Traicionada por el marido. Engañada por la hermanastra. Asesinada por el hijo.
Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Ahora, de vuelta al día de la boda, Helena cambia los contratos y modifica su propio destino.
Casada con el tío de su ex, descubre el sabor de la venganza… y de un amor que jamás esperó encontrar.
“En la vida pasada fue engañada. En esta, nadie volverá a usarla.”
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Capítulo 10
Helena sonrió, una sonrisa verdadera, suave, que no era para Saulo.
—Gracias. Y no lo olvide más. Su voz importa. Siempre.
La funcionaria asintió, emocionada, antes de alejarse.
Saulo observó la escena con incomodidad.
¿Helena inspirando a alguien? Eso lo irritaba más de lo que admitía.
En el pasillo de los ejecutivos
La puerta apenas se había cerrado y el murmullo comenzó.
—Ella no hizo eso sola.
—Arthur debe haber ayudado. Solo puede ser.
—Vamos a ver lo que realmente sabe. Si fracasa frente al consejo, su abuelo la sacará de aquí sin discusión.
—De acuerdo. Vamos a pasarle el proyecto de integración internacional.
—¿Aquel que nadie ha conseguido viabilizar?
—Ese mismo. Vamos a ver cuán lejos llega la "suerte".
Una risa baja y venenosa, por toda la sala.
Venganza corporativa en formato de prueba.
Más tarde, en la oficina de Arthur, le preguntó a su asistente:
¿Cómo le fue hoy a Helena en el trabajo?
Dante se aclaró la garganta y comenzó a relatar:
En una reunión para resolver una cuestión, llegaron a un punto muerto en la logística, Helena interrumpió a tres directores, se impuso, sugirió una solución sólida y ellos están… ¿cómo puedo decir?… sintiendo el orgullo aplastado.
Arthur se recostó en la silla, pensativo. Por un instante, la imagen que tenía de ella —frívola, superficial, igual a Lorena— se tambaleó.
—¿Ella consiguió proponer una solución donde ellos fallaron? —preguntó, intentando sonar indiferente.
—Consiguió —respondió Dante, casi sonriendo—. Y con confianza.
Arthur tamborileó los dedos en la mesa, tenso en su propia sorpresa.
—Hum. Probablemente decoró algo. No significa que entiende lo que está haciendo.
Pero había algo en su voz… una fisura en la certeza.
¿Curiosidad?
¿Tal vez el inicio de respeto?
Dante arqueó una ceja.
—O tal vez el señor esté equivocado sobre ella.
Arthur frunció el ceño, mirando por la ventana.
—Veremos.
Dijo con frialdad, pero sus pensamientos ya no eran tan fríos.
...****************...
Al día siguiente, la sala del consejo estaba silenciosa cuando Helena entró. Todos los hombres ya estaban acomodados, trajes oscuros y miradas sombrías, como si ella fuera una pieza fuera de lugar en ese ambiente.
El director de Operaciones fue el primero en hablar, con una sonrisa demasiado pulida:
—Helena, ya que tuvo… un desempeño notable ayer, creemos justo que asuma un desafío compatible.
Otro ejecutivo completó, cruzando los brazos:
—Un proyecto estratégico. De impacto real. Nada… decorativo.
Risas ahogadas.
Ella no parpadeó.
Una carpeta de cuero fue deslizada por la mesa hasta ella.
—Integración de la malla logística internacional —dijo el CFO, el tono casi teatral—. Consolidación de las filiales de Europa y expansión para el Sudeste Asiático. Hace años intentamos viabilidad operacional y compliance regulatorio. Sin éxito. Pero quién sabe si la señora tenga un toque especial.
Tenía veneno en las palabras, y miedo escondido detrás de la burla.
Helena abrió la carpeta. Gráficos complejos, proyecciones financieras, mapas de distribución, rutas multimodales, tablas de SLA, exigencias aduaneras, regímenes tributarios internacionales.
Y encima, anotado a mano:
> Buena suerte.
Querían verla fracasar.
Ella respiró hondo, levantó el rostro y sonrió, una sonrisa que dejó a tres directores incómodos.
—Gracias por la confianza —dijo con suavidad asesina—. Es un desafío interesante. Voy a entregar un plan preliminar de viabilidad logística y financiera en treinta días. Y el modelo operacional completo en sesenta.
La sala se congeló.
—¿Sesenta? —uno de ellos tosió en una risa nerviosa—. Usted no tiene idea de la complejidad…
—Sí que la tengo —interrumpió ella, serena—. Y si voy a asumir este proyecto, será entregado con la debida excelencia. Al fin y al cabo, la reputación de la empresa está en juego, ¿no es así?
Silencio.
Ellos subestimaron el fuego dentro de ella, y lo sintieron.
Cuando ella salió, el aire detrás de ella se hizo más pesado.
Ellos no habían dado una prueba.
Ellos habían encendido una guerra.
Por la noche, en la oficina silenciosa
Helena esparció las hojas por la mesa, iluminadas solo por la luz de la lámpara. Pasó los dedos por las páginas como quien reconoce un rostro del pasado.
Porque reconocía.
Su corazón se aceleró, no de miedo, sino de certeza de la victoria.
Aquel proyecto era el mismo que, en la vida pasada, ella había estructurado para Saulo. Reorganizó flujos logísticos, renegoció contratos de flete internacional, diseñó un modelo híbrido de distribución y sugirió joint-ventures estratégicas en Corea y Alemania para optimizar operaciones y reducir impuestos vía tratados bilaterales.
Ella lo convirtió en un héroe.
Y él la destruyó después.
En la vida pasada, ella se había dedicado hasta el agotamiento. Pasó noches en claro, revisando cada detalle de aquel proyecto que podría cambiar el rumbo de la empresa. Sabía el peso que tenía: quien lo conquistara ganaría prestigio y poder. Y fue exactamente lo que sucedió: Saulo recibió todos los méritos, el respeto de los directores y, más tarde, el derecho de comandar todo.
Pero ahora era diferente.
Esta vez, ella se esforzaba por sí misma.
Ella abrió el notebook y comenzó a teclear:
Revisión de las tarifas comerciales dentro del nuevo acuerdo entre Mercosur y la Unión Europea.
Plan logístico antifraude para toda la cadena de suministro.
Ruteo integrado entre puertos y centros de distribución en Amberes y en Busan.
Estrategia de protección cambiaria para evitar pérdidas con la oscilación de las monedas.
Indicadores de desempeño y auditoría completa de los proveedores.
Política de sostenibilidad y gobernanza para aprobación del consejo europeo.
Cada línea era un arma apuntada hacia el pasado. En la vida anterior, ella había hecho esto en silencio, para que Saulo brillara.
Ahora, lo haría para sí misma, y lo vería caer.
Ella apoyó la barbilla en la mano, mirando los documentos esparcidos, y una llama calma se encendió en su mirada.
—Yo sé exactamente cómo vencer esto —susurró.
La venganza, al fin y al cabo, también era una estrategia logística: paciencia, precisión, y el golpe certero en el momento justo.
Del lado de afuera, la ciudad brillaba.
Y Helena brillaba más.
Oficina de Arthur al día siguiente: El reloj marcaba las ocho de la mañana cuando el asistente entró con una carpeta y una taza de café.
—Señor, actualización sobre la empresa. —Él carraspeó, visiblemente incómodo—. Dijeron que… le dieron a la señora Helena un proyecto de expansión e integración internacional.
Arthur arqueó una ceja, curioso.
—El proyecto imposible —completó el asistente, casi en un susurro—. Aquel que ellos usan para… probar personas que quieren derribar.
Arthur apoyó los dedos en la barbilla, trazando mentalmente el escenario.
—¿Y cómo reaccionó ella?
—Con… confianza —el asistente intentó encontrar una palabra mejor—. Ella no retrocedió y no pidió orientación. Aceptó y dio un plazo de treinta días para entregar el plan preliminar de viabilidad logística y financiera.
Arthur se quedó en silencio por algunos segundos.
La imagen que tenía de ella —una muñeca de porcelana mimada— crujió, resquebrajándose.
—Impresionante —murmuró, pero luego se volvió a poner la máscara de frialdad—. Ella sabe hablar bonito. Veremos si sabe trabajar.
—¿Quiere que yo intervenga? ¿Tal vez orientarla discretamente?
Arthur movió la cabeza despacio, la mirada distante.
—No. —Su voz salió baja e impasible—. No le pida a nadie que la ayude. Quiero ver si ella es realmente capaz.