Andrea Miller jamás imaginó que una simple noche en una discoteca cambiaría por completo su vida. Después de semanas sintiéndose atrapada en la rutina, acepta salir con su mejor amiga, Viviana Lewis, sin saber que entre las luces, la música y el alcohol cruzaría miradas con el hombre que terminaría destruyendo su corazón.
Sebastián Foster es atractivo, elegante y demasiado encantador para ser real. Desde el instante en que se acerca a Andrea para ofrecerle una copa, la conexión entre ambos se vuelve imposible de ignorar. Las conversaciones fluyen, las miradas arden y el deseo termina convirtiéndose en algo mucho más peligroso: amor.
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Capitulo 19
Las semanas pasaban y las advertencias y las pruebas seguían llegando una tras otra, pero Andrea había levantado un muro alto y sólido alrededor de su corazón y de sus pensamientos, construido enteramente con la fuerza de lo que sentía y con la fe absoluta que tenía puesta en Sebastián. Para ella, lo que compartían era algo sagrado, único y verdadero, y cualquier cosa que fuera contra esa creencia le parecía injusta, malintencionada o simplemente un error de juicio de quienes hablaban. Marlon no dejaba de intentarlo, Viviana dudaba y buscaba la forma de hacerle ver sin causarle daño, pero ella permanecía inmóvil en su certeza, porque la alternativa —pensar que todo era falso, que había sido engañada y que el hombre al que había entregado su vida no era quien decía ser— era un dolor tan grande y tan insoportable que su mente se negaba siquiera a considerarlo.
Un día, Viviana se reunió con ella en su casa, con el corazón lleno de angustia y miedo, decidida a hablar claro, aunque sabía que corría el riesgo de que su amiga se alejara de ella por escucharla. Se sentaron juntas en el sofá, y tras unos momentos de silencio, Viviana tomó sus manos con suavidad.
—Andrea, te conozco desde que éramos niñas, te he visto crecer, he compartido todo contigo, y sabes que lo único que quiero es que estés bien y que seas feliz —empezó a decir con voz temblorosa por la emoción—. Por eso hay cosas que no puedo callar más, aunque sé que te van a molestar o que vas a pensar que me equivoco. He escuchado cosas, he visto detalles, he oído comentarios que me han helado la sangre… y todo indica que la historia que te ha contado Sebastián no es completa. Hay mucho más, cosas graves, cosas que te está ocultando y que cambiarían todo si las supieras.
Andrea apartó sus manos suavemente, y en su rostro apareció una expresión de defensa y de firmeza absoluta.
—Ya empezamos otra vez… —respondió con un tono de tristeza y también de rechazo—. ¿Es que nadie entiende lo que tenemos? ¿Es que todos se han puesto de acuerdo para dudar, para sospechar y para ver mal donde solo hay bondad y verdad? Vivi, te quiero mucho, eres mi hermana, pero esto que haces me duele. Me duele porque parece que no confías en mí, ni en mi criterio, ni en lo que soy capaz de ver y sentir por mí misma.
—No es que no confíe en ti, mi vida… es que me da miedo que tu amor te impida ver lo que está justo delante de tus ojos —insistió Viviana con desesperación—. He oído mencionar a una mujer, un nombre que sale una y otra vez ligado al suyo en reuniones y entre la gente que lo conoce: Renata Dawson. Hablan de ellos como si fueran algo oficial, algo establecido, algo que existe desde hace años. Y lo que es peor… dicen que están unidos legal y socialmente. ¿Te das cuenta de lo que eso significa?
Andrea negó con la cabeza rápidamente, como si con ese movimiento pudiera apartar esas palabras lejos de ella.
—Ya me han hablado de eso, y también se lo he preguntado a él —respondió con seguridad—. Y me lo explicó todo clarísimamente. Esa señora es parte de esas obligaciones de las que él me ha contado, uno de esos lazos que le impusieron desde joven, una alianza de negocios y de familias, nada más. Me dijo que es una relación impuesta, fría, sin ningún sentimiento, algo que tiene que soportar por compromiso pero que no tiene nada que ver con lo que siente, ni conmigo, ni con lo nuestro. Me prometió que está trabajando para romperlo todo, para liberarse de esas cargas y poder estar solo conmigo. ¿Por qué he de creer rumores de gente que no sabe nada, antes que creerle a él, que me habla mirándome a los ojos y con el corazón en la mano?
—¡Porque los hechos son más fuertes que las palabras! —exclamó Viviana, ya sin poder contenerse—. Si fuera solo un trato o un negocio, ¿por qué viven juntos? ¿Por qué aparecen en todos los actos públicos como pareja? ¿Por qué todo el mundo lo da por hecho menos tú? Andrea, por favor… abre los ojos. Lo que te dice son explicaciones que sirven para tapar la realidad, pero no encajan, no cuadran con nada de lo que se ve fuera.
—Para mí encajan perfectamente —cortó ella con frialdad, poniéndose de pie para indicar que la conversación llegaba a su fin—. Encajan porque yo conozco su forma de ser, conozco su sufrimiento, sé lo que le pesan esas cadenas que le atan. Prefiero mil veces creer en lo que él me dice, sabiendo que viene de la sinceridad y del amor, que creer en habladurías que lo único que buscan es dañarnos y separarnos. Te pido, por favor… no vuelvas a hablarme de esto. Si me quieres de verdad, respeta lo que tengo, respeta lo que siento y no te pongas del lado de quienes quieren destruir mi felicidad.
Poco después, fue el turno de Marlon. No se rindió, y volvió a buscarla, llevando consigo documentos, recortes y datos exactos que demostraban sin lugar a dudas la existencia y naturaleza del vínculo entre Sebastián y Renata. Se encontraron en el mismo lugar de siempre, y en cuanto se sentaron, Andrea le habló antes de que él pudiera empezar.
—Ya sé lo que me vas a decir. Ya sé que traes papeles, o recortes, o datos que crees que prueban algo malo. Pero te lo digo desde ya, Marlon: no hace falta que me enseñes nada, ni que me expliques. Ya he oído todo esto, ya lo he hablado con él, y ya tengo la respuesta clara y completa.
—¿Tienes la respuesta? —repitió Marlon con tristeza, mirándola con esa pena profunda que le causaba verla así de ciega y de expuesta—. ¿Y te dijo acaso que está casado? ¿Te dijo que esa mujer es su esposa legal, reconocida ante la ley, ante su familia y ante toda la sociedad? ¿Te dijo que lo que llama "obligaciones" es un matrimonio completo, con todos los derechos y deberes que eso implica, y que tú no eres más que una parte oculta, mantenida al margen y sin nombre?
Andrea sintió una punzada aguda, pero la rechazó con fuerza, aferrándose a lo que le habían enseñado a defender.
—Me dijo que es una unión que no eligió, un acuerdo antiguo, algo que le arruinó la vida antes de que pudiera decidir nada —respondió con voz firme aunque temblorosa—. Me dijo que no hay nada entre ellos, que se tratan como desconocidos, que viven bajo el mismo techo solo por cumplir normas y deberes, pero que sus corazones siempre han estado libres… hasta que me conocí a mí. Me dijo que me ocultó ese detalle concreto porque tenía miedo de que yo lo juzgara o lo rechazara por algo que no es culpa suya, y que cuando logre romper todo eso, me lo contará todo con detalle y con la cabeza alta.
—¡Andrea, por el amor de Dios, piénsalo con claridad! —suplicó Marlon, inclinándose hacia ella con desesperación—. ¿Cómo se rompe un matrimonio como si fuera un contrato de negocios? ¿Cómo se deja atrás algo que está escrito, firmado y aceptado por todos? Él te está vendiendo una fantasía, te está haciendo creer en un futuro que no existe, te está poniendo en una posición vergonzosa y dolorosa disfrazada de romance y amor prohibido. Y tú lo aceptas todo, lo tragas todo, porque te da miedo enfrentar la verdad.
—¡Claro que me da miedo! —gritó ella entonces, rompiéndose por fin y dejando salir todo lo que contenía—. ¡Te da miedo lo que pueda pasar fuera, y a mí me da terror pensar que todo esto que vivo, todo lo que siento, todo lo hermoso que he conocido sea mentira! ¿Crees que es fácil para mí escuchar todo esto? ¿Crees que no me duele y que no sufro cada vez que alguien me dice algo contra él? Pero tengo que elegir, ¿entiendes? Tengo que decidir en quién confío. Y yo elijo confiar en él. Elijo creer en lo que hemos vivido, en lo que hemos sentido, en las lágrimas que hemos derramado juntos y en las promesas que nos hemos hecho. Si eso es estar ciega… pues lo estoy. Pero prefiero ser ciega y vivir este amor, que tener los ojos abiertos y vivir en la amargura de creer que todo es malo y falso.
Se quedó callada un instante, secándose las lágrimas, y miró a Marlon con una determinación que le partía el alma.
—Si me equivoco, si todo esto es como tú dices y él me ha engañado de esa forma tan grande y cruel… entonces me equivocaré con todo mi corazón. Y cuando llegue el momento de saberlo, sufriré todo lo que tenga que sufrir, y pagaré el precio de haber querido demasiado y haber confiado demasiado. Pero ahora… ahora no puedo, ni quiero, ni voy a dejar de creer en él. Porque sin lo que tengo con Sebastián, mi vida se queda vacía y sin sentido.
Marlon se quedó en silencio, comprendiendo entonces que no había argumento, ni prueba, ni verdad que pudiera penetrar esa armadura que ella había forjado con sus propios sentimientos. El amor la había llevado hasta allí: le había dado la fuerza más grande, pero también la debilidad más extrema. La hacía capaz de todo, incluso de ignorar la realidad que estaba a la vista de todos, solo por mantener vivo lo que para ella era lo único verdadero que existía.
Esa misma tarde, cuando se encontró con Sebastián, corrió hacia él y se refugió entre sus brazos, como si allí estuviera el único lugar seguro del mundo. Él la abrazó con fuerza, sabiendo muy bien todo lo que estaba pasando, sabiendo que todos la atacaban, que todos le decían la verdad, y que ella, por amor a él, los rechazaba a todos y elegía quedarse con él y con sus mentiras.
—Ellos no entienden… —le dijo ella con voz ahogada, apretándose contra su pecho—. No saben lo que hay entre nosotros, no saben quién eres ni lo que vales. Me dicen cosas terribles, me muestran papeles, me hablan de situaciones que dicen que son reales… pero yo solo les digo que se equivoquen, que yo te conozco y que yo sé la verdad.
Sebastián le acarició el cabello con manos que le temblaban de culpa y de angustia, mirando hacia la nada mientras sentía el peso insoportable de lo que estaba haciendo.
—Mi amor… eres lo más grande que me ha pasado en la vida —le susurró, con la voz rota—. Eres capaz de darlo todo, de creer contra todo, de amarme incluso cuando todo parece estar contra nosotros. Y te juro… te juro que haré todo lo posible para merecerme tanta lealtad, tanto cariño y tanta fe. Pronto todo esto pasará, pronto todo quedará claro, y entonces verás que tenías razón en confiar en mí.
Pero mientras lo decía, sabía en lo más profundo de su ser que estaba cometiendo el error más grande y el daño más terrible de todos. Ella lo defendía contra la verdad, ella lo protegía contra quienes querían salvarla, ella se entregaba ciega y totalmente a él… y él seguía ocultando lo único que realmente importaba. Y comprendió con terror que cuanto más ella lo defendía, cuanto más creía, cuanto más amaba sin ver… más doloroso, más trágico y más irremediable sería el momento en que por fin se rompiera el engaño y la verdad saliera para destrozarlo todo.