Reencarné como un omega destinado a morir de hambre en una torre.
Para sobrevivir, huí de la historia que me condenaba.
Pero el niño que una vez me salvó… ahora es el emperador tirano destinado a morir por mi culpa.
¿Puedo cambiar nuestro destino?
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 20:El susurro del linaje
El amanecer pintaba la llanura con tonos dorados y grises. Aelion avanzaba con pasos inseguros, pero decididos. Cada piedra del camino parecía murmurar algo antiguo, un secreto que él no podía comprender… todavía.
—Kael… —susurró, apenas audible—. Siento… algo extraño. Como si me estuviera llamando.
Kael giró, sus ojos negros como la noche evaluando el horizonte.
—Es tu instinto —dijo—. Nunca subestimes lo que tu cuerpo recuerda antes de que tu mente lo haga.
Aelion miró el colgante bajo su ropa. Brillaba con un leve resplandor, frío y cálido al mismo tiempo. El recuerdo de aquella sala dorada, del llanto de una mujer sosteniendo un bebé, volvió a su mente.
¿Quién soy realmente? pensó.
¿Qué quieren decir estos sueños?
El bosque frente a ellos estaba silencioso. Demasiado silencioso.
—No me gusta esto —murmuró Aelion—. Todo parece… detenido.
Kael se inclinó hacia él, rozando casi sus hombros.
—Eso solo significa que algo grande se acerca. Mantente alerta.
Aelion tragó saliva. El calor de Kael lo hacía sentir protegido… pero al mismo tiempo expuesto. Sus pensamientos se confundían: miedo, alivio, un deseo que no podía nombrar.
Un destello plateado cortó la distancia: el colgante reaccionó. Aelion sintió un tirón en el pecho, como si algo lo llamara.
—Kael… —dijo, con voz temblorosa—. Siento que… alguien me está buscando. Alguien que sabe quién soy.
Kael lo miró fijamente. Su respiración se hizo más lenta, calculadora.
—Entonces debemos movernos rápido —dijo—. Pero antes… confírmame algo.
Aelion lo miró con el corazón en la garganta.
—¿Qué?
—Si descubres algo de tu pasado… algo que cambie todo… —Kael vaciló un instante—. ¿Me aceptarás igual?
Aelion bajó la mirada, sintiendo cómo el colgante latía con fuerza contra su pecho.
—Sí —susurró—. Pase lo que pase… no puedo… no quiero que me dejes.
La expresión de Kael se suavizó apenas, pero había un brillo en sus ojos que Aelion nunca había visto. Una mezcla de preocupación, afecto… y algo más profundo.
A lo lejos, entre los árboles, dos figuras se movían con precisión. Siluetas negras que parecían flotar sobre la tierra.
—¡Guárdate! —gritó Kael.
Los atacantes no esperaron. Saltaron con velocidad sobrehumana. Aelion retrocedió instintivamente, pero algo dentro de él reaccionó: el colgante brilló, y una energía cálida rodeó su cuerpo, bloqueando un golpe que iba directo a su pecho.
Kael apenas pudo cubrirlo a tiempo. La magia del colgante había salvado a Aelion… pero también había revelado su existencia a los enemigos.
Aelion lo miró con los ojos muy abiertos.
—No… no quería… —dijo, entre jadeos—. ¿Lo viste?
Kael lo sostuvo con firmeza, la cercanía obligando a Aelion a sentir su respiración sobre su rostro.
—Lo vi —respondió Kael—. Y eso solo significa una cosa: no eres un niño cualquiera.
Un escalofrío recorrió la espalda de Aelion.
No soy cualquiera… pensó.
Algo en mí está despertando… y no sé si quiero que despierte.
Esa noche, mientras acampaban en un claro bajo la luna, Aelion no podía dormir. Se sentó junto a Kael, abrazando las rodillas. La luz de la luna iluminaba su cabello blanco como nieve. Sus pensamientos eran un torbellino: magia, linaje, Kael, miedo, deseo… todo mezclado.
Kael lo miraba, serio, vigilante.
—Aelion… —dijo—. Hay cosas que no puedes ignorar. Tu pasado… tu sangre… te están buscando. No será fácil, pero yo no te abandonaré.
Aelion levantó la vista, atrapando su mirada.
—Kael… yo… —la voz se le quebró—. No quiero perderte nunca. Ni siquiera por el miedo.
Kael se inclinó un poco más cerca. Sus labios casi rozaron la mejilla de Aelion, un suspiro contenido en la distancia que lo hizo temblar.
—Nunca lo harás —susurró—. Y mientras pueda, nadie te tocará.
El colgante brilló otra vez, un leve resplandor plateado que parecía susurrarle secretos olvidados a Aelion.
Y muy lejos, en la torre del duque, Vhalderion Morthaine apretó un puño, sonriendo con maldad.
—Así que finalmente empieza a recordar… —murmuró—. El pequeño omega no es solo un niño indefenso… es algo mucho más valioso.
Su voz se volvió un eco que parecía atravesar la distancia hasta los oídos de Aelion.
Y el mundo se cerró alrededor de ellos.