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LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

LA EMEPERATRIZ, DAMA DE LA NOCHE...

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mujer poderosa / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:23k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Mil años atrás, la emperatriz Lían Hua fue ejecutada por adulterio. Antes de morir, juró una maldición: en su próxima vida ningún hombre la llamaría esposa. Sería ella quien los hiciera sus esclavos.
Mil años después, Lían despierta en el cuerpo de Valentina Saggese, una madam recién envenenada por la esposa de su amante. Hereda un club nocturno, quince chicas leales, una venganza pendiente, y una sola advertencia: no te enamores.
Para sobrevivir crea una identidad secreta: la Dama del Fénix, una bailarina enmascarada que enloquece a dos hombres a la vez. El que la asesinó. Y el que, sin saberlo, va a cambiar todo lo que ella se prometió no volver a sentir.
Una emperatriz no perdona. Pero también puede romperse.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10 — Cinco millones

El lunes Lían se vistió de empresaria por primera vez en mil años.

Sofía la había ayudado el día anterior: blusa de seda blanca, pantalón negro de corte alto, blazer gris perla, tacones bajos. Nada de joyas. El cabello recogido en un moño que dejaba el cuello largo y descubierto. Te ves importante, había dicho Sofía. Te ves como una mujer que no necesita gritar para que la escuchen.

A Lían eso le había gustado.

Andrés la llevó al edificio de Grupo Rivas en el auto blindado que habían comprado desde el sábado. Bajó del auto en el subterráneo del edificio, no en la entrada principal. Una secretaria la esperaba en el ascensor privado.

—Señora Saggese. El señor Rivas la espera en la planta treinta.

—Gracias.

El ascensor subió en silencio.

Treinta pisos.Mil años atrás los edificios más altos del imperio tenían cinco, y se consideraban una arrogancia contra los dioses. Aquí construyen treinta y nadie pestañea. Este siglo no tiene miedo de nada.

Las puertas se abrieron.

La planta treinta era un piso completo, sin paredes interiores. Vidrio por todos lados. La ciudad entera abajo. Dante estaba de pie al lado de una mesa larga de madera oscura, mirando algo en una pantalla. Levantó la cabeza cuando la oyó entrar.

—Señora Saggese.

—Señor Rivas.

—Pase.

La secretaria cerró la puerta del ascensor detrás de ella.

Estaban solos.

Se sentaron en la mesa larga, uno frente al otro. Sobre la mesa había café, agua, dos copas, una carpeta. Dante abrió la carpeta.

—La he revisado tres veces —dijo—. Quiero que la revise usted ahora. Si hay algo que no le cuadre, dígamelo.

Lían se inclinó.

Adentro había mapas, fotos satelitales de la zona del kilómetro veintisiete sur, un plano aproximado de Casa Verde dibujado a mano por alguien que evidentemente había estado adentro hacía tiempo, una lista de vehículos posibles y rutas de escape, dos identificaciones falsas, y un sobre con dinero en efectivo.

Lían fue pasando las hojas despacio.

—¿Cómo consiguió el plano?

—Un antiguo socio, hace siete años. La casa pertenecía a otra gente entonces, pero la estructura es la misma. Solo cambian los dueños.

—¿Su socio sabe que usted tiene esto?

—Mi socio está muerto.

—Práctico.

Dante no respondió. Lían siguió leyendo.

—Identificación falsa —dijo, levantando una de las dos—. ¿Para qué?

—Por si nos paran en el camino. Usted va como Lucía Méndez, viuda, importadora de arte. Yo voy como Hugo Pereyra, su chofer y guardia personal. Los dos perfiles están registrados desde hace dos años en bases de datos del país. Si alguien chequea, los nombres existen.

—¿Existen de verdad?

—Existieron. Murieron en accidentes hace tres años. Los registros se quedaron limpios.

—Es escalofriante lo bien que tiene esto, Rivas.

—Cinco años.

—Cinco años —repitió Lían, y por primera vez se permitió pensarlo en serio. Cinco años. Mil años yo, cinco años él. Y aún así lleva más rato que yo persiguiendo a una sola persona.

Lo miró.

Dante la estaba mirando.

No como la miraba abajo, en el Lotus, cuando ella era Vale-la-dueña. La miraba distinto. Estudiándola. Como quien lee algo dos veces para asegurarse.

Lían levantó una ceja.

—¿Hay algo en mi cara?

—No.

—¿Entonces?

Dante apartó la vista un segundo. Se sirvió agua. Bebió. La dejó.

—Es que desde hace tres semanas estoy mirando raro a las mujeres.

—¿A todas?

—A todas.

—¿Por qué?

—Eso es exactamente lo que quería preguntarle.

Pausa.

Lían no se movió.

—No entiendo, Rivas. Sea claro.

Dante la miró otra vez. Esta vez sin disimulo.

—¿Es usted la Dama del Fénix?

Silencio.

Lían se permitió dos segundos de no responder. Solo dos. Once años de palacio le habían enseñado que el silencio largo era una confesión. El silencio corto era duda. El silencio justo era control.

Después se rió.

Una risa corta, real, de esas que no se pueden ensayar.

—Rivas, por favor.

—No es un sí.

—No es un sí porque la respuesta es no.

—La miré tres viernes seguidos pensando que había algo en ella que conocía. Y entonces empecé a venir a su oficina, y aquí también lo siento.

—Yo no bailo, Rivas. No sé bailar. No puedo bailar.

Dante la miro.

—La Fénix —siguió Lían— es una vieja amiga mía. La conozco hace años. Tenía problemas, necesitaba plata. Yo necesitaba algo distinto en el club. Le propuse el acto. Ella aceptó con condiciones. Una vez por semana, antifaz, sin contacto, sin privados, sin entrevistas. Yo respeto esas reglas porque ella confía en mí y porque la conozco bien. Eso es todo, Rivas.

—¿Por qué el antifaz?

—Tiene un marido. Un marido al que no le contó en qué trabajó toda su vida. Si la cara aparece, la cara la mata. Literalmente. Ese hombre es un animal. Por eso no se quita el antifaz.

Dante la miró largo.

Lían le sostuvo la mirada sin parpadear. La mentira era buena. Muy buena. Una buena mentira tiene dos cosas: detalles innecesarios que parecen verdad, y una emoción que parece propia. Lían acababa de ponerle a la Fénix un marido violento porque mil años atrás, en su corte, ella había tenido uno.

Dante se relajó un grado.

—Discúlpeme.

—No hay nada que disculpar. Lo entiendo. La mujer baila bien.

Dante soltó una sonrisa pequeña.

—Bien.

Lían cerró la carpeta sobre la mesa. Esperó.

—Una cosa más —dijo él—. Aprovechando que sacamos el tema. Quiero pedirle un favor.

—Dígame.

—Quiero un baile privado.

Silencio.

Lían levantó las cejas apenas.

—Rivas.

—Hablo en serio.

—Le acabo de decir las reglas.

—Le estoy diciendo que pago lo que me pida.

—No funciona así.

—Funciona si la cifra es la correcta.

—Rivas, ya rechazamos un millón el viernes.

—Ofrezco cinco.

Pausa.

Lían no respiró durante dos segundos. Por dentro algo se le movió. Por fuera no le tembló nada.

—¿Cinco?

—Cinco millones. En efectivo. En la moneda que quiera. No quiero verle la cara. No quiero hablar con ella. No quiero tocarla. No le voy a hacer ni una pregunta. Solo quiero que baile para mí. Sola. Una sola noche.

—¿Para qué quiere algo así, Rivas?

Dante se quedó callado un momento.

—No sé.

—No me sirve el no sé.

—Es la respuesta honesta, señora Saggese. Llevo cinco años buscando a mi hermana sin poder dormir más de cuatro horas seguidas. Cinco años. Tres semanas atrás vi bailar a una mujer en su club. Esa noche dormí seis horas. No me había pasado en cinco años.

Lían lo miró.

Por dentro, en alguna parte que llevaba mil años cerrada, algo se removió otra vez. Más fuerte que la semana pasada. Lo apagó.

—Cinco millones es mucha plata, Rivas. ¿Está seguro?

—Estoy seguro.

—¿Tiene la plata?

—La transfiero hoy mismo si me dice que sí.

Lían se quedó mirando el agua de su copa.

Vieja, este hijo de puta acaba de poner cinco millones sobre la mesa por verte bailar. Cinco. Millones. Marcelo ofreció uno y casi te paras a aplaudir. Este ofrece cinco y ni siquiera te pestañea. Y por dentro, vieja, te estás muriendo de algo que no es codicia.

—Yo le doy a la Dama su mensaje —dijo en voz alta, calmada—. Espere su respuesta pronto.

—Bien.

—Y, Rivas.

—¿Sí?

—Que la Dama acepte o no acepte es decisión de ella. Yo no presiono a mis amigas.

—Lo entiendo.

—Eso espero.

Se levantaron a la vez. Lían recogió la carpeta de la subasta y se la metió bajo el brazo.

—¿La subasta?

—Tres semanas. Sigamos coordinando por Sofía.

—Bien.

Caminó hasta el ascensor. Antes de apretar el botón, se giró un instante.

—Rivas.

—¿Sí?

—Por curiosidad. Si la Dama dice que no, ¿usted vuelve a ofrecer la semana que viene?

—Sí.

—¿Y la siguiente?

—Sí.

—¿Hasta cuándo?

Dante la miró desde el otro lado de la sala.

—Hasta que diga que sí.

Lían apretó el botón del ascensor.

Las puertas se abrieron. Entró. Las puertas se cerraron.

Adentro, sola, Lían respiró por primera vez en una hora.

Y por dentro, en mandarín antiguo, le habló a la mujer del espejo del ascensor.

Hija de puta. Cinco millones por verte bailar y ni siquiera quiere tocarte.

La mujer del espejo le devolvió la sonrisa.

Cuidado, sí.

Pero por dentro, el cuerpo de Valentina ya estaba decidiendo el traje que iba a usar.

1
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
jajaja me encantaría ver si bien no sus bailes al menos sus vestuarios la corona esa hermosa máscara que la cuida 🥰🥰
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
esto se puso sospechoso
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
excelente
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
alguien me explica cómo se hizo famosa tan rápido jajaja los reservados del viernes debes cobrar todo al triple sacan plata pero sin vender su cuerpo y eso te dará mucho más capital para ayudar a más chicas
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
me encanta la novela amaría que tuviera imágenes o fotos para disfrutar mas
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
y cobrales con intereses a todos mi ciela
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
al menos está Clarita que lo va a mandar a freír espárragos si es que vuelve🤬
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
hablando de cobardes 🤷🏼‍♀️
Roxana C Añez
Me enamoré de la historia, fue... refrescante leer algo tan original.
Me dejó imaginando si se volverían a ver Valentina y su loco Marcelo... me dió lastima ese pobre hombre, perdido en su locura de amor 😔🥺💔
Roxana C Añez
Podrá haber sido un pendejo... pero está parte me dolió 🥺
Su corazón y su mente le pertenecen a ella, aunque tarde se dió cuenta... ojalá se encuentren en la otra vida 🥺
Corina Galantti
una historia hermosa, muy triste, pero con final FELIZ! ME ENCANTÓ. BENDICIONES ESCRITORA
Celia Maza
muy pero muy buena. tenía tiempo que no leía una novela asi
Elizabeth Delvicier
bien fuerte en época machista donde los hombres comían de cada plato y las mujeres tenían que esperar para ser visitadas en sus alcobas
Evelyn
Me encanta como escribes yo leo desde México y me encanta la protagonista una mujer empoderada y que no se dela dominar por nadie
Guadalupe Flores
👏👏👏👏👏👏 Que bonito final. Se fue en paz Valentina. No me gustó que muriera Lucía. Y me quede con ganas de ver más sufrir a Remata. Jajaja felicidades escritora muy bonita novela
Guadalupe Flores
Imaginate jaja3 dos niñas y un niño. Lucia, Lin Hua y el niño que no recuerdo el nombre del papá de Dante. Sería perfecto 👏👏👏👏
Guadalupe Flores
Desde la primera vez que dijiste verdad vieja me recordó a mi mamá ella tenía esa costumbre de decir esas mismas palabras y hablarse a si misma así. 😭
MariaVG😘
hermosísima historia. Te hace sentir muchas cosas emociones. Me encantó la vieja y su hijo de puta🤭🤭 felicidades autora tienes un talento increíble 👏👏👏💐💐💐
MariaVG😘
hermosísima historia. Te hace sentir muchas cosas emociones. Me encantó la vieja y su hijo de puta🤭🤭 felicidades autora tienes un talento increíble 👏👏👏💐💐💐
Lucia Feliciano Falcao
Este pandillero cobarde y ladrón está charlado, no ve que cuando la limosna es grande el ciego desconfía y el cree que la mafiosa de la mujer va le regalar esa suma de dinero por su cara demacrada sin querer nada a cambio.😸😸😸
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