Me enamoré de una Youtuber que quiere seguir en el anonimato.
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HECHOS
Los días pasaron y el lunes por la tarde, Carolina subió el anuncio a su comunidad y, pocas horas después, estrenó el nuevo video:
“¡He vuelto Caromaniacs! Cuatro días es mucho tiempo, lo extrañé mucho.
Muchas gracias por sus muestras de cariño, ya me siento mucho mejor.
A partir de hoy vamos a retomar los videos y las series que teníamos pendientes. Gracias por continuar aquí.”
Su voz sonaba suave y mágica como siempre, aunque un poco más baja de lo habitual. El video era un regreso calmado, sin mucha energía, pero sincero.
Alejandro, que había estado revisando YouTube cada pocas horas durante toda la semana, suspiró profundamente aliviado cuando vio la notificación del nuevo video.
La anterior semana en el trabajo había sido irregular para él: algunos días lograba concentrarse, otros se quedaba mirando la pantalla con la mente en otro lado.
Se sentó frente a la computadora y vio el nuevo video tres veces seguidas. Le alegró escuchar su voz y saber que físicamente estaba mejor… pero también se puso triste.
Recordaba perfectamente cómo había terminado aquella noche: el terror, el pánico en sus ojos, la forma en que le había pedido que se fuera
De camino a casa, caminando por la acera con las manos en los bolsillos, su teléfono empezó a vibrar. Lo sacó y vio el nombre en la pantalla: Sofi.
Casi se le cae el teléfono de la sorpresa. Contestó nervioso:
—¿Bueno?
Del otro lado se escuchó la voz de Sofía, claramente burlona:
—Tengo muchas llamadas y muchos mensajes de este número y quiero decirle que ya dejé de molestar, no queremos cambiarnos de compañía telefónica.
Alejandro se quedó completamente descolocado, sin saber qué decir.
Hubo un segundo de silencio y luego se escuchó una risita al fondo, seguida de la voz de Carolina regañándola:
—¡Sofi!
Alejandro se llevó la mano al pecho y soltó un largo suspiro de alivio. Solo escuchar la voz de Carolina, aunque fuera de fondo, le quitó un peso enorme de encima.
Sofía volvió a hablar, ahora con un tono más serio pero todavía dubitativo:
—Queremos hablar contigo… de lo que pasó y de… —hizo una pausa— ustedes dos.
—Sí, cuando quieran —fue lo único que atinó a decir Alejandro, todavía nervioso.
—Mañana a las 6:00, en el bar —dijo Sofía con firmeza—. Y colgó sin darle oportunidad de responder.
Alejandro se quedó mirando el teléfono. No le había gustado el tono de Sofía: sonaba protectora y a la defensiva.
Guardó el celular y siguió caminando, con la cabeza llena de pensamientos.
Caminó unas cuantas cuadras, y justo cuando cruzaba una esquina, vio a un chico de cabello negro que le resultaba familiar. Estaba esperando para cruzar la calle.
Era el mismo que les había ayudado aquella noche en el hotel cuando Carolina estaba muy borracha.
Alejandro aceleró el paso y lo llamó:
—¡Hey! ¿Julio? ¿Juno?
El chico volteó, confundido. Alejandro se acercó un poco más:
—Te acuerdas de mí, ¿verdad? Nos vimos hace como dos semanas.
El joven sonrió con media boca y lo corrigió:
—Jules. Me llamo Jules.
Alejandro asintió, un poco apenado.
—Perdón… Jules. Soy Alejandro, el que estaba con Carolina esa noche en el hotel. ¿Tienes un minuto? Quisiera preguntarte algo antes de mañana.
Jules lo miró con curiosidad, pero no parecía molesto. Se apartó un poco de la esquina para que pudieran hablar con más calma.
—¿Qué quieres saber? —preguntó directamente.
Alejandro se pasó una mano por el cabello negro, buscando las palabras correctas.
—Mañana voy a ver a Carolina y a Sofi en un bar. Sé que pasó algo fuerte esa noche… Carolina tuvo una pesadilla muy mala y me pidió que me fuera. Desde entonces no hemos hablado. Solo quiero entender un poco mejor qué está pasando, para no meter la pata otra vez. Tú eres hermano de Sofi y conoces a Carolina desde hace tiempo… ¿hay algo que debería saber antes de ir mañana?
Jules se quedó callado un momento, evaluándolo. Su expresión era seria, pero no hostil.
—Mira… Carolina es como una hermana para mí. Ha pasado por cosas muy feas en el pasado y todavía le pesan.
Alejandro escuchaba atentamente a aquel chico. Jules hablaba con claridad y prosiguió.
—No soy yo quien debe contarte los detalles, eso tiene que salir de ella. Pero sí te puedo decir algo: no es por ti. Ese miedo que viste no es nuevo. Solo… ve con cuidado. Sé paciente. Si de verdad te importa, demuéstraselo con hechos, no solo con palabras.
Alejandro asintió lentamente, procesando la información.
—Gracias… de verdad. Solo quiero hacer las cosas bien.
Jules le dio una palmada ligera en el hombro.
—Entonces ve mañana con la mente abierta. Y si Sofi te amenaza con romperte algo… ignórala un poco, le gusta dramatizar.
Ambos sonrieron brevemente. Jules continuó su camino y Alejandro se quedó ahí parado un momento, con más preguntas que respuestas, pero también con una determinación más clara.