Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 21
—AL DÍA SIGUIENTE—
La luz del amanecer se filtraba suavemente por las cortinas, pintando mi habitación en tonos cálidos.
Estaba despierta.
Desde hacía rato.
Acostada.
Mirando el techo.
Sin moverme.
Sin pensar… o más bien, pensando demasiado.
En Ramsés.
En mi Villano.
En este mundo distorsionado.
La puerta se abrió con cuidado.
—Mi señorita… —la voz de Lisa fue suave, casi cautelosa.
Entró junto a las demás sirvientas.
Sus pasos eran ligeros, pero sus miradas…
no.
Esas eran pesadas.
Preocupadas.
Las sentía incluso sin mirarlas directamente.
Y no era para menos.
Durante días me habían visto encerrada.
Escribiendo.
Reescribiendo.
Arrugando papeles.
Tirándolos.
Comiendo apenas lo mínimo.
Durmiendo… poco o nada.
Obsesiva.
Silenciosa.
Distante.
…y aun así, ahora—
Me incorporé de golpe.
—Buenos días —dije, como si nada.
Como si todo estuviera perfectamente normal.
Lisa parpadeó, sorprendida.
Las otras intercambiaron miradas.
Pero no dijeron nada.
Solo comenzaron a arreglarme.
Mi cabello.
Mi vestido.
Mi apariencia.
Cuando bajé al comedor—
el ambiente cambió.
Mi madre fue la primera en notarlo.
Luego mi hermano.
Y finalmente mi padre.
Sus expresiones…
se suavizaron.
Alivio.
Claro.
Pero también duda.
Como si no supieran si lo que veían era real.
O solo una ilusión.
Me senté.
Con calma.
Elegante.
Silenciosa.
Tomé los cubiertos.
Y comencé a desayunar como si nada hubiera pasado.
Pues me cargaba con un hambre tremenda.
Como si no hubiera desaparecido del mundo durante días.
Como si mi mente no estuviera… en otro lugar.
El silencio en la mesa era espeso.
Incómodo.
Lleno de palabras no dichas.
De preguntas retenidas.
De preocupación contenida.
Podía sentir sus miradas sobre mí.
Todas.
Pesando.
Analizando.
Esperando.
…
Solté el cubierto suavemente.
Y hablé.
—Papá… mamá… hermano…
Levanté la vista.
Sonreí.
Tranquila.
Segura.
—Estoy bien.
Eso no era del todo mentira.
Pero tampoco era verdad.
—He estado diseñando algunas cosas que me gustaría llevar a cabo.
Mi padre frunció ligeramente el ceño.
Mi madre inclinó la cabeza.
Mi hermano dejó de comer.
—¿Qué tipo de cosas? —preguntó con cautela.
Negué suavemente.
—Aún no puedo decirlo.
Hice una pequeña pausa.
Y luego sonreí un poco más.
—Es una sorpresa.
Solté una risita ligera.
Natural.
El ambiente se relajó… apenas.
No del todo.
Pero lo suficiente.
Entonces añadí, como si fuera un detalle sin importancia:
—Y sobre la carta del general Ramsés…
Tomé un sorbo de té.
—No le tomen importancia.
Silencio.
Otra vez.
Más tenso.
Más cargado.
Mi padre intercambió una mirada rápida con mi madre.
Mi hermano apretó ligeramente la mandíbula.
Dudaban.
Claro que dudaban.
Pero esta vez…
no insistieron.
Tal vez por miedo.
Tal vez por respeto.
Tal vez porque…
no querían romper este momento.
El tema cambió.
Forzado al inicio.
Pero luego—
más natural.
Hablamos de cosas triviales.
Recuerdos.
Anécdotas.
Historias de cuando éramos más pequeños.
Mi hermano exagerando como siempre.
Mi madre corrigiéndolo.
Mi padre soltando alguna risa baja.
Y yo…
yo también reí.
Y esta vez…
no fue fingido del todo.
Porque, de alguna forma…
ya empezaban a sentirse como mi familia.
Una real.
Una cálida.
Una que me aceptaba.
…
Pero incluso mientras sonreía—
mientras hablaba—
mientras jugaba ese papel—
mi mente…
no estaba ahí.
No completamente.
Porque en el fondo…
seguía pensando en él.
En mi Villano.
En su mirada fría.
En sus palabras.
“No eres mi tipo.”
Mentira.
Sonreí apenas, bajando la mirada hacia mi taza.
—Qué mal mentiroso… —murmuré para mí misma.
Y algo dentro de mí…
se encendió otra vez.
Una chispa.
Traviesa.
Peligrosa.
Divertida.
Esto…
definitivamente…
se estaba volviendo interesante.
Jugar el juego del gato y el ratón.
Me emociona.
......................
Cuando terminé, me levanté con calma de la mesa.
—Con permiso.
Nadie me detuvo.
Nadie preguntó nada.
Pero aún así me miraban cálidamente.
Mientras sentía sus miradas siguiéndome hasta que salí del comedor.
Subí las escaleras con elegancia, sin prisa… pero sin detenerme.
Y, como una sombra silenciosa—
Lisa me siguió.
No dijo nada en todo el trayecto.
Solo el suave sonido de sus pasos detrás de mí.
Respetuosa.
Atenta.
Observando.
Cuando llegamos a mi habitación, cerré la puerta con suavidad.
Entonces sí—
me giré hacia ella.
Sin sonrisa.
Directa.
—Lisa.
Ella alzó la mirada de inmediato.
—¿Sí, mi señorita?
Tomé varios papeles del escritorio.
Los extendí frente a ella.
—Necesito que esto esté listo para mañana.
Lisa los tomó con cuidado.
Sus ojos recorrieron los diseños.
Primero con curiosidad.
Luego con sorpresa.
Y finalmente…
con una leve impresión que no pudo ocultar del todo.
—Esto es…
Asintió lentamente, profesional.
—Muy específico.
—Lo necesito así —respondí sin rodeos.
Señalé el primero.
—Una mochila de lado. Compacta, resistente… pero discreta.
Luego el otro.
—Y esto.
Lisa inclinó la cabeza apenas.
—¿Un catalejo?
—Exacto.
Mis labios se curvaron ligeramente.
—Quiero alcance… pero sin llamar la atención.
Lisa no preguntó para qué.
Y eso…
me gustaba de ella.
—Buscaré a alguien de absoluta confianza —dijo con firmeza—. Estará listo para mañana.
Asentí.
—Bien.
Hice una pausa.
Luego añadí, como si fuera lo más normal del mundo:
—También quiero una costurera.
Lisa levantó la vista.
—¿Alguna en específico?
Negué.
—Discreta.
Silenciosa.
Eficiente.
Tomé otro conjunto de papeles.
Se los entregué.
—Necesito que tome mis medidas hoy mismo.
Sus ojos bajaron a los diseños.
Pantalones.
Capas.
Cortes poco comunes.
Funcionales.
Pensados.
Nada de simples caprichos.
—Y que empiece con esto de inmediato.
Lisa guardó todo con cuidado.
—Lo organizaré.
Sin preguntas.
Sin dudas.
Perfecta.
Entonces tomé una pequeña bolsa y se la extendí.
El peso del oro hizo un sonido suave al cambiar de manos.
—Para los gastos.
Lisa la sostuvo.
La abrió apenas.
Y sus ojos se ampliaron, muy ligeramente.
—Mi señorita…
Sonreí.
Esta vez sí.
Divertida.
Casi traviesa.
—Digamos… que padre patrocinó mis ideas.
Una risa pequeña escapó de mis labios.
Ligera.
Pero cargada de intención.
Lisa cerró la bolsa.
Y por primera vez…
una sombra de complicidad cruzó su expresión.
—Entiendo.
Hizo una leve reverencia.
—Me encargaré de todo.
Cuando se dirigía a la puerta—
—Lisa.
Se detuvo.
—Sí, mi señorita.
Mi mirada se deslizó hacia la ventana.
La luz del día ya era más fuerte.
Pero mi mente…
ya estaba en otra parte.
—Que nadie se entere de esto.
Silencio.
Un segundo.
—Nadie.
Lisa no dudó.
—Por supuesto.
Y entonces salió.
La puerta se cerró suavemente.
…
Y yo me quedé sola.
Otra vez.
Pero esta vez—
no estaba perdida en ideas.
No estaba encerrada.
No estaba huyendo.
Caminé hacia el escritorio.
Pasé los dedos sobre los bocetos restantes.
Luego miré hacia el espejo.
Mis ojos brillaron ligeramente.
—Preparativos… —murmuré.
Una sonrisa lenta apareció.
—Porque cazar a un tsundere…
Incliné la cabeza.
Divertida.
Peligrosa.
—requiere no solo estrategia... sino constancia.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭