Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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Desastre
—¡Jack! ¿Dónde demonios estás? ¡Llevo más de treinta minutos llamándote!
—gritó Tobías entre el enojo y la preocupación.
—Tobí... estoy bien... bueno, creo que estoy bien...
—dijo Jack mientras se sobaba la cabeza.
—¿"Crees"? Jack, me asustaste. Voy de camino a tu casa.
—¿Qué? Pero no es necesario, estoy bien... aunque...
—¿Aunque? ¡¿Qué demonios sucede?!
—Bueno... hice un desastre en mi jardín. Parece una zona de guerra...
Tobías se rascó la cabeza con frustración.
—Voy en camino para ayudarte, si es que puedo hacer algo con eso...
—Bueno, necesitaremos unas palas y mucha fuerza. Y yo no tengo mucha fuerza física...
—Eres un amigo muy peculiar.
—¿Entonces dónde vienes?
Tobías miró de reojo por la ventana del automóvil en el que viajaba.
—En unos pocos minutos llegaré a tu casa.
—Bueno, entonces organizaré lo que pueda. Por suerte tengo una pala... y botas.
Tobías dejó escapar una risa a pesar de su enojo.
—Casi me das un infarto, tonto.
—Eres un chico atlético. Tu corazón funciona mejor que mi cerebro.
—No digas babosadas. Espérame en casa y ve preparando limonada.
—Eres el mejor.
—Es lo que tengo que pagar por tenerte como amigo...
—¡Oye!
Tobías se rio antes de colgar la llamada.
Jack guardó el celular en su bolsillo y se sentó en uno de los pocos espacios donde el suelo aún permanecía firme.
Por su mente seguía pasando aquel extraño sueño.
Recordaba casi todo: cómo se veía la misteriosa mujer y cada una de las palabras que le había dicho.
Sin embargo, no lograba recordar la última frase que ella pronunció antes de desaparecer.
—Bueno, dejaré eso para después... ahora debo organizar este desastre, si es que puedo...
Jack se puso de pie y fue hasta el cuarto donde guardaban las herramientas de jardinería.
Sacó una pala, una carretilla y unas botas de plástico.
Luego se acercó a uno de los montones de tierra y, reuniendo todas sus fuerzas, intentó clavar la pala.
Esta apenas logró entrar unos centímetros.
Sin rendirse, volvió a intentarlo.
Al segundo intento, la pala se separó de su mango.
Era una herramienta vieja y oxidada.
—¡Oh, vamos!
Jack lanzó la pala lejos, frustrado.
—Tal vez pueda...
Se puso de rodillas y apoyó una mano sobre la tierra.
Cerró los ojos e imaginó cómo todos aquellos montones regresaban a su lugar.
Para su sorpresa, su poder respondió casi de inmediato.
La tierra comenzó a moverse y a aplanarse por sí sola, rellenando los enormes agujeros que habían aparecido en el jardín.
—¡Sí! ¡Soy genial!
Poco a poco, el terreno comenzó a recuperar su forma original.
Después de varios minutos, el jardín volvió a parecer normal...
O al menos eso era lo que Jack creía en su cabecita.
Tras solucionar lo que consideraba el mayor problema, una enorme sonrisa reapareció en su rostro.
—Uff... esto fue mucho más efectivo que usar esa vieja pala.
Según él, el terreno había quedado perfecto.
La realidad era otra.
Había numerosas zonas sin césped, charcos dispersos por todas partes y varias plantas arrancadas y tiradas en el suelo.
Pero para Jack, aquello era un problema menor.
Con un poco de tiempo, podría encargarse del resto.
Pero claro... acababa de recuperarse de otro desmayo y había utilizado sus poderes una vez más.
Jack pensó que merecía un descanso y un poco de jugo de naranja antes de continuar.
Se sentó en una de las sillas del jardín, ubicada sobre la pequeña zona embaldosada que, por suerte, no había sido destruida.
Tomó un vaso, se sirvió un poco de jugo y bebió un largo trago.
—Umm... está excelente.
Observó el jardín con satisfacción.
—Ya casi está listo. Solo necesita unos pequeños arreglos y quedará perfecto.
Jack lucía completamente relajado.
Diez minutos después, Tobías tocó el timbre de la casa.
Jack se levantó de la silla con toda la calma del mundo, caminó hasta la puerta y la abrió.
Tobías todavía tenía una expresión de preocupación en el rostro.
Tobías: Vaya... te ves muy pálido.
Jack: Sí, un poco...
Jack abrió la puerta principal para que su amigo entrara.
Cuando ambos llegaron al jardín trasero, Jack lo señaló orgullosamente.
—Mira, Tobi. Lo hice todo yo. Está hermoso, ¿cierto?
La expresión de Tobías cambió de inmediato.
Su rostro quedó atrapado en un extraño punto entre la sorpresa, el horror y la incredulidad.
—¿Estás tonto?...
Preguntó con una voz tan suave que resultaba incluso más preocupante.
—¡Mira todo este desastre! Hay charcos por todas partes, plantas arrancadas de raíz y... ¡¿qué hace una silla de jardín sobre las ramas de ese árbol?!
Jack levantó la vista.
La silla seguía allí.
Luego bajó lentamente la cabeza, como un cachorro que acaba de ser regañado.
—...No lo sé.