Me llevé una mano al pecho.
Kai lo notó enseguida.
—¿Otra vez?
Asentí apenas.
El océano rugió sobre nuestras cabezas.
Y entonces el mundo comenzó a inclinarse.
Literalmente.
Las aguas del cielo descendieron.
Las nubes subieron.
La gravedad pareció romperse.
Los marineros gritaron.
El Luk’s Stray entero tembló violentamente mientras cruzaba la grieta luminosa frente a nosotros.
Kai reaccionó al instante.
Me sujetó antes de que cayera.
Un brazo firme alrededor mío mientras el mundo entero cambiaba de lugar.
La luz dorada atravesó el océano.
El cielo.
El barco.
Todo.
Y entonces…
sentí algo imposible.
El agua volvió a caer hacia abajo.
El cielo regresó arriba.
El mundo volvió a respirar correctamente.
Mi cabeza comenzó a girar.
Escuché marineros desplomarse sobre la cubierta uno tras otro.
Kai tensó apenas el brazo sosteniéndome.
—Ey.
Su voz sonaba lejana ahora.
—No te desmayes todavía.
Intenté responder algo.
Pero el cansancio me atravesó de golpe.
Pesado.
Imparable.
Kai me sostuvo mejor cuando mis piernas dejaron de responder.
La última cosa que vi…
fue el océano finalmente sobre nosotros.
El cielo nuevamente debajo de nuestros pies.
Y una enorme muralla dorada apareciendo entre la niebla frente al barco.
La Frontera.
Después…
oscuridad.
La voz de la capitana sonó extrañamente distante entre el rugido del mundo.
El Luk’s Stray avanzaba directamente hacia la enorme muralla dorada extendida frente a nosotros.
El océano invertido seguía abriéndose sobre nuestras cabezas.
Ríos enteros descendían desde el cielo mientras las nubes debajo del barco comenzaban a elevarse lentamente.
Todo estaba cambiando de lugar.
El mundo intentando recordar cómo debía existir.
La capitana mantenía una mano apoyada sobre el timón destruido.
Sus ojos muertos seguían clavados en la luz.
—El ciclo necesita silencio absoluto.
Kai frunció el ceño.
—No me gusta nada cómo suena eso.
Entonces ella respondió:
—Nadie puede permanecer consciente durante el cruce.
El viento explotó alrededor del barco.
La realidad comenzó a doblarse sobre sí misma.
Las velas rotas del Luk’s Stray se elevaron hacia arriba mientras el océano descendía lentamente desde el cielo.
Los marineros comenzaron a sujetarse de cualquier cosa que podían.
Aunque todos ya entendían lo inevitable.
Incluso ellos.
Las almas muertas.
La capitana cerró lentamente los ojos.
—Ni siquiera nosotros.
Eso atravesó el silencio inmediatamente.
Kai la miró.
—Espera. ¿Tú también?
Ella asintió.
—La Frontera no distingue vivos de muertos.
El océano rugió.
La muralla dorada delante de nosotros comenzó a abrirse lentamente.
Como una puerta gigantesca entre dos mundos.
La marca debajo de mi clavícula ardió fuerte.
Tan fuerte que sentí el cuerpo entero temblar.
Kai me sostuvo del brazo antes de que perdiera el equilibrio.
— ¿Estás bien?
— No lo sé...
El aire comenzó a volverse pesado. Sentía la gravedad de hacer su trabajo y ahora comprendía las palabras de la capitana.
Los marineros empezaron a desplomarse uno tras otro sobre la cubierta.
Sin dolor.
Como si el sueño simplemente los reclamara.
La capitana seguía de pie frente al timón.
Observando la Frontera.
Sus labios se movieron apenas.
Una última orden.
—Llévanos… hasta el final.
Las almas perdidas alrededor del barco comenzaron a desaparecer lentamente.
No destruidas.
Dormidas.
Mientras el barco cruzaba la luz dorada.
Y entonces…
La gravedad desapareció completamente.
Kai soltó una maldición mientras me sujetaba más fuerte.
La cruz bendecida brillaba desesperadamente cerca de su espada.
Resistiéndose.
Pero incluso ella empezó a apagarse lentamente.
Kai cayó de rodillas sobre la cubierta.
Todavía sosteniéndome.
—Esto es peor de lo que esperaba…
Eso me arrancó una pequeña risa cansada.
Muy pequeña.
Kai levantó apenas la vista hacia mí al escucharla.
Y sonrió.
Agotado.
Entonces el sueño llegó también por él.
Lo vi intentar resistirse.
Terco. Una característica suya desde que lo conocí.
Sus dedos seguían aferrados a mi brazo mientras su respiración se volvía lenta.
—No te alejes…
La frase salió apenas en un murmullo.
Mi pecho se tensó suavemente.
Quise decir algo.
Cualquier cosa.
Pero el cansancio comenzó a devorarme también.
Miré alrededor una última vez.
Toda la tripulación yacía dormida sobre la cubierta destruida.
Incluso la capitana había caído lentamente junto al timón.
El océano descendía debajo del mundo.
El cielo volvía arriba.
La lluvia comenzaba a caer correctamente otra vez.
El ciclo terminaba de cerrarse.
Kai terminó cayendo contra mí cuando perdió finalmente el conocimiento.
Y aun así…
sus dedos seguían sujetándome débilmente.
Como si incluso dormido se negara a soltarme.
La luz dorada de la Frontera envolvió completamente el Luk’s Stray.
Y el barco desapareció dentro de ella.
Después…
solo quedó silencio.