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La Falsa Prometida Del Heredero

La Falsa Prometida Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Secretos de la alta sociedad / Escuela / Romance
Popularitas:556
Nilai: 5
nombre de autor: Tao P

Marian Soler solo quería conservar su beca en Aurum Academy y conseguir el tratamiento que su hermana menor necesitaba. Pero una noche escucha una conversación que no debía: Demian Valcárcel, el heredero más poderoso de la universidad, está atrapado en un compromiso impuesto con Isabell Santoro.

Cuando Demian descubre la situación de Marian, le ofrece un trato imposible de rechazar: fingir ser su prometida durante seis meses a cambio de dinero, protección y acceso médico para su hermana.

Ella acepta por necesidad. Él la elige por conveniencia.

Pero en Aurum nada es gratis. Entre rumores, fiestas de élite, secretos familiares y una prometida dispuesta a destruirla, Marian tendrá que decidir si puede sobrevivir al mundo de Demian sin perderse a sí misma… ni caer por el heredero que juró no amar.

NovelToon tiene autorización de Tao P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 — La primera mentira pública

Marian descubrió que una mentira podía pesar más que una verdad.

La verdad, al menos, tenía bordes conocidos. Podía doler, humillar, quemar en la lengua, pero era algo firme. Una mentira, en cambio, exigía postura. Exigía memoria. Exigía aprender a caminar como si el piso no estuviera a punto de abrirse debajo de los pies.

Esa mañana, frente al espejo pequeño del departamento, Marian entendió que el contrato no había empezado cuando firmó su nombre en la biblioteca privada del edificio Valcárcel.

Empezaba ahora.

Con el uniforme impecable.

Con el cabello recogido de forma más pulcra de lo habitual.

Con los labios apenas teñidos para que su rostro no delatara la noche sin dormir.

Con el celular vibrando sobre la mesa cada pocos minutos porque el grupo de estudiantes de su clase ya estaba lleno de mensajes sobre el evento de gala, la revisión de becas, el supuesto anuncio de Isabell Santoro y Demian Valcárcel.

Nadie sabía todavía que el anuncio iba a romperse.

Nadie sabía que Marian, la becada que solía sentarse en tercera fila y comprar café solo cuando tenía descuento, iba a entrar al campus junto al heredero más observado de Aureum Academy.

Su madre la miró desde la puerta de la cocina.

—Te ves pálida.

Marian bajó la vista al cuello de la blusa.

—Es el color de la pared.

—Marian.

Ella respiró despacio.

No quería mentirle más.

Tampoco podía decirle todo.

Habían hablado lo suficiente la noche anterior para que su madre entendiera que el acuerdo era peligroso, temporal y necesario. No habían hablado de Isabell, del padre de Demian, de la beca bajo amenaza ni de la frase final en la biblioteca privada: en Aureum Academy, eres mía.

Marian prefería que su madre no tuviera que cargar con esa parte.

—Voy a estar bien —dijo.

Su madre se acercó y le acomodó un mechón que se había escapado junto a la oreja.

—Eso no es lo mismo que estar segura.

Marian sostuvo su mirada.

El rostro de su madre parecía más cansado por las mañanas. Como si la noche le dejara encima todas las preocupaciones que intentaba guardar durante el día. Desde que Lía enfermó, en esa casa nadie descansaba del todo. Solo se turnaban para fingir que sí.

—El tratamiento de Lía sigue autorizado —dijo Marian, como si esa frase bastara para justificarlo todo.

A su madre se le humedecieron apenas los ojos.

—No quiero que pagues con tu vida lo que no podemos pagar con dinero.

La frase golpeó donde más dolía.

Marian tomó la mochila.

—No es mi vida. Son seis meses.

Su madre no contestó.

Las dos supieron que era mentira.

Seis meses podían ser una vida entera si la persona equivocada aprendía a tener poder sobre ti.

En el camino a Aureum, Marian revisó el contrato en su celular por quinta vez. Regina Duarte le había enviado una copia digital con las cláusulas marcadas. Marian se detuvo otra vez en las condiciones que ella misma había exigido.

No contacto físico sin consentimiento.

Lía fuera de toda exposición pública.

Cobertura médica garantizada.

No intervención en carrera, horarios o amistades.

Información compartida en caso de riesgo.

Parecía suficiente.

En papel.

El problema era que Aureum no funcionaba en papel. Funcionaba en miradas, rumores, fotografías robadas y silencios cuidadosamente colocados.

Al bajar del transporte, Marian se detuvo frente a la entrada principal del campus.

Aureum Academy brillaba bajo el sol de la mañana con una belleza casi ofensiva. Los jardines estaban recién regados. Las fuentes lanzaban agua limpia hacia un cielo azul. Los estudiantes entraban por la escalinata principal como si formaran parte natural de esa postal de poder: uniformes perfectos, bolsos caros, relojes discretos, risas que nunca sonaban demasiado fuertes.

Marian solía entrar por el costado.

No por vergüenza.

Por costumbre.

Los becarios aprendían rutas más silenciosas. Caminos donde no estorbaran. Mesas donde no ocuparan espacio. Horarios donde su presencia fuera menos visible.

Hoy, sin embargo, Demian Valcárcel la esperaba al pie de la escalinata principal.

Y Aureum lo sabía.

No había otra forma de explicarlo.

La gente no se detenía abiertamente, pero reducía el paso. Las conversaciones se doblaban hacia ellos. Algunas miradas saltaban de Demian a la entrada, de la entrada a los pasillos, como si todos esperaran el inicio de una escena.

Él vestía el uniforme oscuro de Aureum con una perfección casi irritante. Chaqueta negra con el escudo bordado, camisa blanca, corbata azul profundo. El cabello rubio claro estaba ordenado sin parecer rígido. Tenía una mano en el bolsillo y la otra libre, como si no necesitara hacer nada para que el mundo se acomodara alrededor.

Marian se detuvo a tres metros.

Demian la miró de arriba abajo.

No como los otros.

No con burla.

No con sorpresa.

La miró con evaluación precisa.

—Llegas tarde —dijo.

Marian apretó la correa de su mochila.

—Llegué cinco minutos antes de mi clase.

—Para esto, tarde.

—No sabía que mi humillación tenía horario.

Una sombra mínima cruzó los ojos de Demian.

—No vas a entrar humillada.

—Qué alivio. ¿También va a controlar cómo me miran?

—No. Solo lo que se atrevan a hacer con esa mirada.

Marian sintió que la frase le rozaba la piel de una manera incómoda. No era ternura. No era cuidado dulce. Era protección dicha como amenaza hacia otros.

Y eso, en Demian, parecía natural.

—Antes de empezar —dijo ella en voz baja—. No me toque sin avisar.

Él bajó la mirada a su mano.

—Necesitamos parecer pareja.

—Podemos caminar juntos.

—No basta.

—Entonces avise.

Demian sostuvo su mirada unos segundos.

Después extendió la mano, palma arriba. No la tomó. No la obligó. Solo la dejó entre ambos.

—Voy a tomar tu mano para cruzar la entrada principal. La soltaré cuando lleguemos al vestíbulo.

Marian miró esa mano.

Era una estupidez.

Solo una mano.

Había trabajado noches enteras, negociado con hospitales, discutido con administrativos, sostenido a su hermana en crisis, cargado bolsas de medicamento, tragado humillaciones más grandes.

Y aun así, esa mano le pareció una frontera.

Porque no era contacto.

Era declaración.

Aureum iba a leer ese gesto antes que cualquier palabra.

Marian levantó la barbilla y colocó su mano sobre la de él.

La piel de Demian estaba tibia.

Su agarre fue firme, pero no apretó.

Esa precisión también la enfureció un poco. Como si hasta el modo de tocar estuviera calculado para no darle una razón inmediata para apartarse.

—Respira —dijo él.

—No me dé instrucciones.

—Estás dejando de hacerlo.

Marian lo odiaba.

Pero respiró.

Avanzaron juntos.

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tinkher
por qué me tengo que enganchar por los puntos 😭🤣
tinkher
valimos puntos
Tao: Muchas gracias por leer 🥹✨ Me alegra mucho que hayas llegado hasta este capítulo. Se vienen más problemas para Marian y Demian.
total 1 replies
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