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Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Linaje De Sombras: El Pacto Blackwood

Status: En proceso
Genre:Acción / Dominación / Amor-odio
Popularitas:31k
Nilai: 5
nombre de autor: EJ CB

​Elena Vargas vive para un solo propósito: destruir a la familia que le arrebató todo. Armada con un odio forjado en cenizas y protegida por la lealtad inquebrantable de sus dos "hermanas", Valeria y Maira, Elena se infiltra en el imperio de los Blackwood para desenterrar un misterio que lleva diez años sangrando.
​Sin embargo, en el centro de la red la espera Samael Blackwood, un hombre cuya dominación es ley y cuya presencia es un abismo. Entre ellos estalla un amor salvaje y prohibido; una guerra de voluntades donde la pasión se confunde con la venganza y cada caricia es un duelo a muerte.

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Capítulo 20: El Despertar de la Arquitecta

El refugio en el centro de Medellín era un antiguo teatro abandonado, un edificio de techos altos y terciopelo carcomido por el tiempo. Afuera, el ruido de los helicópteros de El Directorio peinaba la zona, pero el teatro, con sus muros de ladrillo macizo y sus sótanos laberínticos, ofrecía un respiro momentáneo.

Elena Vargas estaba de pie en el escenario, bajo la luz mortecina de un único reflector. Su madre, Beatriz, estaba sentada en un sillón de utilería, envuelta en una manta. Pero algo había cambiado. La fragilidad de Beatriz se había evaporado. Su columna estaba recta, su mirada era penetrante y sus manos ya no temblaban.

—Maira tiene razón —dijo Beatriz, y su voz no era el hilo débil de antes, sino una melodía culta y autoritaria—. Los nanotransmisores están funcionando perfectamente. La sincronización de fase entre ustedes dos es del 98%. Casi perfecta.

Maira, que estaba monitoreando las señales desde el foso de la orquesta, dejó caer su tableta. Valeria, apoyada en el proyeccionista con su fusil al hombro, frunció el ceño.

—¿De qué carajos estás hablando, mamá? —preguntó Elena, sintiendo un nudo de hielo en el estómago.

Beatriz se puso de pie con una elegancia que recordaba aterradoramente a Lady Morgana. Empezó a hablar en un alemán técnico, fluido, antes de regresar al español.

—Antonio y tu padre no eran solo socios de minas, Elena. Eran los financistas. Yo era la mente. Las Esmeraldas de Sangre no eran el fin, eran el combustible. Necesitaba los minerales traza de esas piedras para estabilizar la red neuronal de los transmisores. Yo diseñé el pacto de sangre. Yo quería que sus linajes se unieran para crear la primera red de inteligencia humana interconectada.

—¿Nos usaste? —la voz de Samael surgió desde la oscuridad de los palcos. Bajó las escaleras con su imponente presencia, sus ojos de gris acero contraído por una furia contenida—. ¿Toda mi vida, todo este dolor, fue un experimento de laboratorio?

—Fue una evolución —respondió Beatriz con una frialdad científica—. El incendio... Morgana lo provocó porque quería el control total de la patente, no por celos. Yo fingí mi demencia para que ella creyera que el secreto había muerto conmigo. Pero sabía que tarde o temprano, la biología los atraería. El deseo es el mejor conductor de datos.

......................

Elena sintió que el mundo se desvanecía. La mujer por la que había cruzado infiernos era el diablo disfrazado de víctima. Valeria se acercó a Elena, poniéndole una mano en el hombro, pero Elena la apartó. Necesitaba aire. Necesitaba quemar la sensación de ser una marioneta.

Samael agarró a Elena del brazo y la arrastró hacia el camerino principal del teatro, cerrando la puerta pesada de madera tras de sí.

El camerino estaba lleno de espejos rotos y el olor a maquillaje viejo. La luz de la luna se filtraba por una claraboya, iluminando el rostro de Elena, cuyas facciones estaban bañadas en lágrimas de rabia.

—¡Todo es mentira, Samael! —gritó ella, golpeando el pecho de él—. ¡Incluso lo que siento cuando te toco... mi madre dice que es una maldita frecuencia de radio!

Samael la atrapó contra el tocador de luces fundidas, sujetando sus manos con una dominación que esta vez era pura desesperación. Sus ojos azul tormentoso buscaban los de ella en el reflejo de los espejos fracturados.

—¿Crees que un chip puede dictar la forma en que mi cuerpo te reclama? —gruñó él, su voz vibrando en el pecho de Elena—. Si esto es un experimento, vamos a quemar el laboratorio.

Él la besó con una pasión salvaje que buscaba destruir cualquier rastro de duda. Elena respondió con la misma ferocidad, mordiendo sus labios, queriendo sentir el dolor para asegurarse de que su placer seguía siendo suyo. Samael la alzó y la sentó sobre el tocador, barriendo los frascos de perfume viejos que estallaron contra el suelo.

Él no fue sutil. Le desgarró el traje táctico, dejando su piel canela expuesta a la penumbra. Sus manos grandes y de dedos largos recorrieron sus muslos con una urgencia eléctrica, mientras sus labios devoraban su cuello, dejando marcas que se sincronizaban con el latido de los nanotransmisores. Elena sentía una vibración interna, un zumbido que nacía de su sangre y se concentraba en su vientre.

Samael se deshizo de su ropa y la penetró de una sola embestida, profunda y rítmica, que hizo que Elena soltara un grito de agonía y éxtasis. El contacto fue devastador. Podían sentir el pulso del otro como si fuera una descarga de alto voltaje. Cada estocada de Samael era un desafío a la ciencia de Beatriz, un intento de reclamar su propia humanidad a través del exceso.

El ritmo era frenético, una lucha de dominación carnal donde los gemidos de Elena se mezclaban con el estruendo de los helicópteros que pasaban sobre el teatro. Ella rodeó la cintura de Samael con sus piernas, apretándolo contra ella con una necesidad mística. El sudor les cubría los cuerpos, brillando bajo la luz de la luna, y el aire en el camerino parecía cargado de estática.

Elena sentía que sus sentidos se multiplicaban. Podía oler la pólvora en la ropa de Samael, sentir el flujo de su sangre, escuchar el pensamiento intrusivo de su deseo. No era solo sexo; era una fusión molecular. Ella arqueó la espalda cuando Samael la tomó por la nuca, obligándola a mirarlo mientras la poseía con una fuerza que parecía querer fundir sus huesos.

—Mía... no de ellos... mía —susurró Samael en su oído, su voz ronca y posesiva.

El clímax llegó como una supernova biológica. La sobrecarga de la señal fue tan intensa que las luces del camerino parpadearon y estallaron en una lluvia de chispas. Elena gritó, perdiéndose en un abismo de placer que no tenía nombre, sintiendo cómo el vínculo con Samael se soldaba de forma definitiva en su ADN. Se quedaron abrazados sobre el tocador, temblando, mientras el silencio volvía al teatro, solo roto por el sonido de sus respiraciones agitadas.

Diez minutos después, Elena se vestía con movimientos entumecidos. Se miró al espejo roto; ya no se reconocía. Samael estaba a su lado, ajustándose el cinturón táctico, con la mirada fija en la puerta.

—Mi madre no se va a detener —dijo Elena, su voz fría como una gema tallada—. Ella quiere ver los resultados del experimento en El Directorio.

—No vamos a ser sus ratas de laboratorio, Leni —respondió Samael—. Si tu madre es la arquitecta, nosotros somos el fallo en el sistema que lo va a derribar todo.

Salieron del camerino. En el escenario, Beatriz seguía sentada, pero ahora Maira y Valeria la tenían encañonada. Maira lloraba de rabia, y Valeria parecía lista para apretar el gatillo.

—La señal de sobrecarga que acaban de emitir fue detectada —dijo Beatriz con una sonrisa gélida—. El Directorio está a dos cuadras. Y vienen por sus prototipos.

—Nos vamos —ordenó Elena, ignorando a su madre—. Maira, quema los servidores. Val, prepara las granadas de humo.

—¿Y ella? —preguntó Valeria, señalando a Beatriz.

Elena miró a la mujer que le dio la vida y que luego se la arrebató para convertirla en un diseño. La ternura había muerto definitivamente.

—Déjala aquí. Si tanto ama su experimento, que se quede a explicárselo a los hombres de El Directorio.

Salieron por la trampilla del escenario hacia los túneles del metro de Medellín justo cuando las puertas principales del teatro eran derribadas. Elena corría de la mano de Samael, sintiendo la vibración en su sangre, sabiendo que ahora eran los fugitivos más valiosos del planeta.

—¿A dónde vamos, Leni? —preguntó Samael mientras se internaban en la oscuridad de los túneles.

—A buscar a la única persona que odia a mi madre tanto como yo —respondió Elena—. Vamos a buscar a Lady Morgana Blackwood. Vamos a hacer un trato con el diablo para destruir a la diosa que nos creó.

CONTINUARA...

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Alma Guentes
más capítulos autora está buenísimo 👏👏👏
Camila Nava
maraton maraton otra vez
♡ Dayana💕
me encantaron los capítulos 🤭 quiero más
♡ Tu y yo bebe 🫦
que forma de traer un recado 🤭 quiero que me den las noticias así 🤣
♡Maye
las capítulos🤭 si no es mucha molestia 🤭
♡ Lau
esta muy buena, espero pronta actualización 🤭
♡ ^Majo^
yo elijo por ti🤣 me quedo en los brazos de él y en lo que no son los brazos también 🤭
♡ ^Majo^
waoooo que entrega ☺️/Awkward/
♡ ^Majo^
/Awkward//Awkward//Awkward/ me sonroje
♡ Tasharen ^_^
quiero más 🤭
Ley Ruiz
MARATON MARATON MARATON
Camila Nava
maraton maraton maraton
Lola Dolores
maraton maraton 👏
Ivonne selva k
más capítulos 😭
Camila Nava
tremenda presentación 👏
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