Hao Yun, una médica militar moderna, sufre un accidente después de ser engañada en su boda y renace como Feng Yun en un mundo de novela, casada con el cruel Rey del Norte, Mo Long. Al descubrir que él la usó bajo efectos de un veneno y está enamorado de otra mujer, lo deja amarrado con una nota desafiante, se hace pasar por hombre con el nombre de Hao Yu y huye.
Pasados siete años, regresa al palacio del Norte obligada por un decreto militar, llevando a sus tres hijos trillizos – Li, Shān y Jun – a quienes presenta como suyos para evitar problemas en un mundo machista. Los pequeños son expertos en travesuras que causan caos por todo el palacio, y cuando Mo Long ve a Li – que tiene sus mismos ojos y cabello – empieza a sospechar la verdad sobre la identidad de Hao Yu y el origen de los niños.
Ahora, Hao Yun deberá ocultar su secreto mientras lidia con las travesuras de sus hijos, el interés del rey y los peligros que la rodean.
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El regreso al Norte y la profecía del Fénix
Después de la escena en el palacio imperial, ordené que prepararan el carruaje real más lujoso que tuviéramos – adornado con telas de seda roja y dorada, con símbolos de fénix y dragón entrelazados en cada esquina. Los niños corrieron de un lado a otro emocionados, mientras Lin Xiang y los exasesinos preparaban todo con mucho cuidado:
«¡Mamá! ¡Vamos a tener un palacio enorme! ¿Habrá gallinas rosas allí?» – preguntó Li, mientras Shān y Jun intentaban montar en los caballos que iban a la cabeza del convoy.
«¡Claro que sí, mi amor! ¡Incluso haremos un gallinero real para ellas!» – respondí, mientras Mo Long me ayudaba a subir al carruaje, con una sonrisa que no se le iba de la cara: «¡Ya verás, mi princesa – Serás tratada como te mereces!»
Al dejar el campamento, todos los soldados nos despidieron con gritos de alegría y canciones – incluso los exasesinos se habían convertido en nuestros guardaespaldas más fieles, y Lin Xiang había decidido acompañarnos para servir como dama de compañía de la reina.
El viaje al Norte duró dos días, y los niños no dejaron de hacer travesuras: Shān intentó conducir el carruaje y casi lo hizo girar en círculos; Jun se puso a contar chistes a los guardias hasta que se rieron tanto que se cayeron de sus caballos; y Li se puso a componer una nueva canción sobre el regreso de la reina:
«¡El Fénix vuelve a su hogar, con el Dragón y sus hijos al lado, el pueblo del Norte se alegra, porque la paz ha vuelto a llegar!» – cantó ella a todo pulmón, mientras todos los que nos encontrábamos en el camino se unían al canto.
Cuando llegamos a las puertas del palacio del Norte, la multitud era tan grande que no se veía el final – hombres, mujeres y niños esperaban desde antes del amanecer, vestidos con sus mejores ropas, con flores y banderas en las manos. Al vernos llegar, toda la gente se arrodilló y gritó a unísono:
«¡Viva el Rey! ¡Viva la Reina! ¡Vivan los príncipes y la pequeña princesa!»
Los gritos resonaban por todo el pueblo, y hasta las aves se asustaron y volaron en círculos sobre nuestras cabezas. Nos descendimos del carruaje y Mo Long me tomó de la mano, llevándome hacia el palacio mientras los niños caminaban a nuestro lado, saludando a todo el mundo con sus pequeñas manos.
En la plaza delantero del palacio, Mo Long había ordenado que colocaran un trono dorado a su lado para mí, y tres tronitos pequeños al frente para Shān, Jun y Li. Una sirvienta mayor, con lágrimas de emoción en los ojos, se acercó y me colocó una corona de oro labrada con motivos de fénix – la corona que solo puede llevar la reina legítima del Norte.
«Esta corona pertenecía a tu suegra, la reina anterior. Siempre dijo que solo la llevaría la mujer que fuera verdadera compañera del rey del Norte», dijo la sirvienta con voz temblorosa, mientras me ajustaba la corona con mucho cuidado.
Me levanté y me acerqué al balcón, mirando hacia abajo a la multitud que se extendía hasta el horizonte. En ese instante, todos se postraron con las cabezas bajas, en silencio reverencial. Justo en ese momento, el sacerdote mayor del templo del Norte llegó caminando lentamente, vestido con sus túnicas blancas y doradas, llevando una caja de madera tallada.
Se colocó frente a Mo Long y alzó la caja con ambas manos: «¡Rey del Norte! ¡Hoy el templo ha recibido una nueva oráculo del dios del cielo!» – anunció con voz grave que se escuchaba en todo el recinto.
Abrió la caja y sacó un pergamino antiguo, que desplegó con mucho cuidado: ««Su reinado caerá, el Fénix atravesó el tiempo para estar con su Dragón. El trono siempre perteneció al Dragón, el intruso perecerá»».
Todos los presentes quedaron en silencio, mientras el sacerdote dirigió su mirada hacia el sur – donde se encontraba el palacio imperial. «El intruso al que se refiere la profecía es el emperador que usurpó el trono justo después de la muerte del padre del rey Mo Long. La verdadera sangre del Dragón es Mo Long, y el Fénix que lo acompaña es nuestra reina Feng Yun», explicó el sacerdote, antes de dar media vuelta y marcharse sin decir más palabras.
Mientras tanto, en el palacio imperial, el emperador recibió la noticia de la profecía y se quedó aterrado, tirando todo lo que tenía a su alcance por el suelo: «¡No puede ser! ¡Esa mujer es el Fénix de la profecía! ¡No dejaré que Mo Long se quede con mi trono! ¡El trono es mío, mío solo!» – gritó entre rabietas, mientras sus consejeros se miraban entre sí con miedo.
«Majestad... quizás deberíamos buscar la paz con la reina Feng Yun y el rey del Norte. El pueblo ya habla de la profecía y muchos soldados están empezando a desertar para unirse al Norte», dijo uno de sus consejeros con voz temblorosa, pero el emperador le lanzó un objeto contra la cabeza:
«¡Cállate, traidor! ¡Yo soy el emperador legítimo! ¡Voy a reunir a mi ejército y acabaré con ellos a todos! ¡Nadie me quitará lo que es mío!» – gritó, mientras su rostro se ponía rojo de ira.
Mientras tanto, en el palacio del Norte, estábamos celebrando nuestro regreso con un banquete enorme. Los niños corrían por los jardines del palacio con los hijos de los nobles, mientras Mo Long me cogía de la mano y me llevaba a un balcón privado:
«¡Mi amor! ¡Hoy he cumplido mi sueño – tenerte a ti y a los niños a mi lado, gobernando el Norte como se debe!» – dijo, mientras me abrazaba y nos mirábamos hacia el pueblo iluminado con miles de antorchas.
«¡Y nosotros protegeremos este pueblo con todas nuestras fuerzas! El Fénix y el Dragón juntos son invencibles», respondí, mientras los gritos de alegría del pueblo llegaban hasta nosotros – «¡Vivan el Rey y la Reina! ¡Viva el Norte!»
Palabras de la autora:
¿Qué planes preparará el emperador para atacar al Norte? ¿Cómo se enfrentarán Feng Yun y Mo Long a esta nueva amenaza? ¡Y qué travesuras prepararán los niños para ayudar a defender su hogar! ¡No te pierdas el próximo capítulo – ¡la epopeya continúa!