Alfredo siempre creyó que el odio tenía justificación.
Homofóbico, violento y consumido por los prejuicios que heredó de su padre, pasó toda su vida despreciando aquello que no entendía… hasta el día de su muerte.
O eso creyó.
Porque al abrir los ojos nuevamente, ya no era Alfredo.
Ahora es Andrei Macías: un joven omega de piel canela, heredero de una poderosa familia de comerciantes y víctima de una tragedia que destrozó su vida.
Atrapado en un mundo donde los hombres pueden ser marcados, deseados y quebrados, Andrei deberá enfrentarse no solo a los nobles que lo lastimaron… sino también al hombre cruel que alguna vez fue.
Pero entre heridas, segundas oportunidades y un temido general extranjero de fama sanguinaria, descubrirá algo que jamás imaginó:
Tal vez el amor no siempre llega para salvarte.
A veces llega para enseñarte a sobrevivirte a ti mismo.
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capitulo 4
—Eso quiere decir… —mi voz salió apenas en un susurro—. ¿Que yo estoy… embarazado?
La palabra se sintió absurda en mi boca.
Incorrecta.
Imposible.
Bajé lentamente la mirada hacia mi vientre.
Plano.
Delgado.
Mis manos temblaron mientras lo tocaba por encima de la ropa, como esperando sentir algo extraño debajo de la piel.
No.
No podía ser real.
No podía.
—No, no, tranquilo —Gael habló rápidamente al notar mi expresión—. La doctora actuó apenas te encontraron.
Levanté la mirada hacia él todavía pálido.
—Te administraron hierbas para evitar la concepción. Además…
Su mandíbula se tensó de golpe.
Podía notar el esfuerzo que hacía para mantener la calma.
—Aunque esos desgraciados fueron varios… ninguno logró anudarte.
Mi ceño se frunció inmediatamente.
—¿Anudar…?
Gael pareció arrepentirse apenas la palabra salió de su boca.
La culpa regresó inmediatamente a su rostro.
—Es… algo que ocurre durante el apareamiento entre un alfa y un omega —explicó con evidente incomodidad—. Un mecanismo biológico.
Quise preguntar más.
Pero honestamente ya sentía que mi cabeza iba a explotar.
Mi respiración seguía inestable.
No sabía qué parte era peor.
Que hombres pudieran embarazarse.
Que este cuerpo pudiera hacerlo.
O que aquellas personas realmente hubieran…
Sentí náuseas otra vez.
Gael notó cómo mi expresión cambiaba y suspiró profundamente.
—No necesitas entender todo hoy —dijo con suavidad—. Ya ha sido demasiado para ti.
Demasiado.
Sí.
Eso era quedarse corto.
Me apoyé lentamente contra el respaldo de la silla mientras intentaba ordenar mis pensamientos.
Pero era imposible.
Cada respuesta solo traía diez preguntas nuevas.
Y aun así…
había algo todavía más aterrador que todo aquello.
Este mundo entero parecía considerar normal cosas que en mi antigua vida habrían sido impensables.
Naturales incluso.
Mi garganta se secó.
¿Y si este cuerpo también las consideraba naturales?
Gael soltó un suspiro cansado antes de levantarse de la silla.
Parecía más agotado emocionalmente que físicamente.
Como si llevara meses cargando un peso imposible.
—Voy a dejarte descansar un rato —dijo acomodándose las mangas—. No creas que no me importas, hijo. Solo necesito revisar algunos asuntos de trabajo que he estado ignorando desde que despertaste.
Asentí lentamente.
Todavía me costaba procesar que alguien sintiera preocupación genuina por mí.
Gael señaló una pequeña campana plateada junto a la enorme cama.
—Si necesitas cualquier cosa, tócala.
Seguí el movimiento de su mano con la mirada.
—Vendrá una sirvienta. Bueno… realmente es tu doncella personal.
Parpadeé confundido.
¿Doncella personal?
¿Quién demonios tenía una de esas?
—Ella podrá ayudarte con cualquier duda que tengas —continuó con paciencia—. Y si deseas salir a caminar por la propiedad o buscarme, irá contigo.
Luego su expresión cambió ligeramente.
Más seria.
Más suave también.
—Andrei… —dijo acercándose otra vez.
Se inclinó apenas frente a mí, lo suficiente para quedar a mi altura.
—Sé que probablemente todo esto debe sentirse aterrador ahora mismo. Pero eres importante para nosotros.
Mi pecho se tensó involuntariamente.
No estaba acostumbrado a escuchar palabras así.
Mucho menos dirigidas hacia mí.
—Así que prométeme algo, ¿sí? —continuó Gael con voz tranquila—. No saldrás solo.
Fruncí levemente el ceño.
—Padre…
La palabra salió rara.
Pesada.
Pero noté inmediatamente cómo sus ojos se suavizaban al escucharla.
—Solo quiero saber que estarás seguro —susurró—. Si quieres ir a algún lugar, irás acompañado por tu doncella.
Su mirada se volvió ligeramente más tensa.
Como si todavía no pudiera quitarse de la cabeza lo que había ocurrido meses atrás.
—Prométemelo, hijo.
Lo observé en silencio unos segundos.
Y por primera vez en muchísimo tiempo…
sentí algo extraño apretándome el pecho.
Porque aquel hombre no estaba intentando controlarme.
Estaba asustado por mí.
La diferencia era tan grande que no sabía cómo reaccionar ante ella.
Así que simplemente asentí.
—Lo prometo.
Cuando Gael abandonó la habitación, el silencio volvió a envolverlo todo.
Me quedé inmóvil unos segundos antes de dejarme caer lentamente sobre la enorme cama.
Era demasiado suave.
Demasiado cómoda.
Nada en ese lugar parecía real.
Llevé una mano hasta mi frente intentando ordenar toda la información que acababa de recibir.
Subgéneros.
Celo.
Omega.
Embarazo.
Nobles.
Mi cabeza seguía doliendo.
Pero entre todas las cosas absurdas que había escuchado… hubo una que comenzó a quedarse atrapada en mi mente más que las demás.
Aquellos hombres.
Los desgraciados que le hicieron eso a Andrei.
Fruncí lentamente el ceño mirando el techo.
¿Por qué?
Gael había dicho que Andrei era querido por sus padres.
También era… hermoso.
Ridículamente hermoso.
Tal vez ese había sido el problema.
La idea apareció sola en mi cabeza y me dejó incómodo inmediatamente.
Porque en mi vida anterior yo también había pensado cosas horribles.
Si una mujer sufría algo así… ¿no era porque se exponía demasiado?
¿Porque se vestía provocativamente?
¿Porque llamaba la atención?
Cerré los ojos con fuerza.
Eso era lo que siempre escuché.
Lo que repetían mis amigos.
Lo que decía mi padre.
Lo que terminé creyendo.
Pero ahora…
Ahora recordaba la ropa de aquel armario.
Camisas elegantes.
Pantalones sobrios.
Nada revelador.
Nada escandaloso.
Entonces…
¿qué había provocado a esos hombres?
Abrí lentamente los ojos.
Nada.
La respuesta llegó tan rápido que me hizo sentir un vacío extraño en el pecho.
Andrei no había hecho nada.
Solo existía.
Y aun así le destruyeron la vida.
Mi garganta se tensó.
Era una sensación incómoda.
Como si algo dentro de mí comenzara a romperse lentamente.
Permanecí pensando quién sabía cuánto tiempo.
El cielo fuera de las ventanas había comenzado a cambiar de color cuando unos suaves golpes resonaron en la puerta.
TOC TOC.
Me incorporé apenas.
—A-adelante… —respondí todavía inseguro con aquella voz ajena.
La puerta se abrió lentamente.
Y una joven de cabello oscuro entró haciendo una pequeña reverencia.
—Buenas tardes, joven amo Andrei —dijo con suavidad—. Mi nombre es Elena. El señor Gael me pidió quedarme a su lado por si necesita cualquier cosa.
La joven levantó apenas la mirada al escucharme.
Parecía nerviosa.
Como si no supiera exactamente cómo actuar conmigo ahora.
—Hola… —murmuré después de unos segundos incómodos—. No sé si mi padre te explicó la situación, pero… perdí completamente la memoria.
Mis propias palabras todavía se sentían irreales.
—No recuerdo nada. Ni quién soy. Ni quiénes son ustedes.
La chica asintió rápidamente.
—Sí, joven amo. El señor Gael reunió a todos los trabajadores esta mañana para informarnos. Nos pidió que lo ayudáramos con cualquier duda y… —hizo una pequeña pausa— que no lo dejáramos solo.
Su expresión se suavizó apenas.
—Especialmente a mí.
La observé mejor.
Debía tener unos pocos años más que este cuerpo. Vestía un uniforme sencillo, aunque elegante, y mantenía las manos unidas frente al cuerpo como si intentara verse más pequeña.
—Ven aquí… Elena, ¿verdad?
Ella dio un pequeño paso al frente.
—Sí, amo.
Hice una mueca inmediata.
—No me llames así, por favor.
La joven pareció entrar en pánico.
—¿Eh?
—Eso de “amo”. Me hace sentir incómodo.
Ella abrió y cerró la boca un par de veces claramente confundida.
—Pero… no podría llamarlo de otra manera.
Suspiré cansado.
Claro.
Seguramente en este mundo esas cosas también eran normales.
—Entonces solo llámame Andrei —insistí—. Sin “amo”. ¿Está bien?
Elena bajó rápidamente la cabeza.
—Si usted lo desea… lo intentaré.
La manera en que dijo “intentaré” dejó clarísimo que no tenía ninguna intención real de hacerlo.
Suspiré otra vez.
Definitivamente iba a necesitar tiempo para acostumbrarme a este lugar.
Me quedé en silencio unos segundos antes de decidir preguntar lo que seguía rondando mi cabeza.
—Elena…
—¿Sí, amo?
Ignoré el “amo”.
—¿Tú sabes quiénes fueron los hombres que me hicieron eso?
La expresión de la joven cambió inmediatamente.
Su cuerpo entero se tensó.
Y por primera vez desde que entró, apartó la mirada de mí.
—Yo… —sus dedos se apretaron nerviosamente entre sí— no conozco todos los nombres.
Mi ceño se frunció.
—¿Pero sí sabes algo?
Elena tragó saliva.
—Después de lo ocurrido, el señor Gael hizo investigar discretamente a los invitados de la fiesta. Algunos nobles abandonaron la ciudad apenas comenzaron los rumores.
Rumores.
Claro.
Una familia rica intentando ocultar un escándalo.
—El señor estaba furioso —continuó ella en voz más baja—. Nunca lo había visto así. Quería mandar traer guardias y arrastrarlos de regreso, pero…
Dudó.
—Pero muchos pertenecen a familias poderosas.
Sentí una presión desagradable en el pecho.
Entonces incluso aquí…
el dinero y el apellido podían proteger monstruos.
bendiciones autora y ánimo
bendiciones autora y ánimo