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Dócil

Dócil

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Mafia / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🚫🔞Gus se ve arrastrado al peligroso entorno de Arlo, un lugar donde el lujo se mezcla con la letalidad de la mafia. En esta atmósfera de alta tensión y misterio, la resistencia inicial de Gus se transforma en una fascinación oscura hacia su captor. Atrapado en una red de secretos y deseos intensos, Gus deberá decidir si luchar por su antigua vida o sucumbir a la magnética y peligrosa atracción de un hombre que no acepta un no por respuesta. Una historia de poder, entrega y los límites del alma.🔞🚫⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Con la vida entera

El búnker subterráneo mantenía su atmósfera hermética y pesada. Las tenues luces LED rojas proyectaban sombras alargadas sobre la inmensa cama. Arlo Baxter permanecía de pie a un costado del colchón, completamente desnudo de la cintura para arriba, observando con una fijeza el cuerpo de Gus Fletcher. El cantante continuaba sumergido en un sueño dócil y profundo, con el cabello castaño revuelto sobre las almohadas y la respiración pesada.

Arlo estaba fascinado. La intensidad del sometimiento previo en la cama del búnker había dejado un mapa de posesión absoluto sobre la piel castaña del artista.

Bajo la luz carmesí, el pecho y los hombros de Gus lucían marcas de dientes profundas, pequeños mordiscos que Arlo le había dado en medio del fuego de la pasión para ahogar sus quejidos. El cuello del cantante y la base de su garganta estaban cubiertos de chupetones morados y oscuros, hematomas delatores que gritaban el hambre salvaje del mafioso. Además, en las caderas y los muslos de Gus, se apreciaban con total claridad las marcas de las manos y los dedos largos de Arlo, huellas de un agarre de hierro que lo había mantenido inmovilizado durante las embestidas brutales de la madrugada. El doble lazo de energía carmesí continuaba enroscado en su muñeca y tobillo, latiendo con un tono rosa suave que confirmaba la entrega total del joven.

Arlo estiró los dedos de su mano izquierda y dio un sutil tirón al hilo rojo.

—Despierta, dócil —ordenó Arlo. Su voz cortó el silencio de la suite, actuando como un mandato directo en el sistema nervioso del cantante.

Gus soltó un gemido ronco y abrió lentamente sus ojos. Al intentar desperezarse, un dolor punzante y un ardor generalizado en toda la piel lo hicieron jadear, arqueando la espalda sobre las sábanas negras. Al mirar hacia abajo y ver los chupetones morados y las marcas de dedos grabadas en sus caderas, el rostro del artista se encendió de una mezcla violenta de humillación, pánico y una vergonzosa excitación que volvió a instalarse en su entrepierna. Su orgullo se hacía pedazos al ver cómo su propio cuerpo exhibía los trofeos de la dominación de otro hombre.

—Mírate —dijo Arlo, inclinándose sobre él hasta que su rostro rozó la frente húmeda del joven. Su inmenso cuerpo ensombreció el colchón por completo—. Estás marcado de pies a cabeza. Ayer pagaste tu deuda con sangre y sumisión, y ahora toda tu anatomía sabe quién es tu dueño.

—Tú... me destruiste —alcanzó a jadear Gus, con la voz rota por el desuso y el cansancio acumulado. Intentó cubrirse con la manta oscura, pero Arlo le atrapó las manos con un agarre firme, impidiéndoselo—. Mis ensayos... la prensa... no puedo salir a la calle luciendo así. Estos golpes y chupetones... van a pensar que soy el juguete de un monstruo.

—Eres mi posesión, Gus. Y hoy vas a lucir esas marcas con orgullo ante la única persona que tiene el poder de cuestionar mis decisiones —sentenció Arlo, enderezándose y mostrando una rigidez impresionante en su postura varonil—. Mi padre, Jack Baxter, llamó de madrugada. Sabe que eliminé al cartel de Moretti por ti. Sabe que rompí mis reglas de discreción y exige conocerte esta misma tarde en su propiedad privada. El viejo imperio quiere ver si vales la sangre que derramé en los muelles.

Gus abrió los ojos con una sorpresa aterradora. El miedo al peligro real de la mafia regresó de golpe, disolviendo la niebla del deseo.

—¿Tu padre? —preguntó Gus, con el corazón acelerándose de inmediato—. Baxter... yo no tengo nada que ver con tu familia. Déjame aquí.

—No hay negociaciones con Jack Baxter, dócil —dijo Arlo, tomándolo de la mandíbula con sus dedos largos y callosos para forzarlo a sostenerle la mirada—. Escúchame bien. Mi padre es un hombre implacable, un patriarca de la vieja escuela que ve el mundo a través de las debilidades y las ventajas. Si entras a su mansión mostrando miedo, si intentas negar tu sumisión o si tu orgullo te hace actuar de forma desobediente, el viejo interpretará que eres una debilidad para mí. Y en nuestra organización, las debilidades se eliminan con una bala en la frente.

Gus tragó saliva con dificultad, sintiendo el roce del pulgar de Arlo frotándole el labio inferior con una firmeza protectora pero severa.

—¿Me vas a proteger? —susurró Gus, y el chasquido húmedo de su boca delató la dependencia física que ya sentía por el mafioso.

—Te voy a mantener vivo, Gus. Pero para eso, debes prepararte psicológicamente —explicó Arlo con su voz gruesa rozando sus labios—. Tu única armadura ante mi padre es tu sumisión absoluta. Cuando él te mire, debe ver que no eres una distracción ni una debilidad, sino una propiedad perfectamente domada que responde únicamente a mi voz. Si yo te ordeno sentarte, te sientas. Si te ordeno callar, callas. Tu vida depende de lo dócil que seas hoy. Ahora, levántate y vístete. El auto nos espera.

Una hora más tarde, el enorme vehículo blindado de la mafia Baxter devoraba la carretera privada que conducía hacia las colinas de la ciudad. El interior del auto era un espacio de lujo inmenso, aislado por completo del ruido del exterior por cristales oscuros e insonorizados. El ambiente olía a cuero fino, tabaco y al perfume amaderado que emanaba del traje negro impecable que Arlo volvía a vestir.

Gus viajaba sentado en el asiento contiguo, vistiendo una camisa negra de cuello alto que Arlo había elegido personalmente para ocultar los chupetones morados del cuello, aunque el ardor de las marcas de manos en sus caderas seguía presente con cada movimiento del vehículo. El cantante mantenía las manos entrelazadas sobre su regazo, con la vista fija en la carretera, sintiendo los dos hilos carmesí vibrar en sus extremidades como cables de alta tensión.

La tensión dentro del auto estaba al límite de lo soportable. Arlo no le quitaba los ojos negros de encima, observando cómo la respiración del artista se volvía cada vez más corta a medida que se acercaban a la mansión del anciano Jack.

—Estás hiperventilando otra vez —dijo Arlo. Su voz hizo que Gus diera un leve respingo—. Te estás dejando consumir por el pánico de la mente.

—Es por ti, Baxter... por todo esto —respondió Gus, girando la cabeza para mirarlo con sus ojos empañados por la agitación. El hormigueo regresó con una fuerza salvaje al ver el porte varonil del mafioso tan cerca—. Me estás llevando a la boca del lobo y me pides que actúe como un esclavo dócil. Toda mi vida he sido independiente... y ahora...

—Y ahora tienes a un dueño que te cuida —interrumpió Arlo con una frialdad dominante.

El mafioso extendió su mano izquierda y cerró el puño con fuerza, tensando el doble lazo carmesí de forma inmediata.

—¡Ah! —Gus soltó un gemido ronco, un espasmo violento. Sus brazos se pegaron a sus costados de forma rígida y sus piernas perdieron toda movilidad, respondiendo únicamente al tirón magnético de la energía roja. El lazo emitió un brillo que iluminó la cabina oscura del vehículo.

Arlo se inclinó hacia él, invadiendo por completo su espacio personal. Con su mano libre, capturó la mandíbula de Gus, hundiéndole los dedos callosos en la piel y obligándolo a entreabrir la boca para dejar salir sus jadeos calientes. Gus quedó completamente aplastado contra el respaldo del asiento bajo el inmenso volumen del criminal.

—Escúchame bien, dócil —susurró Arlo, y el calor de su respiración pesada chocó directamente contra los labios del cantante, desatando una corriente ardiente en su entrepierna que le tensó los pantalones oscuros—. No te estoy pidiendo que actúes; te estoy ordenando que aceptes tu naturaleza. Anoche lloraste de placer cabalgando mi cuerpo en ese búnker. Tu carne ya aceptó mi yugo. Ahora tu mente obsesiva debe alinearse con ese pulso. Si muestras un solo rastro de orgullo frente a mi padre, no dudaré en usar estos hilos para ponerte de rodillas frente a toda su comitiva armada para recordarte cuál es tu lugar. ¿Entendido?

Gus cerró los ojos, soltando un sollozo ahogado contra la boca de Arlo. El roce de sus pieles conectadas y el sonido rítmico de sus respiraciones mezcladas crearon un oasis de lujuria y sumisión en medio del trayecto peligroso. El chasquido húmedo de la saliva que Gus tragó al sentir el pulgar del mafioso frotarle los labios delataba su rendición total. El cantante ansiaba el control de Arlo para sobrevivir al juicio que se avecinaba.

—Entendido... Arlo... entendido —jadeó Gus, usando su nombre con una docilidad trémula que hizo sonreír de medio lado al líder de la mafia.

Arlo relajó sutilmente los hilos, devolviéndole el movimiento a los músculos del artista, pero mantuvo su mano enroscada firmemente alrededor de su muñeca derecha, donde el hilo rojo palpitaba en perfecta sincronía con sus corazones acoplados.

El vehículo blindado comenzó a reducir la velocidad, cruzando las inmensas puertas de hierro forjado de la mansión. La propiedad del viejo imperio era una fortaleza de piedra antigua, rodeada de jardines perfectos y custodiada por decenas de hombres armados con trajes oscuros que saludaban al paso del convoy. El trayecto de la alta tensión se transformaba de golpe en el escenario del juicio. Arlo Baxter miró hacia el frente, asegurando el metal de su pistola bajo el saco negro, listo para presentar a su posesión más preciada ante los ojos del temible Jack, con la certeza absoluta de que defendería la docilidad de Gus con la vida entera si fuera necesario.

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Dalia Lara
me encantan este tipo de historias, espero leer más cosas suyas🥰🥰
Skay P.: "Espinas y Sumisión" ya está en línea, con el primer capítulo 😈✨️
total 1 replies
Dalia Lara
me encanta 🥰🥰🥰
Skay P.: ¡Gracias mi Chikis! En unas horas, estará en línea una nueva obra, mucho más intenso que esto. ¡Prepárate!
En mi perfil, encontrarás otras historias interesantes ✨️🫰🫣🦋
total 1 replies
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