Anahí después de llegar al fondo por perder su vida perfecta, conocerá un mundo rodeado de tristeza, dolor, sufrimiento, angustia, y en ese mundo monstruoso de la trata de blanca, también conocerá la alegría, la amistad, y lo que es trabajo en equipo y sin querer su corazón será cautivó
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Capítulo 1. ¿Porque lo hiciste?
Anahí una joven que ha vivido una vida perfecta, su amistades son pocas, debido que es amante a su privacidad, sus estudios han sido su base, su meta lograr ser como sus padres.
Pero toda su vida cambió un día mientras salía de la oficina de sus padres.
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Un olor extraño iba entrando por sus fosas nasales y poco a poco fue abriendo sus ojos, su cabeza dolía demasiado, con ambas manos tomó su frente y en sus manos percibe un líquido viscoso, retiró sus manos observando que era sangre; sin embargo el dolor y mareo que sentía no la dejaban reaccionar.
Cerró sus ojos intentando entender qué sucedía, se sentía desconcertada.
Con sus ojos cerrados su mundo empezó a establecerse, el mareo que sentía fue disminuyendo y los recuerdos de cómo llegó ahí llegaron a su mente y de inmediato abrió sus ojos olvidando cualquier dolor.
Miró a todos lados y percibió el movimiento constante, no estaba en tierra firme, parecía un barco, el temor se apoderó de ella corrió a una puerta y rodó la perilla intentando abrir, pero fue inútil.
Sintió pasos afuera.
—!Ayuda!, saquenme de aquí ¡Ayuda! saquenme
gritó desesperada.
Se sintió desconcertada mientras golpeaba la puerta del lugar donde se encontraba apresada, arremetiendo a puños y patadas, nunca había sentido tanto miedo como en este momento.
—¿Dónde estoy, qué quieren de mí? ¡saquenme de aquí, por favor!
volvió a decir casi sin aliento, sin embargo no dejaba de repetir el acto en la puerta, sus manos empezaron a doler por los golpes que daba.
—¿por qué me hacen esto?.
Empezó a llorar al ver inútil su acción
¿Por qué me pasa esto ami? Se preguntó en medio del llanto y volvía a golpear la puerta.
Respiro y se detuvo de golpear, ya que estaba perdiendo sus fuerzas.
En medio de lágrimas observó a su alrededor para ver claro el lugar en donde se encontraba.
Lo primero que vio fue una silla de madera que se encontraba al lado de una mesa corrió a ella la tomó y la lanzó contra la puerta de la frustración sentida,
—¡Abran!!!, ¡no sean cobardes!.
Gritó fuerte; sin embargo no obtenía respuesta alguna del otro lado de la puerta.
Volvió a ver todo a su alrededor, sus pequeñas manos dolían.
El sitio era un camarote pequeño, con una pequeña cama, al lado una puerta, a la cual corrió para ver de qué se trataba, encontrando un pequeño baño el cual solo tenía lo necesario para su limpieza. Buscó y no encontró nada útil para abrir la puerta.
volvió a salir para observar mejor la habitación, en medio de ella había una mesa de madera de donde había agarrado la silla que había lanzado anteriormente. Miró una silla con varias prendas de ropa perfectamente dobladas, suponía que era para ella.
Al ver esa ropa su cuerpo se estremeció imaginando lo peor.
*¿por qué me está pasando esto?* Lo pagarás caro ¿por que lo hiciste? Balbuceaba sentándose a la orilla de la cama.
Su corazón se había roto de la peor manera, al querer recordar el rostro del causante de su desgracia entró en negación, tomó su cabeza con ambas manos.
—No… no es posible ¿por qué lo hiciste, por qué?
Grito Limpiando sus lágrimas con dolor, decepción, incredulidad ante lo visto.
Encogio su cuerpo y empezó a mecerse mientras lágrimas salían, bañando todo su rostro, su perfecta vida se le estaba desvaneciendo por culpa de la codicia de una persona que amo profundamente.
Alzó su rostro y se levantó de donde se había sentado, respiró profundo y empezó a caminar de un lugar a otro revolviendo su rubio cabello, tratando de tranquilizarse y colocar su mente clara a la situación ocurrida.
Se dirigió a donde había caído la silla y la levantó no sabiendo qué hacer, de repente escucha voces a las afuera de la puerta, se acercó lo más que pudo, recostandose a la puerta atenta para escuchar bien, encontrándose con voces extranjeras. Sintió el impulso de golpear la puerta, pero se detuvo, no sabía dónde estaba, ni qué querían hacer con ella.
Hizo silencio a ver si lograba percibir movimientos a las afueras, escuchó que estaban abriendo la puerta y retrocedió un poco.
No sabia que hacer y se le ocurrió hacer como si no hubiera despertado y se tiró en el lugar que recordó. Colocó uno de sus brazos en su rostro para poder ver por debajo. Y lo que vio aceleró su corazón del miedo.
En frente de ella estaba un hombre alto de grandes músculos y de aspecto aterrador por las marcas en su rostro, entró junto a dos más que le igualaba en porte.
El hombre sonrió.
—¿ Crees que soy tonto?.
Preguntó en un pésimo inglés.
Ella se asustó.
—¿Prefieres que mis hombres te levanten?
Volvió a preguntar.
Anahi se levantó en ese instante se sintió aterrorizada y retrocedió, el hombre del medio dio una sonrisa a medio lado y caminó hacia ella, mientras tanto ella retrocedió aún más.
—Sé te acabó el berrinche, dicen mis hombres que no parabas gritar muñeca.
dijo el corpulento hombre caminando hacia ella.
Anahi retrocedió y chocó con la pared, dando la oportunidad de el llegar a ella, la sostuvo de ambos brazos, ejerciendo fuerza en su agarre y alzándola para que quedase a su altura.
—No quiero escuchar un grito más, vas a hacer silencio y a esperar tu futuro. ahora eres mi mercancía y no me gusta la mercancía bullosa así que te callas.
Ordenó con una voz autoritaria y aterradora.
Al escuchar las últimas palabras del hombre su cuerpo no dudo en estremecer.
Sin embargo, se llenó de fuerza y le respondió.
—¿Cuánto te dio? yo te puedo dar más, Suéltame y no te arrepentirás.
Dijo en un susurró.
Él hombre estalló en una sonora carcajada que hizo eco en el lugar.
—Tu cuerpo puro y virginal me dará lo que quiero.
Dijo acercando su rostro y pasando su lengua por el cuello de ella.
Su acto hizo que Anahí reaccionara, lo primero que pensó fue golpear las partes del hombre, acción qué lo hizo detenerse.
—Me gustan las rebeldes.
Dijo él y esta vez paso su lengua por el rostro de Anahí.
Ella movió su rostro de un lugar a otro y él se retiró un poco y ella lo escupió.
Al instante el reaccionó y le propinó una bofetada dejándola caer al suelo, se acercó a ella y la sostuvo por el cabello, alzando su rostro para que alzara la vista y lo pudiese ver
—Acabas de comprar tu boleto al infierno.
Dijo sonriendo.
Esa faceta lo hizo ver más aterrador que antes una cicatriz que atravesaba su rostro, desde el inicio de su ojo, pasaba por medio de su nariz y agarraba parte de su labio.
Anahí se sintió perdida, en ese momento estaba en las garras de un monstruo, el cual emanaba terror, repugnancia, sus ojos empezaron a arder, se prometió no perder la calma, pero su miedo estaba a punto de hacerla llorar.
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