Narra la historia de Eliza Valantine, una mujer ruda de los barrios bajos que terminará reencarnando en Ofelia, la villana de secundaria de una novela que leyó. La Ofelia original era una mujer sin dignidad que drogó al protagonista, obligándolo a casarse con ella. Esta nueva Ofelia es una mujer empoderada, ruda y fuerte de pies a cabeza que no necesita usar a un hombre para ascender. No se deja de nadie y no necesita un héroe que la salve; ella es su propio héroe.
Si te gustan las protagonistas poderosas que reparten bofetadas a diestra y siniestra, quédate aquí.
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6 Autoridad
Sofía me condujo al departamento B.
«Directora de Diseño» aún resonaba en mi cabeza. Un escalofrío, mezcla de terror y éxtasis, me erizó la piel. Al abrir la puerta de cristal, el bullicio habitual del estudio se apagó. Muchos ojos curiosos se volvieron hacia mí: un coro de expectación. El espacio era un lienzo de orden caótico: pizarras blancas llenas de ideas, maquetas desordenadas sobre mesas de metal pulido, el aroma a tóner y café. Vi a Lucas, con su barba de tres días y mirada desafiante, y a Julia, cuya sonrisa prometía lealtad instantánea. Alber, con una sonrisa amable, Rita con sus anteojos, yo me enderecé, sintiendo el tacón de mis zapatos nuevos como anclas en el suelo.
—«Buenos días, equipo. Vengo a liderar este barco, no a navegarlo sola. Quiero que seamos un equipo unido y que nos llevemos bien. ¿Quién me enseña lo que tienen entre manos?», —mi voz, aunque un poco más aguda de lo habitual, cortó el silencio. Un murmullo de asentimiento recorrió la sala, y el eco de mi propia voz resonó, prometiendo cambio y desafíos.
Uno de mis empleados, Eduardo, alzó su voz.
El aire en el departamento B se había vuelto tan denso que parecía pegarse a la piel.
—«No creo que lo entienda, directora. Usted solo está aquí por ser la esposa del CEO», —dijo Eduardo, con una sonrisa demasiado confiada.
Yo me levanté, lenta e imponente.
—«No, Eduardo. No lo entiendes. Estoy aquí por mi talento, no por ser la esposa de un hombre, y les voy a agradecer que no me llamen esposa de su jefe. Mis logros son míos y no voy a dejar que nadie me pisotee ni me reduzca a una simple esposa. Me parece una falta de respeto; es tú primera falta hacia mí. La dejaré pasar, pero la próxima vez recogerá tus cosas y te irá», —mi voz era firme y segura.
—«Soy la nueva directora de Diseño. No estoy discutiendo mi posición con usted; la estoy estableciendo. No necesito tus disgustos ni tu opinión. Soy tú jefa y punto, te guste o no. Y si te molesta, muy sencillo, está la puerta a tu disposición. No voy a permitir que me falten al respeto en este departamento. Yo soy la autoridad y me van a respetar. No soy de las que permiten ofensas. Todos pónganse a trabajar; lo que hagan bien su trabajó tendrán su recompensa, y los que no, se irán. Eduardo, tienes media hora para presentarme una carpeta que demuestre tu capacidad. ¿Entendieron?», —continue.
Todos respondieron:
—«¡Sí, jefa!».
Eduardo tragó saliva. El color abandonó su rostro. Pensó que podía doblegarme por ser mujer y porque todos saben que Bruno no me ama.
Lara se acercó al departamento B; se acercó a Eduardo y me ignoró. Y le llevó los documentos que deben ser revisados por mí.
—«Un momento. ¿Quién te crees que eres? El artículo 84 del código de esta compañía dicta que cada vez que un empleado se cruce con un superior debe presentarle su respeto. Lara, ¿quién soy yo?», —pregunté con una sonrisa.
—«Usted es la jefa de este departamento. Discúlpeme, pero no la vi. Como soy la asistente del señor Bruno, no acostumbro a agachar mi cabeza» —respondió Lara con una sonrisa.
—«Vaya, cualquiera pensaría que tienes un puesto importante, pero solo eres la que lleva recados, la que busca el café. Con tres años en esta compañía no has logrado ascender; eso solo significa una cosa: estás aquí por lástima, porque salvaste a Bruno. En cambio, yo estoy aquí por mi talento. No vengas a darte aires de reina, porque hay niveles y las gatas están Por debajo de las panteras, deja de creerte tanto; al fin y al cabo, solo eres una carita bonita pero sin cerebro. Si lo tuvieras, no estarías compitiendo conmigo; todo lo contrario, te prepararías y así darías la talla. En vez de hacer escenas patéticas por el amor de un hombre, deberías terminar tus estudios para que no sigas siendo la que lleva el café. Te lo dejaré claro: si tu intención es competir conmigo por Bruno, pierdes tu tiempo. Yo no peleo por un hombre. "Las mujeres inteligentes no peleamos, facturamos". ¿De qué sirve pelear por un hombre si, al fin y al cabo, buscarán a otra? Esa es su naturaleza. Si estás acostumbrada a pasar por encima de los demás, conmigo no será así. Más te vale que me respetes y tienes prohibido entrar a mi departamento sin mi autorización. Aquí mando yo; lárgate ahora mismo.»
Lara:
Lara se fue con la cabeza agachada y los ojos llorosos; no podía soportar tal humillación. Los empleados me miraron con una sonrisa; ellos ya estaban hartos de que Lara se sintiera la dueña.
Lara fue a llorarle a Bruno.
—«Su esposa me humilló y me trató como un trapo. Me siento triste; fue un error no la saludé al entrar»,—dijo Lara entre lágrimas.
—«Lara, esta compañía no factura con lágrimas de mujeres. Tú conoces las reglas: Ofelia es tu superior y debes respetarla. Y no solo eso, ella es mi esposa. Aunque no nos llevamos bien, ella es la señora y tú la empleada. No voy a tolerar que les faltes al respeto. Irrespetar a Ofelia es irrespetarme a mí. Ve y pídele perdón. Te tengo aquí porque me salvaste la vida, pero eso no te da privilegios. ¿Entendido?»— dijo Bruno Díaz enojado.
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