Morí deseando cambiar el destino de un personaje trágico… y desperté en su cuerpo.
Ahora soy Lysander Valemont, el omega caprichoso prometido con el temido Duque Kael Aetherion.
En la novela original, nuestro matrimonio era infeliz y yo terminaba muriendo después de dar a luz.
Pero esta vez no permitiré que la historia termine igual.
Aunque Kael me odie… aunque todos crean los rumores sobre mí…
Haré todo lo posible para cambiar nuestro destino.
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Capítulo 19
Esa noche, Lysander no pudo dormir.
No importó cuántas veces cambiara de posición sobre la cama.
Ni cuántas veces cerrara los ojos e intentara concentrarse en otra cosa.
El resultado era siempre el mismo.
Cada vez que lograba vaciar un poco la mente…
Volvía a escuchar la voz de Kael en el pasillo.
"No me molesta."
"Que hablen si quieren."
Lysander abrió los ojos una vez más y se quedó mirando el dosel sobre su cama.
La habitación estaba en silencio.
Solo el leve crujido de la madera y el sonido distante del viento nocturno acompañaban el ritmo irregular de su respiración.
Se llevó una mano al pecho.
Podía sentir claramente el latido de su corazón.
Demasiado despierto.
Demasiado inquieto.
Demasiado… involucrado.
Y ese era precisamente el problema.
Porque al principio, todo había sido simple.
Bueno, no simple.
Pero sí claro.
Su objetivo al despertar en esa historia había sido sobrevivir.
Evitar el destino trágico del omega original.
No llamar demasiado la atención.
Mantener una distancia prudente del villano que, en la novela, estaba destinado a amar a alguien más.
Ese era el plan.
Y durante un tiempo…
Lo había seguido bastante bien.
Pero ahora…
Ahora Kael se quedaba a su lado durante sus días difíciles.
Le enviaba flores.
Lo llevaba al consejo imperial.
Lo defendía frente a la corte.
Lo buscaba en los espacios tranquilos de la mansión.
Le acomodaba el cabello como si fuera la cosa más natural del mundo.
Y, lo peor de todo…
Lo miraba de una manera que hacía cada vez más difícil recordar que, en teoría, todo eso no debía estar pasando.
Lysander cerró los ojos con fuerza.
—Esto es un desastre…
Murmuró contra la oscuridad.
Porque si las cosas seguían así…
Tarde o temprano iba a enamorarse de verdad.
Y si eso ocurría…
No sabía qué sería más peligroso.
Si la historia original.
O su propio corazón.
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A la mañana siguiente, el desayuno fue una experiencia incómodamente tranquila.
No porque Kael estuviera distante.
Sino porque estaba exactamente igual que siempre.
Sereno.
Compuesto.
Como si la conversación del pasillo no hubiera dejado a Lysander despierto durante media noche.
Como si decir “que hablen si quieren” no hubiera sido suficiente para desordenarle el alma.
Lysander sostenía su taza de té con ambas manos, intentando parecer mucho más sereno de lo que realmente estaba.
Frente a él, Kael leía un documento mientras el desayuno avanzaba en un silencio elegante.
Cada vez que Lysander levantaba la vista…
Terminaba mirándolo.
Y cada vez que lo hacía…
Recordaba demasiado bien la forma en que Kael lo había mirado la noche anterior.
Eso solo empeoraba todo.
—¿Vas a seguir observándome así toda la mañana?
Lysander casi se atragantó con el té.
Bajó la taza de inmediato.
—¿Qué?
Kael alzó la vista del documento.
Su expresión seguía siendo tranquila.
Pero sus ojos tenían ese leve brillo peligroso que aparecía cuando notaba algo que Lysander intentaba esconder.
—Me has mirado varias veces.
Lysander abrió la boca.
La cerró.
Y luego frunció apenas el ceño, intentando recuperar algo de dignidad.
—Tal vez solo estaba comprobando si hoy ibas a seguir actuando como si no hubieras dicho nada extraño ayer.
Kael lo observó unos segundos.
Luego dejó el documento sobre la mesa.
—¿Y qué dije exactamente que te pareció extraño?
Lysander lo miró fijamente.
—Tú sabes muy bien qué dijiste.
Kael apoyó un brazo sobre el brazo de la silla, viéndolo con una calma demasiado paciente.
—Quiero oírlo de ti.
El corazón de Lysander dio un salto peligroso.
Desvió la mirada hacia la ventana.
No pienso repetir eso en voz alta. Ni muerto.
Antes de que pudiera inventar una respuesta decente, uno de los sirvientes entró al comedor con una pequeña caja rectangular entre las manos.
Se inclinó con respeto.
—Mi señor.
Lysander parpadeó.
—¿Sí?
El sirviente avanzó y dejó la caja cuidadosamente a su lado.
—Esto llegó para usted esta mañana.
Lysander frunció ligeramente el ceño.
—¿Para mí?
—Sí, mi señor.
El hombre bajó la cabeza.
—Por orden del duque.
Lysander giró de inmediato hacia Kael.
El alfa, sin embargo, ya había retomado su taza de café con una tranquilidad absolutamente sospechosa.
—¿Qué es esto?
Kael dio un sorbo antes de responder.
—Ábrelo.
Lysander lo observó unos segundos más antes de llevar la caja hacia sí.
Era elegante, cubierta en terciopelo oscuro y cerrada con una cinta plateada discreta.
Con cuidado, la abrió.
Y lo que encontró dentro hizo que se quedara inmóvil.
Era un broche ornamental de plata blanca, delicadamente trabajado en forma de una pequeña flor rodeada por finas hojas entrelazadas.
En el centro brillaba una piedra azul clara que atrapaba la luz de la mañana con un destello suave.
Lysander lo miró en silencio.
Era hermoso.
Sutil.
Refinado.
No ostentoso.
Pero sí lo bastante especial como para sentirse… personal.
Levantó lentamente la vista hacia Kael.
—¿Tú… me lo enviaste?
Kael sostuvo su mirada con calma.
—Sí.
Lysander bajó otra vez la vista al broche.
Sus dedos rozaron apenas la superficie fría de la plata.
—Es precioso…
La sinceridad de su voz salió antes de que pudiera moderarla.
Y por un segundo, el ambiente entre ambos cambió.
Kael lo observó en silencio.
—Lo vi ayer cuando salí del palacio —dijo finalmente—. Me recordó a algo.
Lysander volvió a mirarlo.
—¿A qué?
Hubo una pequeña pausa.
Una pausa peligrosa.
Y luego Kael respondió:
—A ti.
El mundo pareció detenerse por un instante.
Lysander sintió cómo el corazón le golpeaba el pecho con tanta fuerza que casi dolía.
Lo miró sin saber qué decir.
Kael había dicho la frase con total serenidad.
Como si no acabara de lanzar algo capaz de desordenar por completo todo lo que Lysander había estado intentando controlar.
El omega bajó la mirada rápidamente hacia la caja, sintiendo el calor subirle al rostro de forma alarmante.
Esto no puede estar pasando.
No así.
No tan rápido.
Pero la verdad era mucho más cruel.
Porque en el fondo…
La parte más peligrosa de todo eso no era el regalo.
Ni la frase.
Ni siquiera la mirada de Kael.
Era el hecho de que, por primera vez…
Lysander quería guardar ese broche como si fuera algo precioso de verdad.
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Más tarde, ya solo en su habitación, Lysander sostuvo el broche entre las manos mientras la luz de la tarde caía suavemente sobre la cama.
Lo observó durante largos minutos.
La plata blanca.
La piedra azul.
Los detalles delicados.
Era bonito.
Pero no era solo eso.
Era lo que significaba.
Porque Kael no era un hombre de gestos vacíos.
No era alguien que hiciera cosas por compromiso emocional.
Cada pequeño acto suyo parecía pensado.
Medido.
Y precisamente por eso…
Ese regalo pesaba mucho más de lo que parecía.
Lysander llevó el broche hacia su pecho y cerró los ojos un instante.
Su respiración se volvió un poco más lenta.
Y en medio de ese silencio suave, una verdad incómoda terminó de asentarse dentro de él.
Una que ya no podía seguir evitando.
Una que ya no podía seguir disfrazando como simple estrategia de supervivencia.
Kael Aetherion se estaba volviendo importante para él.
Peligrosamente importante.
Y quizás…
Su corazón ya había empezado a cruzar una línea de la que no sería fácil volver.