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“Cuando La Luz Se Rompe”

“Cuando La Luz Se Rompe”

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Venganza / Fantasía épica
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: kingofcurses_rb.

Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.

NovelToon tiene autorización de kingofcurses_rb. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: El Juicio del Fantasma Blanco

La noche seguía tragándose el mundo poco a poco.

Lejos de las murallas elegantes del reino…

lejos de los salones nobles, de los banquetes podridos y de las mentiras envueltas en seda…

la oscuridad era más honesta.

Más cruda.

Más silenciosa.

Y esa noche, una vez más, alguien caminaba dentro de ella como si ya no perteneciera del todo al mundo de los vivos.

Asahi.

Su sudadera negra se movía apenas con el viento frío.

La capucha seguía cubriéndole parte del rostro.

Su cabello blanco escapaba en algunos mechones.

Y sus ojos rojo carmesí permanecían vacíos, cansados, fijos hacia adelante como si ni siquiera necesitara mirar demasiado para saber dónde estaba la podredumbre.

Porque ya la sentía.

Y la estaba arrancando.

🩸 Miedo para el Rey

A lo largo de las afueras del reino, varios cuerpos de soldados corruptos y guardias reales yacían derrotados en caminos de tierra, campamentos improvisados y rutas de vigilancia.

Asahi no estaba haciendo aquello por placer.

Ni por gloria.

Ni por fama.

Lo hacía por una sola razón:

miedo.

Quería que el rey empezara a sentirlo.

Quería que, por primera vez en años, el hombre que había ordenado destruir su hogar ya no durmiera tranquilo.

Quería que cada desaparición.

Cada guardia que no regresara.

Cada informe roto.

Cada soldado hallado en el suelo.

Le recordara una sola cosa.

La sangre del pasado todavía no había terminado de cobrar.

Asahi siguió avanzando entre árboles oscuros y caminos abandonados, con la misma calma inhumana de siempre.

Hasta que…

se detuvo.

Porque algo había cambiado en el aire.

🌑 El Hombre del Mazo

Delante de él, entre la oscuridad de los árboles, una figura salió caminando lentamente.

No corría.

No se escondía.

No parecía asustado.

Solo avanzó con esa calma inquietante que tienen las personas que ya decidieron algo antes de llegar.

Era un joven de cabello negro, mirada cansada y porte sobrio.

Llevaba un mazo en la mano.

No parecía un caballero.

No parecía un héroe.

No parecía un mercenario.

Y sin embargo…

había algo en él que hacía que el ambiente se sintiera incómodamente más pesado.

Más serio.

Más extraño.

Sus ojos café oscuro se clavaron directamente sobre Asahi.

Sin titubear.

Sin miedo.

Y luego levantó apenas el mazo, apuntándolo hacia él.

—Lo que haces… va contra las leyes humanas.

La voz de aquel hombre no era ruidosa.

No necesitaba serlo.

Tenía un cansancio frío que la volvía más incómoda.

Asahi no se alteró.

Ni siquiera se tensó.

Solo respondió con total indiferencia:

—Eso no importa.

El joven chasqueó la lengua con fastidio.

—Tch…

Sus ojos se afilaron apenas.

—Serás castigado.

⚖️ La Sala del Veredicto

Asahi apenas tuvo tiempo de fruncir el ceño.

Porque al siguiente instante…

el mundo cambió.

El bosque desapareció.

La tierra oscura bajo sus pies se volvió un piso pulido y frío.

Las sombras de los árboles se deformaron hasta convertirse en grandes columnas de piedra.

La noche fue reemplazada por una penumbra solemne y sofocante.

Y cuando Asahi volvió a mirar a su alrededor…

ya no estaba afuera.

Estaba dentro de una gran sala de tribunal.

Gigantesca.

Oscura.

Silenciosa.

Con una atmósfera tan pesada que incluso respirar parecía fuera de lugar.

Había bancas.

Columnas altas.

Un estrado elevado.

Y una presencia invisible que parecía observarlo todo desde todas partes al mismo tiempo.

Asahi giró la cabeza con desconfianza.

Sus ojos rojos recorrieron el lugar.

Y por primera vez en mucho tiempo…

mostró una ligera molestia real.

—¿Dónde rayos estoy…?

Delante de él, el hombre del mazo ya no parecía solo un desconocido cansado.

Ahora parecía algo más.

Algo peor.

Algo que pertenecía a ese lugar.

Se acomodó frente al gran escritorio del tribunal, golpeó la mesa con el mazo…

y el sonido resonó por toda la sala como una sentencia.

¡BANG!

La voz del joven se alzó, firme y solemne:

—Bien.

Sus ojos no se apartaron de Asahi.

—Que inicie el juicio.

📜 El Nombre del Juez

Asahi lo observó en silencio.

El hombre sostuvo el mazo con una mano mientras con la otra sacaba varios documentos.

Su rostro no mostraba entusiasmo.

Ni furia.

Ni placer.

Solo una fría rutina.

Como si hacer esto fuera tan natural para él como respirar.

Finalmente habló:

—Mi nombre es Kaito Aizawa.

La presentación fue seca.

Sin ceremonia.

Sin orgullo.

Solo un dato necesario.

Luego levantó uno de los papeles.

—Y tú…

Sus ojos recorrieron a Asahi de arriba abajo.

—Eres el sujeto bajo juicio.

Asahi no respondió.

Solo lo miró con esa calma vacía que ya parecía parte de su piel.

Kaito apoyó el primer documento sobre la mesa.

Y habló con voz firme:

—Primer caso.

⚖️ Caso Uno: La Agresión a Sato

Kaito alzó el papel con total seriedad.

—Se te acusa de haber golpeado brutalmente a un chico llamado Sato.

El nombre cayó en el aire como una piedra vieja arrancada del pasado.

Y por primera vez en varios segundos, algo cambió apenas en la expresión de Asahi.

No miedo.

No culpa.

Solo un cansancio oscuro.

Kaito continuó:

—Se reportó agresión física severa, humillación pública y uso excesivo de violencia.

El tribunal quedó en silencio.

Asahi lo miró fijamente.

Luego respondió con una frialdad absoluta:

—Se lo merecía.

Kaito arqueó apenas una ceja.

Asahi siguió, sin necesidad de adornar nada:

—Trataba a mi hermana como si fuera un objeto.

Su voz no subió.

No tembló.

No se quebró.

Pero la tensión dentro de esas palabras era evidente.

—Y un ataque mágico suyo la lastimó.

Hubo un breve silencio.

Kaito no dijo nada al principio.

Solo bajó la mirada hacia el papel.

Luego volvió a levantarla.

Y esta vez, su expresión cambió apenas.

Solo un poco.

Lo suficiente para notar que aquello no había sido una respuesta vacía.

—Muy bien —dijo con voz neutra.

Apoyó el documento.

—Al menos lo admites.

No lo absolvió.

No lo condenó.

Solo lo registró.

Como si estuviera guardando cada grieta de la verdad antes de golpear con el veredicto.

Luego sacó un segundo documento.

—Segundo caso.

🩸 Caso Dos: Once Años de Ausencia

El aire del tribunal pareció volverse más pesado.

Más incómodo.

Más personal.

Kaito sostuvo el nuevo papel y habló con el mismo tono frío, casi clínico:

—Se te acusa de alejarte y desaparecer durante más de once años de la vida de tu hermana.

Asahi no reaccionó al instante.

Pero algo se endureció en él.

Muy leve.

Muy profundo.

Kaito siguió:

—Abandono emocional.

—Ausencia prolongada.

—Desaparición voluntaria.

La sala quedó inmóvil.

Como si incluso las paredes estuvieran esperando la respuesta.

Y esta vez…

la voz de Asahi sonó un poco distinta.

No más alta.

No más débil.

Solo…

más cerrada.

—Fue mi decisión alejarme.

Kaito lo observó con atención.

—¿Eso es todo?

Asahi sostuvo la mirada.

—Sí.

Pero no lo era.

Y ambos lo sabían.

Porque la respuesta era demasiado corta.

Demasiado seca.

Demasiado vacía para un tema que claramente pesaba mucho más de lo que él quería admitir.

Kaito entrecerró apenas los ojos.

No porque no le creyera.

Sino porque reconocía demasiado bien ese tipo de respuesta.

La respuesta de alguien que no está negando los hechos…

pero sí está escondiendo la herida.

🌑 Un Juicio Incompleto

Kaito dejó también el segundo documento sobre la mesa.

Sus dedos descansaron unos segundos sobre los papeles.

Su expresión seguía siendo seria.

Pero por dentro…

algo ya no encajaba del todo como esperaba.

Porque había llegado con la intención de juzgar a un monstruo.

A un asesino de las sombras.

A una amenaza.

Y sí.

Asahi claramente era peligroso.

Claramente era violento.

Claramente había hecho correr sangre.

Pero cuanto más hablaba…

más empezaba a notarse algo incómodo.

Algo difícil de ignorar.

No estaba frente a un hombre que disfrutaba destruir por capricho.

Estaba frente a alguien roto.

Y Kaito odiaba cuando los casos dejaban de ser simples.

Porque los casos simples eran fáciles de castigar.

Los otros…

los otros eran los que lo cansaban más.

Apretó apenas la empuñadura del mazo.

Y finalmente habló una vez más:

—Vamos con el último caso.

⚖️ La Última Acusación

El ambiente entero cambió.

La presión del tribunal aumentó de golpe.

Las luces frías de la gran sala parecieron hundirse un poco más en la penumbra.

Incluso Asahi levantó apenas la mirada con más atención.

Kaito no sacó el siguiente documento de inmediato.

No.

Primero guardó silencio.

Un silencio demasiado largo.

Demasiado pesado.

Demasiado deliberado.

Luego, finalmente, llevó la mano al interior de su abrigo oscuro…

y sacó un último expediente.

Mucho más grueso que los anteriores.

Mucho más importante.

Mucho más peligroso.

Lo dejó sobre la mesa.

THUMP.

El sonido fue seco.

Pesado.

Casi violento.

Asahi entrecerró apenas los ojos.

Kaito apoyó lentamente la mano sobre el expediente.

Y esta vez…

cuando levantó la mirada hacia él…

ya no parecía solo un juez cansado.

Parecía alguien que estaba a punto de abrir una herida demasiado profunda.

Su voz salió más baja.

Más grave.

Más seria que antes.

—Este último caso…

Hizo una pausa.

El silencio en la sala se volvió insoportable.

Y luego terminó:

—…es el que más importa.

Asahi no dijo nada.

Pero su mirada roja ya no estaba tan vacía como al inicio.

Porque por primera vez desde que empezó ese juicio…

algo dentro de él estaba en guardia de verdad.

Y Kaito…

solo abrió lentamente el expediente.

Fin del Capítulo 22

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